Transmigré como el hermoso hombre embarazado del protagonista obsesivo - Capítulo 49

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Las cinco palabras «Mi querido esposo» estaban tachadas, de modo que al comienzo de la carta solo quedaba el nombre de Heng Shi.

Heng Shi siguió leyendo:

Me fui. Quizá no vuelva. Encontraré la manera de cuidar bien del bebé; crecerá sano y fuerte, así que no tienes que preocuparte.

Quizá entre nosotros ocurrieron demasiadas cosas que salieron mal y por eso terminamos así. Esta no es la clase de relación que busco, así que, después de pensarlo mucho, decidí marcharme. Creo que no somos muy compatibles para vivir juntos.

Esta noche hay muchas estrellas. Creo que mañana hará buen tiempo. Espero que eso te ayude a sentirte un poco mejor. Te deseo que todo vaya bien.

La expresión de Heng Shi cambió ligeramente. Permaneció inmóvil unos instantes antes de doblar cuidadosamente la carta.

—¿Por qué pones esa cara? ¿No fuiste tú quien lo dejó marcharse? —El doctor Jiang estaba de pie en el pasillo, fuera de la habitación.

Heng Shi presionó con fuerza el dedo sobre su anillo de bodas.

—Pensé que, ya que no puedo retenerlo, sería mejor cambiar de estrategia y volver a conquistarlo. Pero lleva dos o tres días fuera y apenas puedo soportarlo.

—¿Ya lo extrañas?

—Si pudiera soportar separarme de él, no habría buscado la manera de mantenerlo atrapado a mi lado. Nunca he podido dejarlo ir.

Heng Shi apretó todavía más los dedos.

—El segundo día ya casi termina. ¿Aún no vas a ir?

—Mañana. Primero hay que dejar que el pez ronde el anzuelo un poco. Si muerde demasiado rápido, no lo apreciará. —Heng Shi deslizó la yema de los dedos sobre la carta que descansaba en la mesa—. Sería mejor que terminara igual que yo. Quiero verlo perder el control por mí.

—No entiendo el amor de ustedes los jóvenes. —El doctor Jiang se encogió de hombros.

……

Zou Beiqi tomó una fotografía del mapa que había en la entrada del complejo e intentó seguir las indicaciones para dirigirse al Edificio de Laboratorios N.º 1 que Xie Jingyuan le había mencionado.

Como era de esperar, se perdió.

Xie Jingyuan probablemente seguía ocupado trabajando, y a Zou Beiqi le daba vergüenza molestarlo. Ya se sentía bastante incómodo por haber hecho que enviara un automóvil a recogerlo; si además tenía que pedirle que saliera a buscarlo para guiarlo, sentiría que había venido para que Xie Jingyuan lo atendiera como a un ancestro.

Continuó estudiando el mapa de su teléfono e incluso intentó utilizar una aplicación de navegación, pero el área era demasiado pequeña y el navegador no podía indicarle el camino.

A esas horas casi no quedaba nadie en el complejo. Las farolas seguían encendidas, pero bajo su luz no se veía ni una sola persona.

Zou Beiqi se armó de valor y continuó avanzando en una dirección cualquiera, tratando de deducir su ubicación a partir de los edificios cercanos.

Antes de conseguir orientarse, chocó inesperadamente con algo que tenía delante.

Era una persona.

Zou Beiqi reaccionó y, por instinto, se protegió el abdomen.

—Lo siento.

Como por fin había encontrado a alguien, naturalmente pensó en preguntarle cómo llegar al Edificio de Laboratorios N.º 1.

Sin embargo, cuando levantó la cabeza y se encontró con los ojos de la persona frente a él, fue incapaz de pronunciar una sola palabra.

—Te encontré. —Heng Shi sonrió ampliamente.

—¿Por qué estás aquí?

—Esta es mi empresa. ¿No debería ser yo quien te preguntara por qué estás aquí? —Heng Shi pareció encontrar divertida la pregunta—. ¿A quién viniste a buscar?

—Al Edificio de Laboratorios N.º 1. Tengo que hablar de algo con Xie Jingyuan.

La sonrisa desapareció inmediatamente del rostro de Heng Shi.

—Ya veo. Así que fue por él que dejaste de lado a tu esposo.

—No. Me lo encontré por casualidad.

—No te pongas nervioso. No te estoy culpando.

Aunque el rostro de Heng Shi parecía completamente sereno, su voz era tan fría que parecía capaz de congelar a cualquiera.

—Como no encuentras el camino, te llevaré.

……

Zou Beiqi caminó detrás de Heng Shi y ninguno de los dos dijo una palabra.

Heng Shi no parecía tener la menor intención de llevárselo de regreso a la villa. Incluso después de enterarse de que había venido a buscar a Xie Jingyuan, parecía no importarle demasiado.

Aquello hizo que Zou Beiqi se sintiera inexplicablemente incómodo.

—¿Leíste la carta que te dejé? —Después de mover los labios varias veces, finalmente se decidió a preguntar.

—Sí. ¿Por qué?

—Por nada.

¿No tenía nada que decirle?

Zou Beiqi pensó que tenía sentido. Si Heng Shi hubiera sentido algo al leerla, no habría pasado dos o tres días sin ponerse en contacto con él.

El ambiente se volvió sumamente incómodo.

Finalmente, fue Heng Shi quien rompió el silencio. Le preguntó cómo estaba el bebé últimamente y si había sentido alguna molestia.

—Después de todo, soy el padre del bebé. Pase lo que pase, tengo que hacerme responsable de él.

Solo era por el bebé.

—No es nada grave. Vine para que Xie Jingyuan me eche un vistazo.

Los pasos de Heng Shi se detuvieron abruptamente, pero enseguida volvió a caminar con naturalidad.

—Me quedaré una temporada en Yujing para cuidarte.

—¿Y la sede central…?

—La empresa no va a dejar de funcionar solo porque yo no esté. Si ocurre algo importante, regresaré. Mañana contrataré algunas niñeras para que se encarguen de tus necesidades diarias.

—…Gracias.

Zou Beiqi se detuvo junto a Heng Shi.

En el vestíbulo del edificio había sofás para recibir visitas. Al parecer, aquel lugar se utilizaba con frecuencia para atender a personas que acudían a realizar visitas o inspecciones.

—Siéntate primero. Arriba están los laboratorios y no se permite la entrada a personas ajenas.

Zou Beiqi obedeció y se sentó en uno de los sofás. Heng Shi tomó asiento a su lado.

—¿Dónde vives ahora?

—En un departamento cerca de aquí —respondió con sinceridad.

—Te llevaré de regreso más tarde.

—¿Por qué?

—¿Necesito una razón para llevarte? Es más seguro que un hombre embarazado tenga a alguien cuidándolo.

—El conductor de Xie Jingyuan puede llevarme.

Zou Beiqi tampoco tenía claro qué distancia debía mantener ahora con Heng Shi, así que decidió ahorrarse por el momento aquella clase de preocupaciones.

El rostro de Heng Shi se ensombreció imperceptiblemente.

—Como quieras.

Zou Beiqi se quedó inexplicablemente desconcertado.

—¿No tienes nada más que decirme?

—No.

Fue como si un globo inflado dentro de su pecho hubiera sido perforado de pronto por una diminuta aguja. El aire comenzó a escapar muy lentamente, sin ningún estruendo, dejando tras de sí una sensación difícil de describir.

Él quería que Heng Shi y él siguieran con sus vidas por separado.

En teoría, no debería sentirse así.

Zou Beiqi expulsó de una vez aquella sensación y adoptó una expresión indiferente.

—Entonces dejaré que Xie Jingyuan me lleve de regreso. Puedes seguir con tu trabajo.

La mano que Heng Shi tenía apoyada sobre el sofá se cerró de inmediato en un puño, aunque enseguida consiguió aflojarla.

Se acomodó la chaqueta del traje; aunque llamarlo «acomodarla» quizá era demasiado generoso, porque estuvo a punto de desgarrarla en dos.

—Mm. Me voy.

Zou Beiqi frunció el ceño.

¿Qué clase de tono era ese?

¿No acababa de decirle que hiciera lo que quisiera? ¿Ahora con qué había ofendido al joven amo Heng?

……

Después de ver a Xie Jingyuan, Zou Beiqi regresó a su edificio en el automóvil del otro.

Tras ducharse, se acostó y no tardó en quedarse dormido.

A la mañana siguiente, apenas despertó, abrió el teléfono y vio un mensaje de Heng Shi:

Heng Shi: 【Envíame tu dirección.】

Zou Beiqi: 【¿Mm?】

Heng Shi: 【La niñera irá más tarde.】

Zou Beiqi estuvo a punto de preguntarle si aquella niñera también lo vigilaría, pero recordó la actitud de Heng Shi la noche anterior y dedujo que, al parecer, ya no le interesaba saber con quién estaba ni qué hacía.

Así que le envió su ubicación sin darle demasiadas vueltas.

No sabía de qué empresa de servicio doméstico había contratado a la niñera para que trabajara con tanta eficiencia, pero apenas veinte minutos después de enviarle la dirección, alguien llamó a la puerta.

Zou Beiqi fue a abrir casi por reflejo.

—¿Heng Shi?

—¿No vas a invitarme a pasar?

Así fue como, un momento después, Zou Beiqi y Heng Shi terminaron sentados frente a frente, separados por la mesa de centro.

Zou Beiqi estaba a punto de levantarse para servirle una taza de té a su visitante cuando Heng Shi lo detuvo.

—Lo estuve pensando. Ya estás cerca de los seis meses. Cuando llegues a los siete, prácticamente tendrás que empezar a prepararte para ingresar al hospital y esperar el parto. Ya no falta mucho para que nazca el bebé.

—¿Qué quieres decir?

—Voy a cuidarte personalmente durante este tiempo. —Heng Shi habló sin cambiar de expresión, como si estuviera tratando un asunto rutinario de la empresa—. Pedí una licencia larga. Además, tengo que vivir contigo para poder cuidarte.

—No necesito necesariamente que tú me cuides.

—Xie Jingyuan dijo que casi te desmayaste en el metro.

Al decir aquello, Heng Shi ya no pudo ocultar la preocupación de su rostro.

—¿Eso tampoco te parece suficiente motivo?

Llegados a ese punto, Zou Beiqi realmente no sabía cómo refutarlo.

—Este es solo un departamento pequeño y corriente. No estás acostumbrado a vivir en un lugar así.

—¿Cómo voy a saberlo si nunca lo he intentado?

—Solo hay una habitación. Y la cama es individual.

—Habla con el propietario y pídele que la cambie por una cama matrimonial. —Heng Shi extendió la mano hacia él—. Dame el teléfono. Yo hablaré con él.

Zou Beiqi dejó escapar un suspiro casi imperceptible.

Parecía que Heng Shi estaba decidido a quedarse allí.

Encontrárselo inesperadamente la noche anterior ya había sido bastante incómodo. Ahora aquello no se diferenciaba en nada de vivir bajo el mismo techo con un exnovio.

No tuvo más remedio que abrir la conversación con el propietario y entregarle el teléfono.

Poco después, Heng Shi se lo devolvió.

—Aceptó.

Zou Beiqi revisó la conversación.

Realmente había aceptado.

¿Heng Shi, que estaba acostumbrado a vivir en una enorme villa, iba a apretujarse con él en aquel pequeño departamento?

A Zou Beiqi le costaba imaginarlo.

Esa misma tarde, alguien llevó el equipaje de Heng Shi. La niñera que había contratado también se presentó y hasta entregaron la nueva cama.

En apenas un día, Heng Shi había dejado absolutamente todo organizado.

Nadie creería que no lo tenía preparado de antemano.

Aunque, pensándolo bien, tampoco faltaba demasiado para el nacimiento del bebé. Que Heng Shi le diera tanta importancia no era del todo extraño.

Después de pedir licencia, Heng Shi ya no tenía que regresar a la empresa. En casa vestía de manera muy informal: una sencilla sudadera y pantalones largos que, en él, lo hacían parecer un joven universitario de porte extraordinario.

Además de sus artículos personales, Zou Beiqi no esperaba que Heng Shi trajera también una maceta de rosas rojas.

Había muchas rosas rosadas, pero las rojas solo podían ser aquellas que Heng Shi le había regalado.

La maceta quedó junto a la ventana.

Zou Beiqi no pudo evitar preguntar:

—¿Por qué la trajiste?

—Es bonita. Me gusta.

Heng Shi lo miró directamente a los ojos al responder.

—Ya veo.

A esas horas, Zou Beiqi normalmente se quedaba en casa leyendo para pasar el tiempo. Sin embargo, con Heng Shi sentado frente a él, era incapaz de concentrarse siquiera en una línea.

—¿Qué estás leyendo?

—Una guía para el embarazo.

La conversación murió incómodamente allí.

Zou Beiqi no tenía intención de buscar otro tema, pero Heng Shi parecía no querer dejarlo tranquilo.

—¿No sería mejor preguntarme a mí?

Le quitó el libro de las manos y, de repente, el rostro de Heng Shi quedó demasiado cerca del suyo.

Zou Beiqi apartó la mirada por instinto.

—Si necesito algo, te preguntaré.

El cálido aliento de Heng Shi casi rozaba su mejilla.

¿Qué estaba haciendo otra vez?

¿Acaso lo que había escrito en aquella carta no había sido suficientemente claro?

Heng Shi extendió una mano hacia sus labios.

Zou Beiqi creyó que al instante siguiente sentiría sus dedos sobre ellos, pero la mano cambió de dirección y terminó junto a su oreja.

—Tenías el cabello desordenado.

—Ah.

—Sería más cómodo que me preguntaras a mí.

—Lo sé. Lo haré.

Heng Shi retiró inmediatamente el rostro.

Sin saber por qué, Zou Beiqi dejó escapar un suspiro de alivio.

¿Lo estaba provocando o aquello era una especie de venganza?

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