Tras romper mi compromiso, fui adorado por un magnate interestelar - Capítulo 141
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- Capítulo 141 - ¿Aún no vienes a abrazarme?
El mar mental de Bai Xuelai era un océano azul, tranquilo y cubierto de destellos de luz.
Los rayos del sol atravesaban la superficie y se refractaban en tonos de distinta intensidad.
El Omega pelirrojo flotaba dentro del agua, balanceándose suavemente con las corrientes.
Con el lento paso del tiempo, aquel mar mental que había sufrido daños comenzaba a repararse por sí solo.
Bai Xuelai permanecía sumido en un estado de somnolencia. De vez en cuando abría los ojos y, entre la neblina de su conciencia, alcanzaba a ver la luz filtrándose a través del agua.
Cuando volvía a cerrarlos, parecía caer nuevamente en sueños pertenecientes al pasado.
Los recuerdos que alguna vez le habían causado un sufrimiento insoportable pasaban rápidamente ante sus ojos, como escenas de una película.
Pero ahora, al contemplarlos desde la distancia, ya no provocaban demasiadas emociones en él.
Sus padres, sus hermanos, las personas que había conocido en la escuela…
Las imágenes relacionadas con ellos pasaban una tras otra con tanta rapidez que parecían no merecer siquiera que Bai Xuelai se detuviera a recordarlas con detalle.
Hasta que apareció una persona.
Entonces los recuerdos comenzaron a reproducirse lentamente.
Bai Xuelai soñó con la última vez que vio a Yu Tingwan antes de su renacimiento.
El Alfa, ya extremadamente debilitado, le había pedido que lo llevara hasta las profundidades del océano.
¿Por qué al fondo del mar?
Porque el mundo del mar mental de Bai Xuelai era realmente un océano.
El fénix había volado a través de cielos infinitos, pero al encontrarse ante la vida y la muerte quería permanecer en el lugar donde vivía la persona que amaba.
Si su renacimiento fracasaba, quería que lo enterrara para siempre en las profundidades marinas.
Incluso después de morir, su alma permanecería junto a su solitaria pareja en el océano.
Y si el renacimiento tenía éxito, entonces también nacería del mar, igual que aquella pareja hacia quien se inclinaba su corazón.
Un ave y un pez también podían enamorarse.
—No existe la posibilidad de que fracases. Me lo prometiste. Vas a regresar con vida…
—Sí. Te lo prometo. Definitivamente regresaré.
—¿Puedes marcarme ahora? Si no tienes fuerzas, también puedo hacerlo yo mismo —dijo Bai Xuelai—. Quiero llevar tu marca conmigo.
—Lailai…
Bai Xuelai pagó muy pronto el precio por aquellas palabras.
Incluso debilitado, al Alfa todavía le sobraban fuerzas para hacerlo llorar.
Una marca completa requería que tanto el Alfa como el Omega adoptaran simultáneamente su forma semibestial.
En las profundidades del océano se abrazaron, se besaron e intercambiaron feromonas.
Cuando el Alfa mordió su glándula e inyectó sus feromonas…
Las lágrimas de la sirena se transformaron en perlas y cayeron una tras otra dentro del palacio situado en las profundidades de Haixing.
El palacio submarino del primer Emperador del Mar se encontraba en una región tan profunda que ningún ser humano podía alcanzarla.
Durante aquella media hora en la que Bai Xuelai había hablado con los recuerdos del Emperador del Mar, le había preguntado sobre aquel palacio submarino.
Una fina membrana de agua mantenía el océano fuera.
Aunque el aire en su interior era escaso, bastaba para proporcionar a Yu Tingwan el oxígeno que necesitaba.
Después de completar la marca, el Alfa cayó en un sueño profundo.
Bai Xuelai permaneció allí vigilándolo en silencio durante un día entero antes de verse obligado a marcharse.
Los océanos de Haixing eran inmensos.
Y el lugar donde habían librado aquella batalla tampoco se encontraba cerca del palacio submarino.
Sin embargo, después de renacer, Yu Tingwan había aparecido entre una columna de fuego que había surgido desde el fondo del mar…
Yu Tingwan…
¡Yu Tingwan estaba vivo!
En medio de su mente caótica, aquella realidad clara surgió de repente.
La bella sirena que permanecía profundamente dormida abrió los ojos de golpe.
Lo primero que vio fue un techo absurdamente alto.
Y una jaula que emitía una tenue luz dorada…
¡Espera!
¿Una jaula?
La mente de Bai Xuelai ordenó a su cuerpo incorporarse.
Pero su cuerpo, dolorido y sin fuerzas, decidió declararse en huelga.
Apenas logró levantarse un poco antes de caer nuevamente.
Debajo de él había algo suave y mullido.
Las yemas de sus dedos parecían estar tocando plumas esponjosas y sedosas.
Bai Xuelai giró la cabeza y observó alrededor.
Pronto comprendió dónde estaba.
En Lanxing.
En la mansión de Yu Tingwan.
Era aquella habitación enorme, con un techo extremadamente alto y una gigantesca jaula dorada en el centro.
Aunque ya había despertado, su cuerpo seguía sin tener prácticamente fuerzas.
Bai Xuelai se humedeció los labios por reflejo.
Había pensado que estarían secos y agrietados, pero inesperadamente estaban suaves e hidratados.
Como no podía levantarse, simplemente volvió a acostarse.
Tanto en el aire como en las mantas que cubrían el nido permanecía el aroma de Yu Tingwan.
Frío y fresco.
Pero extraordinariamente cálido para el corazón de Bai Xuelai.
Aquello que más había temido no había ocurrido.
Su Yu Tingwan había regresado.
De repente sintió un ardor en la nariz.
Bai Xuelai tomó una pluma que estaba junto a él y la apoyó suavemente sobre su rostro.
Con los ojos cerrados, respiró con avidez las feromonas que Yu Tingwan había dejado en ella.
Inspiró profundamente.
El aroma era especialmente intenso.
Pensando que quizá se debía a la pluma, Bai Xuelai no le dio demasiadas vueltas.
Mientras sentía la presencia del Alfa, murmuró con los ojos cerrados:
—Yu Tingwan… te extrañé muchísimo…
En un punto que él no podía ver, una figura alta se acercó lentamente.
El hombre inclinó el torso.
Y cubrió sus labios con los suyos.
No era una ilusión.
Realmente lo estaban besando.
Bai Xuelai abrió los ojos de golpe.
Un rostro familiar y apuesto ocupó por completo su campo de visión.
Como si hubiera percibido que Bai Xuelai había abierto los ojos, el Alfa, que también los tenía cerrados, los abrió.
En sus profundas pupilas oscuras apareció vagamente una ligera sonrisa.
—Cuando besas, debes cerrar los ojos.
Mientras hablaba, Yu Tingwan levantó una mano y cubrió los ojos de Bai Xuelai con su amplia palma.
Bai Xuelai acababa de despertar y todavía no entendía del todo qué estaba pasando cuando, sin saber cómo, Yu Tingwan le dio un beso profundo que casi lo dejó sin oxígeno.
Su mente apenas comenzaba a despejarse después de despertar.
Pero aquel beso volvió a dejarlo completamente mareado.
—Qué lindo.
Dentro de su visión borrosa, apenas podía distinguir la silueta del Alfa.
Sin embargo, la suave risa de Yu Tingwan junto a su oído se escuchó con perfecta claridad.
Con dificultad, Bai Xuelai levantó ambas manos.
Sus dedos tocaron ligeramente la mandíbula bien definida del hombre.
Sus ojos comenzaron a arder de repente y sus labios temblaron.
—Dijiste que regresarías cuando terminara los dulces. Yo… yo ya me los había terminado y aun así no te vi.
Había esperado.
Había esperado bastante tiempo antes de ver finalmente a Yu Tingwan.
La hermosa sirena recién despierta habló con una voz llena de agravio.
Las esquinas de sus ojos estaban enrojecidas y parecía terriblemente desdichado.
—Bai Xuelai —pronunció Yu Tingwan el nombre del Omega.
—…Ahora ni siquiera me llamas Lailai.
Había un ligero sollozo en la voz de Bai Xuelai mientras se quejaba:
—¿Qué haces ahí parado? Baja. Ven a abrazarme rápido.
El Alfa que había renacido había olvidado todo lo ocurrido en el pasado.
Pero las palabras grabadas en los huesos, la carne y el alma de su brazo comenzaron a arder suavemente.
Yu Tingwan solo amará a Bai Xuelai en esta vida.
Bai Xuelai.
Lailai.
Una corriente cálida surgió en su pecho.
Todo su cuerpo pareció quedar sumergido en un manantial tibio.
Aquel corazón frío y entumecido volvió a cobrar vida.
Yu Tingwan se sentó junto a la sirena y tomó a Bai Xuelai entre sus brazos.
El Omega, que acababa de despertar, se recostó contra el pecho de su Alfa.
Y lentamente volvió a quedarse dormido.
—Bai Xue… ¿Lailai?
Después de que el Omega permaneciera inmóvil durante bastante tiempo, Yu Tingwan lo llamó suavemente.
No hubo respuesta.
La hermosa sirena dormía entre sus brazos con una respiración tranquila y uniforme.
Yu Tingwan bajó la mirada.
Los dedos de Bai Xuelai sujetaban con fuerza la manga de su ropa.