Transmigré como un falso inocente y terminé siendo el favorito de todos - Capítulo 86

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  4. Capítulo 86 - Mi Yeye
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El hombre se quedó atónito al ver al joven irrumpir de aquella manera tan impulsiva.

Jian Ye siempre conseguía tomarlo por sorpresa.

¿Cómo se suponía que un hombre normal debía resistirse cuando su propia esposa aparecía frente a él de aquella manera?

La mirada de Yi Siyu quedó clavada en la puerta.

La piel de Jian Ye, envuelta por el vapor del baño, parecía tan blanca que casi brillaba, y los dos pequeños puntos rosados sobre su pecho quedaban completamente expuestos.

—¿No te pedí que fueras a buscarme el pijama? Tú… ¿por qué entraste? —preguntó Yi Siyu con voz ronca, esforzándose por controlar el calor que se acumulaba en su cuerpo.

Jian Ye se quedó desconcertado.

Ya se había quitado toda la ropa y estaba parado frente a él.

¿Y ese hombre todavía estaba pensando en el pijama?

No me digas que…

¿Esto también formaba parte de lo que llamaban «coqueteo»?

Jian Ye lo comprendió de repente.

Ah.

Ya entendía.

Al presidente Yi le gustaba el pijama play.

¡Perfecto!

Entonces iría a ponerse uno de los pijamas de ese hombre.

Seguro que eso era exactamente lo que quería.

—Así que al hermano no le gusta que sea tan directo… Está bien.

Jian Ye se encogió de hombros, apartó con una mano el flequillo humedecido por el vapor y volvió a salir descalzo, pisando el agua.

Una serie de pequeñas huellas quedó marcada inmediatamente fuera del baño.

Yi Siyu:

—……

¿Ese pequeño realmente había entendido lo que él quería decir?

Jian Ye llegó al vestidor mientras seguía pensando qué color de pijama podría hacer que el presidente Yi perdiera el control con mayor facilidad.

¿Negro?

Como tenía la piel blanca, el contraste seguramente sería bastante atractivo.

Aunque el blanco tampoco estaba mal.

¿No le gustaba a ese hombre precisamente su apariencia de florecita blanca e inocente?

El rosa sería bastante provocativo.

Lástima que su presidente Yi no tuviera nada así.

Todo el armario era negro, blanco y gris…

Jian Ye abrió una puerta del armario y metió la mano.

Justo cuando estaba a punto de sacar cualquier prenda al azar, de pronto sintió algo húmedo rozarle el dorso de la mano.

¿Qué demonios?

¡¡¡Algo lo estaba lamiendo!!!

—¡Aaaah!

El grito del joven hizo que el corazón del hombre dentro del baño se apretara.

Para entonces, Yi Siyu ya se había puesto una bata.

—¿Qué pasó? ¡Yeye!

Le preocupaba que el «pequeño regalo» hubiera mordido al joven.

Después de todo, ya había comprobado anteriormente lo travieso que podía ser aquel cachorro.

Yi Siyu salió apresuradamente y corrió hacia el vestidor.

Pero cuando entró, se encontró con la siguiente escena:

Jian Ye sostenía entre las manos una «bola de nieve».

Tenía los ojos brillantes y la levantaba en alto mientras le decía:

—¡Esposo, te creció un perro dentro del armario!

Yi Siyu:

—……

—Chuchi, chuchi… Perrito, ¿por qué eres tan redondito? ¿Te pongo un nombre? Tu apodo será Qiuqiu. Y tu nombre completo…

Jian Ye pensó un momento.

—Que lleve mi apellido. ¡Te llamarás Jian Qiu!

En cuanto apareció el perro, todos los pensamientos que Jian Ye tenía sobre explorar los misterios de la vida desaparecieron.

Ni siquiera volvió a mirar al presidente Yi que estaba a su lado.

Yi Siyu tosió ligeramente.

—Ponte… ponte algo de ropa antes de seguir jugando con él. Te vas a resfriar.

Jian Ye hizo como si no lo hubiera escuchado.

Yi Siyu, impotente, sacó una bata del armario y se la colocó sobre los hombros.

Jian Ye no podía soltar al cachorro.

Solo después de jugar con él durante un rato dijo:

—Entonces lo de hoy de que tenías asuntos en la empresa… era mentira, ¿verdad?

—Mm.

A esas alturas, Yi Siyu ya no tenía nada que ocultar.

—Déjame adivinar… Estabas ocupándote de este pequeño.

Jian Ye sonrió.

—Mm.

Al ver lo feliz que estaba Jian Ye, Yi Siyu sintió que incluso haber terminado cubierto por las necesidades del cachorro había valido la pena.

En realidad, tenía cierta obsesión con la limpieza y tampoco le interesaban demasiado las mascotas.

Pero, inexplicablemente, en cuanto vio a aquel cachorro, pensó en Jian Ye.

Jian Ye jugó con el perrito hasta hacerlo soltar varios chillidos agudos.

Después de un rato, lo dejó fuera del vestidor.

Yi Siyu no entendió qué pretendía.

Pensó que simplemente quería dejar al cachorro libre por la casa.

Estaba a punto de salir cuando Jian Ye cerró la puerta del vestidor con el pie.

—Gracias por el regalo, hermano. Me encanta.

Jian Ye mostró una sonrisa radiante.

Después, bajo la mirada sorprendida de Yi Siyu, comenzó a agacharse lentamente.

—Yeye, tú…

La voz de Yi Siyu se convirtió en un gemido ahogado.

Las venas de sus manos sobresalieron y todos sus músculos se tensaron.

Jian Ye se humedeció los labios.

—No hables. Este es mi regalo de agradecimiento para ti.

……

……

El cachorro que había quedado encerrado fuera de la puerta:

—¿?

A Qiuqiu le encantaba su nuevo dueño.

Aquel nuevo dueño era muy bonito y además olía muy bien.

Le daba besitos, lo abrazaba y lo levantaba en alto.

Era completamente diferente del otro dueño de rostro frío que lo había mirado con desprecio después de que hiciera sus necesidades encima de él.

Qiuqiu quería acurrucarse junto a su nuevo dueño.

Pero…

¿Por qué lo había dejado fuera?

Qiuqiu comenzó a rascar desesperadamente la puerta con sus pequeñas patas, que todavía ni siquiera habían terminado de endurecerse.

Como sentado no conseguía hacerlo bien, se puso de pie y siguió rascando.

Después de un buen rato, su dueño continuaba sin aparecer.

Qiuqiu terminó cansándose.

Solo pudo acostarse junto a la puerta y jadear deprimido.

La bola de nieve se transformó en una tortita blanca extendida sobre el suelo gris de madera, donde resaltaba especialmente.

La pequeña bolita no tenía idea de que dentro del vestidor las batas y los pijamas ya estaban esparcidos desordenadamente por todas partes.

Su dueño favorito tenía la cabeza sostenida por el otro dueño.

Una gran mano estaba hundida entre el abundante cabello negro del joven, conteniendo cuidadosamente la fuerza.

Dentro de aquel espacio cerrado se mezclaban el aroma de las hormonas y la fresca fragancia corporal de Jian Ye.

De vez en cuando se escapaba un pequeño gemido.

Y, de vez en cuando, respondía un gruñido ahogado.

No se sabía cuánto tiempo había pasado cuando finalmente se abrió la puerta.

El sonido despertó al cachorro.

Su pequeño cuerpo dio un sobresalto y se puso de pie inmediatamente.

Al ver aparecer a su hermoso dueño, levantó la cabeza y ladró:

—¡Guau!

—Sé bueno. No ladres.

La profunda voz del hombre estaba ligeramente ronca.

Jian Ye tenía los labios húmedos y brillantes, ligeramente entreabiertos, como si le costara cerrarlos por completo.

Las marcas de lágrimas alrededor de sus ojos habían teñido de rojo sus comisuras, y sus pestañas seguían húmedas, como si acabara de llorar.

Yi Siyu llevó al joven en brazos hasta la cama.

El cachorro los siguió alegremente moviendo la cola.

Pensó que, ahora que su dueño había salido, por fin podría acurrucarse con él.

Sin embargo, el otro dueño de expresión fría lo levantó con una sola mano y comenzó a caminar hacia la puerta.

¿Y después…?

Cachorro:

—¿¿¿Guau, guau, guau???

Yi Siyu dijo:

—Juega solo por la casa. No te metas en huecos pequeños y vuelvas a atorarte la cabeza. La próxima vez no pienso salvarte.

Después cerró la puerta.

El cachorro volvió a repetir exactamente la misma escena de antes.

Rascó desesperadamente.

No obtuvo ningún resultado.

Y finalmente volvió a desplomarse frente a la puerta convertido en una pequeña tortita blanca.

Jian Ye, que estaba sobre la cama, vio al hombre regresar.

Quiso hablar, pero no consiguió emitir ningún sonido.

Tenía toda la boca entumecida.

Las mejillas le dolían muchísimo y la garganta le ardía.

Había imaginado que aquello podría resultar difícil.

Pero jamás pensó que llegaría al extremo de no poder hablar.

Jian Ye se cubrió los ojos con una mano.

Parecía que otra vez había terminado causándose problemas a sí mismo.

Aunque…

Había sentido claramente que el otro lo había disfrutado.

Entonces…

¿Ahora ese hombre estaría satisfecho?

El presidente Yi podía confirmar que sí.

Estaba muy satisfecho.

Y también bastante sorprendido.

Nunca había imaginado que el joven pudiera atreverse a llegar tan lejos.

Frente a una tentación semejante, simplemente no tenía capacidad para negarse.

Yi Siyu se subió a la cama y abrazó al joven.

Con voz ronca, murmuró junto a su oído:

—Mi Yeye…

Jian Ye se quedó inmóvil.

Vaya.

Habían desbloqueado otro apodo nuevo.

Al escuchar el tono del hombre, que parecía volverse cada vez más peligroso, Jian Ye tuvo la sensación de que esa noche probablemente volverían a necesitar cambiar las sábanas…

Por la mirada del hombre, parecía decidido a cobrarse todas las cuentas pendientes.

Si lo hubiera sabido, no lo habría provocado.

Antes de que una avalancha de besos volviera a caer sobre él, Jian Ye estiró una mano y apagó la luz principal.

Sin embargo, la pequeña lámpara junto a la mesita de noche iluminó claramente su rostro perdido entre el placer durante toda la noche.

La noche fue muy larga.

En el jardín, los jazmines blancos florecían silenciosamente, absorbiendo el rocío del aire bajo la luz de la luna.

La ventana había quedado abierta.

La brisa nocturna del verano se colaba silenciosamente, agitando las cortinas grises mientras la luz lunar aparecía y desaparecía dentro de la habitación.

El rostro del joven, envuelto entre luces y sombras, estaba tan rojo y hermoso como una flor en plena floración.

De pronto, una nube que flotaba por el cielo cubrió nuevamente la luna.

Parecía un fino velo ocultando un rostro.

La luz lunar se volvió borrosa.

Y la habitación quedó otra vez más oscura.

……

……

Cuando la respiración de Jian Ye se volvió finalmente tranquila y regular, Yi Siyu apartó suavemente el brazo que el joven mantenía alrededor de su cintura.

Se levantó de la cama y abrió despacio la puerta del dormitorio.

Cierta bolita también dormía profundamente afuera, soltando pequeños ronquidos de cachorro.

Yi Siyu sonrió y negó con la cabeza.

Se agachó, levantó al perrito con ambas manos y lo llevó hasta su cama.

No pudo evitar pensar:

¿Cómo puede haber alguien que duerma exactamente igual que un perro?

……

Al día siguiente.

Jian Ye despertó debido a una serie de pequeños gemidos junto a su oído.

Cuando abrió los ojos, descubrió que el hombre que había estado a su lado ya no estaba en la cama.

Solo él permanecía en el dormitorio.

Buscó de dónde venía el sonido.

El cachorro estaba apoyado contra el borde de la cama.

Como era demasiado pequeño, no conseguía saltar hasta arriba y solo podía lloriquea r con su vocecita infantil.

Jian Ye observó al pequeño esforzarse.

Compadecido, estiró una mano y levantó aquella bola de nieve hasta la cama.

Luego besó la cabeza del cachorro como si abrazara un peluche.

—Sí que sabes a quién buscar…

En cuanto abrió la boca, Jian Ye se quedó asustado por su propia voz.

¿Esa garganta tan ronca seguía siendo realmente la suya?

En su cabeza todavía resonaban una y otra vez las palabras que había escuchado durante toda la noche:

«Mi Yeye…»

Jian Ye hizo un puchero y abrazó a su pequeño Qiuqiu.

—Tú sí eres obediente. Mucho mejor que cierto perro macho.

El cachorro no sabía si había entendido o no.

Pero incluso respondió:

—¡Guau, guau!

El presidente Yi, que acababa de subir las escaleras y estaba a punto de entrar:

—……

Admitía que la noche anterior quizá se había excedido un poco.

Se tocó la nariz con cierta culpa.

Pero todo era porque su esposa resultaba demasiado tentadora…

Jian Ye no había notado a la persona que estaba afuera.

Como seguía agotado después de la noche anterior, jugó un rato con el cachorro y pronto volvió a quedarse dormido.

Qiuqiu también sabía perfectamente cómo disfrutar de la vida.

Se acomodó directamente sobre la almohada de Yi Siyu, se hizo una pequeña bola y comenzó a dormir junto a su hermoso papi.

El pelaje blanco y ligeramente rizado de Qiuqiu contrastaba claramente con el cabello negro y también un poco ondulado de Jian Ye.

Ambos eran suaves y esponjosos.

Juntos resultaban tan adorables que daban ganas de tocarlos.

Yi Siyu contempló aquella escena con una expresión extraordinariamente suave.

No pudo resistirse a sacar el teléfono y tomar una fotografía.

Después la guardó y la estableció como fondo de pantalla.

……

Muy distinta a aquella escena armoniosa era la situación actual dentro de la familia Jian.

Allí todo estaba patas arriba.

Cuando los miembros de la rama mayor se enteraron del desastre que su hijo había causado la noche anterior y de que el abuelo Jian lo había enviado directamente a la comisaría, entraron en pánico.

Jian Zhengqing y Zhu Yan ni siquiera habían asistido a la fiesta de cumpleaños de Jian Ye.

La noche anterior habían acudido a otro banquete de la alta sociedad.

Aquella pareja prefería asistir a la celebración de la hija de otra familia antes que al cumpleaños de su propio sobrino.

Al abuelo Jian tampoco le importaba demasiado lo que hicieran.

Nunca le había interesado realmente si el resto de aquellas personas asistía o no.

El objetivo principal de la fiesta de cumpleaños había sido presentar oficialmente a Jian Ye dentro del círculo social y ayudarlo a ampliar sus contactos.

—Papá, pase lo que pase, A-Song sigue siendo tu nieto biológico. ¿Cómo pudiste soportar enviarlo a la policía para que sufriera allí? Date prisa y haz que alguien lo traiga de vuelta. ¡Yo mismo lo disciplinaré como es debido! —suplicó Jian Zhengqing.

El abuelo Jian soltó una risa fría.

—¿Y qué importa que sea mi nieto? ¡Es el precio que merece pagar! Tú solo te preocupas por si tu hijo está sufriendo. ¿Acaso Yeye no sufrió? ¡Tu maravilloso hijo casi lo mata! ¡Y casi hizo que yo perdiera toda la dignidad delante de las demás familias importantes!

Solo recordar lo ocurrido el día anterior enfurecía al abuelo Jian.

Ni siquiera había ido a buscar personalmente a aquella pareja para darles una reprimenda.

Y, aun así, los dos habían venido ahora a pedirle que dejara ir a Jian Song.

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