Super doctor interestelar - Capítulo 68

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De rodillas junto a la cama, Leo besaba la mano de Xiào Mu con la izquierda mientras con la derecha le frotaba la cintura. Lo consoló:
—Fue mi culpa, no te enojes. Ahora mismo te llevo de vuelta al departamento. Tengo que ir al cuartel militar en un rato, pero regresaré pronto.

Xiào Mu alzó la cabeza y le mordió la barbilla:
—La próxima no tardes tanto. Si no, ¿cómo voy a darle la cara a la gente cuando salga?¹

A Leo se le dibujó una sonrisa en los ojos y alzó un poco las cejas:
—Está bien. Cuando centinela y guía se unen por primera vez, normalmente dura al menos un día. Lo nuestro ni siquiera fue tanto.

Cuando Xiào Mu volvió al departamento, los guardias mantenían sus rostros de siempre, serios como troncos. Pero él estaba que se moría de vergüenza. Después de pensarlo, seguía preocupado por los centinelas que habían caído en calor aquel día y preguntó por su situación. Se relajó al saber que todos estaban bien.

Ah Da preguntó con seriedad:
—¿Te uniste con el Mayor General Leo?

Al ver que Xiào Mu asentía, Ah Da dijo:
—Mejor. Así ya no tengo que solicitar transferencia.
No quería volver a pasar por lo de caer en calor de golpe.

Xiào Mu tosió con incomodidad. Estaba por decir algo cuando otro guardia informó que había llegado alguien del tribunal militar para investigar. Al oírlo, Xiào Mu puso una cara rara y miró a Ah Da:
—¿Los guardias me denunciaron?

La única vez que había puesto en riesgo a otros fue provocándoles el calor de unión a sus propios guardias.

Ah Da negó con la cabeza:
—No, debe de ser por el Mayor General Leo. Para tu información: es ilegal que un centinela y un guía se unan en privado² y… como no sonó la alarma cuando el Mayor General cayó en calor, lo están investigando por posible intención criminal.

La expresión de Xiào Mu cambió:
—¿De verdad Leo fue al cuartel?

Ah Da:
—Al tribunal militar.

Xiào Mu rechinó los dientes. El rostro de Leo se veía normal al partir, como si solo fuera al cuartel por algún asunto. No esperaba que hubiera ido al tribunal.

El enviado del tribunal militar era un fiscal de mediana edad, semblante serio y traje impecable. Tras saludar, fue directo al punto y preguntó a Xiào Mu por su unión con Leo.

Por fuera, Xiào Mu se mantuvo tranquilo, pero por dentro tenía toda una hilera de líneas negras [=_=lll]. ¿Preguntar estas cosas? Sonaba mal lo vieras por donde lo vieras, ¿no? La unión no dejaba de ser “ejercicio” entre pareja, y el fiscal lo hacía sonar como si hubieran cometido un delito. Así que Xiào Mu declaró con claridad que se había unido por voluntad propia y que nadie lo había coaccionado. El fiscal terminó su cuestionario de rutina y se marchó. Aun así, a Xiào Mu no le dio buena espina, así que trató de contactar a Leo, pero éste no respondió.

En ese momento, Leo escuchaba las preguntas del fiscal con visible impaciencia. Alguien junto al fiscal le susurró el resultado de la entrevista con Xiào Mu. El fiscal no mencionó a Leo lo de la unión en privado y cambió de ángulo:

—Leo Arnold, desactivaste en secreto el sistema de alarma para calor de unión. ¿Pretendías eludir la responsabilidad militar en caso de forzar a un guía a unirse?

Leo soltó una risita fría:
—¿Crees que necesito forzar a un guía? ¿No te parece ridículo preguntar eso?

La cara del fiscal se ensombreció:
—Es una deducción común. Si no fue por eso, ¿por qué quitaste el sistema? Como oficial, deberías tener claro que violates los reglamentos.

Leo:
—Lo que no me sirve no tiene por qué existir.

—¿Estás cuestionando los medios legales del Imperio?

—No —respondió con calma—. Solo tengo la suficiente confianza para no forzar a ningún guía. Para el resto de centinelas, creo que el sistema sigue siendo necesario.

—¿Admites que quebrantaste la ley?

—Sí. —Leo asintió.

El fiscal y el jurado se voltearon a deliberar. Al cabo de un rato, apareció Ren con el abogado defensor. Le lanzó a Leo una mirada fulminante y luego sonrió amablemente a los fiscales, cuyos semblantes cambiaron un poco. Tras presentar al abogado, Ren se retiró sin decir nada más. Al final, como había confesado con buena actitud y no hubo delito consumado, Leo pagó una multa de diez millones de monedas estelares. Al salir del edificio del tribunal, reconoció al instante la aeronave estacionada junto a la suya. Se serenó y subió directo.

Xiào Mu estaba en el asiento trasero y Ren, frente a él, sonreía bonachón. Lo miraba con ojos de “nuera de mi corazón” y hablaba, entusiasmado, de la fecha de la boda. La sonrisa de Xiào Mu era un poco rígida: Ren estaba demasiado efusivo y él no sabía cómo manejarlo. Cuando vio entrar a Leo en la nave, soltó el aire sin querer.

Leo se sentó junto a Xiào Mu, y Ren le lanzó una mirada:
—Chamaco, solo sabes causar problemas. Te animas a hacer travesuras antes de casarte. De milagro que Xiào Mu tiene buen carácter y no te lo echa en cara.

A Xiào Mu se le puso incómoda la expresión. Para ser sinceros, él había sido el más proactivo; Leo hasta le dio oportunidad de pararlo a mitad.

Leo rodeó con naturalidad la cintura de Xiào Mu y resopló:
—No te hagas. ¿Crees que no sé qué estás contento?

Ren no pudo evitar reír. Si Xiào Mu no hubiera estado ahí, le habría querido decir a Leo: “¡Bien hecho!”.

—Qué bueno que ya están los dos —siguió Ren—. Estaba hablando con Xiào Mu de cuándo será la boda.

Leo miró a Xiào Mu y recordó que éste le había dicho que casarse ya era muy pronto para él, así que dijo:
—No hay prisa. He estado muy ocupado estos días.

Ren, contrariado, preguntó:
—¿Ocupado en qué? —Y de inmediato se puso alerta, clavando la mirada en Leo—. ¡Prometiste que no ibas a ser impulsivo!³

Leo mantuvo el gesto impasible:
—No lo seré. Abuelo, fuiste hoy al departamento técnico, ¿no? Con lo que tenía Mitte, pronto podrán desarrollar un dispositivo de protección contra ataques espirituales.

Ren resopló:
—Ah, con que hasta sabes dónde anda Louis. Y yo pensando que estabas demasiado metido en tu felicidad.

Leo se encogió de hombros:
—Si no fuera importante, preferiría quedarme mirando la cara dormida de Xiào Mu sin parpadear. No perdería tiempo en estas cosas.

Al oír eso, Xiào Mu no pudo evitar darle un pellizco leve en el brazo. ¿Qué decía frente a su mayor? Leo siguió tan campante, y hasta aflojó a propósito los músculos para que el pellizco le resultara cómodo.

Aterrizaron en la mansión del mariscal y, ya en la sala, siguieron conversando. No pasó mucho cuando volvió Louis con buenas noticias.

—El departamento técnico fabricó chips a partir de los fragmentos del dispositivo de Mitte: resisten ataques de poder espiritual. Entrarán de inmediato en producción masiva.

Ren movió apenas los dedos, con gesto sereno:
—¿Cuándo se van?

Louis se sentó en el reposabrazos del sillón de Ren y apoyó una mano en su hombro:
—En cinco días. Iré con todo preparado; no pasará nada.

Ren asintió y miró a Leo:
—Sé que tú también irás. En cinco días, liquida los pendientes, sobre todo lo de la seguridad de Xiào Mu.

Xiào Mu:
—Yo voy con ustedes.

—No —rechazó Leo al instante, con voz grave—. Tú te quedas en la Zona A.

Xiào Mu frunció el ceño y lo miró:
—Es más seguro que yo vaya. Tú sabes mejor que nadie de lo que soy capaz.

Tras la unión, ambos podían percibir el poder espiritual y las emociones del otro. Además, su poder espiritual había aumentado en 1,500 puntos cada uno. El de Xiào Mu superaba ya los 13,000; el de Leo rozaba los 10,000. Cuanto más alto el nivel, más se notan las diferencias sutiles; quien mejor conocía el nivel de Xiào Mu era Leo.

Pero él no cedió:
—Llevaré suficientes medicinas. No necesitas ir.

A Xiào Mu se le crispó más la frente. Seguía intranquilo por lo de Louis y por lo de Novi la vez pasada. Si algo salía mal, estando él presente podrían tratarlo al instante.

Ren intervino:
—Xiào Mu, quédate en la Zona A. La Zona F es desértica, el ambiente es duro. Además, el salto interestelar exige mucho al cuerpo, y esta vez el tiempo de transición será cinco o seis veces el normal: no es bueno para tu salud.

Xiào Mu dudó un segundo y pensó en Greene y Novi:
—Mi resistencia ha mejorado mucho. Puedo hacerlo.

Para ser franco, Ren también estaba dividido. El susto por lo que le pasó a Louis le había calado hondo. Esta vez irían Louis y Leo juntos, y la preocupación era doble. Ni quería imaginar que algo les sucediera a ambos a la vez. Desde que Xiào Mu curó a Louis, Ren confiaba mucho en sus habilidades: si podía acompañarlo, él estaría más tranquilo. Pero Xiào Mu era un guía de nivel dios: por lógica, no debía ir a lugares peligrosos. Si pasaba algo, la pérdida sería enorme para el imperio. Ren se quedó callado, sin saber si persuadir o no.

Leo habló en serio:
—Arreglaré guardias que te protejan bien en la Zona A.

Xiào Mu abrió mucho los ojos:
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué me vas a vigilar?

—No. Solo se encargarán de tu seguridad.

Xiào Mu bufó y no dijo más: no pensaba pelear frente a los mayores. Entendía que Leo lo hacía por su bien, pero no quería que lo trataran como flor de invernadero. Y era obvio que sería útil que él fuera. Sin embargo, Leo lo rechazó de plano: decía que era por preocupación, pero en realidad era que no confiaba en su capacidad.

Viendo eso, Ren decidió que la pareja hablara en privado y se llevó a Louis a su habitación.

Xiào Mu se levantó y salió. Leo lo abrazó de inmediato:
—¿A dónde vas?

—A la empresa —soltó Xiào Mu, de malas, zafándose—. Suéltame; llevo días sin ir.

Leo no lo soltó y lo rodeó de nuevo:
—Voy contigo.

—No hace falta. ¿Para qué me sigues si voy a mis cosas? Ve a las tuyas. —Le apartó la mano y salió.

Leo se sintió impotente. Aquello, claramente, era una indirecta sobre la Zona F. Pero el viaje era peligroso y él no quería que Xiào Mu se arriesgara. No era bueno para endulzar oídos, así que no se le ocurrió otra cosa más que seguirlo a todas partes. Se le pegó como lapa, cuidando la distancia para no interferir con su trabajo.

Xiào Mu lo ignoró. Por dentro, ya tenía decidido cómo manejarlo: tenía que ir con ellos; si no, no estaría tranquilo.

Al llegar a la oficina de Zhao Meng, no esperaba encontrarse con Hawke. Éste lo vio y dio unos brincos de gusto frente a él. Luego, con una sonrisa pícara, dijo:
—No pensé que te moverías tan rápido. ¡Creí que Lyle y yo les ganaríamos!

Los ojos de Hawke brillaron:
—Nuestra boda quedó para el primer día del mes que viene. ¿Eso sí es más rápido que ustedes, no?

Xiào Mu rió:
—En, ustedes van más rápido.

Tras los saludos, Zhao Meng pasó al negocio:
—Estos días, muchos guías firmaron contratos de consignación con la empresa, y la cantidad de medicinas en la tienda sube día con día.

A Xiào Mu no le sorprendió y volvió a proponer:
—¿Y si contratamos más personal? Si no, estarás saturado.

—No hay problema, puedo solo —respondió Zhao Meng—. Integré a Xiaojin al sistema: registra el nombre del guía y la cantidad de medicinas vendidas cada día, y transfiere el pago directo a los guías. Es muy conveniente.

Al oírlo, Xiào Mu se quedó más tranquilo. Como aún era temprano, y pensando que en cinco días estaría lejos, le pidió a Xiaojin que avisara a los centinelas con cita: si los de mañana tenían tiempo hoy, que se presentaran ese mismo día. Xiào Mu pensaba terminar todas las citas dentro de esos cinco días.

¹ Es decir, “¿cómo voy a salir a la calle con la cabeza en alto?”.
² La “unión en privado” viola los protocolos de seguridad (alarma obligatoria) por riesgo de coacción o accidentes.
³ “Ser impulsivo”: actuar por su cuenta en operaciones sensibles sin autorización.

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