Un frágil personaje de relleno - Capítulo 1

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—Huo Zheng, los recursos de esta pequeña ciudad ya escasean gravemente. Como mucho podremos aguantar otro mes. Es hora de tomar una decisión.

Quien habló fue una joven de cabello corto y pulcro. Sus facciones eran delicadas y armoniosas, aunque entre sus cejas se percibía un leve cansancio.

—Wei Wen tiene razón —Wei Ziming miró a su hermana antes de volver la vista hacia el líder de su pequeño equipo—. Huo Zheng, dada la situación actual, ir a una ciudad base es nuestra mejor opción.

El equipo de carroñeros estaba compuesto por cinco personas. Los otros dos permanecían en cuclillas en un rincón.

Aunque ninguno dijo nada, su silencio en aquel momento bastaba para demostrar que estaban de acuerdo con la propuesta de los hermanos Wei Ziming y Wei Wen.

Huo Zheng entrecerró ligeramente los ojos.

—¿Y qué hacemos con Liu Qingzhi?

Al oír ese nombre, los otros cuatro guardaron silencio al mismo tiempo.

Un segundo después, casi simultáneamente, miraron hacia la puerta de la esquina sureste.

La puerta, cuyo picaporte estaba roto, no estaba completamente cerrada y dejaba una pequeña rendija. Sin embargo, aquella mínima abertura era suficiente para que la persona que estaba dentro oyera con claridad aquella conversación… una conversación en la que, para empezar, ninguno de ellos se había molestado en bajar la voz.

El repentino silencio hizo que el ambiente se volviera tenso de inmediato.

Al final, uno de los hombres que estaba agachado junto a la pared no pudo contenerse más.

—¿Qué más podemos hacer?

Se puso de pie. Sus cejas, ligeramente arrogantes, se fruncieron con desagrado mientras miraba a Huo Zheng.

—Huo Zheng, ¿acaso piensas seguir manteniendo a ese estorbo que nadie soporta?

Lo primero que Liu Qingzhi oyó al despertar fue aquella voz masculina cargada de irritación.

¿Un estorbo que nadie soportaba?

Liu Qingzhi, tumbado en el sofá, volvió a cerrar los ojos y comenzó a recibir los recuerdos de aquel cuerpo.

Unos segundos después, abrió los ojos de nuevo. Sin expresión alguna, se incorporó y agarró al slime verde que estaba encaramado sobre su hombro, levantándolo mientras se comunicaba con él mediante la mente.

—Así que, debido a tu error de transmisión, yo, que se suponía que iba a jubilarme y disfrutar tranquilamente de mi retiro, ahora me he convertido en un personaje de relleno de una novela apocalíptica de progresión de poder.

El sistema con forma de slime intentó explicarse débilmente:

—…En realidad, tampoco se te puede considerar exactamente un personaje de relleno. Este Liu Qingzhi, que tiene tu mismo nombre y apellido, incluso recibe dos líneas de descripción en toda la novela…

¿Dos líneas?

Liu Qingzhi arqueó una ceja.

—¿«Cuñada viuda y delicada»? ¿«Solo tiene belleza»? ¿«Débil de nacimiento y destinada a convertirse en una carga»?

El slime guardó silencio.

De acuerdo. Esta vez sí había sido culpa suya.

Liu Qingzhi miró al slime verde, que apenas tenía el tamaño de su palma, y pronunció dos palabras con absoluta precisión:

—Qué inútil.

El slime soltó un gimoteo y preguntó con sinceridad:

—Entonces, ¿qué piensas hacer?

En ese momento, Huo Zheng, el protagonista masculino de la novela, estaba fuera discutiendo con sus cuatro compañeros qué hacer con el Liu Qingzhi original.

—Según el desarrollo de la trama original, dentro de un mes Huo Zheng terminará abandonando a su débil e inútil cuñada viuda, Liu Qingzhi.

—¿No queda todavía un mes?

Liu Qingzhi se dejó caer hacia atrás y volvió a tumbarse con absoluta tranquilidad.

No tenía prisa. Después de todo, todavía podía vivir de ellos gratis durante un mes.

Además, ya estaba jubilado. Aunque hubiera terminado en el mundo equivocado por un error de transmisión, eso no iba a cambiar su propósito de disfrutar de unas vacaciones.

—¿Y qué harás dentro de un mes?

—Darles una paliza hasta que acepten seguir manteniéndome.

Ante una fuerza absoluta, no había nada que una buena paliza no pudiera resolver.

Después de todo, aquel era un mundo apocalíptico donde el fuerte devoraba al débil.

Dos años atrás, junto con frecuentes terremotos y tsunamis, una extraña lluvia ácida de color rojo había azotado todo el planeta. Las plantas y los cultivos se marchitaron en un instante, las ciudades quedaron devastadas y un virus desconocido se extendió por un aire saturado de polvo y humo.

Tras la lluvia ácida, los seres humanos de la Tierra quedaron divididos en tres categorías:

Mutantes, Despertados y personas comunes.

Los mutantes eran los más numerosos. Infectados por el virus, habían olvidado su pasado y se habían convertido en monstruos de piel ulcerada y cuerpos deformes.

Eran ágiles y veloces. Cazaban por instinto tanto a personas comunes como a Despertados, y sus dientes y garras poseían una enorme capacidad de contagio. Por lo general, solo salían durante la noche.

En el extremo opuesto estaban los Despertados, cuyos cuerpos habían sido fortalecidos.

Algunos se habían vuelto más rápidos; otros, más fuertes. La piel de algunos se había endurecido enormemente, mientras que otros habían desarrollado un oído o una vista excepcionalmente agudos…

En cuanto al dueño original de aquel cuerpo, no se había transformado en un monstruo ni había despertado ninguna mejora física. Pertenecía a la última categoría: las personas comunes, quienes llevaban la vida más difícil en aquel mundo apocalíptico.

Aunque Liu Qingzhi se encontraba allí debido a un error de transmisión del sistema, si el dueño original no hubiera tenido justamente en ese momento un intenso deseo de morir, su alma tampoco habría podido entrar en aquel cuerpo.

El cuerpo original era demasiado débil. Parecía un cascarón blando y vacío. Además del hambre evidente, Liu Qingzhi sentía una opresión en el pecho, como si algo lo comprimiera desde dentro.

Por fortuna, nada de aquello era irreversible.

Solo tenía que acelerar la fusión entre aquel cuerpo y el poder que su alma había traído consigo.

En cuanto a cómo acelerarla…

Liu Qingzhi levantó la mano y miró el anillo negro que llevaba en el meñique derecho.

Un color corriente. Un diseño corriente.

Era el objeto inicial con el que había comenzado su camino en un juego de supervivencia de flujo infinito.

Su forma completa era una guadaña de más de tres metros de largo. Después de superar escenarios continuamente y acumular puntos, Liu Qingzhi había vinculado la guadaña a su propia alma y la había mejorado hasta convertirla en un arma vinculada capaz de adoptar varias formas.

Ahora que se había convertido en el Liu Qingzhi de aquel mundo, naturalmente el arma también había venido con él.

Mientras utilizara aquella guadaña vinculada a su alma para matar más mutantes, podría aumentar la tasa de uso de su arma vinculada y, con ello, acelerar la fusión con aquel cuerpo.

Por supuesto, dormir y descansar mucho también servía.

Aunque la eficiencia de la fusión sería menor.

—Anfitrión, una persona no puede… o al menos no debería pensar en dejarse llevar de esta manera.

Aunque, teniendo en cuenta el grado de fusión actual entre su anfitrión y aquel cuerpo, por el momento le sobraba capacidad tanto para enfrentarse a Despertados como para matar mutantes.

Aun así, aquel podía considerarse un mundo de alto riesgo.

Y, para colmo, una novela que ni siquiera había llegado a su final equivalía a un futuro impredecible.

¡Quién sabía qué podría suceder más adelante!

Al pensar en ello, el pequeño slime comenzó a gritar consignas llenas de entusiasmo:

—¡Anfitrión, tenemos que ser positivos! ¡Tenemos que tener motivación! ¡Tenemos que seguir avanzando!

—Los pequeños inútiles no tienen derecho a opinar.

Liu Qingzhi apretó al slime verde entre los dedos, deformándolo de todas las maneras posibles.

En ese momento, la conversación del exterior también llegó a su fin.

El resultado no difería demasiado de lo descrito en la novela original.

El protagonista, Huo Zheng, recordando la bondad que su hermano mayor Huo Lin había mostrado hacia él en el pasado, no aceptó abandonar en ese momento a Liu Qingzhi, aquella cuñada viuda de aspecto enfermizo y frágil. En su lugar, pospuso el plazo un mes.

Liu Qingzhi escuchó los pasos que se acercaban desde el otro lado de la puerta.

Arrojó despreocupadamente al slime a un lado.

Un instante antes de que se abriera la puerta, el slime pasó de su color verde original a volverse transparente e invisible a simple vista.

La habitación no era precisamente espaciosa.

En apenas diez metros cuadrados solo había un sofá y un armario.

Cuando Huo Zheng entró, vio inmediatamente al hombre tumbado en el sofá.

Permanecía allí en silencio. Su cuerpo delgado y esbelto parecía tan frágil que una ráfaga de viento un poco fuerte podría derribarlo.

Su cabello, que llevaba varios meses sin cortar, ya le llegaba hasta los hombros y el cuello. La sombra proyectada por las puntas rozaba su delicada y afilada mandíbula, ocultando parcialmente la nuez ligeramente prominente de su garganta.

Como casi nunca salía, su piel tenía una palidez fría. Todo su cuerpo desprendía una sensación de abatimiento y fragilidad enfermiza.

Aun así, era hermoso.

Al menos, en sus más de veinte años de vida, Huo Zheng jamás había visto a alguien más hermoso que Liu Qingzhi.

Sin embargo, una apariencia hermosa no servía de nada en aquel mundo apocalíptico donde la moral se había derrumbado y el orden se había sumido en el caos. Para una persona común incapaz de protegerse por sí misma, aquella belleza incluso podía atraer muchas más desgracias que beneficios.

Huo Zheng avanzó.

—Sé que lo has oído todo.

Era un hombre alto y corpulento, de facciones profundas y marcadas. La poca distancia entre sus cejas y sus ojos le daba un aire frío y severo; cuando bajaba ligeramente la mirada hacia alguien, podía parecer bastante intimidante.

En ese momento observaba fríamente a Liu Qingzhi, tumbado en el sofá. Aunque se había detenido a cierta distancia, la afilada presión que emanaba de él llegó silenciosamente hasta Liu Qingzhi.

—Un mes —dijo Huo Zheng de forma concisa—. Dentro de un mes, el tren llegará a la estación más cercana. Cuando eso ocurra, dejaré de ocuparme de ti.

Que estuviera dispuesto a proteger la seguridad de Liu Qingzhi y que Liu Qingzhi le desagradara como persona nunca habían sido cosas incompatibles.

A menos que fuera necesario, no quería tener ningún tipo de interacción con él.

Las pestañas de Liu Qingzhi temblaron ligeramente.

Tal como esperaba, el protagonista había venido a darle su ultimátum.

En la trama original, después del estallido del apocalipsis, de toda la familia Huo solo sobrevivieron Huo Zheng y el dueño original de aquel cuerpo, que se había mantenido escondido en el sótano.

El resto, aparte del cabeza de familia Huo, Huo Lin, cuyo paradero era desconocido y a quien prácticamente podía darse por muerto, o bien se había infectado y convertido en mutantes deformes, o bien había terminado devorado por ellos.

Aunque Huo Zheng y Huo Lin, el esposo nominal del dueño original, compartían el apellido Huo, no tenían ningún vínculo de sangre.

Huo Zheng había sido acogido bajo el nombre de la familia Huo.

Sin embargo, decir que había sido «acogido» no era más que la explicación que daban al exterior. Legalmente, no tenía ninguna relación con la familia Huo y, dentro de ella, ocupaba una posición carente de legitimidad.

Las relaciones internas de la familia Huo eran extremadamente complicadas, y Huo Zheng no había tenido una buena vida después de ser llevado allí.

Precisamente por eso, cuando los otros hermanos de la familia Huo se divertían atormentándolo, las intervenciones concretas de Huo Lin para detenerlos y sus compensaciones oportunas habían sido uno de los pocos rastros de calidez que Huo Zheng había experimentado dentro de aquella familia.

Esa era también la razón por la que estaba dispuesto a proteger al dueño original, la «esposa de Huo Lin».

En pocas palabras, lo hacía para devolverle el favor.

Sin embargo, por mucho que aquella protección llevara el nombre de «gratitud», ante la crueldad de la realidad era imposible que durara para siempre.

Liu Qingzhi no era el dueño original.

Naturalmente, no iba a hundirse en el resentimiento ni la tristeza por la decisión de Huo Zheng y sus cuatro compañeros.

En aquel momento ni siquiera se incorporó. Simplemente giró la cabeza, sostuvo la mirada de Huo Zheng y, a modo de respuesta, soltó un leve:

—Oh.

Fue un sonido tenue, con la debilidad de una respiración corta y, al mismo tiempo, un ligerísimo matiz de pereza.

Como si no se hubiera tomado en serio las palabras de Huo Zheng.

Huo Zheng frunció ligeramente el ceño. Su mirada permaneció sobre el rostro de Liu Qingzhi, y en sus ojos negros apareció una discreta evaluación.

Al observarlo con atención, descubrió que, aunque el rostro de Liu Qingzhi seguía muy pálido, sus labios parecían tener algo más de color que antes.

La piel de Liu Qingzhi era demasiado blanca, por lo que aquel pequeño toque rojizo destacaba especialmente. En contraste con sus facciones exquisitas y llamativas, le otorgaba inesperadamente un tenue aire seductor.

Huo Zheng sintió algo extraño.

Durante un instante, algo en Liu Qingzhi le había resultado discordante.

Además, comparada con su comportamiento habitual, la actitud que mostraba ahora era demasiado indiferente.

Tan indiferente que resultaba anormal.

Sin embargo, antes de que Huo Zheng pudiera percibir algo más, la voz de Wei Ziming llegó desde fuera de la habitación.

—Huo Zheng, tenemos que salir a buscar suministros.

Wei Ziming estaba junto a la puerta. Aunque le hablaba a Huo Zheng, sus ojos estaban puestos en Liu Qingzhi, como si quisiera ver cómo reaccionaba al enterarse de que Huo Zheng lo abandonaría dentro de un mes.

Sin embargo, para su ligera sorpresa, Liu Qingzhi parecía muy tranquilo.

No sabía si por fin había aceptado la realidad o si ya estaba tramando algo en secreto y, por eso, no estaba preocupado.

Teniendo en cuenta la manera habitual de actuar de Liu Qingzhi, Wei Ziming se inclinaba más por la segunda posibilidad.

Junto a Wei Ziming había otro hombre.

Era algo más alto que él y miraba a Liu Qingzhi con una burla que ni siquiera intentaba ocultar.

Prácticamente al primer vistazo, Liu Qingzhi relacionó a aquel hombre con la voz que poco antes lo había llamado estorbo.

Jiang Yu.

Liu Qingzhi extrajo aquel nombre de los recuerdos del dueño original.

Antes de que este contrajera matrimonio con Huo Lin, el cabeza de la familia Huo, Jiang Yu podía considerarse uno de sus pretendientes.

El dueño original siempre había mantenido a Jiang Yu pendiente de él. Había obtenido bastantes beneficios de su parte, pero después de medio año Jiang Yu apenas había logrado tocarle la mano unas cuantas veces.

Después del matrimonio concertado entre el dueño original y Huo Lin, aquel cortó unilateralmente todo contacto con Jiang Yu.

Jiang Yu tampoco insistió. Sin embargo, debido a Huo Zheng, ambos habían terminado conviviendo de nuevo en aquel mundo apocalíptico donde los recursos escaseaban. Ante el dueño original, que se había convertido en una carga que solo sabía depender de Huo Zheng para mantenerse, era natural que Jiang Yu no le mostrara ninguna amabilidad.

Sin embargo, a juzgar por los recuerdos del dueño original, Liu Qingzhi tampoco creía que Jiang Yu hubiera estado tan enamorado de él en el pasado.

Después de todo, comparándolos, la actitud que Jiang Yu había tenido hacia el dueño original no difería demasiado de la que mostraba hacia el gato ragdoll de estómago delicado que criaba en casa.

A Liu Qingzhi aquel Jiang Yu le daba igual.

En comparación, Wei Ziming, que estaba a su lado, consiguió que lo observara un par de veces más.

En la novela original, hacia las etapas intermedias y finales, Wei Ziming traicionaría al protagonista Huo Zheng debido a su hermana y terminaría convirtiéndose en una especie de jefe final para él.

También era el único integrante del equipo que sobreviviría hasta las últimas etapas de la historia.

En cuanto a cómo era al principio…

Mirándolo así, las cejas de Wei Ziming no eran tan afiladas como las de Huo Zheng y Jiang Yu. Sus facciones tenían cierto aire refinado y erudito.

Una apariencia así lo hacía parecer completamente inofensivo y conseguía que los demás bajaran la guardia con facilidad, creando la falsa impresión de que era una persona amable y fácil de tratar.

Al notar que Liu Qingzhi lo miraba, Wei Ziming sonrió por costumbre. Sin embargo, aquella sonrisa no llegó a sus ojos, y en sus iris de tono claro se ocultaba una frialdad difícil de percibir.

—Vamos —dijo Huo Zheng, dándose la vuelta y caminando hacia la puerta.

Wei Ziming asintió y fue el primero en salir de la habitación.

Jiang Yu, en cambio, no se marchó junto con Huo Zheng y Wei Ziming.

Continuó allí de pie, con la mirada fija en Liu Qingzhi.

Liu Qingzhi levantó ligeramente los párpados.

—¿Tienes algo que decir?

Jiang Yu soltó una risa fría.

—Liu Qingzhi, deberías considerarte afortunado de que Huo Lin se casara contigo. Gracias a eso, incluso ahora, Huo Zheng está dispuesto a protegerte un mes más para devolverle a Huo Lin el favor.

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