Super doctor interestelar - Capítulo 88

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Hao Mian salió rápido de la sala de reclusión y se plantó frente a Merry en silencio. Luego le sujetó los hombros. El cuerpo de Merry tembló levemente mientras esperaba, desesperado, a que Hao Mian hablara. Hao Mian notó su miedo, bajó la mirada hacia él y, de pronto, dijo: “Lo siento.”

Antes, en la sala, cuando Yóu Mò lo vio, no hizo más que regañarlo.

“Somos pareja. Si estabas en problemas, ¿por qué no me lo dijiste? Puedes decirle a Merry y pedirle ayuda, pero a mí no me quieres decir. ¿Has pensado en lo destrozado que me sentí cuando supe de tu compromiso?”

“Si no dices nada, ¿cómo voy a saber qué piensas? Merry dice que yo no confío en ti, pero ¿tú confías en mí? Si confiaras en mí y no me ocultaras cosas, yo jamás me habría ido.”

“Llevo tantos años sufriendo y he hecho tantas cosas por tu culpa. ¡Me costaste la vida entera!”

La imagen de Yóu Mò, con los ojos enrojecidos, echándole en cara todo, seguía fresca. Hao Mian aún recordaba su mirada aturdida al terminar y, por último, aquella frase: “Deseo que tú y Merry nunca sean felices.”

Esa frase era como una maldición y le retumbaba una y otra vez en la mente mientras salía. Se sentía inexplicablemente asustado, con miedo de que las palabras de Yóu Mò se volvieran realidad. Él y Merry eran una pareja enlazada de centinela y guía, con conexión emocional; sentía que Merry a menudo estaba triste, aunque no entendía por qué. Pero Hao Mian sabía que, fuera lo que fuera, era por él. Tenía claro que él era lo que más le importaba a Merry, y las oscilaciones de su ánimo casi siempre tenían su origen en él.

Al oír aquellas acusaciones, Hao Mian no pudo evitar preguntarse si Merry era infeliz porque él hablaba poco, haciéndolo sentir inseguro. Pensándolo bien, llevaban tantos años juntos, y la mayor parte del tiempo la pasaban en silencio, casi sin conversaciones profundas. Hao Mian siempre creyó que ésa era su forma de convivir, pero ahora dudaba: quizá estaba repitiendo el mismo error del pasado; no decirle a Merry lo que debía decirle, provocando malentendidos.

Al escuchar las palabras de Hao Mian, Merry se quedó helado. Luego, las lágrimas le escurrieron y retrocedió tambaleándose. “Con que sí… no lo has olvidado en todos estos años. Aunque llevamos tanto tiempo juntos, sigo estando por debajo de él.”

“Lo sé. En cuanto lo viste, ya no me quisiste. Lo sé.”

Merry intentó contener el llanto, pero no pudo. Las lágrimas corrían sin parar, aunque en la comisura de sus labios asomó una sonrisa: “No tienes que disculparte. Lo que no es mío, nunca lo será. Desde el principio supe que te gustaba él, y acepté fingir. El tiempo que estuve contigo fue tiempo robado.”

Merry respiró hondo, dio unos pasos inestables hacia la salida y dijo: “Cuando termines los trámites del divorcio, mándame los documentos. Aceptaré todo. Me quedaré en Planeta Yao por ahora, no regresaré contigo…”

No terminó, porque un abrazo apretado lo interrumpió.

“No me voy a divorciar de ti”, dijo Hao Mian con solemnidad. Sentía el corazón como en un sartén hirviendo, un dolor agudo. Resultaba que Merry era infeliz porque creía que él seguía queriendo a Yóu Mò. Hao Mian no había sido consciente de su fracaso hasta ese instante. Las dos personas a las que había amado habían sufrido por su causa.

“Perdóname.” Hao Mian lo estrechó con fuerza y hundió el rostro en su cuello. “Perdón. No sabía que estabas así de mal. Lo tengo clarísimo: te amo. Ya decepcioné a Yóu Mò; no puedo decepcionarte también.”

Merry se quedó atónito, y tardó en recuperar la voz. “¿Dijiste… que me amas?”

“Sí”, afirmó Hao Mian. “Me di cuenta cuando te fuiste del planeta a despejarte. No sé cuándo empecé a importarme por ti, pero cuando te fuiste de repente, no me hallaba y te extrañé muchísimo.”

“Cuando volviste, fui muy feliz. Si no me gustaras, por muy alto que fuera nuestro índice de compatibilidad, no habría avanzado contigo; sólo habría mantenido la distancia.”

Merry apartó con fuerza a Hao Mian. “Me mientes, no fue así.” Dio dos pasos hacia atrás; una oleada de mareo lo derribó.

Hao Mian se apresuró a sostenerlo. Merry había caído en un desmayo.

Xiào Mu suspiró. “Acaba de recuperarse de una enfermedad grave y luego pasa por estas sacudidas emocionales. Llévatelo a descansar bien.”

Hao Mian le dio las gracias a Xiào Mu y cargó con Merry. Regresaron al hotel de alta categoría para huéspedes foráneos, y Hao Mian fue por un médico para que lo revisara.

Xiào Mu y Leo no volvieron al departamento; fueron a ver a Mitte. Debería estar en el área de confinamiento, pero debido a su estado se encontraba en el hospital militar, actualmente en coma. Cuando llegaron a la habitación, descubrieron que Mitte estaba despierto, aunque algo en él no marchaba bien.

Dos soldados lo custodiaban en la puerta y se encaraban con Greene y el propio Mitte. Greene miraba hacia atrás, ansioso, mientras le sujetaba la manga, intentando adivinar qué diría Mitte. Al ver a Xiào Mu y a Leo, los soldados se cuadraron y uno explicó: “Mayor general, el criminal quiere irse con el señor Greene.”

Greene dio un paso al frente y Mitte lo siguió pegadito. Greene le echó una mirada, incapaz de ocultar su preocupación, y le dijo a Xiào Mu: “Mitte no está bien. Llevo rato llamando al médico y no llega. Quiero salir a buscarlo, pero Mitte quiere venir conmigo.”

Xiào Mu observó a Mitte; éste ni se dio por enterado: tenía la mirada clavada en Greene. En cuanto Greene se movía, él también. Su expresión no era la habitual y sombría; tenía un aire casi infantil.

Al rato, llegó el médico y quiso examinar a Mitte. Pero él no soltaba la manga de Greene. Éste miró al médico con impotencia, así que el médico le pidió que lo acompañara para completar la revisión. Al ver los resultados, el médico se plantó frente a Mitte y preguntó: “¿Recuerdas tu nombre?”

Mitte se limitó a mirar a Greene, sin siquiera voltear al médico.

Greene repitió la pregunta y, con la mirada perdida, Mitte negó con la cabeza. El médico hizo varias preguntas más; Mitte sólo respondía cuando Greene las repetía, y aun así, sus respuestas eran pobres: negaba a todo.

“Doctor, ¿qué tiene?” preguntó Greene, angustiado.

“El cerebro sufrió daño y eso le provocó amnesia. Parece que su conducta también está afectada y que sólo te recuerda a ti.” Suspiró. “El cerebro es la parte más compleja del cuerpo humano; estamos lejos de comprenderlo por completo. Es difícil de tratar.”

Greene se quedó aturdido y miró a Leo. Pensando en la identidad actual de Mitte, se mordió el labio. “¿Qué castigo recibirá Mitte?”

Leo fijó la vista en Mitte y, al cabo, la apartó. No parecía estar fingiendo.

“Exilio de por lo menos cien años”, dijo con frialdad.

Greene se sobresaltó y miró a Mitte. Éste le sostuvo la mirada con intensidad y, al cruzárseles los ojos, una sonrisita casi imperceptible se dibujó en los labios de Mitte. Una idea se le formó a Greene; con valor, volvió la vista a Leo y le rogó: “Con su condición actual, no puede sobrevivir solo. ¿Puedo ir con él? Pueden vigilarme como quieran; prometo no hacer nada malo.”

“¿Quieres acompañarlo al exilio?” preguntó Leo.

Greene apretó el labio y asintió. “Sí. Quiero estar con él.”

“Eso…” Antes de que Leo terminara, Xiào Mu le tomó la mano, y Leo lo miró.

Xiào Mu: “Greene me salvó la vida. Si no se hubiera hecho pasar por mí, probablemente habría salido herido. Mitte debe recibir castigo conforme a la ley, pero su situación es especial; ¿no se podría actuar con lenidad?”

Leo frunció el ceño, inconforme. “Intentó hacerte daño varias veces.”

Xiào Mu respondió: “Por suerte, nunca lo logró.” Y, con impotencia, añadió: “Ahora está pagando. De hecho, aunque le impongan otros castigos, ni los sentiría. Sólo harían sufrir a Greene con él.”

“Gracias”, dijo Greene con sinceridad.

Xiào Mu sonrió. Entre él y Greene había mucho destino compartido. Le estaba muy agradecido. Aunque al principio le molestó que lo confundieran con él, debía admitir que disfrutó un periodo de calma tras transmigrar gracias al techo de Greene. Además, Greene era querido por todos. Pese a su infancia difícil, conservó un corazón bondadoso. Antes pensaba que era cobarde, pero acababa de hacer algo muy valiente. Viéndolo ahora, si Greene no hubiera decidido hacerse pasar por él, Xiào Mu quizá habría terminado gravemente herido. Y, cuando Leo llegara, Mitte no habría escapado. Enfrentado al Leo furioso, su destino habría sido mucho peor que el de ahora.

Xiào Mu miró a Leo. “Cumplamos la ley, pero… ¿podemos ser benévolos?”

Leo le revolvió el cabello. Aun con fastidio, dijo: “Como tú digas.”

A Xiào Mu se le curvaron los ojos al sonreír.

Como no podían sacar información útil de Mitte, Xiào Mu y Leo no se quedaron más y regresaron directo al departamento. Descansaron un poco y luego cenaron. Después, salieron a caminar por los alrededores para hacer digestión. Al pensar en Hao Mian y Merry, Xiào Mu se detuvo, tomó la mano de Leo y lo miró con seriedad.

“Si algún día pasa algo, no me lo ocultes. Aunque seamos pareja enlazada, no podemos leer por completo la mente del otro. Si no hablamos, es fácil que surjan conflictos.”

Leo le dio la vuelta a la mano, la apretó y jugueteó, pellizcándole suavemente los nudillos. “En. No te esconderé nada.” Luego, con frialdad, añadió: “No soy tan pésimo como Hao Mian. Pase lo que pase, jamás me comprometería con alguien que no seas tú, aunque fuera de mentira.”

Xiào Mu sonrió. “Yo igual. Si algo así llegara a pasar, no me iría sin decir nada. Preguntaría y aclararía bien todo, para poder cortar esos sentimientos con claridad.”

Leo lo abrazó. “No cortes conmigo.”

Xiào Mu lo miró de lado. “Es sólo un suponer.”

“Tampoco está permitido”, dijo Leo, obstinado. “Eres mío.”

Xiào Mu lo rodeó por la cintura y se rió bajito. “En, ya no hablemos de eso. Viéndolos a ellos, creo que somos muy afortunados.”

Leo hizo un sonido junto a su oído; de pronto lo soltó y dio un paso atrás. Xiào Mu estaba por ponerse en guardia cuando lo vio arrodillarse. Leo extendió la mano derecha hacia él; en la palma, una cajita cuadrada.

“Xiào Mu, cásate conmigo.” Leo lo miraba fijo, con la voz baja y firme.

Xiào Mu miró la caja; por un momento, todo le pareció irreal. Cuando Leo le propuso matrimonio la vez anterior, no había sentido esto: esta certeza de querer casarse con un hombre y pasar la vida con él. Alzó la vista y encontró los ojos azul profundo de Leo. Se preguntó: ¿estoy seguro de que es él?

Tras un rato—los dedos de Leo ya blanqueaban de tanto apretar la caja—, Xiào Mu por fin preguntó: “Leo, ¿hablas en serio?”

“Por supuesto”, respondió con solemnidad.

Xiào Mu cerró el puño; la tensión le dejó la voz seca. “¿Aún recuerdas… mi identidad?”

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