Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota - Capítulo 38
Esta vez Gu Lin sí entendió.
Se acercó un poco más a Pei Sheng, levantó su cuello blanco y delicado y sujetó la mano que él tenía enganchada en la cintura de sus pantalones, guiándola hacia abajo.
—¿Así se quitan?
Parecía completamente ingenuo, pero sus movimientos eran tan atrevidos que hacían subir la temperatura.
El ambiente dentro de la habitación se volvió cada vez más cálido.
Pei Sheng no retiró la mano.
Se limitó a observar atentamente su expresión.
Gu Lin parecía muy serio.
Como si realmente solo quisiera aprender.
La intención inicial de Pei Sheng de asustarlo empezó a cambiar de naturaleza.
Bajó la mirada hacia la parte de la cadera que había quedado al descubierto bajo la cintura de sus pantalones.
Era lisa, blanca y delicada, como una fina pieza de jade de excelente calidad.
Cuando apoyó la palma allí, sintió que la piel sobre el hueso de la cadera de Gu Lin era increíblemente fina y suave al tacto.
La nuez de Pei Sheng se movió.
Su voz estaba algo seca.
—Un poco más abajo.
Todavía no había quedado expuesto lo necesario.
Después le devolvió a Gu Lin el objeto que tenía entre los dedos.
—Ábrelo.
En aquel momento, la expresión de Pei Sheng era extremadamente seria, pero sus ojos tenían una oscuridad peligrosa.
Gu Lin abrió torpemente el envoltorio y sacó lo que había dentro.
Un aroma dulce a fresa se extendió por el aire.
—Qué dulce… Fresa.
Mientras hablaba, intentó llevarse lo que tenía en la mano a la boca.
Pei Sheng se apresuró a detenerlo.
—Eso no se come.
—Pero las fresas son ricas.
Gu Lin estaba completamente borracho y parecía seguir saboreando mentalmente las fresas que había comido antes.
La punta de su lengua rozó ligeramente sus labios.
La respiración de Pei Sheng se volvió inmediatamente más pesada.
Le sujetó la muñeca con tanta fuerza que dejó una marca rojiza alrededor.
—Concéntrate en aprender.
A Gu Lin le dolió.
Lo miró lastimosamente.
—Duele.
Pei Sheng aflojó un poco la fuerza y, sujetándolo por la cintura, lo levantó ligeramente.
—Hazlo tú.
—¿Mm?
Gu Lin lo miró confundido.
Pei Sheng le empujó suavemente la cabeza hacia abajo.
—¿Qué «mm»? Hazlo tú mismo.
Gu Lin frunció el ceño, agraviado.
—No me regañes.
Le dio un pequeño cabezazo en el hombro una y otra vez, como si estuviera golpeando un pez de madera.
Pei Sheng soltó una risa y sujetó su rostro sonrojado por el alcohol, apretándole suavemente las mejillas.
—Gu Lin, ¿por qué cuando estás borracho das todavía más problemas que cuando estás sobrio? ¿También quieres que lo haga yo por ti?
—Mm, mm. Quiero.
Normalmente Gu Lin ya era descarado.
Borracho, todavía más.
Después de responder, dejó escapar incluso un pequeño quejido incómodo.
—Pei Sheng… me siento mal.
—Te lo mereces.
Pei Sheng lo miró con cierta exasperación al verlo meterse solo en aquel problema.
Gu Lin realmente se sentía incómodo.
Apoyado contra la cabecera, tenía el rostro rojo no solo por el alcohol, sino también por el calor que parecía subirle por todo el cuerpo.
Pei Sheng no lo ayudaba.
Así que solo podía hacerlo él mismo, de manera torpe.
Terminó poniéndose tan nervioso que incluso las comisuras de sus ojos quedaron completamente rojas.
Una lágrima quedó suspendida en el rabillo de su ojo.
Finalmente, buscó ayuda por instinto.
—Pei Sheng…
Al principio, Pei Sheng ni siquiera lo estaba mirando.
Le daba la espalda mientras Gu Lin se ocupaba solo.
Pero al escuchar aquella llamada casi murmurada de su nombre, hasta sus orejas comenzaron a arder.
Se volvió.
Al ver el desastre en el que Gu Lin se había convertido por sí mismo, extendió una mano y le sujetó la muñeca con resignación.
—Será mejor que de verdad aprendas esta vez.
Bajó sus espesas pestañas.
Bajo su palma, la fina película lubricada desprendía calor.
Todo el cuerpo de Gu Lin estaba rígido.
Su cuello se había teñido completamente de rojo y estaba cubierto de pequeñas gotas de sudor.
Sus dedos blancos se aferraron con fuerza y mordió firmemente sus labios rojos.
Aquello lo estaba haciendo sentirse todavía más intenso.
Su conciencia parecía dispersarse poco a poco.
Al final, intentó retroceder moviendo los pies.
Pero Pei Sheng le sujetó con firmeza un tobillo y lo hizo volver.
Observó el rostro de Gu Lin, que parecía estar a punto de perder el control, y se inclinó junto a su oído.
Su voz era grave.
—¿Ya aprendiste?
—Ugh… sí… sí, ya aprendí.
Gu Lin, al borde del colapso, ya no era capaz de pensar con claridad.
Se aferró al fuerte brazo de Pei Sheng y estiró su frágil cuello, intentando desesperadamente respirar.
Pero cuanto más trataba de hacerlo, más sentía que le faltaba el aire.
Todo su cuerpo temblaba.
—¿Por qué tiemblas?
Pei Sheng le sujetó la cintura.
Su mirada se parecía a la de una bestia feroz que hubiera atrapado a su presa.
La fina cintura de Gu Lin estaba completamente tensa.
Como alguien que se estuviera ahogando, respiraba con enorme dificultad.
—Pei… Pei Sheng…
Pero Pei Sheng parecía estar provocándolo deliberadamente.
La fuerza de su mano aumentó poco a poco.
Gu Lin reaccionó por puro instinto, levantó la cabeza y mordió el cuello de Pei Sheng.
Sus pequeños colmillos presionaron la piel.
Incluso podía sentir el pulso latiendo bajo ellos.
La estimulación hizo que su cuerpo perdiera completamente el control.
En apenas un instante, el sudor caliente empapó a Gu Lin.
Sus largas pestañas estaban húmedas y las lágrimas parecían a punto de caer.
Su respiración caótica golpeaba junto al oído de Pei Sheng.
Pei Sheng arrojó a la basura el condón ya utilizado e intentó hacer que Gu Lin, que todavía lo mordía, se apartara.
Pero en medio de aquel aire cálido y húmedo, Gu Lin, con la conciencia todavía confusa, acercó el rostro al suyo.
Su mano caliente tocó la mejilla de Pei Sheng, todavía ligeramente hinchada.
Después dejó allí un beso suave.
Murmuró como si estuviera hablando entre sueños:
—Con un besito ya no duele.
La sensación blanda de aquel beso en la mejilla dejó a Pei Sheng inmóvil durante mucho tiempo.
Tanto que Gu Lin, completamente agotado, terminó quedándose dormido tranquilamente con el rostro sudoroso apoyado sobre su hombro.
Sus brazos todavía rodeaban su cintura.
Pei Sheng lo recostó otra vez sobre la almohada.
Con una mano apartó el cabello húmedo de su frente, dejando al descubierto su rostro todavía sonrojado.
Lo observó durante bastante tiempo antes de levantarse y marcharse.
Regresó a su habitación y volvió a darse una ducha fría.
Al mirarse al espejo vio la marca de la mordida en el lado izquierdo del cuello.
Incluso podían distinguirse claramente las huellas de los dientes.
La tocó con los dedos.
La piel estaba rota.
—Ni Labrador me muerde y él sí que sabe hacerlo con ganas.
Pei Sheng suspiró con resignación.
Aunque, pensándolo bien, había sido él quien había llevado demasiado lejos las cosas con Gu Lin.
Después de acostarse, volvió a levantarse y se sentó frente al escritorio.
Abrió el teléfono y encontró varios mensajes.
Zheng: Jefe, jefe, es la primera vez que mi hermanito Gu es 0…
Zheng: Jefe, después acuérdate de ayudar a tu esposa a limpiarse bien, o podría darle fiebre.
Fei: …
Fei: Creo recordar que te bloqueé.
Zheng: Qué va, mi hombre es demasiado competente. (avergonzado)
Zheng: Pero… ¿tan rápido? ¿Esa es la velocidad de un virgen?
Fei: Lárgate 🔪
Zheng: Entonces, ¿por qué ya estás respondiendo? ¿Están descansando entre rondas?
Después de que Zheng Wei enviara aquello, no recibió respuesta.
Sin embargo, en el grupo de cuatro apareció un enlace para una reunión en línea.
Zheng Wei quedó desconcertado.
¿Así de intensa es la mentalidad de un adicto al trabajo?
¿Después de acabar con Gu Lin viene a acabar con nosotros?
Nada más entrar a la reunión, vio que Pei Sheng todavía estaba comiendo su propio pastel de cumpleaños.
—Jefe, ¿todavía no estás satisfecho? —preguntó Zheng Wei con doble sentido.
Zhou Shaoran no captó nada extraño.
—El hermano Pei siempre parece reencarnación de un fantasma hambriento.
Y de inmediato Zhou Shaoran fue expulsado de la reunión.
—Hermano, ¿hay algo importante para que tengamos una reunión tan tarde? —preguntó Wang Yang, como siempre el más calmado.
—Hoy descubrí que hombres de Cheng Zhiqing estaban siguiendo a Gu Lin.
Mañana Gu Lin regresaría a la universidad.
Ese asunto tenía que resolverse adecuadamente.
—¿Qué? ¿Cheng Zhiqing no tiene vergüenza? —Zheng Wei se indignó—. ¿Por qué siempre está molestándote?
Pei Sheng respondió con indiferencia:
—Probablemente sea la última terquedad de alguien que ya perdió contra mí.
Dicho esto, se comió otro pequeño trozo de pastel.
Zheng Wei se quedó sin palabras.
—Hermano, ¿podrías no estar comiendo cuando dices frases tan imponentes?
En ese momento Zhou Shaoran volvió a conectarse.
Entró furioso.
—¡Mierda! ¿Quién configuró esto para que entrar a la sala cueste diez mil yuanes? ¡Tuve que pagar diez mil para volver a entrar! Zheng Wei, ¿fuiste tú, desgraciado?
Pei Sheng respondió:
—Yo.
Y Zhou Shaoran volvió a ser expulsado.
Intentó entrar otra vez.
Al ver que ahora el sistema exigía veinte mil yuanes, cayó en un profundo silencio.
El espíritu vengativo de su jefe realmente estaba empeorando.
Al final, Zhou Shaoran gastó treinta mil yuanes para regresar a la reunión.
—Probablemente Cheng Zhiqing quiera vengarse porque le arrebatamos el centro comercial —dijo.
—En otras palabras, sigue yendo directamente contra ti, hermano Pei —resumió Zheng Wei con precisión—. Si te preocupa tanto, ¿por qué no vas a la universidad de Gu Lin a solicitar un puesto como profesor? Romance profesor-alumno. Vaya, qué emocionante.
El administrador Pei Sheng expulsó a Zheng Wei de la reunión.
Zhou Shaoran se regocijó.
—Hermano Pei, por cómo reaccionó Cheng Zhiqing cuando apareciste, creo que realmente te teme. Últimamente el Grupo Cheng intenta constantemente presionar a Lingyun, pero sus productos son una porquería.
Pei Sheng había dejado deliberadamente que Cheng Zhiqing descubriera que él estaba allí.
El miedo que Cheng Zhiqing le tenía era suficiente para hacer que cometiera errores por sí solo.
—Últimamente también invirtió en una empresa de videojuegos.
Wang Yang asintió.
—Sí. Esa empresa no está mal, pero revisé los juegos que tienen ahora y muchos elementos parecen copiados. El riesgo es bastante alto.
—Entonces presionémoslo un poco —dijo Pei Sheng—. ¿Cuándo empieza la beta cerrada de nuestro juego?
—El viernes por la noche —respondió Wang Yang.
—Que Zheng Wei lo promocione en la plataforma Yinyin.
En cuanto terminó de hablar, Zheng Wei volvió a conectarse.
Había gastado cincuenta mil yuanes para entrar.
—¡Jefe, me equivoqué! —dijo con lágrimas en los ojos.
Pei Sheng curvó ligeramente los labios y dio otro bocado al pastel.
—Si vuelves a enseñarle tonterías a Gu Lin, la próxima vez no serán solo cincuenta mil.
Zheng Wei asintió frenéticamente.
—¡Ya aprendí la lección!
El que no sirve es Gu Xiaolin.
En plena noche ni siquiera puede mantener ocupado a un hombre y todavía le quedan energías para organizar reuniones.
Furioso, le envió un mensaje a Gu Lin.
Zheng Wei: ¡Qué inútil eres!
Gu Lin estaba profundamente dormido, abrazado a la almohada.
Cuando terminó la reunión, Pei Sheng había comido tres trozos de pastel y además había ingresado ochenta mil yuanes.
Inmediatamente transfirió el dinero a Zhou Shaoran.
Zhou: ¡Hermano Pei! ¡Sabía que eres quien más me quiere!
Fei: Ayúdame a comprar varias cajas de fresas para Gu Lin. Que sean grandes y dulces.
Zhou: ?
Zhou Shaoran apretó los dientes.
Mañana renuncio.
Al instante siguiente recibió una transferencia de cien mil yuanes.
Pei Sheng añadió:
Fei: Compren algunas para ustedes también.
Los ojos de Zhou Shaoran se humedecieron.
Qué buen jefe.
Puedo trabajar aquí otros cien años.
*
Al día siguiente, cuando Gu Lin despertó, ya eran las diez de la mañana.
Buscó el teléfono sobre la mesita de noche y encontró varios mensajes.
Todavía medio dormido, abrió los de Chu Gege.
Le preguntaba si iría a trabajar aquel día.
Al verlos, Gu Lin se incorporó de golpe.
—¡Se acabó! ¡Se acabó! ¡Falté al trabajo! ¡Perdí mis doscientos yuanes!
Se levantó a toda prisa y salió corriendo dispuesto a asearse.
En el pasillo se encontró de frente con Pei Sheng, que regresaba de pasear a Labrador.
Al verlo, Pei Sheng desvió ligeramente la mirada con cierta incomodidad.
Gu Lin simplemente le dio los buenos días y corrió al baño.
Pei Sheng se quedó un momento junto a la puerta.
Pensó:
¿Cómo puede no darle vergüenza?
Caminó hasta el baño y miró a Gu Lin, que se aseaba con prisas.
—¿Por qué tienes tanta urgencia?
—Llegué tarde al trabajo. Voy a perder doscientos yuanes.
Gu Lin dependía de aquel sueldo para poder devolver cuanto antes los doscientos mil.
—¿Lo olvidaste? —preguntó Pei Sheng.
—¿Mm?
Gu Lin se volvió.
—¿Olvidé qué?
Mientras hablaba, descubrió que el cuello de Pei Sheng tenía una gran zona rojiza.
Se acercó y se puso de puntillas para observarla.
—¿Qué te pasó en el cuello?
Pei Sheng miró sus ojos completamente claros.
Apretó los labios.
No recordaba nada de la noche anterior.
Ni siquiera recordaba que aquella mordida la había hecho él mismo.
Pei Sheng respondió fríamente:
—Me mordió un perrito.
—¿Labrador también te muerde?
Gu Lin pareció sorprendido.
—Entonces acuérdate de vacunarte contra la rabia.
Pei Sheng:
—¿?
Gu Lin lo empujó hacia fuera.
—Voy al baño. Sal primero.
Pei Sheng lo miró durante un instante y soltó una risa fría.
El sonido hizo que a Gu Lin se le erizara el cuero cabelludo.
Observó la espalda de Pei Sheng mientras se alejaba.
¿Por qué se ríe así?
¿Por qué parece como si yo fuera un desgraciado que lo abandonó después de aprovecharme de él?
Frente al inodoro, Gu Lin recordó que la noche anterior se había emborrachado.
Después de eso…
No recordaba nada.
—¿Será que anoche forcé a Pei Sheng?
Apretó instintivamente el trasero.
No sentía ninguna molestia.
—¿Será que yo fui el activo con Pei Sheng?
Miró su propio cuerpo delgado reflejado en el espejo.
Después recordó los ocho abdominales de Pei Sheng, sus líneas en V y su más de metro noventa de estatura.
Ni aunque explotara el mundo.
De repente se quedó inmóvil.
Se cubrió la boca.
—Mierda… ¿no será que se la chupé?
Conociéndose a sí mismo, no era imposible.
Se dio unas palmadas en la cabeza y terminó primero de ir al baño.
Después abrió la boca frente al espejo y la examinó.
—Parece un poco roja.
Tsk.
Debió ser bastante intenso.
Solo pensarlo le hizo ponerse rojo.
Cuando salió, encontró a Pei Sheng cargando varias cosas hacia el interior.
—¿Qué compraste? —preguntó Gu Lin con curiosidad.
Pei Sheng dejó cinco cajas de fresas importadas por avión sobre la mesa de centro.
Respondió con frialdad:
—Comida para perros.
Gu Lin:
—¿?
Se acercó, abrió una caja y se sorprendió encantado.
—¡Son fresas! ¿Qué tienen de comida para perros?
—Oh. Lo olvidé.
Pei Sheng lo miró y tomó una fresa, acercándosela a la boca.
Gu Lin abrió la boca y se la comió entera de un bocado.
—¡Qué dulce! ¡Está deliciosa! ¿Las compraste para mí?
Entonces vio cómo Pei Sheng recogía las cinco cajas y se las llevaba a su propia habitación.
—¡Eh! ¿No vas a dejarme comer?
Pei Sheng se volvió y sacó una sola fresa.
—¿Entonces te doy otra?
Gu Lin:
—¿?
¿Solo una?
¡Tacaño!
El tacaño Pei Sheng llevó las cinco cajas a su habitación.
Se sentó frente al escritorio, encendió la computadora y escribió en el grupo.
Fei: Pregunta.
Los otros tres aparecieron al mismo tiempo.
Los tres: ¿Qué?
Fei: ¿Una persona que se descontrola por el alcohol y al día siguiente lo olvida todo es un desgraciado?
Zheng: ¡Sin duda!
Zhou: ¡Absolutamente!
Xiao Wang, que solo quiere dedicarse a la tecnología: Hermano, ¿quién se aprovechó de ti y luego te abandonó?
Fei: Un perro.
Los tres: ???
Pei Sheng cerró el chat.
Miró las cinco cajas de fresas que había colocado sobre el escritorio y comenzó a comérselas una por una.
Terminó la primera caja.
Entonces llamaron a la puerta.
La puerta se abrió apenas una rendija y apareció el rostro sonriente de Gu Lin.
—Pei Sheng.
—¿Qué quieres?
Pei Sheng seguía comiéndose las fresas de una en una.
—Ven.
Gu Lin le hizo un gesto con el dedo.
Pei Sheng dudó apenas medio segundo antes de levantarse y caminar hacia la puerta.
Gu Lin sostenía un tazón de fideos.
—¡Fideos de longevidad! ¡Feliz cumpleaños!
Pei Sheng vio que, encima de los fideos, Gu Lin había formado con zanahoria los caracteres de «Feliz cumpleaños».
Las comisuras de sus labios, hasta entonces firmemente apretadas, se elevaron ligeramente.
Pero de inmediato volvió a contenerlas.
Trucos que usan los desgraciados para engatusar a la gente.
—Come rápido. En un cumpleaños hay que comer fideos de longevidad —dijo Gu Lin sonriendo.
Pei Sheng tampoco se negó.
Tomó el tazón, caminó hasta la mesa de centro de la sala y se sentó.
—¿No vas a trabajar?
—Lo había olvidado. Ayer me dijiste que hoy regresaría a la universidad. Así que acabo de decirle a la jefa que ya no trabajaré en la casa embrujada.
Gu Lin había estado tan nervioso al despertar que se le había olvidado momentáneamente.
—Oh. Esto también lo olvidaste.
Pei Sheng dio un mordisco al huevo frito que había sobre los fideos.
Sus palabras tenían una clara segunda intención.
Gu Lin percibió inmediatamente que algo no cuadraba.
¿Qué significa «esto también»?
—¿Qué más olvidé?
Se acercó con curiosidad hasta quedar delante de él.
Pei Sheng extendió una mano y le empujó la cabeza hacia atrás.
—No te acerques tanto.
Pei Sheng acababa de comerse una caja entera de fresas.
Sus dedos tenían el aroma de la fruta.
Gu Lin sintió que aquel olor le resultaba extrañamente familiar.
Acercó la nariz a sus dedos y olfateó.
Su cálida respiración cayó sobre ellos.
Pei Sheng retiró la mano y le lanzó una mirada.
—Pequeño pervertido.
—Siento que ya había olido este aroma a fresa en alguna parte.
Gu Lin se tumbó sobre la mesa de centro.
Pensó que Pei Sheng probablemente seguía enfadado porque la noche anterior le había hecho aquello, así que se apresuró a intentar contentarlo.
—Ay, ya no te enojes conmigo. Si ayer hice algo que te ofendió, puedes pegarme. Incluso puedes darme nalgadas.
Mientras hablaba, levantó el trasero hacia él.
Pei Sheng le lanzó una mirada.
—Bájalo.
Otro truco de un desgraciado para seducir a la gente.
—Oh.
Gu Lin volvió a sentarse correctamente.
Pero no se rindió.
Apoyó la barbilla sobre una mano y lo miró con ojos suplicantes.
Su voz se volvió suave.
—Hermano Pei…
Era como un niño que sabía que no iban a castigarlo de verdad y seguía insistiendo hasta conseguir que la otra persona cediera.
Pei Sheng vio la súplica dentro de aquellos ojos negros y brillantes.
Era distinta a la mirada con la que Gu Lin, la noche anterior, lo había observado con las comisuras de los ojos enrojecidas mientras le pedía misericordia.
Pero ambas le ablandaban el corazón.
Pei Sheng bajó la cabeza y siguió comiendo.
Los fideos estaban realmente buenos.
Gu Lin finalmente se tranquilizó y se sentó a su lado.
En la mano sostenía la segunda fresa que Pei Sheng le había dado antes.
—Esta fresa está realmente deliciosa. Mira, te doy la puntita.
Sonriendo, acercó la parte más dulce de la fresa a los labios de Pei Sheng.
—Dicen que la punta es la parte más rica.
—¿Quiénes? —preguntó Pei Sheng.
No aceptó aquella parte de la fresa y la empujó de vuelta, confundido.
—En videos de internet dicen que la punta de la fresa se la tienes que dar a la persona que te gusta.
Pei Sheng seguía sin entender.
—¿Por qué a la persona que te gusta no puedes darle una fresa entera?
—Entonces te la doy toda.
Gu Lin dejó la fresa junto a su mano y le sonrió mostrando sus pequeños dientes blancos.
Pei Sheng finalmente comprendió lo que quería decir.
Gu Lin se puso rojo al notar su mirada.
Avergonzado, se levantó inmediatamente.
—¡Voy a preparar mis cosas!
Salió corriendo hacia su habitación.
Pei Sheng contempló la fresa junto a su mano.
Sentía que los trucos de aquel perrito para contentar a la gente eran cada vez más efectivos.
Se metió la fresa entera en la boca.
El dulzor se extendió por su lengua.
La fresa que Gu Lin le había dado realmente parecía más dulce que todas las de la caja anterior.
*
Gu Lin no tenía demasiadas pertenencias.
Sin embargo, como llevaba cuatro cajas de fresas, parecía que cargaba muchas cosas.
—Con unas cuantas basta. No necesito llevármelas todas —dijo.
—Las compré para ti.
Pei Sheng había pedido prestado el auto de Wang Yang para llevarlo a la universidad.
El de Wang Yang era el más discreto.
Zhou Shaoran y Zheng Wei, en cambio, parecían empeñados en que todo el mundo supiera que eran ricos de segunda generación y solo conducían autos lujosos.
—Entonces, ¿por qué antes solo me diste dos? Qué tacaño.
Gu Lin miró las fresas, cada una con un aspecto impecable.
Le parecían muy caras.
—¿Cuánto costaron? ¿Son caras?
—No.
Pei Sheng tampoco sabía cuánto habían costado exactamente.
De todos modos, había dado ochenta mil yuanes y Zhou Shaoran seguramente había comprado las mejores.
—¿No me estarás engañando otra vez? La última vez también dijiste que el auto con la figurita dorada no era caro y resultó carísimo.
Ahora Gu Lin sabía perfectamente que a Pei Sheng le encantaba burlarse de él.
—Mm… Si vendieras estas fresas, probablemente sí podrías pagarlas —respondió Pei Sheng tranquilamente.
Gu Lin levantó un puño dispuesto a golpearlo.
En ese momento, Pei Sheng sacó una caja de algún lugar y se la entregó.
—Toma.
—¿Qué es?
Gu Lin la recibió con curiosidad.
Vio el logotipo de Lingyun en la caja.
—Una pulsera inteligente. Puedes comunicarte conmigo en cualquier momento.
Pei Sheng seguía preocupado por el regreso de Gu Lin a la universidad.
Cheng Zhiqing y Li Chunhua todavía podían intentar hacerle algo.
Había modificado personalmente aquella pulsera.
Además de todas las funciones normales de un dispositivo inteligente, había instalado un localizador.
En caso de peligro, enviaría inmediatamente la ubicación de Gu Lin.
También podía supervisar su estado emocional y su ritmo cardíaco para asegurarse de que estuviera a salvo.
—¿Es como esos relojes Xiaotiancai? —preguntó Gu Lin con curiosidad mientras la sacaba.
Era el único reloj inteligente que conocía.
La pulsera que Pei Sheng le había dado era blanca y casi del tamaño de un reloj.
Se parecía a la que Pei Sheng utilizaba cuando sacaba a pasear a Labrador, solo que la de él era negra.
—No.
Pei Sheng lo pensó un momento.
—Es la versión para pequeños pervertidos.
Gu Lin:
—¿?
El pervertido eres tú.
Aunque lo insultaba, se puso la pulsera felizmente.
Estaba pensando que Pei Sheng le había regalado algo, pero él todavía no había decidido qué darle por su cumpleaños.
La Universidad de Ningcheng era la mejor universidad de la ciudad.
Quedaba bastante lejos de su casa, prácticamente al otro lado de Ningcheng.
Incluso en auto se tardaba alrededor de una hora y media.
A medida que el navegador mostraba que se acercaban al campus, Gu Lin comenzó a sentir una ansiedad inexplicable.
La pulsera de Pei Sheng vibró.
Le avisaba que el ritmo cardíaco de Gu Lin estaba demasiado alto.
Giró la cabeza.
Gu Lin sujetaba el cinturón de seguridad con fuerza, los labios firmemente apretados.
Toda la alegría anterior había desaparecido.
Sus pupilas parecían haberse quedado inmóviles mientras miraba hacia delante.
Pei Sheng recordó lo que Zhou Zheng había dicho.
Gu Lin tenía una leve ansiedad por separación relacionada con él.
Quizá antes no había procesado lo que significaba volver a la universidad.
Pero ahora parecía estar dándose cuenta.
—Pei Sheng… ya no quiero volver a la universidad.
Gu Lin sentía que estaba a punto de perder a Pei Sheng.
Era una sensación parecida a cuando su madre había muerto.
Otra vez iba a quedarse completamente solo.
—La solicitud para suspender los estudios ya fue cancelada.
Pei Sheng no le permitió echarse atrás.
Gu Lin respondió con un suave «mm» y dejó de hablar.
Observó cómo el destino se acercaba cada vez más.
Finalmente, el auto entró en el campus y se detuvo frente al edificio de dormitorios.
—¿En qué piso está tu habitación? —preguntó Pei Sheng.
A partir de ahí, el tutor académico se había puesto en contacto directamente con Gu Lin.
—En el 608.
Gu Lin abrazó sus cajas de fresas y siguió a Pei Sheng hacia el interior.
Había ascensor.
Tres de sus paredes estaban cubiertas de espejos.
Gu Lin observó a través del reflejo el rostro de Pei Sheng.
Se veía completamente tranquilo.
No parecía triste porque Gu Lin fuera a quedarse allí.
Tampoco parecía feliz.
Era como si simplemente hubiera venido a dejar a alguien sin importancia.
—Pei Sheng, ¿alguien va a vivir en mi habitación? —preguntó de repente.
—¿Mm? ¿Quién?
Pei Sheng no entendió qué quería decir.
Aquella reacción hizo que el estado de ánimo de Gu Lin mejorara mucho.
—¿Puedo volver a casa todas las semanas?
Pei Sheng tampoco entendía a dónde quería llegar.
Solo bajó la mirada hacia él.
Al final, los ojos de Gu Lin se enrojecieron primero.
Pei Sheng asintió.
—Si quieres volver, vendré a buscarte todas las semanas.
Gu Lin apretó los labios.
Las lágrimas se acumularon en sus ojos.
Al final no pudo contenerse y enterró la cabeza en el hombro de Pei Sheng.
—No me limpies los mocos en la ropa.
Pei Sheng lo sujetó por la nuca y le levantó la cabeza.
Entonces vio aquel hermoso rostro completamente húmedo.
—Llorón.
Con la yema del dedo, limpió las lágrimas de sus mejillas.
Gu Lin se frotó los ojos con la manga, dejándolos todavía más rojos.
—Ni siquiera te da pena separarte de mí. Hmph.
Disgustado, abrazó sus fresas y salió del ascensor.
Pei Sheng miró la mancha húmeda que había quedado sobre su hombro.
Soltó una pequeña risa.
Cuando Gu Lin entró en la habitación del dormitorio, vio inesperadamente a alguien conocido.
—¡Gu Lin!
Shen Muqi estaba jugando videojuegos.
Al escuchar la puerta, volvió la cabeza instintivamente.
Cuando vio a Gu Lin, quedó completamente sorprendido.
—¿Viniste especialmente a verme?
—No. Mi dormitorio está aquí.
Gu Lin vio la cama número cuatro.
Estaba llena de objetos amontonados.
—Esa es mi cama.
—¿Qué pasa? ¿Cómo…? ¿Cómo…?
Shen Muqi se emocionó tanto que durante un instante no supo qué decir.
Se rascó la cabeza y sonrió con timidez.
Después levantó la mirada.
Y se encontró con los ojos sombríos de Pei Sheng.
—Bueno… puedo ayudarte a ordenar la cama.
Shen Muqi todavía se intimidaba cada vez que veía a Pei Sheng.
—No hace falta. Puedo hacerlo yo.
Gu Lin le sonrió educadamente y dejó sus cosas junto al escritorio.
Después se preparó para retirar todo lo que habían acumulado sobre su cama.
—H-hermano… hola —saludó Shen Muqi a Pei Sheng.
Pei Sheng no estaba bien.
Su rostro no estaba bien.
Y su estado de ánimo tampoco.
No había imaginado que Shen Muqi compartiera habitación con Gu Lin.
La forma en que Shen Muqi miraba a Gu Lin era igual que Labrador mirando un hueso.
Como si quisiera lanzarse sobre él inmediatamente.
Pei Sheng respondió con un indiferente «mm».
Gu Lin se puso de puntillas para alcanzar las cosas de la litera superior.
Pei Sheng se acercó y, aprovechando su altura, retiró directamente todo aquel montón de objetos.
—Pei Sheng, puedes volver. Yo mismo puedo arreglarlo —dijo Gu Lin.
Sentía que no sería tan difícil.
Pei Sheng miró a Shen Muqi.
Este se puso rígido de inmediato.
Sobre todo porque todavía recordaba perfectamente la mirada que Pei Sheng le había dirigido en la subasta.
Había sido aterradora.
—Hermano, no se preocupe. ¡Yo cuidaré bien de Gu Lin! ¡Lo trataré como a un hermano menor!
La voz de Shen Muqi temblaba.
Podía sentir claramente la hostilidad de Pei Sheng.
Era como la hostilidad de una bestia cuyo territorio hubiera sido invadido.
Pei Sheng asintió ligeramente.
Miró a Gu Lin.
—Me voy.
Gu Lin respondió con un suave «mm».
Vio cómo salía de la habitación.
Después se apresuró a bajar de la cama.
Lo hizo tan rápido que se saltó un peldaño y casi cayó.
Shen Muqi intentó ayudarlo.
Pero Gu Lin ya había salido corriendo por su cuenta.
En el pasillo ya no había rastro de Pei Sheng.
De repente se sintió terriblemente triste.
¿Pei Sheng me trajo de vuelta a la universidad porque quería deshacerse de mí?
Se quedó parado frente a la puerta durante mucho tiempo.
Finalmente regresó.
Sacó la silla, se sentó y dejó caer el cuerpo sobre el escritorio sin fuerzas.
Al abrir el teléfono, vio dos mensajes de Pei Sheng.
Fei: No le des fresas a Shen Muqi 🔪
Fei: Las fresas son solo tuyas.
Gu Lin soltó una risita inmediata.
¿Está celoso?
Pei Sheng estaba sentado en el auto, preparándose para salir del campus, cuando recibió un nuevo mensaje.
LL: Pienso… en Feifei.
Pei Sheng contempló aquel mensaje durante bastante tiempo.
Inevitablemente recordó «Pensamientos sobre Feifei».
Soltó una risa.
—¿Cómo puede ser tan obsceno?
Sin embargo, la pulsera le informó:
Ritmo cardíaco elevado. Estado emocional: alegría.
Cuando cayó la noche, Gu Lin ya había terminado de acomodar todas sus cosas.
También se había familiarizado con sus compañeros.
Era la primera vez que vivía en un dormitorio universitario.
Cuatro personas por habitación, con camas elevadas y escritorios debajo.
Todos parecían bastante amables.
Pero seguía extrañando a Pei Sheng.
En realidad, desde que Pei Sheng se había marchado, se sentía inquieto, triste y ansioso.
Siempre tenía la sensación de que Pei Sheng terminaría dejándolo poco a poco.
Gu Lin tocó con el dedo el avatar de Pei Sheng.
Era una foto de Labrador.
Un precioso golden retriever.
También extrañaba mucho a Labrador.
Quería hacer una videollamada con Pei Sheng.
Dudó un momento, pero finalmente marcó.
Sonó bastante tiempo antes de que Pei Sheng contestara.
Probablemente no se había dado cuenta de que era una videollamada porque se quedó sorprendido durante un instante.
—¿Gu Lin?
Parecía acabar de ducharse.
Todavía tenía el cabello húmedo y lo secaba con una toalla.
Gu Lin estaba tumbado sobre la almohada.
Solo dejaba ver los ojos.
Ya eran redondos de por sí y, de aquella forma, parecía un hermoso gatito observando furtivamente.
Miró fijamente la nuez de Pei Sheng.
Lo vio girar ligeramente la cabeza.
Entonces apareció la marca roja en su cuello, todavía sin desaparecer.
Parecía una mordida.
¿Una mordida?
De repente, fragmentos confusos aparecieron en la mente de Gu Lin.
Él sosteniendo un condón.
Insistiendo en que Pei Sheng le enseñara a usarlo.
Después…
Pei Sheng le había sujetado la muñeca.
Gu Lin levantó su propia mano.
Efectivamente, todavía había una marca roja alrededor de la muñeca.
Así que la marca del cuello de Pei Sheng…
La había hecho él.
Lo había olvidado.
—¿No vas a decir nada? —preguntó Pei Sheng, confundido.
—Pei Sheng…
Gu Lin lo miró como si acabara de despertar de un sueño.
—No actúes mimado.
Incluso pegando el rostro a la cámara, Pei Sheng seguía viéndose atractivo.
Gu Lin miró sus ojos.
El corazón le dio un salto violento.
De repente se incorporó.
—¡Pei Sheng, quiero ir a verte! ¡Tomaré el metro y regresaré!
Sin pensarlo demasiado, bajó de la cama.
Se puso el abrigo y los zapatos y salió corriendo.
Shen Muqi, preocupado, se apresuró a seguirlo.
Pei Sheng vio cómo la imagen de la cámara comenzaba a sacudirse.
La pulsera lo alertaba de que el ritmo cardíaco de Gu Lin había alcanzado un nivel peligroso.
Al ver su expresión ansiosa en la pantalla, suavizó la voz para tranquilizarlo.
—No regresé a casa. Espérame abajo del dormitorio.
Gu Lin obedeció.
Tomó el ascensor y bajó.
Cada segundo de espera le pareció una eternidad.
Shen Muqi no se atrevió a acercarse demasiado y solo lo observaba desde cierta distancia.
Finalmente, un automóvil se detuvo frente al edificio.
Pei Sheng bajó.
Gu Lin fue como alguien que finalmente hubiera encontrado su lugar en el mundo.
Corrió hacia él y lo abrazó con fuerza.
Pei Sheng todavía conservaba el calor del interior del auto.
Aquel calor envolvió a Gu Lin.
Temiendo que tuviera frío, lo llevó a los asientos traseros.
Dentro del vehículo oscuro…
Gu Lin parecía un perrito emocionado.
Sus ojos brillaban mientras se pegaba contra él.
—Pei Sheng, ya me acordé.
—¿De qué?
Pei Sheng le sujetó la cabeza antes de que pudiera abalanzarse.
Ahora, cada vez que veía que los ojos de Gu Lin se iluminaban de esa manera, sabía que estaba a punto de intentar besarlo.
—Yo te mordí.
Gu Lin encontró una postura cómoda y volvió a sentarse a horcajadas sobre sus piernas.
Con la yema de los dedos tocó la marca del cuello de Pei Sheng.
Afirmó con total seguridad:
—La hice yo.
Parecía haber encontrado su propia marca.
Bajó la cabeza y acercó la punta de la nariz.
Pei Sheng comenzó a molestarse con aquella cabeza peluda que no dejaba de empujarlo.
Le sujetó la nuca para impedir que siguiera descontrolándose.
—Al menos no comiste las fresas en vano.
—Me las comí yo. No le di ninguna a ningún hombre.
Después de que Gu Lin dijera aquello, pareció que el aire dentro del auto se llenaba de un intenso aroma a fresa.
Igual que el condón de la noche anterior.
Dulce hasta hacer hervir la sangre.
—Bien.
Pei Sheng le revolvió el cabello, como si estuviera recompensándolo.
—Te llevaré a un hotel para que descanses esta noche.
Sabía que no podía dejarlo solo en el dormitorio aquella noche.
Si realmente sufría un episodio de sonambulismo y terminaba cayéndose por una ventana, sería demasiado tarde para arrepentirse.
Intentó apartar a Gu Lin.
Pero Gu Lin ya se mordía los labios y lo miraba con expresión suplicante.
—Pei Sheng, ¿te lastimé mucho al morderte anoche?
—La marca lleva roja todo el día. ¿Tú qué crees?
Pei Sheng había descubierto la noche anterior que Gu Lin tenía pequeños colmillos.
Y eran bastante afilados.
Gu Lin continuó acariciando con la yema de los dedos la marca rojiza de su cuello.
—Entonces… ¿esto cuenta como un chupetón?
Pei Sheng:
—…No. Fue la mordida de un perrito.
Apenas terminó de hablar, una respiración cálida se posó sobre sus labios.
Esta vez, la lengua de Gu Lin finalmente encontró los labios entreabiertos de Pei Sheng.