Tras romper mi compromiso, fui adorado por un magnate interestelar - Capítulo 126

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  4. Capítulo 126 - El humilde Song Shiyan: Solo quiero verte una vez
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Por la noche, incontables estrellas adornaban el cielo.

Sus luces fragmentadas se reflejaban sobre la tranquila superficie del mar.

El estallido de un fuego artificial rompió el silencio de aquella noche.

Desde la isla donde se encontraba el palacio imperial de Estrella de Mar, innumerables fuegos artificiales se elevaron hacia el cielo.

Uno tras otro, los brillantes y espléndidos destellos llegaron incluso a eclipsar el resplandor de las estrellas.

Sosteniendo entre ambas manos el cetro de piedras preciosas que representaba la máxima autoridad de Estrella de Mar, el nuevo emperador Albert permanecía de pie en el amplio balcón del palacio, contemplando los fuegos artificiales que ascendían hacia el firmamento.

—¡Guau, es el Fénix Blanco!

—¡Es la bestia vinculada del señor Yu, el Fénix Blanco! Dios mío, es increíblemente hermoso…

—¡Hay alguien sobre el fénix! Parecen ser el señor Yu y… ¡ese Omega sirena!

—Siempre pensé que el señor Yu jamás tendría un Omega en toda su vida. Ah, aunque soy un Alfa, también envidio a esa hermosa sirena pelirroja.

—Supongo que ese es el encanto de las sirenas. Aunque todavía está por debajo del primer Emperador del Mar de Estrella de Mar. Ambos son sirenas, pero nuestro Emperador del Mar fue la grandiosa sirena que fundó Estrella de Mar.

Albert mantuvo la mirada fija en la bestia divina que atravesaba los fuegos artificiales, irradiando un tenue resplandor blanco.

—Cuiden sus palabras. No sean irrespetuosos con el señor Yu ni con su esposo.

Los murmullos que resonaban a su alrededor desaparecieron de inmediato.

En el pasado, aquel joven emperador de cabello rubio y ojos azules siempre llevaba una sonrisa amable en el rostro y parecía completamente inofensivo.

Por eso, muchos se habían preguntado si, después de ascender al trono, sería capaz de mantener bajo control a los príncipes, nobles y ministros, así como a su ambicioso padre, que todavía se resistía a aceptar la situación.

Sin embargo, ahora que Albert llevaba la corona, toda la ingenuidad y juventud que antes mostraba parecían haberse desvanecido por completo.

Una sola frase pronunciada por él llevaba consigo una autoridad inexplicable.

Un Alfa atravesó a la multitud y llegó hasta su lado.

Albert miró al alto y erguido Alfa de nivel SS y sonrió ligeramente.

—Ralph.

Ralph inclinó un poco la cabeza.

—Su Majestad, el señor Yu y sus acompañantes planean marcharse mañana.

—Al señor Yu no le gustan las multitudes ni el alboroto. Cuando llegue el momento, tú vendrás conmigo a despedirlo.

Las manos de Ralph, que descansaban a ambos lados de su uniforme negro, se cerraron lentamente en puños antes de volver a relajarse.

—Su Majestad, he oído que desea elegir a Elok como su consorte. Elok tiene una personalidad demasiado despreocupada e inquieta. Me temo que le resultaría difícil asumir las responsabilidades de un consorte imperial.

Albert lanzó una mirada indiferente al Alfa de expresión severa.

—Más que despreocupado e inquieto, yo diría que es inocente y espontáneo. Sin embargo, tienes razón, Ralph. Probablemente a Elok no le gustaría la vida dentro del palacio imperial.

La expresión rígida de Ralph comenzó a relajarse poco a poco.

Entonces Albert añadió:

—Elok se marchará mañana con el señor Yu y los demás.

Al ver que Ralph se había quedado ligeramente aturdido, Albert sonrió con amargura.

—Qué lástima. Probablemente después de esto será difícil volver a ver a Elok.

A primera hora de la mañana siguiente, Elok terminó de preparar su equipaje y, arrastrando una maleta, fue a buscar refugio con su Hermano Lai.

Cuando llegó a la entrada del jardín, el joven señorito, acostumbrado desde pequeño a una vida privilegiada, hizo un gesto despreocupado con la mano para ordenar a sus sirvientes que se retiraran. Luego entró al jardín lleno de entusiasmo, arrastrando él mismo su enorme maleta.

A Yu Tingwan y Bai Xuelai no les gustaba que los extraños los molestaran.

Aunque nunca le habían prohibido a Elok entrar acompañado por sus sirvientes, cada vez que llegaba a la entrada del jardín, él mismo les pedía que se marcharan y entraba solo a buscar a Bai Xuelai.

Quizá precisamente aquella consideración y delicadeza, escondidas bajo los modales de un joven señor criado entre lujos, habían hecho que Bai Xuelai decidiera considerarlo su hermano menor.

No había demasiadas personas en el espacioso jardín.

Elok tarareaba una melodía desafinada mientras caminaba por uno de los senderos, arrastrando detrás de sí una maleta tan pesada que las ruedas retumbaban contra el suelo.

De repente, una figura bloqueó su camino.

Elok levantó la cabeza con expresión desconcertada.

—Ah… señor, ¿quién eres?

Song Shiyan sonrió ligeramente.

—Necesito que me hagas un favor. Quiero ver a Bai Xuelai.

—Oh, ¿conoces al Hermano Lai?

Elok sonrió.

Al segundo siguiente, dio media vuelta y echó a correr.

—¡Guardias! ¡Hay un tipo sospechoso aquí!

Song Shiyan jamás imaginó que aquel Omega de apariencia ingenua reaccionaría de esa manera.

Frunció el ceño, avanzó rápidamente y sujetó con fuerza el hombro de Elok. Su voz se volvió fría y severa.

—No grites. Xuelai y yo nos conocemos. Solo dile que salga a verme una vez. No voy a hacerle daño.

—¡Ni un fantasma te creería! Si quieres ver al Hermano Lai, ¿por qué no vas tú mismo a buscarlo?

Elok pareció comprenderlo de repente.

—¡Seguro que tienes miedo de que el señor Yu te dé una paliza!

Las palabras dichas al azar por Elok acertaron precisamente en el punto que más avergonzaba a Song Shiyan.

Su expresión cambió.

La fuerza de su mano aumentó y Elok sintió que estaban a punto de aplastarle el hombro.

De repente se escuchó un fuerte:

—¡Pum!

Elok desapareció.

En su lugar, sobre el suelo apareció un enorme caparazón de tortuga.

Song Shiyan:

—…

—¡Song Shiyan!

Durante todos aquellos días, sin importar si era de día o de noche, si estaba despierto o soñando…

Aquella voz que resonaba incesantemente junto a sus oídos acababa de pronunciar su nombre desde no muy lejos.

Song Shiyan pareció perder el alma.

Contempló aturdido al joven pelirrojo que corría hacia él.

Sus finos labios temblaron ligeramente por la intensa emoción y, con voz ronca, pronunció su nombre:

—Xuelai…

—¿¡Qué le hiciste a Elok!?

Bai Xuelai fulminó a Song Shiyan con la mirada.

Corrió hasta ellos y, sin ninguna consideración, apartó de un empujón al Alfa que estaba junto al caparazón.

Al escuchar la voz de Bai Xuelai, una pequeña cabeza de cabello dorado asomó desde el interior.

—Hermano Lai, este hombre…

—No pasa nada. Lo conozco. Tú entra primero con Qingmo.

Elok asintió sin hacer más preguntas.

Después de salir de su caparazón, siguió a Qingmo hacia la residencia.

—Yo… solo quería verte una vez…

El antiguo príncipe heredero de Estrella Azul, que en otro tiempo había ocupado una posición tan elevada, ahora parecía completamente abatido.

Miraba a Bai Xuelai con desesperación, con una expresión casi suplicante.

—Yo no quiero verte. ¿Puedes dejar de molestarme? —respondió Bai Xuelai sin mostrarle la más mínima amabilidad.

El rostro de Song Shiyan palideció al instante.

Los músculos de sus mejillas se tensaron mientras intentaba forzar una sonrisa.

—Ayer te vi durante la ceremonia. No esperaba que tu forma parcialmente bestial fuera una sirena. De verdad eres muy hermoso.

—Yo no te vi ayer durante la ceremonia. Por favor, vete.

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