Transmigré como un falso inocente y terminé siendo el favorito de todos - Capítulo 153
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- Capítulo 153 - El cálido sol de primavera
En el estudio también había algunos retratos de Yi Sizhe, aunque la mayoría seguían guardados en casa.
En aquel espacio mucho más privado, Zhuang Yao podía dejar que sus sentimientos se desbordaran y crecieran sin ninguna restricción.
Esta vez, durante la mudanza, Yi Sizhe había insistido en ir a ayudarlo. Zhuang Yao no pudo negarse y, temiendo que descubriera algo extraño, no tuvo más remedio que aceptar.
Durante todo el proceso hizo lo imposible por ocultarlo, pero al final tampoco logró escapar de los ojos del hombre.
Después de todo… con tantos cuadros, aunque consiguiera esconder uno, siempre habría otro que terminaría apareciendo por accidente.
Zhuang Yao temía que Yi Sizhe considerara su comportamiento un poco enfermizo, por lo que en su rostro apareció cierta inquietud.
Cuando Yi Sizhe dejó de hablar de repente, Zhuang Yao se puso todavía más nervioso.
El hombre contempló detenidamente cada uno de aquellos retratos de «sí mismo».
Los había de distintas épocas.
Una emoción indescriptible comenzó a surgir en su corazón.
Antes, había sido como un copo de nieve que caía sobre su palma y se derretía al instante, desapareciendo sin dejar rastro ni provocar sensación alguna.
Pero ahora, innumerables copos de nieve se habían acumulado unos sobre otros hasta formar una bola de nieve que continuaba creciendo, haciéndose cada vez más grande, hasta transformarse en una avalancha.
Bastó con rozarla ligeramente para que sepultara por completo su corazón…
Yi Sizhe ya no podía seguir ignorando todos aquellos sentimientos acumulados.
Avanzó dos pasos, atrajo al joven hacia sus brazos y, sujetándole la nuca con una mano, presionó su cabeza contra su pecho.
Sus cuerpos quedaron unidos y los latidos de sus corazones parecieron acercarse todavía más.
Pum, pum, pum…
—Debió ser muy duro amarme en secreto.
En cuanto escuchó aquellas palabras, a Zhuang Yao le ardió la nariz y sus ojos se enrojecieron.
Sus dedos se aferraron a la ropa del hombre con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
En realidad, querer a alguien podía ser algo feliz.
Pero cuando sabías que jamás recibirías una respuesta, solo podías liberar silenciosamente tus sentimientos en un mundo donde nadie pudiera verlos.
Con el paso del tiempo, aquello se convertía en costumbre.
Después, en entumecimiento.
Hasta el más pequeño atisbo de esperanza terminaba convirtiéndose en un lujo.
Los sentimientos de un amor secreto eran como las raíces de un gran árbol que crecían constantemente hacia las profundidades.
Se entrelazaban unas con otras, enterradas bajo una tierra que nunca veía la luz del día.
Sin embargo, eran incapaces de dejar de crecer.
Absorbían nutrientes y se volvían cada vez más fuertes.
Yi Sizhe sintió la humedad cálida contra su pecho y acarició suavemente la nuca de Zhuang Yao.
—Te hice esperar demasiado. Lo siento. A partir de ahora, me toca a mí amarte un poco más.
Aquellas raíces ocultas finalmente habían vuelto a ver la luz.
Ahora estaban cuidadosamente protegidas dentro de un recipiente de cristal transparente, brillando bajo el sol.
A-Zhe ge, no me arrepiento en absoluto de haberme enamorado de ti tan pronto…
……
La misma noche de la mudanza, algunos instintos terminaron inevitablemente por abrirse paso.
Sobre la suave cama, dos figuras se encontraban estrechamente entrelazadas.
—A-Zhe ge…
—¿Tienes miedo? Tendré cuidado.
El joven negó con la cabeza.
—No.
Pero su corazón latía deprisa.
Y estaba nervioso.
Dos personas sin experiencia, armadas únicamente con algunos conocimientos teóricos y lo aprendido en ciertos videos, avanzaban sin vuelta atrás en su exploración de los misterios de la gran armonía de la vida.
Al percibir la tensión de la persona bajo su cuerpo, el hombre inclinó la cabeza y besó sus labios.
—Abrázame fuerte.
Aquella forma de consolarlo alivió enormemente la tensión de Zhuang Yao.
Las cortinas automáticas comenzaron a cerrarse lentamente.
Una mano se extendió hacia la cabecera y la habitación quedó repentinamente sumida en la penumbra.
Durante aquella larga noche, las luces y las sombras se entrelazaron, las sábanas se agitaron una y otra vez y, finalmente, un cansancio extremo los arrastró juntos hacia el resplandor blanco oculto en la oscuridad.
Todo quedó en silencio.
Dos cuerpos se fundieron en uno, mientras únicamente se escuchaban jadeos y sollozos.
……
A la mañana siguiente.
Yi Sizhe fue el primero en despertar.
Al sentir el cálido cuerpo entre sus brazos, sonrió suavemente.
Zhuang Yao dormía de espaldas a él, envuelto en su abrazo.
Nada más abrir los ojos, Yi Sizhe vio una marca rojiza detrás de su oreja.
Las huellas de la pasión de la noche anterior eran imposibles de ocultar.
El hombre estaba de muy buen humor.
Se acercó y depositó otro suave beso sobre aquella marca.
Zhuang Yao dormía profundamente y no reaccionó en absoluto.
Probablemente estaba agotado.
Después de tantos años de abstinencia y de probar por primera vez el placer del amor, Yi Sizhe no había conseguido contenerse del todo.
El gran presidente Yi se sintió ligeramente avergonzado y se apresuró a levantarse de la cama.
Zhuang Yao no despertó lentamente hasta las dos de la tarde.
Las sábanas y las fundas ya habían sido cambiadas, y su cuerpo estaba limpio, seco y olía bien.
Salvo por el dolor y las molestias en algunas zonas, Zhuang Yao consideraba que su estado era bastante bueno.
Tsk.
Tampoco había sido tan exagerado como Jian Ye decía.
Al recordar su primera experiencia, Zhuang Yao se cubrió la cara con la manta y comenzó a reír hasta temblar.
¡Ah, casarse era maravilloso!
¡Ser adulto era maravilloso!
¡El amor era maravilloso!
Y las habilidades de A-Zhe ge… también eran realmente buenas…
—¿Ya despertaste? Come algo.
Al ser descubierto en plena euforia, Zhuang Yao se quedó rígido sobre la cama.
Bajó la manta y le dedicó al hombre una sonrisa tonta.
—B-Buenos días.
—Ya no es temprano. Si duermes un poco más, será hora de cenar.
—……
Diez minutos después, Zhuang Yao estaba comiendo los platos que Yi Sizhe había preparado personalmente.
—La presentación no quedó demasiado bien. La próxima vez intentaré mejorar.
—¡No! ¡Está delicioso! —Zhuang Yao negó con la cabeza—. ¿Es la primera vez que cocinas, A-Zhe ge?
—Mm. Le pedí rápidamente a la empleada de casa que me enseñara. Por ahora solo sé preparar estos platos sencillos.
Yi Sizhe parecía un estudiante esperando que su profesor calificara su tarea, mirando fijamente a Zhuang Yao.
—Está delicioso, de verdad. No te estoy mintiendo. ¡Soy la primera persona que prueba la comida que preparaste! ¡Estoy muy feliz!
Aquellas manos de su A-Zhe ge eran las mismas que dominaban el mundo empresarial y financiero, las mismas que podían firmar contratos de cientos de millones en cuestión de minutos.
Y ahora habían entrado en la cocina para cocinar para él.
Zhuang Yao estaba profundamente conmovido.
Yi Sizhe había dicho que, de ahora en adelante, le tocaría a él amarlo un poco más.
Y lo decía en serio…
Zhuang Yao terminó todos los platos sin dejar nada.
Después de comer, Yi Sizhe comentó:
—Xiaoyu dijo que hay un medicamento que funciona muy bien. Me lo recomendó…
—¡¡¡!!!
Zhuang Yao sintió como si le hubiera caído un rayo encima.
—A-Zhe ge, tú… ¿¡fuiste a preguntarle a Siyu sobre estas cosas!?
De repente quiso morirse un poco.
Solo imaginar a Yi Sizhe preguntándole con toda seriedad a su hermano menor sobre los cuidados posteriores a la «gran armonía de la vida» hizo que Zhuang Yao sintiera tanta vergüenza que los dedos de sus pies casi podían excavar un departamento de tres habitaciones.
Yi Sizhe pareció comprender finalmente por qué estaba tan avergonzado y bajó la mirada.
—Es una cuestión de salud y no se puede descuidar. Él tiene más experiencia que yo. Es mejor preguntarle a él que a un desconocido. ¿No crees, A-Yao?
¡No, no lo creo!
Zhuang Yao gritó mentalmente.
Sin embargo, Yi Sizhe se veía tan serio que tampoco tuvo corazón para reprocharle demasiado.
Quizá entre aquellos hermanos realmente no existían secretos.
Qué familia tan amorosa y unida.
Más tarde, Zhuang Yao decidió abandonar toda dignidad y se lo contó directamente a Jian Ye.
Jian Ye se rio tanto por teléfono que apenas podía contenerse.
—¡Jajajajajajaja! El hermano mayor es demasiado adorable. Se nota que ya te quiere muchísimo. Pero, hablando en serio, ese medicamento sí funciona. La recomendación de mi esposo no está nada mal.
Al escuchar la risa completamente desvergonzada de Jian Ye, Zhuang Yao también comenzó a hablar sin ningún pudor.
—Yo ni siquiera siento dolor, Xiao Yezi. Parece que todavía no eres tan impresionante como tu hermano mayor. Antes me dijiste que no podría levantarme de la cama durante tres días, pero yo podría salir a trabajar ahora mismo si quisiera. Aunque A-Zhe ge insiste en que descanse unos días, así que haré el sacrificio de cooperar con él.
Jian Ye:
—……
Zhuang Yao continuó con orgullo:
—Je, je. Mi esposo es muy bueno en eso y además es gentil y considerado. Yo estuve muy cómodo. Nada de lo que tú dijiste me pasó. ¿Será que Yi Siyu no sabe tratarte con delicadeza? Mira que hacerte doler hasta el punto de necesitar medicamentos… Tsk, tsk, tsk.
—Yaoyao, como tu hermanito, déjame darte un consejo: jamás levantes una bandera de esas. Uno no debe presumir demasiado.
—Xiao Yezi, no te enfades. Solo estaba bromeando. Definitivamente no estoy diciendo que Yi Siyu sea malo en eso. No pienses demasiado.
—Yaoyao, está aquí a mi lado.
—……
Otra voz llegó desde el teléfono.
—Zhuang… Yao…
Zhuang Yao colgó a toda velocidad.
¡Había hablado mal de alguien y el propio implicado lo había escuchado!
Yi Siyu probablemente querría perseguirlo con un cuchillo.
Después de terminar aquella llamada, Zhuang Yao se aburrió tanto en casa que finalmente terminó entrando otra vez en su estudio para pintar.
Nada más levantar la cabeza, vio al hombre trabajando seriamente en el edificio de oficinas de enfrente.
¿Por qué el paisaje desde allí era tan hermoso?
Podía contemplarlo una y otra vez sin cansarse jamás.
Mirando la figura de Yi Sizhe concentrado en su trabajo, Zhuang Yao tomó el lápiz y rápidamente trazó un boceto.
La luz del sol atravesaba el cristal y formaba un halo luminoso.
El hombre dentro de aquella luz era extraordinariamente apuesto.
……
Después de varios meses de preparativos, la boda finalmente se celebró durante un fin de semana de primavera.
Sobre el césped al aire libre se reunieron algunos invitados de los círculos de la alta sociedad, además de altos ejecutivos de empresas que mantenían buenas relaciones comerciales con el Grupo Yi.
Por primera vez en muchos años, Zhuang Yao vio a sus padres.
Según había oído, habían regresado desde el extranjero.
Miró al hombre que sostenía su mano y supo que seguramente A-Zhe ge había intervenido nuevamente para organizarlo.
Aunque la relación con sus padres, divorciados desde hacía tantos años, ya se había enfriado bastante, verlos presentes en su boda y recibir sus bendiciones hizo que Zhuang Yao se sintiera muy feliz.
Finalmente, el maestro de ceremonias llegó al último paso.
—¡Que los dos novios intercambien sus anillos y después se besen todo lo que quieran!
Los cañones de confeti estallaron.
Pétalos blancos revolotearon por el aire.
Las dos figuras se abrazaron armoniosamente y compartieron un beso.
Entre las bendiciones y aplausos de los invitados, la ceremonia llegó a un final perfecto.
Después, Yi Sizhe fue arrastrado a brindar con los invitados.
También había amigos y conocidos del mundo empresarial con quienes debía socializar, así que le pidió a Zhuang Yao que regresara primero a descansar.
Zhuang Yao asintió obedientemente.
Casarse era realmente agotador.
Había tenido que levantarse temprano para cambiarse, arreglarse y prepararse, además de familiarizarse de antemano con todo el procedimiento.
Ninguna parte podía salir mal.
Nada más regresar a casa, Zhuang Yao se dio una cómoda ducha caliente para aliviar el cansancio de su cuerpo.
Después se acostó y comenzó a sentir sueño.
No tardó en quedarse dormido.
No supo cuánto tiempo había pasado.
Mientras todavía estaba sumido en sus sueños, sintió vagamente que alguien lo estaba besando.
Zhuang Yao abrió los ojos adormilado y se encontró con aquellos profundos ojos ligeramente embriagados.
Yi Sizhe olía a alcohol.
Parecía haberse duchado, porque el aroma no era demasiado fuerte ni desagradable.
—A-Zhe ge, ¿bebiste demasiado?
Zhuang Yao percibió que Yi Sizhe estaba mucho más apasionado de lo habitual y llegó a esa conclusión.
—A-Yao, te extrañé.
Sin importarle nada más, el hombre volvió a besarlo y continuó descendiendo.
El cuerpo de Zhuang Yao no tardó en calentarse.
Era su noche de bodas.
Naturalmente, correspondía consumar el matrimonio.
No hacía falta decir nada.
Rodeó el cuello del hombre con los brazos y respondió a sus caricias.
Había pensado que sería como las veces anteriores: gradual, paciente y considerado.
Pero aquella noche, la tormenta fue intensa y feroz.
Llegó repentinamente, sin darle tiempo a prepararse, empapándolo por completo de pies a cabeza.
Zhuang Yao era claramente un pez dentro del agua, pero la falta de aire lo impulsaba a intentar alcanzar la superficie.
El agua era demasiado profunda.
Nadaba desesperadamente hacia arriba intentando escapar, pero la tormenta volvía a golpearlo una y otra vez, hundiéndolo de nuevo y arrastrándolo hacia aguas cada vez más profundas.
Al recordar las palabras de Jian Ye advirtiéndole que no presumiera demasiado, Zhuang Yao quiso llorar.
Nunca volvería a burlarse de él.
Aquella fue realmente una hermosa e inolvidable noche de bodas.
Después de aquella noche, el camarada Zhuang permaneció tendido como un cadáver durante tres días.
No podía moverse en absoluto.
Más tarde se enteró de que todo había sido culpa de ese intrigante Yi Siyu, que había soltado ciertos comentarios delante de A-Zhe ge.
—¿Qué demonios le dijiste? —preguntó Zhuang Yao sin fuerzas.
—Nada especial. Solo cambié el sujeto de aquello que dijiste sobre que yo «no era bueno».
Yi Siyu se limpió despreocupadamente una oreja.
—¡Mierda! Tú… ¿¡cómo te atreviste a decir que A-Zhe ge no era bueno!? ¡Yi Siyu, voy a matarte!
—No te emociones. Yo nunca dije eso. Fue mi hermano mayor quien lo malinterpretó. Pensó que a ti no te gustaba que fuera demasiado gentil.
¡Lárgate!
Zhuang Yao arrojó el teléfono a tres metros de distancia.
El aparato se deslizó hasta la puerta.
Yi Sizhe se inclinó para recogerlo.
Llevaba puesto un adorable delantal verde de ranitas y entró sosteniendo el almuerzo.
—Cariño, es hora de comer.
—Lo siento. Te hice daño.
La actitud de Yi Sizhe al disculparse era impecable.
Durante aquellos tres días había cuidado de Zhuang Yao hasta el más mínimo detalle.
Y ahora, con aquel cambio en la forma de llamarlo, el enfado de Zhuang Yao desapareció en un segundo.
Con el rostro enrojecido, aplicó inmediatamente un doble rasero.
—No pasa nada. Me gustas de cualquier manera.
—Y yo amo todo de ti.
Ambos se miraron.
Y en aquella tarde de primavera, sonrieron cálidamente el uno al otro.