Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota - Capítulo 44
Gu Lin estaba comiendo a lo grande en la zona del bufé.
Aunque no sabía cuánto costaba entrar al centro de baños por persona, cualquier lugar al que viniera la jefa seguramente no era barato.
Ella había dicho que esta vez pagaría todos los gastos.
Así que Gu Lin tenía que comer lo suficiente para recuperar lo invertido.
La jefa parecía haber venido simplemente a tomarse fotos.
Había encontrado varios lugares bonitos y no dejaba de posar, aunque nunca se había quitado las gafas de sol.
Gu Lin se metió un trozo de melón en la boca y comenzó a masticarlo con entusiasmo.
El melón de allí estaba increíblemente bueno.
Ni siquiera sabía cuánto había comido ya.
Después vio una pequeña fruta roja.
En el letrero ponía «cereza».
Nunca la había probado.
Gu Lin tomó unas cuantas y se las fue comiendo una por una.
Para su sorpresa, también estaban deliciosas.
La próxima vez compraré algunas para Pei Sheng.
Aunque no sé si serán caras.
Después de terminar con la fruta, Gu Lin empezó con el helado y los pastelitos.
Se comía los pequeños pasteles de un solo bocado.
Entonces creyó escuchar una risa.
Levantó la cabeza.
En una mesa frente a él había un hombre de aspecto maduro que lo estaba mirando y sonriendo.
Gu Lin pensó:
¿Está loco?
Lo ignoró y siguió comiendo su pastelito.
Se metió otro entero en la boca.
Casi se atragantó.
Una taza de leche apareció a su lado.
Gu Lin alzó la mirada.
Era el mismo hombre de antes.
—¿Viniste solo? —preguntó el hombre mientras lo observaba.
—No. Vine con mi jefa.
Gu Lin no bebía cosas que le ofrecían desconocidos.
Instintivamente se hizo un poco hacia dentro.
—¿Necesitas algo?
—Nada. Solo me pareció muy adorable cómo comes.
El hombre sonrió con amabilidad.
—¿Alguna vez te han dicho que eres muy bonito?
Gu Lin comprendió sus intenciones.
Frunció el ceño.
—¿Qué quieres?
La mirada del hombre descendió hacia su cuello.
Aquella forma de mirarlo hizo que Gu Lin se sintiera incómodo.
—Solo quiero conocerte.
—Hermano.
La voz de Chu Gege llegó desde un lado.
Extendió la mano y apartó al hombre que estaba junto a la mesa.
—Mi hermanito es menor de edad.
Chu Gege se sentó junto a Gu Lin y miró el reloj que llevaba el hombre en la muñeca.
—¿Intentas ligar con mi hermano? ¿Te alcanza? ¿Tu reloj siquiera paga una entrada a este lugar?
La expresión del hombre se volvió fea de inmediato.
—¿Necesitas que llame a la policía para que te saquen?
Chu Gege se recostó con actitud dominante.
El hombre comprendió que no conseguiría nada y se dio la vuelta para irse.
Chu Gege lo llamó:
—Llévate también tu leche. No pongas cosas sucias delante de mis ojos.
El hombre tomó la taza.
Ni siquiera regresó a su asiento anterior.
Se marchó directamente.
Gu Lin esperó hasta que desapareció y preguntó con curiosidad:
—¿Qué quería ese tipo?
—En cualquier lugar hay todo tipo de gente. Ese quería enganchar a alguien con dinero para vivir a costa de él.
Chu Gege conocía demasiado bien a esa clase de personas.
—A algunas personas ricas les gusta buscar ese tipo de emoción, y ellos precisamente van tras ese público.
—Pero yo no parezco rico —dijo Gu Lin, confundido.
—Yo sí parezco rica.
Chu Gege curvó los labios y se tocó la sencilla bata de baño.
—La elegancia de esta señorita no puede esconderla una bata tan ordinaria.
Gu Lin:
—…Jefa, acabo de darme cuenta de que te pareces mucho a un amigo mío.
—¿Mm? ¿Quién podría parecerse a esta señorita?
Chu Gege preguntó con curiosidad.
—Zhou Shaoran. Él también presume muchísimo.
—¿Quién?
Chu Gege quedó sorprendida.
—¿También conoces a ese rey de la fanfarronería?
—Sí. Pei Sheng trabaja en su empresa.
—Vaya. ¿Zhou Shaoran ya hasta abrió una empresa? El cielo realmente tiene sentido del humor.
Chu Gege se tapó la boca mientras se reía.
—¿Cómo se llama? Cuando quiebre, le enviaré una corona de flores.
—Eh… Lingyun. No creo que vaya a quebrar.
Gu Lin había escuchado a Fangfang decir que tanto Lingyun como Wuji se estaban desarrollando muy rápido.
—¿Qué?!
Chu Gege dio una palmada sobre la mesa.
—¡Lingyun!
Conocía esa empresa.
Había escuchado muchas veces a su padre hablar de ella.
Siempre la elogiaba y decía que, en el futuro, Lingyun se volvería imparable.
Ahora que descubría que el dueño era Zhou Shaoran, Chu Gege sintió ganas de escupir sangre.
Su propio fracaso daba igual.
Pero que un rival tuviera éxito era muchísimo peor.
—¡Cuando éramos pequeños siempre quedaba de último! ¡Y además se la pasaba sorbiéndose los mocos!
—¿Ustedes son… amigos de la infancia?
Gu Lin juntó los dedos.
—¿O exnovios?
—Somos enemigos.
Chu Gege respiró profundamente.
—No, no. Necesito ver abdominales de hombres guapos para tranquilizarme.
Dicho eso, agarró a Gu Lin.
—Vamos. Por allá hay una fiesta en una piscina cubierta.
—¿Ah?
Gu Lin ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar antes de que Chu Gege se lo llevara.
—No quiero ir.
Desde lejos ya podía ver hombres y mujeres en traje de baño junto a la piscina.
—No me quedo tranquila dejándote solo. Pareces demasiado fácil de molestar.
Después de lo ocurrido antes, Chu Gege no se atrevía a dejarlo solo.
Lo llevó consigo.
—Tranquilo. No vamos a hacer nada.
En realidad, estaba esperando a que llegara Pei Sheng.
Tampoco se atrevería a hacer nada demasiado exagerado con Gu Lin antes de que él apareciera.
Los dos se sentaron frente a una barra central.
Chu Gege echó un vistazo a la zona de bebidas, fue hasta allí y regresó con una copa para Gu Lin.
—Bebe un poco.
—Bien.
Gu Lin miró aquella bebida de color rosado con curiosidad.
—¿Es rica?
—Claro. Al principio sube rápido, luego sientes calor y al final da sed.
Gu Lin tomó pequeños sorbos.
Vio a un chico acercarse y lanzar una mirada ambigua a Chu Gege.
—Belleza, ¿tomamos una copa?
Chu Gege parecía poco interesada.
Solo chocó ligeramente su copa con la suya.
—Estoy ocupada.
El chico entendió la indirecta y se marchó.
Gu Lin ya había terminado una copa y todavía quería más.
—De verdad está muy rica.
Chu Gege lo miró.
El rostro de Gu Lin ya tenía un ligero tono rosado, incluso más bonito que el color de la bebida.
—¿No serás de los que caen con una sola copa?
Gu Lin negó con la cabeza.
—Aguanto bastante.
En realidad, todavía no estaba borracho.
Solo sentía la boca llena de sabor a durazno.
Dulce.
En ese momento llegó un mensaje a su teléfono.
Fei: ¿Oh? ¿Tan ocupado estás?
Gu Lin vio la respuesta y pensó:
No más ocupado que tú, que no me hiciste caso en toda la tarde.
Mantuvo pulsado para enviarle un mensaje de voz.
—Súper, súper, súper ocupado~
En ese momento Pei Sheng ya había llegado a Yunjian.
Cuando bajó del auto, el viento frío lo envolvió.
Miró el nuevo mensaje de voz.
Se llevó el teléfono al oído y lo escuchó.
Las comisuras de sus labios se curvaron fríamente.
—Ya llegamos, ya llegamos.
Zheng Wei estaba especialmente emocionado.
—Escuché que Yunjian tiene toda clase de fiestas temáticas.
—La última vez vine a una fiesta en la piscina. Había muchísimas chicas guapas —comentó Zhou Shaoran, que conocía bastante bien el lugar.
Zheng Wei se animó aún más.
—¡Vamos, vamos!
Wang Yang lo agarró.
—Tú no vas.
—¿Por qué?
Zheng Wei apenas alcanzó a preguntar antes de que Wang Yang le tocara la nuca.
Zheng Wei se acobardó de inmediato.
—No voy.
Miró hacia Pei Sheng.
Este acababa de enviar un mensaje y ya caminaba rápidamente hacia el interior.
Zhou Shaoran seguía completamente fuera de contexto.
—¿Por qué el hermano Pei tiene tanta prisa?
—Va a atrapar a un perrito rebelde.
Zheng Wei soltó una risita y arrastró a Wang Yang hacia dentro.
Zhou Shaoran se rascó la cabeza.
—¿???
¿Labrador no está en casa?
Le dio pereza seguir junto a esa pareja de hombres enamorados, así que aceleró el paso para alcanzar a Pei Sheng.
Gu Lin no vio el mensaje que Pei Sheng le había enviado.
Porque había ido por otra copa.
El teléfono estaba sobre la mesa.
Chu Gege vio aparecer el mensaje.
Fei: Será mejor que de verdad estés ocupado.
Cuando Gu Lin regresó, Chu Gege le preguntó:
—¿Te gusta aquel chico guapo?
Gu Lin siguió la dirección de su dedo.
Negó con la cabeza.
—No.
—Mirar no hace daño.
Chu Gege le hizo una seña al chico.
—Guapo, ¿puedo invitarte una copa?
El hombre llevaba un rato mirando a Gu Lin y se acercó de inmediato.
—¿La tomo contigo o con él?
Mientras preguntaba, sus ojos seguían fijos en Gu Lin.
Gu Lin abrazó su copa.
Ya estaba un poco mareado.
—No voy a beber contigo. Tengo pareja. Mi pareja es más guapa que tú, más alta que tú, más atractiva que tú y tiene diez abdominales.
El hombre se rio.
—Entonces, ¿por qué tu pareja no vino contigo?
Aquello golpeó directamente el punto sensible de Gu Lin.
Suspiró.
—Está ocupado. Todos están ocupados.
Chu Gege y el hombre casi se echaron a reír por lo adorable que resultaba.
Gu Lin no entendía por qué se divertían.
Él sí estaba un poco triste.
En realidad, desde que Pei Sheng lo había dejado en la universidad, no había dejado de sentirse mal.
En su mente, aquella casa era el vínculo entre ambos.
Ahora que él ya no estaba dentro de ese vínculo, sentía que solo era cuestión de tiempo para que Pei Sheng se alejara.
Además, Pei Sheng no parecía sentir deseo por él.
Y la falta de deseo solo aceleraría su partida.
Era como un polluelo que no quería abandonar el nido que pertenecía a él y a Pei Sheng.
Gu Lin bajó los ojos.
Abrazó su copa, agraviado, apretó los labios y volvió a intentar beber.
Pero una gran mano se llevó la copa antes.
Gu Lin levantó la cabeza, sorprendido.
Vio el rostro frío de Pei Sheng.
Parpadeó.
Pensó que estaba imaginándolo.
Pero Pei Sheng ya había levantado la copa y bebido todo el contenido de un solo trago.
Después arqueó ligeramente una ceja hacia el hombre de antes.
—Mío.
No dijo «mi persona».
Pero una sola palabra bastaba para declarar posesión.
El hombre sonrió, comprendiendo.
—Es muy adorable. Si no lo vigilas bien, quizá deje de ser tuyo.
Agitó una mano y se marchó.
Chu Gege, que estaba al lado, le entregó a Pei Sheng una tarjeta.
—Habitación de lujo para parejas. Diviértanse esta noche.
Dicho eso, escapó satisfecha con su obra.
Dejó a Gu Lin y Pei Sheng solos.
Pei Sheng miró la tarjeta sobre la mesa.
Sabía perfectamente que aquello era obra de Chu Gege.
Se sentó junto a Gu Lin.
Gu Lin apoyó la barbilla en una mano y lo contempló con los ojos negros llenos de confusión.
Pei Sheng vio su aspecto y le tocó la mejilla.
—¿Estás borracho?
—No. ¿No estabas ocupado?
Gu Lin lo miró.
Sus largas pestañas temblaron.
Pei Sheng recordó aquel mensaje de voz.
—¿No eras tú quien estaba «súper, súper, súper ocupado»? Te llamé al terminar el trabajo para invitarte a comer y no contestaste.
Gu Lin lo pensó y explicó:
—Fue la jefa quien colgó. Yo sí quería contestar.
—¿Y después viniste a ver hombres guapos?
Pei Sheng echó una mirada alrededor.
—Sí hay bastantes.
Gu Lin le giró la cabeza rápidamente para que volviera a mirarlo.
—Yo no miré. Tú tampoco puedes mirar.
Lo miró ansioso.
El rostro, ya sonrosado por el alcohol, se puso todavía más rojo.
—¿Viniste directamente después del trabajo? Entonces, ¿ya comiste?
Mientras hablaba, sacó de algún sitio dos cerezas.
Dos frutitas rojas y todavía tibias quedaron sobre la palma de Pei Sheng.
Pei Sheng no pudo evitar reír.
—¿Eres un pequeño hámster?
Gu Lin negó con la cabeza.
—Están ricas. Pensaba guardarlas para mí, pero ahora te las doy. Afuera hay muchas cosas ricas. Te llevaré a comer.
Se levantó y quiso tirar de él para irse.
Pero Pei Sheng lo hizo volver.
Tomó la tarjeta de la habitación y se lo llevó.
Zhou Shaoran acababa de entrar cuando vio a Pei Sheng marcharse.
Miró un par de veces, confundido.
¿Y ahora adónde va el jefe?
Gu Lin siguió a Pei Sheng sin saber adónde iban.
Sentía que estaba completamente sobrio.
—¿Adónde vamos?
—Estás borracho. Vas a dormir a la habitación.
Pei Sheng conocía perfectamente su tolerancia al alcohol.
—No estoy borracho. Quiero ir a las aguas termales.
Gu Lin todavía recordaba que Chu Gege había dicho que allí había aguas termales.
Nunca había estado en unas.
—¿Estás seguro?
Pei Sheng miró cómo llevaba la bata completamente cerrada.
—Mm, mm.
Asintió con enorme determinación.
Pei Sheng no tuvo más remedio que llevarlo.
Las aguas termales de aquella zona no tenían habitaciones individuales.
Solo había pequeños espacios separados por cercas de bambú.
Gu Lin siguió obedientemente a Pei Sheng hacia la zona termal.
—Pei Sheng, ¿alguna vez has estado en aguas termales?
Preguntó con curiosidad desde atrás.
Sus ojos seguían mirando la mano de Pei Sheng.
Quería tomarla.
—No.
A Pei Sheng no le gustaba meterse en lugares con demasiada gente.
Gu Lin preguntó con toda seriedad:
—Es tu primera vez y también la mía. ¿Entonces deberíamos investigar primero? Por ejemplo, ¿tenemos que quitarnos toda la ropa?
Una pareja que pasó junto a ellos los miró a ambos con curiosidad.
Pei Sheng volvió la cabeza.
Gu Lin avanzaba lentamente detrás de él, hablando sin parar.
Pei Sheng retrocedió un paso, le cubrió directamente la boca con una mano y lo atrapó entre su brazo y su cuerpo.
—Ya. Silencio.
Los dos llegaron hasta la zona de aguas termales.
Había bastante gente dentro.
Gu Lin ni siquiera la vio.
Pei Sheng lo tenía atrapado entre su cuerpo y sus brazos.
Con cada respiración, Gu Lin solo olía a Pei Sheng.
Y también el aroma a durazno de aquella copa que Pei Sheng acababa de beber.
Tenía la cara caliente.
Y el cuerpo también.
Pei Sheng, temiendo que siguiera soltando barbaridades, no lo soltó hasta llegar al pequeño espacio que les correspondía.
—Entra.
Finalmente dejó libre a Gu Lin y señaló el agua termal.
Gu Lin permaneció en el borde.
Vio que Pei Sheng no se movía.
Preguntó vacilante:
—¿Hay que desnudarse por completo?