Tras romper mi compromiso, fui adorado por un magnate interestelar - Capítulo 114

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  4. Capítulo 114 - Solo tengo demasiado miedo de perderte
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El Omega inconsciente comenzó a despertar poco a poco.

En medio de su visión borrosa, un halo rojizo apareció a lo lejos y fue acercándose gradualmente.

Elock parpadeó. Las lágrimas se acumularon en sus ojos, humedeciéndolos, y su visión, lavada por ellas, comenzó a aclararse.

—Elock, ya pasó todo. No tengas miedo.

El sedoso cabello rojo cayó desde detrás de sus hombros. Bai Xuelai estaba sentado junto a la cama y apoyó suavemente la cálida palma sobre la frente de Elock, cuya temperatura ya había descendido.

—H-hermano Lai… buaaa…

Un sollozo tembloroso escapó de su garganta. Elock se volvió y abrazó la cintura de Bai Xuelai, incapaz de contenerse por más tiempo, y rompió a llorar.

—Pensé que iba a morir… Buaaa… Hermano Lai, extraño mucho a papá y a mamá. Quiero volver a casa…

Bai Xuelai acarició suavemente la espalda que temblaba por el llanto y bajó la cabeza para depositar un beso sobre el cabello de Elock.

—Ya pasó todo, Elock. Ya estás a salvo. No tengas miedo.

Por fortuna, Elock poseía un resistente caparazón de tortuga.

Aunque alguien había pateado el caparazón y este había rodado por las montañas hasta terminar cayendo en una hondonada, Elock, que permanecía escondido en su interior, no había sufrido heridas graves.

Sin embargo, había pasado tres días y tres noches sin comer ni beber y, además, había permanecido todo ese tiempo sumido en la desesperación.

Necesitaba recuperarse adecuadamente durante un tiempo.

Aunque la base contaba con instalaciones médicas completas, después de encontrar a Elock, Bai Xuelai decidió llevárselo de allí.

La nave de Yu Tingwan tenía mejores equipos médicos.

También mejores médicos.

Y, como ambos eran Omegas, Bai Xuelai podía utilizar su suave poder mental para tranquilizar al aterrorizado Elock.

No había pasado mucho tiempo desde que despertó cuando Elock volvió a quedarse dormido después de llorar.

Bai Xuelai utilizó su poder mental, suave como el agua, para tranquilizarlo.

Cuando terminó, se levantó silenciosamente de junto a la cama y apagó la luz de la habitación.

Cerró la puerta.

Al darse la vuelta, vio al Alfa esperando afuera.

Yu Tingwan ya no mantenía su forma semibestializada y había recuperado su aspecto habitual. Permanecía de pie justo en el límite entre la luz y la oscuridad.

La mitad del apuesto rostro del alto Alfa estaba sumergida entre las sombras, mientras la otra mitad, iluminada, mostraba una suavidad inesperada.

Bai Xuelai caminó hacia él.

Antes de que pudiera decir una sola palabra, Yu Tingwan extendió el brazo y lo rodeó por la cintura.

La luz proyectó las siluetas de ambos sobre la pared.

Sus sombras entrelazadas permanecieron estrechamente unidas, sin dejar espacio entre ellas.

Bai Xuelai retrocedió involuntariamente un paso, y los dedos de las manos que tenía apoyadas sobre los hombros del Alfa se aferraron a su ropa.

De la tensión inicial pasó gradualmente a relajarse.

Sus labios estaban entumecidos, húmedos y ligeramente temblorosos.

Respirando agitadamente, con el pecho subiendo y bajando, Bai Xuelai alzó la mirada hacia el Alfa que lo observaba fijamente desde arriba.

Yu Tingwan poseía un rostro frío y austero, tan contenido que parecía completamente ajeno a cualquier deseo.

Sin embargo, siempre terminaba haciendo cosas que lo hacían sonrojar y aceleraban su corazón.

—¿Qué haces? ¿Por qué me besaste de repente?

Bai Xuelai apenas terminó de hablar cuando Yu Tingwan volvió a bajar la cabeza y depositó otro beso sobre sus labios.

—¿Qué haces…? —Bai Xuelai se tocó los labios con los dedos y su rostro se sonrojó.

—Besaste a Elock.

¿Ese era el motivo?

Bai Xuelai miró sorprendido a Yu Tingwan.

—Elock y yo somos Omegas. Además, solo besé su cabello…

—Mm. Lo sé.

—Si lo sabes, ¿por qué todavía estás… celoso?

Al pronunciar las últimas palabras, las comisuras de sus labios se elevaron involuntariamente.

Bai Xuelai preguntó en tono burlón:

—Yu Tingwan, ¿estás celoso?

—Al principio me llamabas señor Yu. Después simplemente «señor». Y últimamente me llamas directamente Yu Tingwan.

Yu Tingwan se acercó.

Paso a paso, obligó a Bai Xuelai a retroceder hasta que su espalda chocó contra la dura pared.

En cambio, la manera en que Yu Tingwan se dirigía a Bai Xuelai había evolucionado justo en sentido contrario.

Al principio había sido Bai Xuelai.

Después, Xuelai.

Y últimamente era aquel «Lai Lai» tan dulce que casi podía provocar caries.

—Yu Tingwan. ¿Qué pasa, Yu Tingwan?

Bai Xuelai comenzó a reír, mostrando una hilera de dientes blancos y perfectamente alineados. Sus ojos largos se curvaron con la sonrisa, revelando un brillo travieso.

—Lai Lai, no pasa nada. Lai Lai… Lai Lai puede llamarme como quiera.

Contagiado por la brillante y astuta sonrisa del joven pelirrojo, el Alfa también sonrió.

Había vivido una existencia interminablemente larga.

Sin embargo, solo después de conocer a Bai Xuelai su vida había adquirido colores vivos y hermosos.

Yu Tingwan se inclinó y rodeó con ambas manos las largas y esbeltas piernas del Omega.

—¡Yu Tingwan…!

Su cuerpo se elevó del suelo.

Yu Tingwan lo levantó sujetándolo por las piernas.

Para mantener el equilibrio, Bai Xuelai apoyó ambas manos sobre los hombros del Alfa y soltó una serie de risas cristalinas.

—¡Bájame!

Bajarlo era imposible.

Por mucho que Bai Xuelai protestara, Yu Tingwan terminó llevándolo hasta la habitación como si cargara a un niño.

Las paredes curvas y el techo estaban hechos completamente de cristal transparente.

El vasto e infinito universo y las estrellas que brillaban en las profundidades del espacio componían una imagen de una belleza capaz de estremecer el corazón.

—No… ya no puedes seguir besándome…

Bai Xuelai apoyó ambas manos contra el pecho del Alfa mientras respiraba suavemente.

Parecía haber una llamarada ardiendo dentro de su pecho.

Un Omega tan joven era como un montón de leña seca.

Bastaba una pequeña chispa para provocar un incendio.

Los dos terminaron tumbados sobre una manta extendida en el suelo.

Bai Xuelai descansaba entre los brazos del Alfa, cálidamente envuelto en su abrazo.

Una música suave resonaba en la habitación mientras las estrellas brillaban más allá de las ventanas.

El tiempo parecía haberse detenido.

Sin hacer nada.

Simplemente tumbados allí en silencio.

Bai Xuelai sentía una satisfacción que nunca antes había experimentado.

Quizá la belleza de la vida no era más complicada que eso.

—Si en el futuro hay otro entrenamiento parecido, Yu Tingwan… déjame intentarlo por mi cuenta.

La tranquila y hermosa atmósfera pareció enfriarse varios grados debido a aquellas repentinas palabras.

—Podrías encontrarte en peligro.

—Soy un Omega de rango doble S. Lo viste esta vez, ¿no? Yo también soy muy fuerte.

—¿Tan fuerte que te desmayaste inmediatamente después de encontrar a Elock?

Yu Tingwan bajó la cabeza, besó el cabello de Bai Xuelai y suspiró suavemente.

—Aunque haya robots voladores siguiéndolos en tiempo real, siempre existe la posibilidad de que fallen. Elock es el ejemplo más evidente.

Bai Xuelai estaba a punto de responder cuando Yu Tingwan volvió a fruncir el ceño y dijo con voz grave:

—Si tú no hubieras ayudado cuando Elock tuvo el accidente, ¿qué posibilidades tenían los demás de encontrarlo?

—No vamos a encontrarnos con semejante peligro cada vez. Además, todavía tengo a la carpa koi…

—La carpa koi puede traer buena suerte, pero no puede controlar su propio destino.

Bai Xuelai no pudo evitar fruncir el ceño.

—Pero tampoco puedes interferir siempre de esta manera en mi vida…

—Lo siento.

Yu Tingwan abrazó a Bai Xuelai y se disculpó en voz baja.

—Solo tengo demasiado miedo de perderte.

Bai Xuelai levantó la cabeza.

Y descubrió con sorpresa que, en el rostro del Alfa más poderoso del mundo, había emociones que jamás habría imaginado ver.

Una vulnerabilidad llena de miedo.

Una tristeza profunda.

—¿Por qué hablas de perderme? Estoy perfectamente bien.

Bai Xuelai tomó entre sus dedos el meñique de Yu Tingwan.

—Mm.

Yu Tingwan lo abrazó.

—Nuestro Lai Lai siempre estará bien.

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