Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota - Capítulo 17

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Gu Lin tenía la constante sensación de que Pei Sheng lo vigilaba, como si quisiera impedir que hiciera algo fuera de lugar.

Dejó el teléfono al otro lado.

—Todavía no lo he visto. Lo veré cuando regresemos.

Ahora ya había aprendido a ser más listo. ¡No pensaba dejar ninguna pista para que Pei Sheng lo atrapara!

Pei Sheng vio el destello de «sabiduría» en sus ojos y tuvo la sensación de que aquel pequeño tonto había aprendido a hacer travesuras.

—Gu Lin, ¿quieres ir al baño? —le preguntó Chu Yu.

Por alguna razón, Gu Lin sintió que aquello se parecía a cuando dos amigas se tomaban de la mano para ir juntas al baño.

Pero, con tal de ganarse el favor de la familia del jefe que iba a entrevistar a Pei Sheng, aceptó encantado.

—Mm, mm.

Incluso tuvo la precaución de llevarse el teléfono.

Al ver que ahora hasta se protegía de él, Pei Sheng no supo si reír o llorar.

A Chu Yu le agradaba mucho Gu Lin. Sentía como si se conocieran desde hacía mucho tiempo, pese a que acababan de encontrarse.

Incluso quería fotografiarlo.

Chu Yu tenía su propio estudio fotográfico y trabajaba principalmente haciendo sesiones para celebridades e influencers. Era bastante conocido dentro de ese círculo.

Había visto a innumerables personas atractivas. Aunque Gu Lin no era la más hermosa de todas, aquella mirada dulce y serena suya resultaba inolvidable.

—Gu Lin, ¿te gusta que te tomen fotos? —preguntó Chu Yu.

Gu Lin tampoco sabía si le gustaba o no.

La única fotografía que había tenido antes era la de su documento de identidad. Se la habían tomado a los dieciséis años para presentar un examen. En ella se veía limpio y delicado, y su apariencia era casi idéntica a la actual.

Después había abandonado los estudios. A veces, cuando sacaba su documento de identidad, incluso llegaba a preguntarse si la persona de la fotografía realmente era él.

Los dos entraron al baño.

Gu Lin contempló su reflejo en el espejo. Sus facciones eran finas y elegantes; no había cansancio ni polvo en su rostro.

Su imagen se superpuso con la del adolescente que conservaba en sus recuerdos.

Con un rostro tan bonito, seguramente debería gustarle tomarse fotos.

—Sí, me gusta —se oyó responder.

Aquello era precisamente lo que Chu Yu quería escuchar.

—Entonces, cuando tengamos tiempo, te llevaré a hacer una sesión. Soy muy bueno tomando fotos.

—¿Adónde iremos?

Después de lo ocurrido con su jefa, Gu Lin ya había quedado traumatizado con este tipo de invitaciones.

—A mi estudio. Te las haré gratis.

En cuanto escuchó la palabra «gratis», Gu Lin se puso contento de inmediato.

Preguntó con curiosidad:

—¿Todos los familiares de los jefes de las grandes empresas son tan buenos como tú?

Chu Yu no pudo contener la risa.

—Yo no soy un jefe. Soy el familiar del jefe.

Gu Lin recordó al hombre frío y apuesto que estaba sentado junto a Chu Yu y, por instinto, miró el dedo anular de este.

Efectivamente, llevaba un anillo.

—Ya me había dado cuenta. Ustedes dos son muy íntimos.

—¿Y tú? ¿Qué relación tienes con Pei Sheng?

El espíritu chismoso de Chu Yu llevaba rato sin poder contenerse.

—Yo tampoco lo sé. Supongo que somos amigos.

Lo que Gu Lin pensaba era diferente de lo que pensaba Pei Sheng.

Antes habían tenido una relación de manutención, pero ahora se parecían más a dos amigos.

Pei Sheng cuidaba mucho de él, pero Gu Lin tenía muy claro que esos cuidados no contenían ningún deseo. Simplemente estaba cuidando de una persona sin hogar.

Y él, efectivamente, era alguien que no tenía un hogar al cual regresar.

—Pensé que eran pareja.

Chu Yu se mostró un poco sorprendido.

—Pero él no parece alguien a quien no le importes.

—¿Por qué dices eso? —preguntó Gu Lin, desconcertado.

—Porque sonríe cuando te mira —respondió Chu Yu, incapaz de describir exactamente aquella sensación—. A mi esposo también le encanta mirarme y sonreír.

Gu Lin pensó que las sonrisas de Pei Sheng de hacía un momento parecían más bien ¡sonrisas mortales!

Después de ir al baño, él y Chu Yu se agregaron en WeChat.

Su cuenta tenía oficialmente dos nuevos amigos.

Gu Lin estaba muy contento.

Cuando terminaron de comer, Pei Sheng acompañó a Xie Shu y Chu Yu a la salida.

Antes de marcharse, Chu Yu incluso le dijo a Gu Lin que la próxima vez lo llevaría a Sucheng para tomarle fotos.

Gu Lin nunca había oído hablar de Sucheng. Contempló cómo Chu Yu se alejaba y sintió cierta reluctancia a despedirse de él.

Pei Sheng vio su expresión abatida y comentó desde un lado:

—¿Por qué te pones triste? Esta noche volveremos a comer juntos.

—¿Ah? ¿También vamos a comer juntos esta noche?

Gu Lin miró a Pei Sheng con sospecha y preguntó en voz baja:

—El trabajo para el que estás haciendo la entrevista… ¿no será acompañar a clientes a beber?

Al ver que todavía estaba preocupado porque pudiera tomar el camino equivocado, Pei Sheng apoyó la palma sobre su cabeza y la sacudió suavemente de un lado a otro.

Gu Lin se tambaleó hacia él y su brazo chocó ligeramente con el suyo.

—¿Qué haces?

—Intento sacudirte hasta que salgan todas esas cosas indecentes que tienes en la cabeza.

Pei Sheng dejó de moverlo, pero mantuvo la palma apoyada sobre su cabeza.

El cálido contacto hizo que Gu Lin recordara cómo esa misma palma se había posado sobre su abdomen.

Levantó ligeramente la cabeza para mirarlo.

Sintió que el rostro se le calentaba.

—Pei Sheng, Chu Yu dijo que me llevará a tomarme fotos.

—¿Mm?

—¿Crees que saldré bien en las fotos?

Gu Lin lo miró expectante.

Pei Sheng contempló aquel rostro completamente expuesto ante sus ojos.

Cada uno de sus rasgos era delicado y hermoso.

No había duda alguna de que era un rostro precioso.

—Pei-ge, nosotros también podemos irnos.

Zhou Shaoran había llegado en auto para recogerlos.

Las miradas de ambos se separaron entre el bullicio de la gente, pero Gu Lin aun así alcanzó a escuchar el último:

—Mm.

Que salió de labios de Pei Sheng.

*

Después de divertirse en el club de modelos masculinos, Chu Gege fue a pagar la cuenta, pero le informaron:

—Señorita Chu, todos sus gastos de hoy ya han sido pagados.

—¿Ah? ¿Quién pagó por mí?

Chu Gege se sorprendió.

—Nuestro jefe llamó personalmente para indicárnoslo.

Aquello la sorprendió aún más.

Conocía al dueño de Encanto, así que sacó el teléfono y lo llamó.

—Joven presidente Song, ¿por qué hoy estás siendo tan bueno conmigo y me invitaste? ¿No solías cobrarme el doble? —preguntó Chu Gege con curiosidad.

El hombre al otro lado también respondió entre risas:

—Fue Pei Sheng quien pagó por ti. Al principio pensé que había caído tan bajo que había venido a contratar modelos masculinos. Resulta que eras tú quien estaba gastando.

—¿Pei Sheng?

Chu Gege se sorprendió.

—¿Tú también lo conoces?

—Por supuesto. Me dijo que su pequeño vino contigo a divertirse a Encanto y que terminó arruinándote el momento, así que pagó la cuenta como una pequeña disculpa.

Chu Gege percibió algo extraño.

—¿Eres muy cercano a él?

—Hemos jugado videojuegos juntos.

El joven presidente Song cambió de tema.

—Señorita Chu, ¿por qué últimamente vas todos los días a Encanto? ¿Tu padre no te dice nada?

—No pueden controlarme.

Nada más decirlo, Chu Gege colgó.

Se puso los lentes de sol y lanzó un beso al apuesto empleado de la caja.

—Dale las gracias a tu jefe.

Subió a su auto y volvió a mirar el teléfono.

Seguía sintiendo que algo no encajaba.

Buscó a alguien y preguntó por el nombre de Pei Sheng. Solo entonces descubrió que Pei Sheng acababa de declararse en bancarrota y que, en el pasado, incluso había llegado a superar durante un tiempo a Cheng Zhiqing, quien actualmente ocupaba el primer puesto en el mundo empresarial de Ningcheng.

Chu Gege no entendía demasiado de guerras comerciales, pero al menos sabía lo básico.

Cheng Zhiqing era reconocido por todos como un verdadero hijo predilecto del cielo. Alguien que hubiera conseguido superarlo definitivamente tampoco podía ser una persona cualquiera.

Entonces, ¿Pei Sheng fingía estar en la ruina para que sus enemigos bajaran la guardia?

¿O tenía algún otro propósito?

Su cerebro no daba para analizar cuestiones mucho más profundas, pero inevitablemente comenzó a preocuparse un poco por aquel tontito de Gu Lin.

Parecía no saber prácticamente nada sobre Pei Sheng.

Le envió un mensaje.

Gu Lin ya estaba dentro del auto y tampoco sabía adónde iban. Miró el teléfono y descubrió que su jefa le había vuelto a escribir.

Ha llegado la señorita: Bebé, ¿sigues vivo?

LL: Vivito y coleando. (Saltando)

Solo con leer aquellas palabras, Chu Gege comenzó a preguntarse si Pei Sheng realmente sería incapaz.

Según el desarrollo habitual de las cosas, ¿no debería haber dejado ya a Gu Lin tan agotado que no supiera si estaba vivo o muerto?

Ha llegado la señorita: ¿Sabías que Pei Sheng conoce al dueño de Encanto?

Gu Lin soltó un confundido:

—¿Mm?

Y se volvió hacia Pei Sheng.

—¿Conoces al dueño de Encanto?

Pei Sheng echó un vistazo a la pantalla de su teléfono.

—Sí.

Gu Lin frunció el ceño.

¿Cómo podía conocer al dueño de Encanto?

Pei Sheng añadió tranquilamente:

—Le pedí que pagara tu arroz frito con huevo y los modelos masculinos que contrataste. Estoy en bancarrota y no tengo dinero para pagarlo.

Gu Lin:

«…Realmente merezco morir».

—Te devolveré el dinero. ¿Cuánto pediste prestado?

Se sentía bastante culpable.

—Doscientos mil.

Gu Lin abrió los ojos de par en par.

—¿¡Cuánto!?

—Doscientos mil —repitió Pei Sheng.

Gu Lin quedó estupefacto.

Apenas había conseguido ahorrar diez mil, y eso solo gracias al viático que había recibido por el viaje de trabajo con su jefa.

Sí.

Definitivamente podía morirse.

Gu Lin no lo entendía.

—Este… ¿los modelos masculinos son tan caros? El arroz frito con huevo solo costó diez mil.

Pei Sheng le lanzó una mirada indiferente.

—¿O pensabas que podías mirar más de ochenta abdominales gratis?

…

Gu Lin preguntó tentativamente:

—Entonces… ¿todavía podemos regresar para que hagas la entrevista en el club de modelos masculinos?

Pei Sheng giró la cabeza hacia él.

Gu Lin se silenció automáticamente.

Solo se atrevió a quejarse por dentro.

Doscientos mil…

¡Aunque lo vendieran, no podría pagar semejante cantidad!

Zhou Shaoran, que conducía y había escuchado toda la conversación, pensó:

«¿Gu Lin siempre ha sido tan divertido?».

Era capaz de creerse hasta una mentira tan absurda.

Tosió suavemente para contener la risa y preguntó a Pei Sheng:

—¿Adónde lo llevamos?

—¿Todavía no puedes regresar? —preguntó Gu Lin.

Había pensado que Pei Sheng ya había terminado la entrevista.

Pero todavía había asuntos de la empresa que Pei Sheng debía atender. Zhou Shaoran los había organizado el día anterior.

Lo principal era la licitación del proyecto de Nancheng de la próxima semana.

—Todavía no termino la entrevista.

Pei Sheng mintió sin que su rostro mostrara el menor rastro de vergüenza.

—Entonces regresaré a casa.

Gu Lin no quería retrasar la entrevista de Pei Sheng.

—¿Para qué quieres regresar? —preguntó Pei Sheng.

—Para hacer una transmisión en vivo. Mi jefa dijo que cuanto más tiempo transmita, más gente me verá.

Gu Lin había pasado toda la mañana hablando con su jefa sobre transmisiones en vivo.

Pei Sheng recordó que últimamente Gu Lin no hacía más que cosas poco apropiadas. Si lo dejaba regresar solo para transmitir, quién sabía qué clase de contenido provocativo terminaría haciendo.

Respondió fríamente:

—No.

—¿Por qué no?

Gu Lin lo miró desconcertado.

Pei Sheng buscó rápidamente una excusa.

—Porque me preocupa que vuelvas a menearle el trasero a Laduo. Él no puede defenderse de tus abusos.

Gu Lin apretó los dientes.

—¡No voy a hacerlo!

Pero protestar no sirvió de nada.

Pei Sheng lo llevó hasta un edificio y tomaron el ascensor directamente hasta el piso veintiocho.

Gu Lin jamás había estado en un lugar tan sofisticado.

El suelo estaba tan pulido que reflejaba a las personas. La decoración era sobria y sencilla, y la iluminación era brillante. Todos los empleados de los cubículos vestían de manera elegante e impecable, aunque, por alguna razón, sus rostros transmitían una tenue sensación de estar muertos por dentro.

Algunos miraban fijamente sus computadoras, mientras otros discutían asuntos de trabajo con sus compañeros.

Gu Lin jamás había visto una escena como aquella.

Ni siquiera había imaginado algo así.

Ahora seguía a Pei Sheng mientras atravesaba un lugar que, en otro tiempo, solo habría podido existir en sus sueños.

—Pei Sheng, ¿tú también trabajarás aquí en el futuro? —preguntó en voz baja.

Sus ojos estaban llenos de admiración.

—Tal vez.

Pei Sheng lo llevó hasta su propia oficina.

Todavía no habían colocado ninguna placa junto a la puerta y el interior solo tenía un sencillo sofá y un escritorio, así que nada permitía descubrir su verdadera identidad.

—Quédate descansando aquí. Si te aburres, puedes usar la computadora, pero no puedes hacer transmisiones en vivo.

Probablemente no tendría tiempo para vigilarlo mientras estuviera en la reunión.

—Está bien. A mi teléfono tampoco le queda mucha batería.

Gu Lin se sentó en el sofá.

—Ve a tu entrevista.

Pei Sheng no dijo mucho más. Salió, le dio algunas instrucciones a la secretaria que estaba afuera y después se marchó con Zhou Shaoran para asistir a la reunión.

Gu Lin permaneció solo en la enorme sala de descanso.

Después de mirar a su alrededor durante un rato, caminó hasta el ventanal y contempló la ciudad desde las alturas.

Era una ciudad demasiado próspera.

Apoyó la frente contra el cristal y sus ojos se llenaron de fascinación.

Era un mundo nuevo.

Un mundo que Pei Sheng le había permitido conocer.

Su teléfono volvió a vibrar varias veces.

Al tomarlo, vio los mensajes de su jefa y entonces recordó que no le había respondido lo anterior.

Ha llegado la señorita: ¿Dónde estás? ¿Dónde estás?

Ha llegado la señorita: ¿Pei Sheng de verdad está en bancarrota?

Gu Lin respondió que sí.

Después de pensarlo un momento, añadió:

LL: Para pagar todo lo de Encanto incluso terminó debiéndole doscientos mil a otra persona. (De rodillas)

Ha llegado la señorita: Cof, tampoco esperaba que te atraparan. Pero dime una cosa: ¿aprendiste algo o no?

LL: ¿Tal vez?

Ha llegado la señorita: ¡Esta noche toca ponerlo en práctica! Y el video que te mandé, ¿ya lo viste?

LL: Voy a verlo a escondidas ahora.

Después de responder, abrió el video que su jefa le había enviado antes.

La escena efectivamente pertenecía al reservado de Encanto.

Pero los protagonistas eran él y Pei Sheng.

Era precisamente el momento en que estaba sentado sobre su regazo.

El video era tan nítido que podía ver cada movimiento de Pei Sheng cuando había extendido la mano y lo había hecho sentarse directamente sobre sus piernas.

Incluso la forma en que lo miraba tenía una intensidad posesiva que hacía sonrojar a cualquiera.

Sus voces apenas se escuchaban, pero la mente de Gu Lin reconstruyó automáticamente aquella frase que Pei Sheng había pronunciado con voz grave:

«Todos lo harían».

Gu Lin no pudo evitar que las comisuras de sus labios se elevaran. Sus ojos se curvaron con una sonrisa mientras reproducía el video una y otra vez.

Así que esto sí era «material comprometedor».

Material comprometedor de Pei Sheng coqueteando con él.

El video le revolvió el corazón y lo dejó secretamente encantado.

Justo cuando estaba a punto de agradecerle a su jefa, la puerta se abrió.

Gu Lin levantó la cabeza por instinto.

Una mujer vestida con ropa profesional entró desde afuera. Llevaba una pequeña bandeja en las manos, tenía el cabello recogido en una cola de caballo y parecía muy competente.

Sin embargo, la mirada que dirigió hacia Gu Lin no tenía nada de amistosa.

Y su presentimiento no se equivocó.

La mujer se acercó con arrogancia, haciendo resonar sus tacones contra el suelo, y dejó sobre la mesa una taza de café todavía humeante.

Luego cruzó los brazos sobre el pecho y examinó a Gu Lin con una mezcla de desprecio y curiosidad.

Su tono estaba cargado de sarcasmo.

—Gu Lin, no esperaba que de verdad tuvieras cierta habilidad. Incluso conseguiste seguir tranquilamente al lado del presidente Pei.

Gu Lin frunció el ceño sin mostrar demasiado en el rostro.

En su interior, tuvo la vaga sensación de que aquella mujer era…

su rival amorosa.

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