Tras romper mi compromiso, fui adorado por un magnate interestelar - Capítulo 170

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  4. Capítulo 170 - 【Extra de la vida pasada 016】 Llevaré a Bai Xuelai a casa (Fin)
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Yu Tingwan quería llamar a Bai Xuelai para que regresara.

Pero surgió un problema complicado.

—Han aparecido bestias alienígenas cerca del planeta X. Varios altos funcionarios y el presidente del planeta X se encuentran en peligro, señor Yu…

La costumbre de tantos años hizo que Yu Tingwan se dispusiera instintivamente a levantarse.

Sin embargo, al escuchar mencionar el planeta X, recordó de pronto que los padres de Bai Xuelai también vivían allí.

—¡Si les ocurre algo a los funcionarios o al presidente, todo el planeta X caerá en el caos! ¡Señor Yu, comparados con esos civiles sin importancia, el presidente es a quien debería salvar primero!

Yu Tingwan ignoró las voces que intentaban convencerlo de rescatar primero al presidente.

Había escuchado alguna vez a Bai Xuelai murmurar en voz baja durante la noche.

Desde la academia, separada de su hogar por una enorme distancia, el Omega que poseía el poder de la carpa koi rezaba en silencio por sus padres.

Bai Xuelai deseaba que, durante el tiempo que él no estuviera a su lado, sus padres permanecieran sanos, que todo les fuera bien y que vivieran sin calamidades ni enfermedades.

Para Yu Tingwan, ninguna vida humana valía más que otra.

Sin embargo, en el pasado solía seguir las reglas de este mundo y salvar primero a aquellos cuyas vidas eran consideradas «más valiosas».

Esta era la primera vez que abandonaba la búsqueda y rescate del presidente de un planeta.

Siguiendo únicamente lo que deseaba su corazón, fue primero a buscar a los padres de Bai Xuelai para asegurarse de que estuvieran a salvo.

Cuando consiguió poner a salvo a los asustados padres de Bai Xuelai, Yu Tingwan dejó escapar un suspiro de alivio.

Si Bai Xuelai sabía que había salvado a su familia…

¿Lo perdonaría por lo ocurrido aquel día?

Pero entonces…

¿Por qué seguía sintiendo una inquietud tan intensa en el corazón?

Ignorando las voces que insistían en decirle a quién debía ir a salvar, Yu Tingwan se apresuró a buscar al Omega que ya había partido para realizar el entrenamiento de campo.

Durante aquel entrenamiento, los estudiantes habían sido atacados por un grupo de piratas interestelares que operaban cerca de la zona.

Yu Tingwan no encontró en el campamento a la persona que buscaba.

—¿Dónde está Bai Xuelai?

Su mirada helada recorrió a todos los presentes.

Aquellos Alfas que siempre se consideraban poderosos bajaron la cabeza uno tras otro, evitando mirarlo.

¿Por qué estaban todos allí…

excepto Bai Xuelai?

Una terrible sensación de mal augurio creció violentamente en su interior.

Yu Tingwan se semibestializó y desplegó directamente las alas de su espalda, volando a toda velocidad hacia el lugar donde se había producido el enfrentamiento.

Aquel Alfa que siempre había creído poder hacerlo todo.

Aquel Alfa que incluso había planeado lo que haría antes y después del Nirvana.

Yu Tingwan, que durante cientos de años había salvado incontables vidas…

No pudo salvar a la persona que más le importaba.

Cuando descendió violentamente desde el cielo, el impacto levantó una nube de polvo sobre la tierra completamente silenciosa.

La última vez que lo había visto…

Estaba vivo.

¿Cómo podía estar ahora cubierto de sangre y completamente inmóvil?

—¿Xuelai…?

Yu Tingwan se quedó paralizado.

Aquel Omega que amaba tanto la limpieza.

Aquel Bai Xuelai que temía tanto el dolor…

Estaba cubierto de sangre y suciedad, con un fragmento de metal roto atravesándole el pecho desde la espalda.

Como un ave a la que le hubieran quebrado las alas, había sido atravesado por el pecho y dejado allí, clavado en soledad sobre aquella tierra desolada cubierta de humo y rastros de guerra.

Todo lo que veía parecía irreal.

El alto Alfa corrió hacia él casi tropezándose y cayó pesadamente de rodillas junto al Omega.

Quiso extender la mano para tocar al joven que había cerrado los ojos para siempre, pero cuando la punta afilada de sus dedos estuvo a punto de rozar su piel pálida, la retiró de golpe.

Yu Tingwan quebró a la fuerza las uñas afiladas que le habían aparecido con la semibestialización.

Limpió contra su propia ropa las gotas de sangre que brotaron de sus dedos.

Solo entonces se atrevió a tocar cuidadosamente a su obediente alumno.

Estaba frío.

No quedaba en él ni el menor rastro de temperatura.

Sus dedos comenzaron a temblar violentamente sin poder detenerse.

Sus ojos se llenaron de venas rojas.

El Alfa que siempre había estado por encima de todos parecía haber perdido la razón, y en sus pupilas ardían emociones tan intensas como jamás había mostrado.

Cuando tocó la terminal óptica que Bai Xuelai llevaba en la muñeca, el dispositivo reprodujo automáticamente las últimas palabras que el Omega había grabado antes de morir.

—Yu Tingwan… yo… esta vez hice muy bien el entrenamiento… Salvé a todos… No me eches…

—Pero ellos me abandonaron, profesor… Resulta que conceder bendiciones de verdad… de verdad puede costarte la vida…

—Profesor… voy a morir… Profesor… tengo tanto frío… No quiero morir…

—Profesor, me duele mucho…

—Quiero volver a casa, profesor… Quiero volver a casa…

Todo el cuerpo de Yu Tingwan comenzó a temblar de manera incontrolable.

Su corazón terminó de romperse por completo.

Lágrimas de sangre escarlata desbordaron sus ojos y dejaron terribles rastros sobre el rostro pálido del Alfa.

—Lailai, no tengas miedo. El profesor te llevará a casa.

—No tengas miedo. Te encontraré. Volveremos juntos a casa…

—Volvamos a casa…

No se atrevía a tocar aquel fragmento de metal roto que atravesaba el pecho del Omega.

Tenía miedo de que su Omega sintiera todavía más dolor.

Yu Tingwan permaneció arrodillado junto a él y, con extremo cuidado, abrazó suavemente al joven pelirrojo que ya no respiraba.

Las enormes alas blancas como la nieve, manchadas de sangre, se cerraron lentamente alrededor de ambos.

Un pequeño pájaro de plumas completamente blancas aterrizó suavemente sobre la rama carbonizada de un árbol cercano.

Con un grito desgarrador que pareció atravesar el cielo, el pequeño pájaro comenzó a transformarse en medio de las llamas hasta convertirse en un gigantesco fénix blanco.

El fénix lloró sangre.

Las llamas arrasaron la tierra.

En un instante, desde el suelo hasta el cielo, todo el mundo quedó envuelto en las llamas del Fuego del Fénix.

Bajo aquel resplandor rojo, el largo cabello negro del Alfa comenzó a cubrirse de blanco a una velocidad visible.

—Compartir el mismo lecho en vida… y la misma tumba en la muerte…

Yu Tingwan bajó la cabeza y depositó suavemente un beso sobre la frente de Bai Xuelai.

Después levantó su propio brazo.

En medio de las llamas del Nirvana, grabó una frase directamente sobre sus huesos y su alma.

Yu Tingwan logró completar el Nirvana.

Cuando volvió a aparecer frente al mundo, su rostro no había cambiado.

Solo que aquel cabello que antes había sido negro ahora era completamente blanco.

El Alfa de primer nivel que alguna vez había sido venerado por todos como un héroe encontró a quienes, en el campo de batalla, habían suplicado a Bai Xuelai que concediera bendiciones para salvarlos y después lo habían abandonado cruelmente.

—¡Yu Tingwan, ¿te has vuelto loco?! ¡Este es el príncipe heredero de Chao Xing! ¡También fue alumno tuyo! Si te atreves a herir a Su Alteza y aplicar justicia por tu propia mano, ¿no tienes miedo de que…?

¿Miedo?

¿Qué le quedaba ya por temer?

El Alfa de cabello blanco levantó la larga espada que sostenía en la mano.

Entre los gritos aterrorizados de quienes lo rodeaban, atravesó de una estocada al supuesto príncipe heredero de Chao Xing mientras intentaba escapar.

No era suficiente.

Todavía no era suficiente.

Sacó la espada.

Y volvió a atravesarle el pecho.

Aquel año, el gran héroe venerado por el mundo…

Masacró piratas interestelares.

Ignoró insultos, condenas y reproches.

Irrumpió en distintos planetas y ejecutó por su cuenta a varios Alfas de nivel doble S.

Sin excepción, a cada uno de aquellos desertores le atravesó el pecho una y otra vez con su espada.

Hasta que murieron desangrados.

Yu Tingwan, quien durante los últimos siglos había salvado incontables vidas y sufrido innumerables heridas…

De la noche a la mañana pasó a ser conocido como el gran demonio del espacio interestelar.

—Lailai, ya te vengué.

—No te preocupes por tus padres. Cuidaré bien de ellos.

—No tengas miedo. Te encontraré.

—Espera al profesor, ¿de acuerdo?

Encontraría a Bai Xuelai.

Si no podía hacerlo en un año, buscaría durante dos.

Si dos años no eran suficientes, entonces serían tres…

Diez años.

Veinte.

Treinta…

Cien.

Doscientos.

Trescientos…

Su alumno se había perdido.

No importaba.

Él llevaría a Bai Xuelai a casa.

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