Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota - Capítulo 59

  1. Home
  2. All novels
  3. Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota
  4. Capítulo 59
Prev
Next
Novel Info

En realidad, el lugar donde lo había golpeado el bolso sí le dolía.

Y ahora Pei Sheng lo estaba besando justo allí.

No era un dolor insoportable, pero sí bastante molesto, así que Gu Lin intentó apartarse.

—¿No dijiste que no dolía? —preguntó Pei Sheng.

Los dedos de Gu Lin se apretaron.

—Bueno, después de todo soy un delicado y tierno jovencito bonito.

Pei Sheng soltó una risa.

La expresión sombría de su rostro se relajó un poco.

—Ve a bañarte. Después te pondré medicina.

—Bañémonos juntos.

Gu Lin se dio la vuelta y lo abrazó, negándose a soltarlo.

—¿Qué clase de manía tienes con bañarte acompañado? —Pei Sheng era incapaz de entender aquel gusto suyo.

—Me gusta bañarme contigo.

Gu Lin incluso sacó pecho.

—Con semejante belleza delante de ti, ¿no deberías perder el control como una bestia y devorarme de un bocado?

A Pei Sheng le vinieron a la mente los poco agradables recuerdos de la noche anterior.

—¿Y después de que te dé un mordisco vas a ponerte a llorar diciendo que te duele? Te retuerces por todas partes, y cuando no te dejo moverte hasta intentas patearme.

Gu Lin:

—…

—Si no quieres bañarte conmigo, pues no te bañes. ¿Por qué tienes que atacarme personalmente?

Lo miró de reojo y murmuró indignado:

—Ya está. Ahora ya no quiero bañarme contigo en absoluto.

Pei Sheng se apoyó contra el lavabo y contempló su perfil.

La pesadez que llevaba en el corazón se disipó un poco más.

—¿De verdad?

Gu Lin volvió la cabeza y respondió obstinadamente:

—De ver…

Antes de terminar, vio a Pei Sheng fingir que se quitaba la camiseta.

El borde de la prenda subió, dejando al descubierto unos abdominales bien definidos y la línea en V de su cintura.

Los ojos de Gu Lin se iluminaron al instante.

—¡Mentira!

Pei Sheng se echó a reír.

Soltó la camiseta, que volvió a cubrir su cuerpo.

—Aunque sea mentira, te bañas solo.

Al darse cuenta de que lo había engañado, Gu Lin se abalanzó inmediatamente sobre él y lo presionó contra el lavabo.

—¡No vale! ¡Eso fue seducirme!

—¿Y qué? —preguntó Pei Sheng apoyándose con una mano en la encimera, con una sonrisa algo más cálida en el rostro.

Gu Lin le rodeó los hombros con los brazos, levantó el rostro y se acercó para besarlo.

—Los hombres que seducen tienen que ser devorados.

Se besaron dentro del reducido baño lleno de vapor.

Al final, Pei Sheng le sujetó la nuca y lo apartó.

—Ya no.

—¿Por qué?

Gu Lin no entendía y quiso acercarse otra vez.

—Me incomoda.

Pei Sheng respiró profundamente.

—Ve a bañarte.

—Yo te ayudo.

Gu Lin llevó los dedos hasta su cinturón, lo desabrochó y se lo quitó, dejándolo sobre el lavabo.

El pantalón descendió un poco y quedó enganchado en sus caderas.

La palma de Gu Lin recorrió aquellos abdominales de agradable firmeza y siguió bajando.

Rozó con la punta de la nariz la oreja de Pei Sheng.

—No estés triste, Pei Sheng. Déjame consentirte.

—Olvídalo.

Pei Sheng le sujetó la mano.

Aquella noche realmente no tenía demasiadas ganas de hacer eso.

Gu Lin no retiró la mano.

Solo preguntó:

—¿Es que cuando uso la mano no se siente bien?

Pei Sheng lo miró, divertido de que incluso empezara a dudar de sí mismo.

—No es eso.

—Pei Sheng…

Gu Lin lo miró con cierta inseguridad.

Entonces se agachó, tiró de la cintura de su pantalón hacia abajo y levantó el rostro para acercarse.

Pei Sheng no había comprendido lo que pretendía hacer.

Cuando finalmente lo entendió, una intensa corriente de placer lo atravesó de golpe. Durante un instante estuvo a punto de sujetarlo por la cabeza para acercarlo todavía más.

Pero no lo hizo.

Lo levantó enseguida, le limpió los labios con el pulgar.

—No.

Lo llevó frente al lavabo, llenó un vaso con agua y se lo entregó.

—Enjuágate la boca.

—No.

Gu Lin no quería hacerlo.

Él no creía que aquello fuera sucio.

Pei Sheng suspiró suavemente al ver lo obstinado que estaba.

Miró su reflejo en el espejo.

—No tienes que consolar a alguien de esa manera.

—Pero ¿no estabas triste?

Gu Lin parecía un poco inquieto.

—Hace rato no dejabas de llevarme de la mano. Cuando te enojaste tampoco me hablaste. Ni siquiera sabía cómo consolarte.

Pei Sheng tampoco sabía qué hacer con él.

En aquel momento realmente no había tenido ganas de hablar.

—Ella no me importa.

—Entonces ¿por qué te sentaste ahí sin decir nada? Estabas tan serio que dabas miedo.

Gu Lin normalmente tenía muy buen carácter.

Pei Sheng tampoco había perdido los estribos durante todo el tiempo que llevaban juntos.

Era la primera vez que lo veía tan enfadado.

—¿No acabas de decir que no te asusté? —preguntó Pei Sheng.

Gu Lin tosió suavemente.

—…Voy a bañarme.

Pei Sheng lo soltó y se dispuso a salir.

Gu Lin asomó la cabeza.

—¿De verdad no vas a bañarte conmigo?

—No.

Después cerró la puerta.

Gu Lin se quedó mirando su reflejo en el espejo, incapaz de comprenderlo.

—¿Será que otra vez ya no siente deseo por mi cuerpo?

¡La novedad para un canalla realmente duraba muy poco!

Cuando Gu Lin salió después de bañarse, secándose el cabello con una toalla, vio a Pei Sheng sentado frente a la computadora comiendo fideos instantáneos.

¿De dónde demonios había sacado otra vez fideos instantáneos?

Gu Lin se acercó.

Justo cuando iba a preguntar, Pei Sheng empujó hacia él un recipiente de fideos con sabor a tomate.

—Come.

—¿No quedaste lleno?

Gu Lin no se hizo de rogar. Dejó de secarse el cabello y se sentó junto a él.

—Más o menos.

La comida del hotel no tenía demasiado atractivo para Pei Sheng, así que fuera de casa normalmente no comía tanto.

Gu Lin ya se había dado cuenta.

Cuando Pei Sheng comía fuera, su apetito prácticamente se reducía a la mitad.

Abrió la tapa de sus fideos y abrió los ojos con sorpresa.

—¡¿Cuántos huevos marinados me pusiste?!

—Traje cinco. Te los puse todos.

Pei Sheng respondió con indiferencia.

Gu Lin:

—…¿Cinco?

—¿Para qué me das tantos? —preguntó desconcertado—. ¿Pretendes hacerme morir de tanto comer huevos para desahogarte?

Pei Sheng le respondió algo con indiferencia.

Gu Lin no pudo evitar protestar.

Era raro que Pei Sheng compartiera todos sus huevos con él.

No podía desperdiciar semejante ocasión.

Masticó un rato y se acercó un poco más.

Al comprobar que el recipiente de Pei Sheng realmente no tenía ninguno, le pasó dos.

Después de todo, un rey tenía que ser generoso.

Pei Sheng miró los huevos que habían aparecido en su recipiente.

—Gracias, Su Majestad.

—Je, je.

Pei Sheng acababa de darle un mordisco a uno cuando escuchó a Gu Lin decir siniestramente junto a su oído:

—Ya que comiste mis huevos, la próxima vez no puedes negarte a bañarte conmigo.

Pei Sheng:

—…

Así que para eso era.

Se metió el resto del huevo en la boca de un solo bocado.

—¿Qué dijiste? No te escuché.

—¡Pei Sheng!

Gu Lin, furioso, recuperó inmediatamente los huevos que le había regalado.

Y decidió que aquella noche ya no dormiría con él de manera indecente.

Después de que ambos terminaran sus fideos, Pei Sheng fue a bañarse.

Gu Lin se quedó solo, rodando de un lado a otro sobre la cama.

Le escribió a Zheng Wei para preguntarle si Wang Yang estaba bien.

Pero Zheng Wei no respondió.

Gu Lin pensó que seguramente protegería a Wang Yang.

Aun así, seguía preocupado y terminó preguntándole a Zhou Shaoran.

Zhou Shaoran sí respondió.

Le dijo que Zheng Wei y Wang Yang estaban en la habitación y que parecía que no ocurría nada grave.

Que no se preocupara.

Gu Lin se envolvió en las cobijas.

La calefacción estaba tan alta que tenía el rostro ligeramente enrojecido.

Cuando escuchó abrirse la puerta del baño, levantó la cabeza.

Pei Sheng salió con una única toalla envuelta alrededor de la cintura.

Su cuerpo, ya de por sí sensual, tenía ahora arañazos y marcas de mordiscos.

Era todavía más difícil apartar la mirada.

—¿Qué miras? —preguntó Pei Sheng mientras se secaba el cabello y se acercaba.

—Tus abdominales.

Gu Lin comprendió lo que acababa de decir y tragó saliva.

—T-tú… ¿por qué no llevas ropa?

—Olvidé traerla.

Pei Sheng fue al armario por su pijama.

Gu Lin miró su espalda.

Hombros anchos, cintura estrecha.

Todo su cuerpo comenzó a calentarse.

Pei Sheng tenía un cuerpo demasiado bueno.

Gu Lin quería hacerlo con él.

Pero tenía miedo al dolor.

Pei Sheng tomó el pijama y se dio la vuelta, dispuesto a regresar al baño.

Entonces vio a Gu Lin apretar los labios y decirle con vergüenza:

—Pei Sheng… mis piernas ya están bien.

Pei Sheng lo miró.

Cambió de dirección y regresó hasta la cama.

Sujetó una de sus rodillas y separó ligeramente sus piernas.

—Quítate el pantalón. Déjame ver.

Gu Lin obedientemente se lo quitó.

Pei Sheng examinó la parte interna de sus muslos.

En efecto, ya se había recuperado.

Había vuelto a su color claro habitual.

—Bien.

Pei Sheng vio que Gu Lin seguía con el cabello medio mojado.

—Ve a secarte el cabello.

Gu Lin quedó insatisfecho.

Al verlo marcharse, se tumbó boca abajo y le enganchó una mano.

—¿De verdad no puedes?

—¿Mm?

Pei Sheng volvió la cabeza.

—Los demás lo hacen dos o tres veces al día. Nosotros apenas una vez cada dos días, a veces incluso cada tres. Y cuando vuelva a la universidad, ni siquiera nos veremos durante cinco días.

Gu Lin lo miraba con resentimiento.

—¿Los demás?

Eso fue lo único que captó Pei Sheng.

Le lanzó la toalla sobre la cabeza.

Su expresión adquirió cierto peligro.

—¿Qué «demás»?

—Pues los de las películas para adultos y las novelas eróticas.

Gu Lin resopló.

—No eres tan bueno como ellos.

Pei Sheng:

—…Tú tampoco eres tan bueno como ellos.

—¿Yo? ¿Por qué yo no soy tan bueno? —preguntó Gu Lin mientras se incorporaba, desconcertado.

Pei Sheng miró con desprecio su poco resistente trasero.

—Deberías reflexionar sobre ti mismo, Gu Xiaolin.

Gu Lin:

—¿???

¿Ahora resultaba que el problema era suyo?

¿Acaso no era lo bastante delicado y bonito?

Gu Lin todavía quería discutir cuando llamaron a la puerta.

Pei Sheng tomó su pijama.

—Ve a abrir.

—¡Bien!

Gu Lin se levantó y abrió.

Frente a la puerta estaba Zheng Wei.

No muy lejos, detrás de él, se encontraba Wang Yang.

La atmósfera entre ambos era bastante extraña.

—Hermanito Gu, ¿puedes dejarme dormir contigo esta noche?

Gu Lin vio la expresión lastimera de Zheng Wei y respondió sin pensarlo:

—¡Claro!

Pei Sheng salió justo después de haberse puesto el pijama.

Vio a Zheng Wei ya tumbado sobre la cama.

Gu Lin corrió hacia él.

—Esta noche vuelve a tu habitación. Parece que Zheng Wei discutió con Wang Yang y quiere dormir conmigo.

Pei Sheng miró a Zheng Wei.

Zheng Wei lo observó lastimeramente.

—Hermano Pei, por favor, por favor.

Pei Sheng respondió con un frío:

—Mmm.

Tomó su computadora y el teléfono.

Gu Lin lo acompañó hasta la puerta.

Pei Sheng estaba a punto de decir que podían dejar a Zheng Wei durmiendo solo.

Pero Gu Lin cerró la puerta de golpe frente a él.

Pei Sheng:

—…

Como era de esperar, un hombre después de ser utilizado dejaba de valer algo.

Se dio la vuelta y vio a Wang Yang.

—Ven.

Abrió su propia habitación y llevó a Wang Yang adentro.

Vio la marca de la bofetada en su rostro.

—Hermano, ¿Gu Lin está bien? —preguntó Wang Yang.

—Está bien.

Pei Sheng dejó la computadora sobre la mesa, se inclinó para sacar el botiquín de un armario.

—Siéntate. Te pondré medicina.

—No hace falta, hermano.

Wang Yang parecía muy deprimido.

Pei Sheng lo obligó directamente a sentarse y comenzó a aplicar medicamento sobre su mejilla.

—Wang Yang, ahora tienes dos opciones. La primera es elegir a Zheng Wei y enfrentarte a Wang Zhichu. La segunda es obedecer a Wang Zhichu y terminar con Zheng Wei.

Wang Yang conocía perfectamente sus opciones.

También lo había pensado con claridad.

—Hermano, voy a hacerme responsable de Zheng Wei.

—Entonces ¿por qué están peleando? —Pei Sheng no lo entendía.

—Zheng Wei quiere terminar conmigo.

Wang Yang bajó la cabeza.

—Quizá se asustó. Mi madre estuvo a punto de golpearlo también.

Pei Sheng conocía perfectamente el carácter de Zheng Wei.

No le tenía miedo ni al cielo ni a la tierra.

¿Cómo iba a asustarse de Wang Zhichu?

Zheng Wei simplemente no quería poner a Wang Yang en una situación difícil.

Pero Wang Yang jamás elegiría obedecer a Wang Zhichu.

No lo había hecho de niño.

Y tampoco lo haría ahora.

—¿También tengo que enseñarte a consolar a tu pareja?

Pei Sheng le lanzó la medicina.

—Hermano, deja que se calme un poco —respondió Wang Yang.

Entendía lo que sentía Zheng Wei.

—Hermano, también quedan cosas pendientes de la empresa. Mejor ocupémonos primero de eso.

Pei Sheng:

—¿? Tu esposa se apoderó de mi espo…

Se detuvo a mitad de la frase y corrigió:

—…se apoderó de Gu Lin, ¿y encima quieres que trabaje horas extras?

Pei Sheng echó directamente a Wang Yang de su habitación.

—Ve tú solo a trabajar horas extras.

Nada más decirlo, escuchó abrirse la puerta de al lado.

Gu Lin asomó únicamente la cabeza.

Pei Sheng lo miró con atención.

En lo alto de su cabeza había un par de orejas peludas.

—¿Qué llevas en la cabeza?

Gu Lin había salido siguiendo las instrucciones de Zheng Wei para comprobar cómo estaba Wang Yang.

Había olvidado completamente que llevaba unas adorables orejas blancas de gato.

Al escuchar la pregunta de Pei Sheng, se sobresaltó y se cubrió rápidamente la cabeza con ambas manos.

—¡N-no es nada!

Y cerró la puerta.

Pei Sheng frunció ligeramente el ceño.

¿Qué clase de cosas extrañas le había puesto Zheng Wei a Gu Lin ahora?

Entonces vibró su teléfono.

Había recibido una fotografía.

Era de Zheng Wei.

Zheng: ¡Mire, jefe! ¡El gatito Gu!

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first