Super doctor interestelar - Capítulo 55
Cuando Xiào Mu escuchó a Greene mencionar a Mitte, su expresión se volvió seria. Preguntó:
—¿Qué enviado? ¿Puedes describir su apariencia?
Greene dijo:
—No entre los enviados, es un mesero. Tiene la piel blanca y el cuerpo delgado…
Greene recordó la apariencia de Mitte, estrujándose los sesos para pensar adjetivos. Quiso decir que Mitte se veía sombrío, pero solo abrió la boca sin decirlo. Greene sabía que Mitte era un tipo malo, pero Mitte lo había tratado bien.
Al oír eso, Xiào Mu pensó en la cantidad de meseros que había en el banquete. La descripción era demasiado vaga y sería difícil hallarlo, así que dijo:
—Intentaré conseguir la grabación de las cámaras luego. ¿Puedes ayudarme a señalarlo en una imagen?
Greene guardó silencio un momento antes de decir:
—Está bien.
Xiào Mu colgó y se volvió hacia Ah Da:
—¿Puedo obtener el video de vigilancia del banquete lo antes posible? Necesito el video de antes y después de que los centinelas enloquecieran.
Ah Da asintió:
—Sí.
Ah Da no preguntó más. Había escuchado lo que Xiào Mu dijo durante la llamada y podía adivinar que era una información útil de quien lo contactó. Pronto enviaron el video al terminal de Xiào Mu y él se lo reenvió a Greene.
Al poco, Greene le mandó una imagen a Xiào Mu. Era una captura del video. En la foto, un hombre con traje de mesero color burdeos estaba marcado con un círculo rojo. Llevaba la gorra del personal de ceremonias y alzaba levemente la cabeza detrás de la multitud caótica, dejando ver un rostro demasiado pálido. Su expresión era fría, pero la comisura de sus labios tenía una leve sonrisa. Solo verlo daba escalofríos.
Xiào Mu mandó un mensaje para agradecer a Greene y luego contactó a Leo. Repitió lo que Greene le contó y, al mismo tiempo, le transfirió la imagen con Mitte marcado.
Al rato, Leo respondió:
—Lo vi en el Planeta Jiu, debe ser él.
Tras enviar el mensaje, Leo se lo comunicó a Ren aprovechando un momento libre. Luego salió del salón de banquetes. Ordenó a sus hombres empezar a investigar a los meseros y fue con el encargado del banquete a obtener la lista del personal. Leo frunció el ceño y se quedó en la oficina mirando cómo el encargado confirmaba la presencia de cada quien según la lista.
—¿Qué? —Cinco minutos después, el encargado ya había contactado a más de veinte personas cuando de pronto alzó la voz—. ¿Cuándo fue? Búsquenlo y deténganlo.
Colgó y le dijo a Leo:
—Hace cinco minutos, un mesero llamado Temi de repente tuvo diarrea y fue al baño.
—¿Temi? —Leo resopló con frialdad—. Qué nombre falso tan flojo.
El encargado dijo:
—Ya le pedí al líder de equipo que lo busqué. Lo encontraremos, seguro.
Sin embargo, al momento el encargado recibió un “bofetón” de la realidad. Tras oír la respuesta del líder, se le puso la cara pálida:
—Temi desapareció.
El rostro de Leo se ensombreció:
—Revisen las cámaras y…
Miró con severidad al encargado:
—Váyase preparando para explicar cómo un extraño sin identificar pudo servir como mesero en una ocasión importante como el banquete de Estado.
El encargado se puso más nervioso:
—Fue negligencia mía. Haré una autoevaluación rigurosa.
Dicho eso, no se atrevió a perder el tiempo: sacó la grabación de los primeros diez minutos y llamó al líder de equipo para preguntarle dónde había visto por última vez a Temi. Luego segmentó la vigilancia que involucraba a Temi.
Temi —es decir, Mitte—, en el salón de banquetes, se sujetaba el estómago y hablaba con el líder de equipo con cara de indispuesto, para luego salir del salón. Pero en vez de ir al baño, se dirigió al área de limpieza de basura de la cocina. Se paró bajo la cámara en la última esquina del pasillo. De pronto alzó la vista hacia el monitor con ojos fríos y alzó la mano. Se oyó un chasquido de corriente y la imagen desapareció. Fueron unos diez segundos en negro, y después volvió a la normalidad. Mitte ya no estaba. En otras áreas, un corte de diez segundos llamaría la atención; pero como era la zona de basura, ese vacío pasó desapercibido.
Leo frunció el ceño y envió la foto de Mitte al cuartel general del Primer Ejército. Emitió una orden estricta para capturarlo cuanto antes, sin olvidar recordar a sus hombres que no lo subestimaran: Mitte llevaba encima muchos dispositivos ofensivos. Después de dar la orden, Leo contactó otra vez a Kai Men e instruyó a la seguridad del edificio de departamentos que se mantuviera alerta en todo momento. También debían reportarle cada media hora y no permitir visitas. Leo estaba realmente preocupado: Mitte parecía débil, pero tenía equipo avanzado en las manos. Demasiado peligroso.
Mitte, que ya había dejado el salón de banquetes, estaba ahora mismo frente a un departamento. Vestía un suéter azul y pantalones del mismo color. Su postura era relajada, sin rastro de pánico. Tocó a la puerta y esta se abrió enseguida. Apareció un rostro delicado y se oyó al ocupante preguntar:
—¿Quién es?
Al ver los ojos muy abiertos y sorprendidos de Greene, la expresión sin gesto de Mitte se deshizo en un instante de ira. Antes de que Greene reaccionara, Mitte le puso una mano en el hombro y lo empujó hacia adentro. Con la otra mano cerró la puerta.
Tras unos segundos de choque, Greene recobró el sentido y no pudo evitar temblar:
—Tú… ¿por qué estás aquí?
Aunque Greene no supiera la situación específica, podía adivinar que el ejército debía estar buscándolo por todos lados.
La expresión de Mitte se volvió sombría. Le apretó la barbilla y lo miró desde arriba:
—¿Por qué no podría estar aquí? Mi pequeño Greene, ¿sabes que ya había tomado una decisión? Mientras no pensaras en mí, yo jamás vendría a verte. Pero… justo fuiste y te acordaste de mí.
—Yo no…
Aturdido por los ojos sombríos de Mitte, Greene quiso refutar por instinto.
—¿Qué no? —Mitte soltó un bufido frío—. Mis fotos deben estar circulando por todo el ejército ahora mismo, ¿no? Y todo por tu culpa.
Mitte le acarició la mejilla con los dedos:
—Para serte sincero, me conmovió. Había tanta gente en esa imagen, yo solo alcé la vista un instante, y aun así me notaste.
A Greene le temblaron los labios:
—Tú… ¿cómo lo sabes?
Mitte pareció complacido por esas palabras. Entrecerró los ojos y se acercó al oído de Greene:
—Porque no puedo separarme de mi Pequeño Greene, claro. Aunque decidí no buscarte por iniciativa, pensé: ¿y si tú me extrañas?
—Y pensándolo bien, si no puedo verte, al menos tengo que poder oírte. Tu departamento —Mitte hizo una pausa—. Este es tu quinto día aquí, ¿cierto?
—Gracias a que cambiaste de departamento. Si siguieras en el anterior, me habría costado mucho más trabajo encontrarte.
Los departamentos alrededor del de Louis habían sido comprados por el ejército a precios altos. Como Kain estaba exiliado, nadie de la familia Greene vigilaba a Greene. Así que Greene vendió aquel departamento por una buena suma. El dinero le alcanzaba para vivir tranquilo. Luego compró un departamento pequeño en una zona residencial común. Comparado con el anterior, prefería el actual. Aunque la seguridad no era tan buena, había mucha gente alrededor y eso lo hacía sentir más seguro.
Greene fulminó a Mitte con la mirada:
—¿Pusiste un dispositivo de escucha en mi departamento?
—Listo.
Mitte rodeó la cintura de Greene y lo dejó caer en el sofá, sin importar sus forcejeos. Luego se inclinó y apoyó las manos a cada lado del cuerpo de Greene, encerrándolo contra el sofá. Deslizó un dedo desde la frente de Greene hasta su mejilla y presionó levemente. La piel clara de Greene se hundió un poco bajo la presión. Mitte preguntó con frialdad:
—Dime, ha pasado tanto desde que nos vimos y me diste un regalote como ese… ¿cómo debería agradecerte?
Greene siguió encogiéndose, deseando hacerse bolita:
—No hagas tonterías.
El aliento de Mitte rozó el rostro de Greene. Este, ansioso y nervioso, enrojeció de ojos:
—¡Todo es porque no eres una buena persona! Si no hicieras cosas malas ni dañaras a la gente, ¿cómo podría reportarte? ¡Todo es porque no eres una buena persona!
Mitte enganchó un dedo bajo el mentón de Greene para que lo mirara y se burló:
—¿Que no soy bueno? ¿Y qué tengo de malo? Mira a los centinelas y a los guías. ¿Con qué derecho reciben trato preferencial desde niños mientras a nosotros, la gente común, nos desprecian?
—Piensa en las veces que te acosaron de niño. Piensa en el departamento en el que vivías. No me digas que no sabes que compraron tu departamento solo para proteger al guía de nivel dios.
—No —Greene negó con la cabeza—. No es así. El teniente general Louis vive ahí, y el mariscal suele quedarse a dormir. No tiene nada que ver con Xiào Mu.
—¿Nada? —Mitte soltó un resoplido helado—. Tu departamento se compró después de que el guía de nivel dios se mudó ahí. ¿Pura coincidencia?
Greene se mordió el labio y lo miró con los ojos muy abiertos:
—Y aun así, está bien. Ayudó a muchísimos centinelas, así que merece ser protegido.
Greene se puso serio e intentó persuadirlo:
—Puede que a los centinelas los traten bien desde niños, pero también los envían a estudiar a la Torre Blanca desde pequeños. Y cuando salen, la mayoría entra al ejército y pelea en primera línea para protegernos. Por esas responsabilidades, merecen un mejor trato.
Mitte entrecerró los ojos:
—¿De verdad lo crees? Si fueras guía, no te habrían acosado desde niño, ¿verdad? Tampoco te habrían ignorado tantos años, ¿o sí?
Greene apretó los labios y se entristeció:
—Si fuera guía, me habrían abandonado todavía antes. Al final, solo tendrían que entregarme a la Torre Dorada.
—Mi desgracia no es por ser una persona común, ¿no lo sabes? —Los ojos de Greene brillaron levemente—. Desde que vivo aquí, veo que mis vecinos son gente común. Son muy felices, incluso más que los centinelas y guías.
—Antes huía de la realidad, pero ahora entiendo que mis desgracias pasadas se debieron a mi experiencia de vida y, más aún, a mi carácter. A partir de ahora, dependeré de mí mismo para todo, y no tiene nada que ver con nadie.
—Seré más valiente y más fuerte. Aprenderé a elogiarme, y me esforzaré por ser feliz.
Al mirarlo, Mitte sintió que el rostro de Greene parecía irradiar luz, y no pudo evitar inclinarse para besarlo. Al cabo de un momento, se apartó un poco. Greene, que había estado hablando del futuro, se había puesto rojo y quedó aturdido:
—Tú… ¿por qué me besaste?
Una chispa de incomodidad cruzó el rostro de Mitte, que bufó con suavidad:
—No quiero oír tus tonterías, Pequeño Greene. Tu inocencia me parece ridícula.
—Cuando ya no exista el trato injusto en este mundo y solo queden personas comunes, entonces sí serás verdaderamente feliz.
—No olvides que te pareces casi exactamente al guía de nivel dios. ¿Te atreves a aparecer en público? Al enfrentarte a las palabras y las miradas escrutadoras que los compararán, ¿podrías ser feliz?
Mitte sintió que el cuerpo de Greene se ponía rígido, y dijo en voz baja:
—No tengas miedo, somos iguales. Nos desprecian y nos miran por encima del hombro. Mientras no haya más centinelas ni guías, todo eso cambiará.
—Ahora —Mitte tomó la mano izquierda de Greene—, tu terminal queda confiscado. Te encargarás de resolver el problema que me causaste. Me quedaré aquí y te dejaré ver con tus propios ojos que no estamos lejos de nuestra meta.
—No —Greene se alteró sin saber por qué y negó con la cabeza—. No lastimes a nadie más. Yo espero lo mejor para los centinelas y los guías. Mi objetivo es distinto al tuyo.
—No te pongas nervioso —dijo Mitte—. No te haré hacer nada. Solo mira. Pero no intentes delatarme otra vez con esos jueguitos. Si lo vuelves a hacer, no te perdonaré tan fácil la próxima vez.