Transmigré como el hermoso hombre embarazado del protagonista obsesivo - Capítulo 26
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Zou Beiqi sostuvo la mirada de Heng Shi y vio cómo algo parecía apagarse en sus ojos. Vaciló durante un buen rato antes de tomar una de las entradas que Heng Shi tenía en la mano.
—Yo… no quise decir eso. Iré contigo.
—No te estoy obligando.
—Voy porque quiero.
Zou Beiqi fingió examinar detenidamente la entrada.
—He oído hablar de esta película. Llevo mucho tiempo queriendo verla.
En realidad, jamás había oído hablar de ella.
—Mm.
Heng Shi no pudo contener una sonrisa.
En realidad, Heng Shi era mucho más perspicaz de lo que Zou Beiqi imaginaba. A través de pequeños gestos y unas cuantas palabras, no solo se había dado cuenta de que Zou Beiqi no conocía aquella saga romántica, sino que también sabía perfectamente qué métodos utilizar para ablandarlo.
Mucho tiempo después, durante los largos días en que Zou Beiqi estuvo bajo vigilancia, se preguntaría incontables veces si caer en la trampa de Heng Shi había sido inevitable.
Solo al recordar uno por uno todos los detalles de su convivencia con él se daría cuenta de que, desde el principio, nunca había tenido otra opción.
……
Era evidente que Heng Shi había investigado de antemano. Según los comentarios de los internautas, si no se había visto la primera película, algunos detalles de la segunda podían resultar difíciles de comprender, así que le preguntó a Zou Beiqi si quería verla primero en casa para ponerse al día.
A Zou Beiqi le sobraba tiempo libre, por lo que naturalmente no tuvo ninguna objeción.
Cuando Heng Shi estuvo en casa, lo llevó a una sala dedicada exclusivamente a ver películas. Según le explicó, los muebles habían sido elegidos y distribuidos siguiendo principios acústicos para ofrecer la mejor experiencia auditiva posible, y tanto la iluminación como el proyector estaban especialmente pensados para mejorar la experiencia visual.
—Siéntate aquí.
Heng Shi señaló el sofá situado en el centro de la sala.
Zou Beiqi obedeció y se sentó en uno de los extremos. Heng Shi tomó asiento a su lado y, tras manipular algunos controles, apareció una imagen en la pantalla.
La película comenzaba con la protagonista viviendo en una bulliciosa metrópolis.
Zou Beiqi vio atentamente la primera mitad. Cuando los protagonistas finalmente se confesaron sus sentimientos, todavía quedaba más de la mitad de la barra de reproducción.
Hizo un rápido cálculo mental.
Estaba convencido de que más adelante romperían.
Antes de que pudiera comprobar su predicción, el repiqueteo de la lluvia comenzó a llegar hasta sus oídos.
Las cortinas estaban completamente cerradas, pero ni siquiera necesitaba abrirlas para saber que afuera estaba lloviendo.
El sonido fue intensificándose hasta empezar a interferir con el audio de la película.
Heng Shi frunció el ceño. Dijo que en su momento había pedido expresamente que instalaran material aislante, pero, por alguna razón, se había producido un error y no lo habían colocado. Tendría que llamar a alguien otro día para que lo instalaran.
—¿Quieres seguir viendo?
—Claro. Todavía se entiende lo que dicen.
Apenas terminó de hablar, un trueno estalló violentamente en el exterior.
El estruendo fue ensordecedor, como si el rayo hubiera caído directamente sobre la pared exterior de la villa.
El cuerpo de Zou Beiqi se estremeció por reflejo.
Heng Shi extendió una mano para sujetarlo suavemente por el hombro.
—¿Estás bien?
—Sí.
Zou Beiqi no le tenía miedo a los truenos. Simplemente lo había sobresaltado aquel estruendo repentino.
Heng Shi levantó ambas manos y cubrió suavemente las orejas de Zou Beiqi con las palmas.
La carne de unas manos humanas no servía demasiado como aislante, pero era mejor que nada. Los truenos del exterior llegaron mucho más amortiguados a sus oídos.
El calor de aquellas palmas era abrasador, como si se extendiera desde sus orejas hasta quemarle la piel.
Zou Beiqi sostuvo la mirada de Heng Shi y apenas alcanzó a escuchar las palabras que pronunciaban sus labios.
—No tengas miedo.
—No tengo miedo… Puedes soltarme.
—Espera. Afuera todavía está tronando.
Sus miradas permanecieron entrelazadas.
Pero apenas medio instante después, Zou Beiqi descubrió que ya no se atrevía a seguir mirándolo a los ojos.
Sintió que las palmas de Heng Shi se movían ligeramente.
Hasta los truenos que parecían capaces de desgarrar el cielo quedaron atrapados en aquella temperatura densa y sofocante.
De repente, Zou Beiqi empezó a preguntarse qué estaría pensando Heng Shi.
¿De verdad temía que los truenos lo asustaran?
¿O simplemente quería prolongar un poco más aquel contacto silencioso?
Heng Shi nunca había dicho que le gustara ni que lo amara.
Solo había admitido que le importaba y le había pedido que mostrara cierta preferencia por él.
Zou Beiqi inhaló imperceptiblemente y sujetó las muñecas de Heng Shi, apartando a la fuerza sus manos.
—Ya no está tronando.
—Mm.
Por una vez, Heng Shi pareció un poco incómodo.
—Sigamos viendo.
Zou Beiqi aceptó de palabra, pero en realidad ya no prestó atención a la película.
Solo recordó que, al final, el protagonista masculino desarrollaba un deseo de posesión demasiado intenso y pretendía obligar a la protagonista a quedarse a su lado, provocando una tragedia amorosa.
Una relación tan enfermiza estaba destinada a no durar.
Que terminara de aquella manera era perfectamente lógico.
Eso pensó Zou Beiqi.
……
El aire acondicionado del cine estaba muy frío.
Heng Shi colocó sobre Zou Beiqi la chaqueta que había llevado expresamente y le subió bien la cremallera, como si temiera que el frío alcanzara su vientre.
Zou Beiqi recordó lo que Heng Shi le había dicho sobre el bebé empezando a adquirir forma durante el tercer mes de embarazo.
—¿Ya puede escuchar los sonidos del exterior?
—Todavía no. Los nervios auditivos han comenzado a desarrollarse, pero el sistema auditivo completo aún no está formado. No tienes que preocuparte por que el sonido de la película lo moleste. Dentro de unos meses, cuando su audición se haya desarrollado, será mejor no venir.
El proyector de casa solo permitía ver películas que ya se hubieran estrenado oficialmente. De los estrenos recientes solo podían encontrarse grabaciones piratas, y ver ese tipo de material filtrado evidentemente no era lo correcto.
Heng Shi había reservado toda una sala VIP, así que tampoco tenían que preocuparse de que alguien hiciera ruido y los molestara.
Era la primera vez que Zou Beiqi disfrutaba de semejante trato.
Hasta le daban ganas de abrir las piernas y ocupar él solo varios asientos.
—Siéntate donde quieras.
Zou Beiqi tomó asiento y Heng Shi se sentó a su lado.
A decir verdad, la primera película de aquella saga ya le había parecido bastante mediocre. Que Heng Shi todavía gastara dinero para llevarlo a ver la segunda lo convertía en un auténtico derrochador.
Apenas habían pasado treinta minutos y Zou Beiqi ya estaba aburrido.
Normalmente elegía películas con buenas críticas en internet, así que rara vez se equivocaba de esa manera.
Parecía confirmarse aquella regla: cuanto más se prolongaba una saga, peor era su calidad.
La primera todavía podía verse para pasar el rato.
La segunda apenas tenía nada rescatable.
Zou Beiqi acababa de girar la cabeza cuando se encontró directamente con la mirada de Heng Shi, como si este hubiera estado esperando desde hacía rato a que lo mirara.
—Voy al baño.
—¿Quieres que te acompañe?
—No hace falta. Está muy cerca.
Para Zou Beiqi, ir al baño parecía incluso más interesante que seguir viendo la película.
La sala estaba completamente oscura. Encendió la linterna del teléfono y salió. Apenas tuvo que caminar unos pasos para llegar al baño.
Sorprendentemente, había bastante gente.
Sospechó seriamente que todos ellos estaban viendo la misma película que él.
Había una fila en la entrada, así que se colocó al final con toda naturalidad. Inmediatamente alguien se puso detrás de él.
No le importó quién era. Se limitó a asomarse de vez en cuando para comprobar cuántas personas faltaban antes de su turno.
La fila avanzó rápidamente.
Zou Beiqi terminó enseguida y estaba a punto de regresar a la sala cuando alguien le dio una palmada en el hombro desde atrás.
Se volvió instintivamente.
Lu Feilin estaba junto a la entrada del baño, sosteniendo entre los dedos un cigarrillo que parecía llevar apagado bastante tiempo.
Zou Beiqi se quedó atónito.
—¿Por qué estás aquí?
—Viendo una película. El cine no es de tu familia.
Lu Feilin soltó una risa extraña.
—¿No viniste expresamente a buscarme?
—Admito que tengo algo que hablar contigo, pero, para ser exactos, quiero hablar con Heng Shi. Ya sabes que él ni siquiera quiere verme.
Lu Feilin guardó casualmente el cigarrillo a medio fumar en el bolsillo.
—Estos últimos días he estado pendiente de sus movimientos. Por fin encontré una oportunidad para hablar contigo a solas.
Zou Beiqi comprendió de repente que aquella silueta que había creído ver frente a la floristería quizá no había sido producto de su imaginación.
—¿Qué demonios quieres?
—¿Sabes quiénes son los padres de Heng Shi?
Zou Beiqi jamás imaginó que sacaría ese tema.
Por un momento no supo cómo reaccionar y se limitó a negar rígidamente con la cabeza.
—Si quieres saberlo, ven conmigo a un lado. A Heng Shi dile cualquier cosa. Que había mucha gente y tuviste que hacer fila en el baño.
Zou Beiqi vaciló.
Finalmente sacó el teléfono y le envió un mensaje a Heng Shi antes de seguir a Lu Feilin hasta un rincón poco transitado.
Después de todo, estaban en un lugar público.
No debería ocurrir nada.
—Mi hermana y mi cuñado son trabajadores comunes. Viven en uno de esos complejos residenciales viejos y destartalados. Debes saber cuál digo, por la zona de la primaria.
Zou Beiqi nunca había estado por allí, pero había oído hablar de esa zona. Al parecer, el gobierno estaba impulsando un proyecto de rehabilitación de los edificios deteriorados del vecindario.
—Mi cuñado trabaja en la construcción. Hace un tiempo sufrió una caída accidental y quedó gravemente herido. Ahora están pidiendo dinero prestado por todas partes para reunir los gastos médicos.
—¿Entonces viniste a pedirles dinero en su nombre?
—Estás pensando demasiado. Tampoco es que tenga una relación muy cercana con ellos.
Lu Feilin soltó una risa fría.
—Solo te lo cuento para que tú y Heng Shi puedan estar preparados.
—¿Qué quieres decir?
—Mi hermana publicó hace un tiempo una petición de ayuda en internet, pero tuvo poca difusión y no consiguió gran cosa. Será mejor que busques esa publicación. El contenido es bastante absurdo.
Lu Feilin le dijo el nombre de una plataforma social, aunque lamentablemente no recordaba con exactitud el título de la publicación.
—Hace unos días, en el hospital, la escuché decir que estaba pensando en tragarse el orgullo y pedirles dinero prestado a ustedes.
¿De verdad era capaz de hacer algo así?
Había abandonado a su propio hijo en un orfanato cuando estaba gravemente enfermo y, ahora que ella necesitaba dinero y veía que su hijo vivía bien, ¿pretendía acudir a él para pedirle ayuda?
Lu Feilin hizo una pausa.
—Que venga a pedir dinero sería lo de menos. Me preocupa que, si no consigue lo que quiere, arme un escándalo. Conociéndola, cuando pierde la cabeza se vuelve una auténtica arpía.
Por la mente de Zou Beiqi desfilaron inevitablemente escenas propias de algún melodrama exagerado, como dos personas insultándose a gritos en plena calle.
Aunque, tratándose de Heng Shi, probablemente la situación no llegaría a ese extremo.
—¿Por qué me cuentas esto?
—Por nada en especial. Simplemente pensé que sería mejor que lo supieras.
Lu Feilin sacó otro cigarrillo del bolsillo y comenzó a caminar hacia la zona para fumadores.
—También puedes fingir que nunca te dije nada. Eso es todo.
Zou Beiqi permaneció donde estaba, intentando asimilar la información que Lu Feilin acababa de darle.
No había tenido tiempo de ordenar sus pensamientos cuando, de repente, alguien pronunció su nombre detrás de él.
—Qiqi.
—Heng Shi.
Zou Beiqi se volvió instintivamente.
—Ya terminé. Iba a regresar en un momento.
—Dijiste que había mucha gente haciendo fila, pero el baño está vacío.
—Antes había mucha gente.
—Antes tampoco había tanta. No había ninguna fila.
El corazón de Zou Beiqi dio un vuelco.
Se apresuró a improvisar una explicación.
—Es que estaba haciendo fila adentro…
—¿De qué estabas hablando con Lu Feilin?
El rostro de Heng Shi estaba tan sombrío como una pesada nube de tormenta.
Zou Beiqi se quedó sin palabras.
No sabía si debía contarle lo que acababa de suceder.
Hasta con los dedos de los pies podía imaginar que Heng Shi no quería escuchar nada relacionado con sus padres.
Y mucho menos ahora, cuando su estado de ánimo evidentemente había caído por los suelos.
Aunque tuviera que contárselo, este no era el momento.
—Solo intercambiamos unas palabras. No fue nada.
—¿Unas palabras? ¿Qué clase de saludo dura veinte minutos?
Los fríos dedos de Heng Shi acariciaron la sien de Zou Beiqi, provocándole un escalofrío.
—Qiqi, ¿por qué me mentiste por él?