Transmigré como un falso inocente y terminé siendo el favorito de todos - Capítulo 99
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- Capítulo 99 - Me hiciste palpitar el corazón de principio a fin
Antes, temiendo no poder concentrarse al repasar mentalmente los movimientos, Jian Ye simplemente se había puesto los tapones para los oídos que Yi Siyu le había preparado.
Eran dos cositas diminutas, pero una vez colocadas resultaban increíblemente eficaces. Todo el ruido a su alrededor desaparecía al instante y solo podía escuchar los latidos de su corazón y su propia respiración.
De no haber percibido que un desconocido se había acercado hasta quedar frente a él, Jian Ye ni siquiera habría abierto los ojos, mucho menos se habría dado cuenta de que aquella persona le estaba hablando.
—¡¿Por qué finges que no escuchas?! ¿Has venido aquí a propósito para fastidiar a la gente? —Tao Yi tenía el rostro teñido de ira.
Jian Ye se quedó perplejo y enseguida se hizo una idea de lo que estaba ocurriendo.
Probablemente aquel tipo había venido a buscarle problemas.
【Sistema 748: Hace un momento se burló del anfitrión. Dijo que no deberías participar en la competencia y que volvieras a practicar un poco más.】
【Jian Ye: Ah. Hay que saber corresponder a los demás. No pasa nada, también podemos burlarnos de él en igualdad de condiciones.】
Vestido con su traje blanco de danza y con aquel rostro exquisito, Jian Ye parecía un pequeño inmortal salido de una pintura, puro e inmaculado.
Se tocó despreocupadamente la oreja.
—¿Y tú quién eres?
Tao Yi se quedó sin palabras.
No esperaba que Jian Ye ni siquiera supiera quién era. Esto hizo que despreciara todavía más al otro, considerándolo un simple aficionado del departamento de danza.
—No importa quién soy. En cambio, tú eres conocido por todos pese a que tus habilidades ni siquiera están pulidas. Una cosa vistosa pero vacía como tú solo termina engañando a los más jóvenes —continuó burlándose Tao Yi sin ninguna consideración.
Jian Ye sonrió con sinceridad.
—Gracias por conocer incluso a alguien tan vistoso pero vacío como yo. Sin embargo, lo siento mucho, de verdad no lo conozco, sénior. Qué envidia me da su personalidad. Puede acercarse a conversar con alguien a quien acaba de conocer. ¡Es usted realmente sociable! No como yo…
El joven bajó tímidamente la cabeza.
—Yo tengo ansiedad social.
Y añadió:
—No me gusta hablar con desconocidos, sobre todo gritarles a personas que acabo de conocer. Eso sería muy maleducado.
Algunos de los presentes ya no pudieron contenerse y se taparon la boca para reír a escondidas. Aunque intentaron controlar el volumen, algunas risas terminaron escapándose.
Tao Yi se puso rojo de furia.
Sabía perfectamente que Jian Ye acababa de devolverle la burla.
Levantó el puño, incapaz de contener el impulso de golpearlo.
Era impulsivo y se enfurecía con facilidad. Las personas a su alrededor siempre le decían que, con ese carácter, era extremadamente fácil que ofendiera a los demás.
Pero a él jamás le importaba.
No le interesaba lo que pensaran los demás y siempre permitía que sus primeras impresiones dominaran sus actos.
Además, sus facciones eran bastante feroces, por lo que muchas personas se intimidaban nada más verlo.
En ese momento, Tao Yi no soportaba convertirse en el hazmerreír de todos y realmente quería darle una lección en público a aquel muchacho de apariencia delicada.
Sin embargo, todavía no había perdido completamente la razón.
Sabía que pelear antes de la competencia supondría la descalificación.
Además, los bailarines como ellos tampoco resolvían realmente sus problemas mediante la violencia.
Solo había levantado el puño para asustar a Jian Ye.
Pero Jian Ye ni siquiera intentó esquivarlo.
Permaneció sentado en el mismo lugar, mirándolo con aquellos ojos negros, vivaces y brillantes.
—Sénior, ¿usted practica danza o artes marciales?
En chino, las palabras «danza» y «artes marciales» tenían la misma pronunciación, pero Tao Yi entendió perfectamente lo que Jian Ye quería decir.
Aquel chico no le tenía miedo en absoluto.
Todos a su alrededor se habían quedado petrificados, convencidos de que ambos realmente terminarían enfrentándose.
Sin embargo, Tao Yi bajó lentamente el puño.
Se dio la vuelta y declaró con voz firme:
—Los bailarines hablan con su danza. Ya veremos quién es mejor en el escenario.
Jian Ye, sin embargo, no siguió su juego.
—Un bailarín solo compite consigo mismo. Ganar o perder no importa. Lo único que importa es disfrutarlo.
No permitiría que alguien tan arrogante y obstinado como Tao Yi marcara el ritmo de sus acciones.
Jian Ye quería dejar una obra suya en aquel escenario.
No había venido para ganar algún premio extraordinario ni para competir contra los demás.
Le gustaba aquella coreografía que todos habían trabajado arduamente para crear juntos.
No quería decepcionar las expectativas que la profesora Tang había depositado en él.
Por eso estaba allí.
Después de aquel pequeño incidente en la sala de espera, los participantes cuyos números eran anunciados fueron entrando uno tras otro al escenario.
Solo entonces Jian Ye comenzó a estirar las piernas y movilizar las articulaciones.
Cuando faltaba poco para su turno, sacó de su bolso una larga túnica blanca y, frente al espejo, se la colocó sobre los hombros antes de ajustar firmemente el cinturón.
De inmediato, toda su apariencia cambió.
Parecía resplandeciente, etéreo, casi inmortal.
—¡Guau! ¡El traje de Jian Ye es demasiado bonito!
—¿No parece hecho especialmente a medida? Los dos llevamos ropa blanca, ¿por qué la mía parece apagada mientras la suya literalmente brilla?
—Si no tuviera que prepararme para mi propia presentación, me convertiría inmediatamente en espectador y me sentaría abajo a verlo bailar. ¡Tengo demasiada curiosidad por saber cómo será su coreografía de hoy!
De pronto, el altavoz que anunciaba los números resonó en la habitación:
—¡Participante número 086, preséntese detrás del escenario para prepararse!
Ese tipo de anuncio se repetía tres veces.
Jian Ye era el participante número 086.
Justo cuando estaba a punto de salir de la sala de espera, alguien lo llamó.
Jian Ye se volvió confundido.
Era un chico joven, de mejillas completamente rojas por la timidez. Parecía haber pasado mucho tiempo reuniendo valor hasta que, finalmente, logró decirlo todo de golpe:
—¡Jian Ye! ¡Ánimo! ¡Todos confiamos mucho en ti!
Los demás también asintieron.
Jian Ye se quedó sorprendido durante un segundo.
Entonces sus ojos, llenos de luz, se curvaron en una sonrisa y agitó la mano hacia todos los presentes.
—Gracias. Mucha suerte a ustedes también.
Dicho eso, salió de la habitación.
Cuando la puerta se cerró, todavía alcanzó a escuchar vagamente las animadas conversaciones que quedaron amortiguadas detrás de ella.
Sin saber exactamente desde cuándo, cada vez había más miradas puestas sobre él.
Y también cada vez más voces llenas de buena voluntad.
Sería mentira decir que aquello no le generaba ninguna presión.
Aunque siempre lo elogiaban por su talento, Jian Ye sabía perfectamente que, sin esfuerzo ni sudor, el talento por sí solo no servía de nada.
Jian Ye no era un inmortal.
Él también se ponía nervioso.
Pero una cantidad adecuada de nervios podía convertirse en motivación y ayudarlo a liberar todo el potencial de su cuerpo.
Detrás del escenario, la iluminación era tenue.
Jian Ye cerró los ojos y meditó durante unos instantes.
Entonces se escuchó el anuncio:
—Invitamos al siguiente participante a subir al escenario. Presentará la obra de danza solista: «Efímera entre el Cielo y la Tierra». Intérprete: Jian Ye.
Esta vez, Jian Ye representaría mediante la danza la vida de una efímera, desde su nacimiento hasta su muerte.
La música comenzó.
Al principio solo se escuchó el sonido etéreo de un tambor, cuyas vibraciones se extendían en círculos como ondas sobre la superficie del agua.
Jian Ye permanecía agazapado en el suelo, abrazándose a sí mismo como un bebé.
Cada vez que el tambor vibraba, sus diez dedos se abrían siguiendo el sonido.
La efímera iba rompiendo poco a poco la membrana del huevo.
Nacía bajo el agua.
Jian Ye levantó la cabeza y extendió los brazos hacia arriba.
A continuación realizó un salto con apertura lateral completa, seguido de dos mortales laterales consecutivos. Tras aterrizar, enlazó tres giros bajos de barrido con inclinación profunda.
A la música se incorporó una ocarina.
El sonido, sin perder su cualidad etérea, se volvió mucho más claro y luminoso.
La efímera bajo el agua era libre.
Era alegre.
Nadaba entre las plantas acuáticas, agitando rápidamente la cola.
Las luces del escenario incidieron sobre la larga túnica blanca de Jian Ye.
Los bordados dorados del borde inferior desprendían destellos semejantes a ondas doradas sobre el agua.
Jian Ye realizó con ligereza un gesto de Chuan Yun Shou y, acto seguido, ejecutó un puente frontal aéreo con una suspensión sorprendentemente prolongada.
Durante aquel movimiento, su cuerpo pareció detenerse lentamente en el aire durante un instante.
Como si la persona sobre el escenario realmente se hubiera convertido en una efímera nadando bajo el agua.
Sin embargo, seguía siendo apenas una efímera joven.
Todavía no podía abandonar el agua.
No sabía qué aspecto tenía el mundo sobre la superficie.
Pero ya había aprendido a permanecer oculta.
A esperar.
La música se entrelazaba delicadamente y el ritmo del tambor comenzó a disminuir.
El joven sobre el escenario levantó suavemente el borde de su túnica, giró varias veces y saltó.
Sus pantorrillas se doblaron hacia atrás hasta que todo su cuerpo formó una «C» invertida, acercándose casi a la cabeza inclinada hacia atrás.
En ese preciso instante, una melodía apasionada irrumpió en medio de aquella vasta quietud.
Abrió una grieta en el silencio.
Como el resplandor del amanecer iluminando una inmensa superficie de agua.
Tras permanecer oculta durante meses, la efímera finalmente rompió la superficie.
Le nacieron alas.
Y comenzó a volar entre el Cielo y la Tierra.
Siguiendo exactamente aquel punto de la música, Jian Ye agitó las largas mangas que mantenía recogidas entre las manos.
Cuando las mangas de agua se desplegaron por completo, parecieron capturar el instante exacto en que la efímera emprendía el vuelo.
Las largas mangas revolotearon y danzaron en el aire, flexibles como cintas de seda.
Se cruzaban.
Flotaban.
Se entrelazaban.
Bajo las luces del escenario, la imagen resultaba deslumbrante.
Aquella sucesión de movimientos fluidos como agua corriente hizo que Jian Ye se fundiera por completo con la música.
El bailarín y la danza se volvieron uno.
La efímera que había roto la superficie del agua tenía una vida extremadamente breve.
Desde el instante en que adquiría sus alas, conocía su propio destino.
Pero ¿qué importaba nacer al amanecer y morir al anochecer?
Quería volar.
Solo quería volar con todas sus fuerzas.
Le bastaba con resplandecer una única vez antes del último instante de su vida.
Las mangas de agua regresaron.
Jian Ye comenzó a encoger lentamente el cuerpo.
Sus giros se hicieron cada vez más lentos.
Hasta que, poco a poco, regresó a aquella postura inicial de bebé abrazándose a sí mismo.
La efímera había muerto.
Había nacido en el agua.
Y al morir, regresaba al agua.
El último sonido de la música fue el de una gota cristalina cayendo.
Después, todo se detuvo abruptamente.
Jian Ye permaneció agazapado sobre el escenario.
Sus diez dedos todavía imitaban el movimiento provocado por la corriente: se abrían y cerraban lentamente.
Hasta que, finalmente, perdieron toda fuerza.
Y quedaron inmóviles.
Durante más de diez segundos después de que terminara la danza, ni siquiera el presentador logró reaccionar.
Solo cuando Jian Ye se levantó lentamente del suelo y se inclinó ante la mesa del jurado, el público pareció atreverse por fin a aplaudir.
Los aplausos fueron ensordecedores.
Según las reglas de la competencia, para no afectar la concentración de los bailarines, los espectadores debían esperar hasta el final de cada presentación antes de aplaudir.
La actuación de Jian Ye, sin duda, había dejado a todos maravillados y convencidos.
Varios bailarines veteranos que formaban parte del jurado no pudieron evitar inclinarse unos hacia otros para comentar.
—Este chico todavía no tiene veinte años. Tiene un futuro extraordinario por delante.
—Sus fundamentos son bastante sólidos. Además, se entrega por completo cuando baila y logra fusionarse muy bien con la música.
—Profesor Pei, si esto no merece un premio de oro, sería difícil justificarlo, ¿no cree?
—¿Tú crees que… solo merece un premio de oro?
……
Después de terminar su presentación, Jian Ye recogió sus cosas y se preparó para marcharse.
Seguramente Yi Siyu estaría haciendo lo mismo que él y ya habría regresado al auto para esperarlo.
Sin embargo, justo cuando estaba a punto de salir, se encontró de frente con aquel irritable chico de cabello rapado.
Jian Ye pensó que volvería a soltar algún comentario obstinado.
Para su sorpresa, Tao Yi simplemente lo miró con el ceño fruncido y una expresión que Jian Ye no logró comprender.
Jian Ye se tocó el rostro.
—¿Tengo algo en la cara?
Tao Yi no había podido resistirse y había ido tras bambalinas a observar la actuación de Jian Ye.
Aunque solo había conseguido verla a través de una pequeña abertura, lo que había presenciado le había causado una conmoción indescriptible.
Si hubiera estado sentado entre el público, podía imaginar lo intensa que habría sido la sensación.
Probablemente se le habría erizado todo el cuerpo.
Ahora quería retirar lo que había dicho anteriormente.
Pero su orgullo le impedía pronunciar aquellas palabras.
Al recordar cómo se había comportado antes en la sala de espera, sentía que había parecido un completo payaso.
—Admito que esta danza fue mejor que la que bailaste anteriormente… —soltó Tao Yi de repente.
Ni siquiera sabía qué decir.
Por eso aquella frase sonó bastante abrupta.
Jian Ye adivinó que probablemente había espiado su presentación.
Agitó despreocupadamente una mano.
—Lo siento, pero desde el principio hasta el final nunca necesité que reconocieras mi habilidad. Porque…
Jian Ye pasó directamente junto a él.
—No nos conocemos.
¿Por qué iba a necesitar la aprobación de un desconocido?
La competencia ya había terminado.
Lo importante era haber participado.
Se sentía casi como salir del aula después de terminar un examen.
Además, cierto familiar lo estaba esperando afuera.
Jian Ye pensó alegremente que solo necesitaba el reconocimiento de aquel familiar.
—¡Siyu-ge!
Al ver al hombre de pie junto al auto, erguido y elegante, Jian Ye corrió hacia él como un cachorro liberado de la correa y se lanzó directamente a sus brazos.
Con los ojos brillando como estrellas, levantó la cabeza y preguntó:
—¿Qué te pareció mi baile?
Yi Siyu bajó la mirada hacia la persona entre sus brazos y sonrió.
No dijo que hubiera sido bueno ni malo.
En cambio, respondió:
—Me hiciste palpitar el corazón de principio a fin.
Limpió el sudor de la frente de Jian Ye.
—De repente tengo ganas de encerrarte y no dejar que nadie más te vea. ¿Qué hago?
Jian Ye abrió mucho sus ojos de cachorro y se quedó petrificado.
¿Quiere jugar a encerrarme?
Presidente Yi, ¿podría fijarse primero en el mundo en el que vive?
¡Este es un hermoso mundo bañado por la armoniosa brisa de la civilización!