Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota - Capítulo 8

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La mirada de Pei Sheng cayó sobre la bolsa de plástico que Gu Lin llevaba en la mano. Dentro ya había varias botellas de bebidas vacías.

Como estaba demasiado oscuro, al principio Gu Lin ni siquiera se había dado cuenta de que la persona que estaba a poca distancia era Pei Sheng. Solo reaccionó cuando vio a Laduo.

—Pei Sheng, ¿ya terminaste de pasear al perro? Regresa primero. Yo volveré dentro de un rato.

Después de decirlo, volvió a agacharse para revisar los precios de los distintos materiales reciclables que acababa de averiguar con una señora que compraba chatarra.

Pei Sheng llevó a Laduo hasta su lado.

La tenue luz de la farola formaba un halo sobre la cabeza de Gu Lin. Este mantenía la mirada baja, dejando al descubierto parte de su blanca nuca, y su postura transmitía cierta obstinación.

Pei Sheng también se agachó y miró lo que había anotado en el teléfono:

Latas de Jiaduobao: 0.5 yuanes cada una. (¡Más vale recoger una por error que dejar escapar alguna!)

Botellas de bebidas: 0.6 yuanes por medio kilo.

Cartón: 0.8 yuanes por medio kilo.

Hierro: 2.2 yuanes por medio kilo. (¡Vale dinero! ¡Recoger mucho!)

Al llegar a las últimas anotaciones, Pei Sheng ya no pudo contener la risa.

Gu Lin escuchó su risa y resopló, descontento.

—¿De qué te ríes? Estoy ganándome la vida con mi propio esfuerzo. ¿Qué tiene de gracioso?

Apretó los labios.

Sentía que Pei Sheng se estaba burlando de él.

Por supuesto, Pei Sheng no se estaba burlando.

Simplemente nunca lo había visto tomarse algo con tanta seriedad.

Contempló las mejillas infladas de Gu Lin y preguntó en voz baja:

—¿De verdad quieres dedicarte a esto?

Gu Lin sintió que su pregunta era bastante extraña y le puso los ojos en blanco.

—¿Y qué quieres que haga? ¿Que vaya a trabajar como modelo masculino a un salón de masajes de pies?

Lo miró ferozmente.

—Primero voy a intentarlo. Si no funciona, ya veremos.

Se incorporó y se marchó con la cabeza bien alta y paso decidido.

Pei Sheng observó su espalda y, sin poder contener una sonrisa, le recordó:

—Gu Lin, va a llover.

—¡Pues que la lluvia me mate!

Gu Lin estaba tan deprimido que casi quería estrellarse contra algo y acabar consigo mismo. Se marchó sin mirar atrás, cargando sus miserables botellas.

Laduo ladró varias veces.

Gu Lin respondió ladrándole todavía más fuerte.

Cuando su figura desapareció tras la esquina, Pei Sheng acarició la cabeza de Laduo, desconcertado.

—¿Comer hot pot puede provocar tendencias autodestructivas?

Regresó a casa con Laduo, le puso más alimento y luego caminó hasta el balcón.

Miró hacia el lugar donde Gu Lin había estado agachado hacía un momento.

Su teléfono le notificó que probablemente habría una lluvia ligera dentro de unos minutos.

Pei Sheng abrió WeChat, tomó una captura del pronóstico y se la envió a Gu Lin.

Después se agachó, tomó la bombilla que acababa de comprar y salió de casa.

Gu Lin vio el mensaje que Pei Sheng le había enviado justo cuando sintió las primeras gotas frías caer sobre su rostro.

Encogió la barbilla, se puso la capucha y obedientemente emprendió el regreso.

Si se resfriaba, no podría hacer nada.

Caminó lentamente mientras pensaba en cómo recuperar la tarjeta con sus cinco millones.

No había ni rastro de la madre del dueño original y tampoco se atrevía a acudir a la policía. Si investigaban demasiado a fondo, podrían descubrir que el dueño original había robado secretos comerciales de Pei Sheng.

Y entonces quizá el primero en acabar en la comisaría sería él.

Gu Lin pateó varias piedritas del camino, cada vez más deprimido.

Cuando llegó al edificio, sacó instintivamente el teléfono para encender la linterna.

Cada vez que pasaba por allí estaba a punto de caerse.

Pero esta vez, apenas entró y resonaron sus pasos, el pasillo que normalmente estaba completamente oscuro se iluminó de repente.

La brillante luz llenó a Gu Lin de alegría.

—¿Esta lámpara de mierda se arregló?

Incluso pisoteó deliberadamente varias veces.

No escuchó ningún chisporroteo eléctrico.

Una sonrisa apareció inmediatamente en su rostro.

—¡De verdad funciona!

Subió rápidamente las escaleras.

Quería contarle aquella buena noticia a Pei Sheng.

Sin embargo, cuando llegó al segundo piso, vio la figura de Pei Sheng subiendo.

Por alguna razón, toda la tristeza que había acumulado desapareció en aquel instante.

Solo quedó la alegría.

—¡Pei Sheng!

Corrió hacia él en unos cuantos pasos y levantó la cabeza para mirarlo, con los ojos llenos de expectativa.

—¿Ibas a buscarme?

En realidad, Pei Sheng no había pensado hacerlo.

Pero aun así respondió:

—Mhm.

Los ojos de Gu Lin se llenaron inmediatamente de lágrimas por la emoción.

Pei Sheng se sorprendió al verlo al borde del llanto.

Dudó antes de preguntar:

—¿Te golpearon mientras recogías basura?

Gu Lin negó con la cabeza y sorbió por la nariz.

—Pensé que todavía no creías que me había reformado y que no querías ser mi amigo.

Pei Sheng se detuvo.

Bajó la mirada hacia él.

¿Por qué pensaba eso?

El pasillo quedó completamente silencioso.

La luz activada por sonido se apagó.

Los dos permanecieron en la oscuridad, uno varios escalones por encima del otro, mientras afuera la lluvia caía suavemente.

Gu Lin bajó la cabeza y dijo con solemnidad:

—Pei Sheng, puedes estar tranquilo. Te prometo que nunca volveré a hacer nada que pueda lastimarte.

Pei Sheng contempló aquella expresión tan seria.

Extendió la mano y tiró suavemente de un mechón de cabello que sobresalía de su cabeza.

No quiso profundizar en el asunto.

—Vamos a casa.

La expresión llorosa de Gu Lin se transformó inmediatamente en una enorme sonrisa.

Se acercó de un salto a su lado y le pasó un brazo por los hombros.

Todavía tenía lágrimas en las comisuras de los ojos cuando declaró solemnemente:

—¡Pei Sheng, no te preocupes! ¡Trabajaré duro para mantenernos a los dos!

Todo el cuerpo de Pei Sheng se puso rígido.

Miró la bolsa de plástico que Gu Lin todavía llevaba en la mano.

Sus densas y largas pestañas se movieron ligeramente.

Después bajó la mirada hacia la mano que Gu Lin tenía apoyada sobre su hombro.

Preguntó muy seriamente:

—¿Te lavaste las manos?

Gu Lin: «…»

Pei Sheng obligó a Gu Lin a lavarse las manos tres veces en el baño.

Ya parecía que el jabón líquido se le había impregnado hasta los huesos.

—¿Ya están limpias?

Gu Lin levantó sus manos mojadas frente a Pei Sheng con expresión moribunda.

Pei Sheng estaba medio recostado contra el marco de la puerta.

Su mirada cayó sobre aquellas manos de dedos largos y articulaciones definidas.

Las manos de Gu Lin eran muy bonitas.

Probablemente por habérselas lavado varias veces, los nudillos se habían teñido de rojo. Bajo la fina piel del dorso se distinguían ligeramente las venas azuladas, dándoles una sensación de fuerza frágil que, por alguna razón, resultaba especialmente atractiva.

Eran detalles que Pei Sheng nunca había notado antes.

Apartó la mirada y asintió con cierta incomodidad.

—Mhm.

—Por fin.

Gu Lin ya tenía la mirada completamente vacía de tanto lavarse las manos.

Se las secó y preguntó con curiosidad:

—Por cierto, ¿cómo es que de repente arreglaron la lámpara del pasillo?

Pei Sheng caminó hasta el sofá, tomó una bolsa de papas fritas y la abrió.

—La arregló una persona de buen corazón.

—Pues esa persona de buen corazón llegó bastante tarde. Ahora solo falta que aparezca otra y nos instale un elevador.

Gu Lin se agachó junto al sofá, encendió el televisor y tomó otra bolsa de papas fritas mientras elevaba aquella plegaria al cielo.

Pei Sheng lo miró.

—Insaciable.

Gu Lin resopló sin darle importancia y continuó comiendo mientras abría la plataforma Yinyin de la que Xiaolan le había hablado.

Después de regresar a casa había investigado un poco.

Solo entonces descubrió que Yinyin era actualmente la mayor plataforma de videos cortos y transmisiones en directo. Prácticamente todo el mundo la conocía.

Si realmente quería hacer transmisiones, naturalmente tenía que conocer las reglas de la plataforma y observar cómo trabajaban otros creadores de contenido similares.

Pei Sheng estaba sentado a su lado.

Cuando vio que Gu Lin estaba mirando una transmisión de alguien que recogía materiales reciclables, cayó en un profundo silencio.

Era evidente que Gu Lin estaba decidido a meterse de lleno en aquel peculiar nicho.

Pei Sheng abrió el grupo en su teléfono y escribió rápidamente con una mano.

Fei: Pregunta.

Los tres aparecieron al mismo tiempo:

¿Qué?

Fei: ¿Cuál es el atractivo de recoger basura?

Zhou: ¡El trabajo dignifica!

Fei: «…»

Pei Sheng dejó el teléfono.

Quería reconducir al joven trabajador por un camino más normal, pero Gu Lin estaba completamente absorto en la transmisión.

Incluso había sacado una pequeña libreta para tomar apuntes.

Pei Sheng se levantó en silencio con intención de regresar a su habitación.

Tendría que apresurarse a crear algún puesto de trabajo adecuado para Gu Lin.

Sin embargo, Gu Lin lo sujetó de la manga.

Su mano descendió por la tela hasta rodear la muñeca de Pei Sheng.

La cálida palma quedó pegada a su piel.

—Pei Sheng, espera antes de irte. Primero enséñame cómo hacer una transmisión.

Pei Sheng volvió a sentarse.

Él tampoco sabía demasiado sobre transmisiones en directo, pero aquel tipo de cosas podía aprenderse explorando un poco.

No tardó mucho en ayudar a Gu Lin a iniciar correctamente una transmisión.

La cámara estaba configurada en modo frontal.

En cuanto la activaron, los dos aparecieron juntos en pantalla.

Pei Sheng seguía explorando las demás opciones, con la mirada baja y una expresión paciente y tranquila.

Gu Lin tomó a escondidas una captura de pantalla donde aparecían juntos.

Por dentro estaba encantado.

Pei Sheng es realmente guapo.

—¿Ya entendiste? —preguntó Pei Sheng.

—Mhm, mhm.

Gu Lin asintió y señaló los comentarios que comenzaban a desplazarse por la pantalla.

—¿Entonces ya estamos transmitiendo?

Pei Sheng echó un vistazo.

Tres espectadores conectados.

Quedó muy satisfecho.

A ese ritmo, Gu Lin seguramente terminaría abandonando aquella idea.

—¿Y ahora qué hago? —preguntó Gu Lin, fascinado por la novedad, mientras colocaba el teléfono verticalmente sobre la mesa de centro.

—Quédate sentado y no hagas nada. Cuando ya no quede nadie mirando, puedes terminar la transmisión.

Después de decirlo, Pei Sheng se levantó y se marchó.

Gu Lin asintió obedientemente.

Abrazó la bolsa de papas fritas y siguió comiendo.

Cuando vio a Pei Sheng entrar en la cocina, se apresuró a gritar:

—¡No puedes comer más fideos instantáneos! ¡Si sigues comiendo te va a dar calor interno! ¡Si tienes hambre, bebe leche!

Pei Sheng, cuya mano ya había llegado hasta un recipiente de fideos instantáneos, la retiró silenciosamente.

Caminó hasta el refrigerador, tomó una caja de leche y regresó a su habitación bebiéndola con una expresión llena de resentimiento.

Después de cerrar la puerta, Pei Sheng se sentó y comenzó a trabajar mientras participaba en otra reunión.

Gu Lin pensó que los espectadores se marcharían enseguida.

Pero cuando terminó una bolsa de papas fritas, los tres espectadores se habían convertido en treinta.

Después de terminar una bolsa de tiras picantes, ya había cien personas conectadas.

Todos los comentarios parecían coincidir en una cosa:

Emojis babeando.

Gu Lin obedeció las instrucciones de Pei Sheng.

No hizo absolutamente nada.

Simplemente permaneció sentado viendo televisión y comiendo.

Sin embargo, el número de espectadores se disparó como si hubiera perdido el control.

De cien pasó a mil.

Gu Lin estaba tan cansado que comenzó a bostezar, pero el contador seguía sin llegar a cero.

Finalmente no pudo soportarlo más.

Se tumbó.

Y, sin darse cuenta, se quedó dormido.

Cuando Pei Sheng terminó su reunión, ya era la una de la madrugada.

Notó que todavía había luz en la sala.

Se levantó y salió.

Gu Lin ya estaba profundamente dormido.

Había pateado la cobija hasta tirarla al suelo y, probablemente por el frío, se había encogido sobre sí mismo.

Pei Sheng se acercó, se agachó para recoger la cobija y volvió a cubrirlo.

El hombre dormido frotó el rostro contra la tela y escondió la barbilla debajo, dejando al descubierto únicamente la mitad de su bonito rostro.

Sin saber por qué, Pei Sheng recordó las palabras que Gu Lin había pronunciado en aquel oscuro pasillo.

Nunca había creído que Gu Lin realmente se hubiera reformado.

Simplemente sabía una cosa.

Él no era Gu Lin.

Gu Lin se dio la vuelta mientras dormía y estuvo a punto de caer del sofá.

Pei Sheng se inclinó y colocó una mano sobre su espalda para hacerlo girar nuevamente hacia el interior.

Contempló su rostro dormido.

Y preguntó en voz baja:

—¿Tú también te llamas Gu Lin?

En realidad, Pei Sheng ya tenía una respuesta en su corazón.

Se dio la vuelta.

Entonces descubrió que la transmisión seguía abierta en el teléfono que estaba sobre la mesa de centro.

Extendió la mano, lo tomó y observó la pantalla.

En aquel momento, los comentarios se habían vuelto completamente locos.

¡AAAAAH! ¿¡ESTA ES MI RECOMPENSA POR QUEDARME DESPIERTO HASTA TARDE!?

¿Ahora hasta preparan escenas con guion a estas horas?

¿No se supone que ahora debería besarlo?

¡Dale un besito!

Pei Sheng ignoró aquellos extraños comentarios.

Miró el número de espectadores.

Se acercaba a diez mil.

Pei Sheng cayó en silencio.

¿Acaso Gu Lin había estado haciendo contenido sugerente?

¿Cómo podía haber tanta gente?

Al día siguiente, cuando Gu Lin despertó, el sol ya estaba bastante alto.

No había nadie en la sala.

La puerta de la habitación de Pei Sheng permanecía cerrada.

Gu Lin tomó el teléfono y miró la hora.

Las nueve de la mañana.

Se levantó apresuradamente, fue a asearse, puso comida para Laduo y después llamó a la puerta de Pei Sheng.

—¿Pei Sheng? ¿Ya despertaste?

No hubo respuesta.

—¿Habrá salido?

Rápidamente le hizo una llamada de voz para preguntarle dónde estaba.

En ese momento, Pei Sheng estaba corriendo en la caminadora dentro de su habitación.

Al escuchar el tono de llamada, respondió directamente sin mirar quién era.

—¿Quién?

Gu Lin escuchó la respiración jadeante al otro lado.

Su rostro se puso rojo.

¿Tan temprano y Pei Sheng ya estaba haciendo algo tan intenso?

Se apresuró a decir:

—Ejem… Tú termina primero.

Y colgó.

Pei Sheng: «¿?»

Detuvo la caminadora.

Caminó hasta la puerta y la abrió.

Allí encontró a Gu Lin con el rostro todavía rojo.

—¿Terminar qué?

Gu Lin vio que llevaba una camiseta deportiva negra de secado rápido, pantalones holgados de ejercicio y una toalla alrededor del cuello.

Comprendió inmediatamente que había interpretado mal la situación.

Tosió con incomodidad.

—N-nada.

Pei Sheng se secó el sudor de la frente con la toalla.

Sus fríos y claros ojos se clavaron en Gu Lin hasta hacer que sus mejillas ardieran todavía más.

—¿Para qué me llamaste?

—Solo quería preguntarte dónde estabas.

Mientras respondía, su mirada recorrió involuntariamente los hombros anchos de Pei Sheng, su cintura estrecha y sus largas piernas.

Finalmente…

Cayó justo en el lugar donde menos debería haber mirado.

Gu Lin tragó saliva inconscientemente.

El dueño original debió de ser muy feliz.

Pei Sheng vio sus mejillas enrojecidas y su mirada errática.

Extendió la mano y apoyó la palma sobre su frente.

—¿Tienes fiebre?

La palma de Pei Sheng presionó su frente.

Gu Lin todavía no había conseguido reaccionar cuando retrocedió un paso y su espalda chocó contra la pared.

El calor que emanaba del cuerpo de Pei Sheng era tan intenso que hizo que su corazón comenzara a latir aceleradamente de forma instintiva.

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