Tras romper mi compromiso, fui adorado por un magnate interestelar - Capítulo 78

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  4. Capítulo 78 - Su voz, suave como el agua
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El joven yacía tranquilamente boca abajo en el nido, cubierto por una fina manta que delineaba su cuerpo como una sucesión de montañas ondulantes.

Su espalda lisa era como una extensa llanura; la hendidura de su cintura, un valle, y más abajo se alzaban las redondeadas curvas que se unían a aquel valle.

Su larga cabellera roja, esparcida a su alrededor, parecía un inmenso mar de flores, como rosas rojas en plena floración, hermosas y fragantes.

Los dedos de Yu Tingwan descendieron suavemente sobre Bai Xuelai. Comenzando por el cabello en lo alto de su cabeza, siguieron lentamente las curvas del cuerpo del Omega, trazando en el aire la silueta de aquella bella durmiente.

Yu Tingwan no hacía nada.

Desde que había depositado a Bai Xuelai en el nido, se había limitado a permanecer a su lado, observándolo, contemplando al Omega que, debido al extremo agotamiento, había caído en un sueño profundo.

Parecía una estatua que hubiera permanecido en pie durante millones de años en el interminable río del tiempo, cuya única misión fuera proteger a su Omega.

Los dedos de Bai Xuelai se movieron ligeramente.

Sus espesas y rizadas pestañas temblaron suavemente como las alas de una mariposa y, después de haber dormido durante más de medio día, el Omega abrió lentamente los ojos.

En sus claros y cristalinos ojos había todavía una expresión de desconcierto propia de quien acababa de despertar. Sus extremidades no se sentían pesadas ni doloridas como había imaginado. Al contrario, era como si todas las impurezas de su cuerpo hubieran sido eliminadas, dejándolo ligero y cómodo.

—Qué cómodo…

Murmuró inconscientemente.

Bai Xuelai abrazó la suave almohada que tenía delante y frotó ligeramente el rostro contra su fino y mullido tejido, como un enorme gato mimado.

Después soltó otro bostezo perezoso y, mientras se frotaba los ojos, se dio la vuelta lentamente y estiró sus largas extremidades.

Abrió los dedos de las manos, alzó incluso los dedos de los pies y, con los ojos entrecerrados, estiró todo el cuerpo formando una gran estrella.

Bai Xuelai abrió lentamente los ojos.

Cuando su mirada se encontró con cierta persona que estaba sobre él, sus extremidades extendidas se quedaron rígidas al instante y una pregunta tras otra apareció en su mente completamente vacía.

¿Quién era él?

¿Dónde estaba?

¿Qué acababa de hacer?

Con una tenue sonrisa en los labios, Yu Tingwan levantó una mano y acarició suavemente la coronilla de Bai Xuelai.

—¿Tan cómodo estás?

Aquellas pocas palabras abrieron de golpe las compuertas de los recuerdos de Bai Xuelai.

Lo que él y Yu Tingwan habían hecho en el estanque de la jaula dorada…

La última vez, cuando Yu Tingwan todavía era un desconocido para él, Bai Xuelai al menos había podido fingir una expresión feroz. Incluso después de haber pasado por algo tan íntimo, había sido capaz de ordenarle con fiereza que se alejara.

Pero esta vez…

Esta vez había sido su período de celo y, además, había sido él quien desde el principio se había aferrado a Yu Tingwan sin querer soltarlo.

De repente, ya no sabía cómo enfrentarse al Alfa.

Sin ninguna dignidad, Bai Xuelai volvió a darse la vuelta y le mostró a Yu Tingwan la espalda que sobresalía de la manta.

—No estoy cómodo —murmuró.

Yu Tingwan definitivamente había escuchado cuando acababa de decir para sí mismo «qué cómodo».

Bai Xuelai juraba que no se había referido a eso.

¡De verdad que no se había referido a eso!

A través de la fina manta, unos dedos ligeramente fríos rozaron suavemente la cintura de Bai Xuelai, que temblaba apenas.

La voz de Yu Tingwan fue muy suave.

—¿Dónde te sientes incómodo? ¿Todavía te duele un poco la cintura o te molesta el vientre?

¿Qué dolor de cintura?

¿Qué molestia en el vientre?

Bai Xuelai, a escondidas bajo la manta, se palpó el vientre.

No parecía sentir ninguna molestia.

Pero recordaba claramente que, cuando Yu Tingwan lo había llevado en brazos hasta el estanque, por mucho que intentara escapar, no había podido liberarse del firme abrazo del Alfa…

¿Ese realmente había sido Yu Tingwan?

¿De verdad era el mismo hombre que, en sus recuerdos, siempre tenía un aspecto frío y ascético, como un inmortal desterrado de los cielos?

Mientras Bai Xuelai permanecía perdido en sus pensamientos, Yu Tingwan continuó hablando por su cuenta:

—Eres un Omega de rango SS. Tu capacidad de recuperación ya supera de por sí la de una persona normal y, además, absorbiste mis feromonas. En teoría, después de haber descansado durante tanto tiempo, ya deberías haberte recuperado.

Bai Xuelai de pronto no supo qué responder.

Decidió convertirse en avestruz y, engañándose a sí mismo, tiró de la manta hasta ocultar la cabeza bajo ella.

Ahora que estaba así, seguramente Yu Tingwan no seguiría hablando.

Si fuera el Yu Tingwan de siempre, probablemente se marcharía por iniciativa propia y dejaría que Bai Xuelai descansara un poco más.

Pero Bai Xuelai descubrió que se había equivocado una vez más al juzgarlo.

El hombre no solo no se marchó, sino que se acostó detrás de él.

En medio del suave roce de la ropa, Yu Tingwan se tumbó de lado a espaldas de Bai Xuelai. Levantó una mano y, con total naturalidad, rodeó la cintura del Omega.

Mientras liberaba lentamente feromonas a través de las yemas de los dedos, Yu Tingwan acarició suavemente el hueso de la cadera de Bai Xuelai y preguntó en voz baja:

—¿Te duele aquí?

La sensación era como si innumerables hormigas recorrieran desordenadamente su cuerpo. Un cosquilleo entumecedor se extendió hasta sus huesos, dejándolo casi sin fuerzas.

Bai Xuelai agarró de inmediato la mano de Yu Tingwan.

—No sigas acariciando… —dijo con voz temblorosa.

Intentando calmar su respiración acelerada, Bai Xuelai se humedeció los labios resecos y murmuró:

—No me duele. Deja de hacerlo.

—No tienes por qué avergonzarte. No es nada vergonzoso. Tú me ayudaste a superar mi período de susceptibilidad y yo te ayudé a superar tu período de celo.

Yu Tingwan dejó de acariciar la cadera de Bai Xuelai.

Aprovechando el movimiento, tomó entre sus dedos la larga y hermosa mano del Omega y comenzó a masajear suavemente las articulaciones entre sus dedos con las yemas.

—Bai Xuelai, estamos casados. Estas son cosas que hacen las parejas. Soy tu Alfa. No importa cuándo sea, siempre cuidaré de ti.

Lo que Yu Tingwan decía parecía tener mucho sentido, pero Bai Xuelai todavía se sentía un poco incómodo.

La última vez, cuando él había ayudado a Yu Tingwan a superar su período de susceptibilidad, el Alfa no lo había obligado a hacer nada que no quisiera o que le diera miedo.

Simplemente lo había mantenido entre sus brazos.

Fuera adonde fuera, tenía que llevarlo abrazado, como si Bai Xuelai fuera algún tesoro excepcionalmente valioso.

Aunque era cierto que los dos eran ahora una pareja legalmente registrada, ambos sabían perfectamente cuál era en realidad la situación entre ellos.

Pero repetir una y otra vez aquellas aclaraciones solo haría parecer que le daba demasiada importancia al asunto, y eso resultaba todavía más incómodo.

Bai Xuelai permaneció acurrucado sin moverse.

Yu Tingwan volvió a acercarse y depositó un suave beso sobre el cabello del Omega, que ya estaba impregnado de su aroma.

—No tengas miedo, Xuelai.

Su voz, suave como el agua, era como un manantial cristalino de primavera que lavaba el polvo acumulado sobre el corazón.

Bajo las suaves caricias y las tranquilizadoras palabras de Yu Tingwan, el cuerpo tenso de Bai Xuelai comenzó a relajarse poco a poco.

La voz de Bai Xuelai fue tan baja como el zumbido de un mosquito.

—No tengo miedo…

Una sonrisa apareció en los labios de Yu Tingwan.

—Entonces date la vuelta.

Bai Xuelai sacó lentamente su cabeza de avestruz de debajo de la manta y, después de demorarse un buen rato, finalmente se dio la vuelta.

Por primera vez desde que había despertado, observó con atención al Alfa que estaba a su lado.

Yu Tingwan ya no tenía aquella apariencia pulcra y rigurosa de siempre.

Su suave cabello blanco como la nieve caía libremente sobre sus hombros, y sobre el cuerpo solo llevaba puesta despreocupadamente una túnica larga.

Una cinta de seda blanca rodeaba su cintura, mientras la parte delantera de la túnica permanecía ampliamente abierta, dejando al descubierto el firme pecho del hombre.

El corazón de Bai Xuelai comenzó a latir más deprisa.

Como si sus ojos acabaran de quemarse, apartó lentamente la mirada.

—Quiero vestirme…

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