Tras romper mi compromiso, fui adorado por un magnate interestelar - Capítulo 107
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- Capítulo 107 - Ya no estoy enojado. Bésame
En la transmisión en vivo, el Alfa que caminaba delante se volvió y, acto seguido, flexionó una rodilla para arrodillarse repentinamente frente al Omega sobre la tierra húmeda cubierta de maleza.
【¡Eh, eh, eh! ¿Qué está pasando? ¿Qué hace? ¡Se arrodilló de repente sobre una rodilla, parece que va a pedirle matrimonio!】
【Parece que asustó a mi Lai Lai, qué lindo, buaaa…】
【¿Qué tiene de especial Bai Xuelai? ¿Acaso no ha llegado hasta aquí gracias al Alfa?】
【Ya llegó otra vez el vinagre rancio. Incluso a través de la pantalla se puede oler el hedor de tus celos. ¿Te vas a morir si pasas un día sin envidiar a Lai Lai? La casa rodante la sacó Lai Lai, y la buena suerte también forma parte de la capacidad de una persona. ¡Un desafortunado vinagre rancio como tú jamás lo entendería!】
【¡¿Quién dices que es desafortunado?! ¡Soy una estrella de la suerte, ¿entiendes?! ¡Una estrella de la suerte!】
【¿Eh? ¿Por qué desapareció la imagen? ¡No puede ser! ¿Justo en un momento tan importante se pierde la señal?】
Los robots voladores suspendidos en el aire emitieron un chisporroteo de avería y, al segundo siguiente, todos se precipitaron sobre las frondosas ramas de los árboles.
En cuanto Bai Xuelai pronunció las palabras «viejo fénix», una leve sonrisa apareció tras las frías lentes azul claro del Alfa.
No hubo sorpresa, desconcierto ni nerviosismo.
El alto Alfa flexionó una rodilla y se arrodilló frente al Omega.
Esta vez, la voz que salió de detrás de la máscara ya no era aquel frío sonido artificial.
—¿Me reconociste?
Había una tenue risa en aquella voz que Bai Xuelai conocía mejor que ninguna otra.
Aunque cuando lo llamó «viejo fénix» ya estaba prácticamente seguro de que aquel hombre era Yu Tingwan, sus palabras todavía contenían cierto matiz de tanteo.
Aún estaba pensando que quizá el otro se haría el tonto y fingiría no entender de qué estaba hablando, cuando Yu Tingwan lo admitió sin rodeos.
—Tú… tú…
La palabra «tú» se le quedó atorada en la garganta una y otra vez. Tenía muchísimas cosas que quería decir, pero Bai Xuelai se quedó repentinamente sin palabras.
Yu Tingwan se había hecho pasar por un Alfa desconocido y lo había acompañado desde el mismo momento en que abandonaron la mansión.
Cuando Bai Xuelai se había tumbado en la cama pensando en Yu Tingwan, jamás habría imaginado que Yu Tingwan estaba, en realidad, justo a su lado.
Bai Xuelai clavó los ojos en el hombre que tenía delante.
Quería quitarle la máscara, pero, como todavía no sabía que los robots voladores de los alrededores habían dejado de funcionar, se limitó a mirarlo fijamente con frustración.
Había deseado que aquel Alfa capaz de hacer estremecer su corazón fuera Yu Tingwan.
Ahora que realmente resultaba ser él, estaba un poco enojado por lo que había hecho.
Rodeó al Alfa que seguía medio arrodillado frente a él y avanzó a grandes zancadas, como una pequeña ardilla inflada de indignación.
Era incapaz de decirle cosas desagradables a Yu Tingwan, así que solo podía enfurruñarse por su cuenta.
—Lai Lai…
Detrás de él resonaron los pasos y la voz del hombre.
Bai Xuelai ni siquiera volvió la cabeza y siguió caminando hacia delante.
Un dolor fino y persistente palpitaba en sus sienes.
No entendía por qué Yu Tingwan había hecho algo así.
¿Estaba preocupado por su seguridad?
Aunque el entrenamiento de supervivencia entrañaba ciertos peligros, la base había asignado robots voladores a cada equipo para vigilar en todo momento la seguridad de los alumnos.
Hasta ese momento, algunos habían resultado heridos, pero ninguno de gravedad y mucho menos había habido alguien cuya vida estuviera en peligro.
Mientras todos esos pensamientos caóticos se arremolinaban en su cabeza, Yu Tingwan volvió a llamarlo desde atrás:
—Lai Lai…
Bai Xuelai continuó avanzando sin mirar atrás.
Sin embargo, apenas había dado dos pasos cuando una fuerza poderosa lo sujetó por la cintura, impidiéndole seguir adelante.
Sus botas negras se despegaron del suelo húmedo y perdió por completo el equilibrio. Como si fuera una hermosa muñeca, alguien lo levantó fácilmente en brazos.
Su espalda quedó pegada contra el ancho pecho del Alfa. Un brazo pasó por debajo de sus rodillas y, como si cargara a un niño, sostuvo los muslos y las caderas del Omega.
—¿Q-qué haces? ¡Bájame ahora mismo…!
Bai Xuelai exclamó presa del pánico. Al pensar que aquella escena podía estar siendo grabada por los robots y transmitida en vivo, dos manchas de intenso rubor aparecieron de inmediato en su rostro pálido.
Detrás de él, el Alfa dejó escapar un suspiro impotente.
—Si te bajo, volverás a ignorarme.
—…Ahora no es momento de hablar de eso. Bájame de una vez.
Bai Xuelai forcejeó intentando saltar al suelo. Se sentía como un pez atrapado entre las manos de alguien, pero, por mucho que se revolviera, seguía firmemente sujeto entre sus brazos.
Enojado, se volvió y colocó ambas manos sobre la máscara negra de cuero del Alfa.
La máscara, que parecía estar firmemente ajustada, se desprendió con apenas un ligero tirón.
El apuesto rostro que aparecía casi todas las noches en sus sueños se mostró, real y nítido, ante sus ojos.
Sin las lentes azul claro interponiéndose entre ellos, las miradas del Alfa y el Omega se encontraron en el aire y quedaron entrelazadas.
La ira que hacía apenas unos instantes se acumulaba en su pecho desapareció en cuanto vio el rostro de Yu Tingwan.
O quizá había sido reducida a polvo bajo el peso de la añoranza acumulada durante tantos días.
En cualquier caso, Bai Xuelai perdió toda determinación y dejó de estar enojado.
Abrió la boca. Justo cuando estaba a punto de hablar, olvidó repentinamente lo que quería decir y se quedó mirando al Alfa con los labios entreabiertos y una expresión algo aturdida.
—Yu…
El Alfa, ya sin máscara, redujo bruscamente la distancia entre ambos y se tragó el resto de sus palabras.
Entre sus respiraciones solo quedaba el ardiente aliento del otro.
En medio del bosque frío y sombrío, era como si una hoguera hubiera cobrado vida entre los dos.
Cálida.
Ardiente.
Una calidez hacia la que sus cuerpos se acercaban instintivamente.
Los finos dedos blancos de Bai Xuelai se aferraron con fuerza al abrigo sobre los hombros del Alfa, arrugándolo por completo. Su espalda terminó contra el tronco de un árbol cercano, mientras varias hojas secas se desprendían lentamente de las ramas hasta caer junto a sus pies.
Yu Tingwan avanzó un paso.
Sus botas aplastaron las hojas secas, produciendo un crujido quebradizo.
Lo besó con intensidad, casi ferozmente.
Sus intensas emociones no solo se transmitían mediante las feromonas, sino también a través del estrecho abrazo que envolvía al Omega.
Sin aliento, el joven pelirrojo respiraba agitadamente. Sus ojos, claros y transparentes como cuentas de cristal, estaban cubiertos por una fina capa de humedad, mientras sus densas pestañas, del mismo color que su cabello, temblaban suavemente.
Bai Xuelai parecía estar a punto de llorar en cualquier momento.
—¿Estás enojado? —Yu Tingwan mantuvo a su pequeño novio atrapado entre su pecho y el tronco del árbol. Se inclinó y depositó un suave beso sobre los labios húmedos de Bai Xuelai—. Lai Lai, te extrañé.
Las palabras que Bai Xuelai más había querido decir terminaron siendo pronunciadas primero por Yu Tingwan.
Incapaz de escapar del abrazo del Alfa, Bai Xuelai hundió el rostro en el cálido cuello de Yu Tingwan.
Murmuró:
—Todavía estamos transmitiendo en vivo…
Una sonrisa apareció en el rostro de Yu Tingwan.
—¿Por eso me rechazaste hace un momento?
Al pensar que todo lo que acababan de hacer podía haber sido visto por los demás, Bai Xuelai escondió aún más el rostro.
—¡Qué vergüenza! ¡Bájame de una vez!
Sobre su cabeza resonó una profunda risita.
Yu Tingwan lo abrazó todavía con más fuerza.
—No —dijo cierto Alfa—. Todavía quiero seguir besándote.