Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota - Capítulo 61

  1. Home
  2. All novels
  3. Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota
  4. Capítulo 61
Prev
Next
Novel Info

Gu Lin estaba muy nervioso, probablemente porque lo que rondaba por su mente no era precisamente decente.

Eso hacía que tuviera todo el cuerpo rígido y tenso.

—¿Por qué estás tan nervioso? —le preguntó Pei Sheng en voz baja, con una ligera sonrisa en el tono—. Solo voy a sacarlo, no a meterte nada.

—Deja de hablar. —Gu Lin deseaba poder enterrar la cabeza en la arena—. Cuanto más hablas, más nervioso me pongo.

Pei Sheng contempló su nuca enrojecida. Bajo aquella luz cálida, tenía un color precioso, semejante al tono anaranjado de las nubes al atardecer.

Apoyó la palma sobre su nuca y la acarició suavemente.

—Relájate un poco.

Se inclinó hasta acercarse a su oído.

—Estás demasiado apretado.

A Gu Lin se le puso roja toda la cara. Se mordió el labio.

—Ya no hables.

Solo escuchar su voz lo ponía tan duro que resultaba incómodo.

Sentía que iba a explotar.

—Entonces tú tampoco hagas pucheros —dijo Pei Sheng, soltándolo—. Esperaremos a que te relajes un poco para sacarlo.

Gu Lin estaba a punto de llorar y se apresuró a sujetarlo.

—No, no… Ayúdame.

Hasta él mismo sentía que, cuando decía «ayúdame», estaba pidiéndole que aliviara el calor de su cuerpo y no que le sacara el tubo medicinal que tenía dentro.

—Primero relájate.

Pei Sheng permaneció a un lado, observándolo.

Gu Lin era incapaz de relajarse. Al final, se dejó caer allí, completamente resignado.

—Ya no quiero que lo saques.

—¿Ahora también vas a hacer un berrinche? —Pei Sheng lo miró divertido.

Gu Lin volvió la cabeza hacia él, con un dejo de agravio en los ojos.

—Me estás haciendo bullying.

Y realmente se sentía agraviado. Pei Sheng lo había rechazado tantas veces que Gu Lin había comenzado a perder la confianza en sí mismo.

—¿Cómo te estoy haciendo bullying?

Pei Sheng se sentó sobre la mesa de centro con las piernas separadas y una mano apoyada junto al sofá, mirándolo con seriedad y paciencia.

—Siempre me rechazas. —Cuanto más hablaba Gu Lin, más agraviado se sentía—. No quieres hacerlo conmigo, tampoco quieres bañarte conmigo… No te gusto.

—¿Qué relación tienen esas tres cosas? —preguntó Pei Sheng con curiosidad.

—¡Cuando a un hombre le gusta alguien, toma la iniciativa! ¡Solo lo rechaza cuando no le gusta! Y si no quieres hacerlo conmigo, ¡es porque ya te llenaste afuera!

Pei Sheng contempló la inseguridad y sensibilidad que había en sus ojos.

—Pero te di todos mis huevos estofados.

—¿Y eso qué demuestra? —Gu Lin lo miró desconcertado.

—Que me gustas mucho.

Pei Sheng hablaba con absoluta seriedad y firmeza.

—Gu Lin, nunca comparto mi comida con nadie. Tú eres el primero.

Gu Lin ya tenía las lágrimas a punto de caer, pero al escucharlo, las comisuras de sus labios se movieron y terminaron curvándose ligeramente hacia arriba.

—¿Por qué?

—Antes no tenía dinero para comer. Para sobrevivir, no podía compartir mi comida con nadie. Por eso tampoco me gusta sentir hambre.

Gu Lin lo miró. Recordó lo que Zhou Shaoran le había contado sobre el pasado de Pei Sheng y pudo imaginar al pequeño Pei Sheng pasando hambre y frío, peleando con perros callejeros por la basura.

Ahora entendía un poco mejor por qué era tan posesivo con la comida.

—¿Lo pasaste muy mal cuando eras niño? —preguntó Gu Lin mientras seguía acostado allí.

—Más o menos.

A Pei Sheng no le gustaba recordar el pasado.

Los ojos de Gu Lin se llenaron de compasión.

Entonces escuchó a Pei Sheng continuar:

—Solo conseguía una beca completa todos los años, nunca reprobé una materia y siempre sacaba la máxima calificación.

Gu Lin:

—¡…!

¡Qué irritante!

—Ya no te voy a hablar.

Gu Lin giró la cabeza, como un gatito que se escondía de alguien, dejando ver solo la mitad de su perfil mientras se enfurruñaba.

Entonces Pei Sheng lo levantó en brazos.

La repentina sensación de quedar suspendido en el aire hizo que Gu Lin forcejeara un poco.

—¿Qué haces?

—¿No dijiste que, si no me bañaba contigo, significaba que no me gustabas?

Pei Sheng lo llevó en brazos hacia el baño.

—Espera, espera. —Gu Lin lo detuvo apresuradamente—. Pero yo ya me bañé.

Pei Sheng lo miró y finalmente lo llevó hasta la cama.

—Entonces haremos la segunda cosa.

—¿Qué?

Gu Lin no entendió, pero al instante siguiente Pei Sheng ya lo había presionado contra las sábanas blancas.

—Llenarme yo mismo.

Pei Sheng se inclinó sobre él, lo inmovilizó contra la cama y besó sus labios. Su lengua penetró profundamente, enredándose con la de Gu Lin y succionándola con intensidad.

Gu Lin sintió que aquel beso le arrebataba toda capacidad de pensar. Apoyó las manos sobre sus hombros y sus dedos terminaron arrugando por completo la tela de su camisa.

Sentía que el pecho estaba a punto de estallarle. La sensación de asfixia hacía que todo resultara todavía más intenso.

Pei Sheng finalmente soltó sus labios y bajó la cabeza para besar directamente su delicada nuez. Con una sola mano comenzó a desabrocharle el pijama, pero había demasiados botones. Sin paciencia, terminó abriéndolo de un tirón y continuó besándolo desde la clavícula hacia abajo.

Sin prisas.

Como si aquella noche tuviera toda la paciencia del mundo para consumirla lentamente junto a él.

Gu Lin ya estaba aturdido. Parecía que su cuerpo había dejado de pertenecerle; cada lugar que Pei Sheng tocaba hacía estremecer su mente.

—Pei Sheng…

Quería pedirle que se detuviera primero, pero Pei Sheng parecía saber exactamente cómo llevar su cuerpo al límite.

Gu Lin arqueó la cintura. Sus pantorrillas se tensaron con fuerza mientras rozaba las sábanas, y el aliento abrasador de Pei Sheng se acercó a una zona peligrosa.

Instintivamente intentó apartarse, pero Pei Sheng sujetó sus caderas y descendió desde su bajo vientre dando suaves mordiscos.

—No… no…

La voz de Gu Lin ya estaba cargada de sollozos. Apretó con fuerza las sábanas, hasta que sus dedos se enrojecieron, mientras mantenía los labios entreabiertos tratando de respirar.

—No muerdas…

Tal vez Pei Sheng escuchó aquella lastimosa súplica, porque los mordiscos se transformaron en besos.

Besó y lamió de principio a fin, y aquel lugar que había atormentado a Gu Lin durante toda la noche por fin recibió un alivio intenso y completo.

Gu Lin dejó escapar un gemido ahogado. Su cintura, inmovilizada bajo Pei Sheng, comenzó a temblar incontrolablemente.

Su respiración agitada todavía no había logrado calmarse cuando Pei Sheng volvió a besarlo. Sujetó una de sus manos sudorosas y la llevó hasta su camisa manchada.

Pei Sheng tenía las largas y densas pestañas bajas, ocultando la mirada feroz de alguien que parecía dispuesto a devorarlo.

Gu Lin obedeció y lo ayudó a quitarse la camisa. Después lo miró inocentemente, como si estuviera esperando que lo elogiara.

Pei Sheng no lo elogió.

Todavía quedaban los pantalones.

Mientras Pei Sheng lo mantenía contra la cabecera y lo besaba profundamente, Gu Lin intentó desabrocharlos.

—No… no puedo. —Gu Lin estaba tan ansioso que casi entró en pánico—. Enséñame.

Cada vez que Pei Sheng lo escuchaba decir algo así, sentía unas ganas terribles de acabar con él.

Había que enseñarle absolutamente todo.

Esta vez Pei Sheng perdió la paciencia. Lo soltó directamente, dejando al descubierto su pecho amplio y firme al estirar los hombros. Extendió una mano y desabrochó la hebilla metálica.

Con un chasquido, sacó el cinturón y lo enrolló alrededor de su mano antes de apoyarlo junto a la oreja de Gu Lin. Incluso su mirada adquirió una autoridad intimidante.

—Si esta vez vuelves a decir que te duele y no cooperas, voy a castigarte.

Luego añadió:

—Relájate. Primero voy a sacar el medicamento.

Gu Lin ya era incapaz de relajarse. Solo pudo dejarse llevar por el instinto y ponerse medio de rodillas.

—Suave…

Pei Sheng lo intentó, pero frunció el ceño.

No era fácil sacarlo.

Bajó de la cama, fue hasta el mueble de las bebidas y tomó una botella de alcohol. La abrió, sirvió una copa y bebió un sorbo antes de inclinarse y pasárselo directamente a la boca de Gu Lin.

—¿Qué es?

Gu Lin percibió el sabor del alcohol y se lamió los labios con la punta de la lengua.

—Está rico.

Pei Sheng sonrió. Bajó la cabeza y le pasó otros cuantos sorbos.

Al principio Gu Lin todavía no estaba acostumbrado, pero después comenzó a succionar sus labios, tratando de robarle el alcohol.

La bebida no tenía una graduación demasiado alta, pero era suficiente para dejar a Gu Lin ligeramente ebrio.

Después de unos cuantos sorbos de aquel licor tibio, su mirada comenzó a desenfocarse y un rubor apareció en sus mejillas. Tal vez porque le había gustado el sabor y aún no había bebido suficiente, comenzó a buscar más.

—Pei Sheng… Quiero más.

Pei Sheng permaneció junto a la cama, observando cómo su cuerpo finalmente se relajaba bajo los efectos del alcohol. Levantó la cabeza y terminó de un trago lo que quedaba en la copa.

Después dejó la copa y se sentó en el borde de la cama. Se dio unas palmadas en el muslo.

—Ven a sentarte aquí.

Como hechizado, Gu Lin gateó lentamente hasta él y se acomodó encima. Se enroscó alrededor de su cuello como una enredadera, besándole el rostro, los labios y la nuez entre respiraciones suaves mientras murmuraba su nombre con ternura y apego.

Los dedos de Pei Sheng descendieron desde su nuca hasta llegar al coxis.

Gu Lin frunció el ceño.

—Duele… Mmm.

Esta vez Pei Sheng no le dio oportunidad de seguir hablando. Capturó directamente sus labios.

La boca de Gu Lin se llenó de gemidos ahogados mientras intentaba arquear la cintura para escapar.

Pero la enorme mano de Pei Sheng la sujetaba firmemente.

El sudor provocado por el esfuerzo descendió por su pecho pálido y cayó sobre los pantalones de Pei Sheng, dejando manchas oscuras sobre la tela.

Pei Sheng finalmente extrajo el tubo medicinal que tenía dentro. Se escuchó un sonido tenue y húmedo antes de que arrojara el tubo empapado al bote de basura.

Solo entonces soltó sus labios.

El cuerpo rígido de Gu Lin se relajó de golpe. Se desplomó contra el hueco de su cuello, jadeando con fuerza, y como un cachorro agraviado, frotó su cabeza sudorosa contra la mandíbula de Pei Sheng.

Pei Sheng le dio un beso tranquilizador en la coronilla.

—¿Estás mareado?

Gu Lin negó con la cabeza.

Pero en realidad ya estaba bastante mareado. El alcohol actuaba sobre su cerebro, dejándolo excitado y aturdido al mismo tiempo.

Pei Sheng lo levantó un poco y extendió una mano hacia la mesita de noche para buscar algo.

Sin embargo, Gu Lin, todavía jadeando, se adelantó y le entregó un tubo de lubricante.

—Zheng Wei dijo que, si usamos esto, no dolerá.

Era la primera vez que Pei Sheng conocía a alguien que se hubiera preparado tan meticulosamente.

Besó el centro de su pecho.

—¿No tienes miedo de que solo esté jugando contigo?

Pei Sheng no podía comprender la obstinación de Gu Lin con los sentimientos.

Desde el principio, Gu Lin había mostrado una cercanía extraordinaria hacia él, como si lo hubiera convertido en la única existencia importante de su vida.

Pei Sheng jamás había experimentado un sentimiento semejante y, por el momento, tampoco sabía cómo comprenderlo.

—Tú no harías eso.

Gu Lin bajó sus brillantes ojos negros para mirarlo.

—Eres el mejor Pei Sheng.

Inclinó la cabeza y apoyó la frente contra la suya, como si quisiera ofrecerle todo su corazón.

—Eres el Pei Sheng que más me gusta.

Pei Sheng contempló el ardor que brillaba en sus ojos.

Sabía perfectamente que, sin importar qué sucediera después, en aquel instante estaba cayendo por él de buena gana.

El deseo siempre necesita algunas palabras de amor para encenderse, y los sentimientos también se funden lentamente con la sangre del otro entre beso y beso.

El cuerpo ligeramente ebrio de Gu Lin se relajaba con mucha más facilidad.

Pei Sheng, en cambio, estaba cubierto de sudor caliente. El aire impregnado de un aroma dulce hacía que el ambiente resultara particularmente sofocante, y su sangre parecía hervir.

La conciencia de Gu Lin se volvió completamente caótica.

La penumbra emborronaba su visión. Solo podía morder la almohada por el dolor mientras todo se volvía blanco ante sus ojos. Una gota de sudor salado descendió por su ceja y Pei Sheng la limpió suavemente.

Pei Sheng entrelazó con fuerza sus dedos con los de él. Las respiraciones de ambos se mezclaban, abrasadoras.

—Eres un poco tonto —murmuró Pei Sheng, besándole los ojos—. Nadie quiere a una persona de la manera en que tú lo haces.

Gu Lin lo miró con los ojos húmedos y sonrió.

—Eso es personalidad. No soy tonto.

Apenas terminó de decirlo, la mirada de Pei Sheng se volvió todavía más peligrosa.

Gu Lin ya no se atrevió a hablar.

Simplemente hundió el rostro en la almohada y dejó que el sudor empapara la funda blanca.

El dolor era más intenso que en cualquier otro momento.

Gu Lin sentía que iba a morir…

Arqueó la cintura por instinto. Pei Sheng lo empujó y estuvo a punto de hacer que golpeara la cabecera, pero colocó una mano sobre su cabeza para protegerlo. Sus cálidos labios rozaron su oído mientras murmuraba su nombre:

—Linlin está tan caliente…

Pei Sheng ya había perdido completamente la razón.

Sentía que iba a volverse loco.

Cuando Gu Lin lo escuchó llamarlo «Linlin», sus ojos se llenaron de lágrimas. Giró la cabeza para besarlo y susurró:

—Pei Sheng… me gustas.

En aquel espacio reducido, solo pasaron unos minutos antes de que Gu Lin consiguiera superar el dolor y empezara a sentirse mejor.

La luz de lectura apenas alcanzaba a iluminar parte de sus siluetas.

Hasta que, al final, regresaron una última vez al sofá.

Gu Lin echó hacia atrás su hermoso y esbelto cuello mientras Pei Sheng mordisqueaba suavemente su nuca.

Bajo la cálida luz, pudo ver las siluetas superpuestas de ambos.

Extendió la mano queriendo tocarlas, pero Pei Sheng se adelantó, tomó su mano y colocó algo frío alrededor de su muñeca.

Los ojos de Gu Lin, ya ligeramente desenfocados por todo lo que habían hecho, alcanzaron a distinguir un tenue círculo de luz alrededor de su muñeca.

Antes de poder verlo con claridad, Pei Sheng le dio un último mordisco suave.

Su mente quedó completamente en blanco.

Gu Lin se desplomó contra su pecho, con la conciencia sumida en una neblina.

Frotó el rostro contra el cuello de Pei Sheng. Estaba tan agotado que apenas podía mantener los ojos abiertos, y su voz estaba tan ronca que casi no salía sonido alguno.

—¿Qué es?

Pei Sheng tomó el agua de la mesa y le dio varios sorbos directamente de su boca.

Gu Lin bebió un poco. Su respiración se hizo más profunda y poco después se quedó dormido.

Pei Sheng levantó su mano y la besó.

—Algo que te gusta —susurró.

Aquella noche, Zhou Shaoran no había entendido qué había querido decir Pei Sheng cuando le dijo que no necesitaba esperarlos a él y a Gu Lin.

Pero cuando vio que Pei Sheng incluso había pedido que alguien fuera a recogerlos a la montaña a esas horas de la noche, comenzó a comprenderlo vagamente.

Esos dos se habían ido a disfrutar de su pequeño mundo privado como pareja.

Cuando Zhou Shaoran subió en auto a recogerlos, vio a Gu Lin envuelto en una bufanda y un gorro, caminando con dificultad.

Subió al auto.

Se sentó.

Su cuerpo rebotó un poco al tocar el asiento.

Después volvió a acomodarse muy lentamente.

Zhou Shaoran preguntó preocupado:

—Gu Lin, ¿qué te pasa?

A Gu Lin no le pasaba nada.

Solo sentía que todo su cuerpo estaba a punto de desarmarse.

¡Pei Sheng realmente casi lo había matado la noche anterior!

Apenas se había despertado cuando Pei Sheng le dijo que debían bajar de la montaña porque, si esperaban más, el descenso podía volverse peligroso.

Ni siquiera había tenido tiempo de comer antes de subir al auto.

—Estoy bien.

Apenas habló, salió una voz terriblemente ronca.

Zhou Shaoran frunció todavía más el ceño al escucharlo.

—¿Te resfriaste?

Pei Sheng sabía que Gu Lin no había cenado, así que había preparado algunas frutas para que comiera durante el camino.

—No preguntes. Conduce.

Pei Sheng le lanzó una naranja y subió al auto. Luego tocó la frente de Gu Lin y le preguntó en voz baja junto al oído:

—¿Te sientes muy mal?

—Mmm. —Gu Lin asintió con el rostro arrugado—. Estuviste terrible.

—Si sigues haciéndote la víctima, te voy a castigar.

Pei Sheng también había temido haberle hecho daño la noche anterior, por lo que lo había revisado cuidadosamente.

No estaba herido.

Además, Pei Sheng había pasado todo el día anterior investigando y preparándose. Era imposible que permitiera que Gu Lin acabara herido.

—Te volviste más feroz —murmuró Gu Lin.

Pei Sheng le metió inmediatamente un trozo de melón en la boca.

Gu Lin lo mordió.

Estaba dulce.

Aun así, siguió pegándose estrechamente a él.

Pei Sheng lo miró de reojo.

—¿No dices que me volví más feroz? ¿Entonces por qué sigues pegándote a mí?

Gu Lin se levantó la manga y reveló la preciosa pulsera que llevaba alrededor de su blanca muñeca.

Era idéntica a aquella pulsera de cinco millones de la subasta anterior, aunque Gu Lin sabía que seguramente se trataba de una imitación.

Aun así, le encantaba.

—Porque quiero agradecerte por el regalo. Me gusta mucho.

Pei Sheng contempló las luminosas perlas de luz lunar, tan brillantes como los ojos de Gu Lin.

Le metió otro trozo de fruta en la boca.

—Mientras te guste.

En realidad, Pei Sheng tampoco tenía experiencia haciendo regalos.

Simplemente había recordado que a Gu Lin le había gustado aquella pulsera durante la subasta, así que se la había comprado al comprador que la había adquirido entonces.

—¿Cuánto te costó? —preguntó Gu Lin con curiosidad.

—Seiscientos.

Pei Sheng calculó aproximadamente qué precio sería capaz de aceptar Gu Lin.

Y omitió tranquilamente la palabra «diez mil» que venía detrás.

Gu Lin lo miró con los ojos llenos de emoción.

—Pei Sheng, es la primera vez que recibo un regalo tan caro.

Zhou Shaoran intervino despreocupadamente:

—¿Pero nunca celebras tu cumpleaños? En los cumpleaños uno recibe muchos regalos, ¿no? También en todo tipo de festividades.

Desde que Gu Lin tenía memoria, nunca había celebrado un cumpleaños.

En realidad, ni siquiera recordaba exactamente cuándo era su cumpleaños.

Jamás había comido su propio pastel de cumpleaños y, naturalmente, tampoco había recibido regalos.

Solo había observado desde algún rincón la felicidad de otras personas al recibir regalos en sus cumpleaños.

—Yo…

Gu Lin quiso explicarlo, pero no sabía por dónde empezar.

Zhou Shaoran solo lo había comentado casualmente y continuó hablando sin pensarlo demasiado.

—No importa. Navidad ya está cerca. Seguro que el hermano Pei te dará un regalo de Navidad.

—¿Un regalo de Navidad? —Gu Lin preguntó con curiosidad—. ¿Se entrega vestido de Santa Claus?

—¡Jajajaja!

Zhou Shaoran no pudo contener la risa.

—¡Exactamente! También lo mete dentro de un calcetín y llega montado en un reno para entregártelo.

Pei Sheng estaba a punto de ordenarle a Zhou Shaoran que cerrara la boca.

Pero al girar la cabeza vio la mirada expectante de Gu Lin.

Pei Sheng:

—¿?

¿De verdad se lo creyó?

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first