Super doctor interestelar - Capítulo 1

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En la oscuridad, sobre un vasto montón de escombros, el viento soplaba y levantaba el polvo del suelo.

—Cof cof cof… —Xiao Mu no paraba de toser mientras levantaba la vista hacia la negrura sin límites, con expresión de desesperación.

¿Dónde demonios está? ¿Por qué el camino parece no tener fin? De no ser por el profundo agotamiento que sentía, casi habría pensado que estaba soñando. Continuó caminando, pero estaba realmente cansado y ya no podía mantenerse en pie. Sus piernas flaquearon, tropezó con una piedra y cayó de bruces al suelo. Un fuerte mareo nubló su mente y cerró los ojos. No sabe cuánto tiempo pasó, pero de pronto se oyó un sonido sobre su cabeza, cada vez más cercano. Sus párpados se movieron y Xiao Mu reunió todas sus fuerzas para darse la vuelta. Finalmente quedó mirando al cielo, inhaló profundo y abrió los ojos.

Un punto blanco se acercaba y se hacía más brillante, y pronto pudo ver que era la luz de una aeronave. Aunque nunca había visto ese tipo de avión —todo negro, en forma ovalada, como los de las películas de extraterrestres—, el “avión” se acercó más y más hasta que quedó flotando no muy lejos, y dos hombres con uniformes verde oscuro saltaron y corrieron hacia él. El color familiar le dio una sensación de paz; exhaló su último aliento consciente y se desmayó.

—¡Dios mío, es tan pequeñito! ¿Será un guía? —exclamó el hombre alto, sorprendido.

—Es solo una persona común —el hombre bajo se agachó a comprobar su respiración.

El alto suspiró aliviado, lo cargó en el hombro como si fuera un costal y dijo:

—Casi me mata del susto, pensé que era un guía. Si es un civil, nomás lo llevamos al hospital.

Cuando Xiao Mu volvió a abrir los ojos, el cielo brillaba intensamente, y entrecerró los ojos por reflejo hasta acostumbrarse. La habitación, dominada por el color blanco, parecía ser un hospital. Llegó a esa conclusión tras mirar a su alrededor. En ese momento, se abrió la puerta y entró un hombre de por lo menos 1.85 metros, vestido con una bata blanca.

El hombre notó que estaba despierto y dijo:

—Levántate. No eres un guía débil, ¿y aún estás tirado?

Xiao Mu no entendía a qué se refería con “guía”, pero sí captó la palabra “débil”. Algo avergonzado, se sentó.

—Lo siento…

El doctor levantó la mano para detenerlo.

—Tsk, ya deja de parlotear.

Eso dejó atónito a Xiao Mu. En el hospital donde él trabajaba, nunca había visto a un doctor con tan mala actitud. ¿No teme que los pacientes lo denuncien?

—Tienes una lesión cerebral. Yo te haré preguntas, y tú contestas. ¿Nombre?

—Xiao Mu.

—¿Edad?

—Veintiséis.

El doctor lo miró de reojo.

—¿De dónde eres?

—Provincia A, Ciudad B.

El doctor lo miró con lástima.

—Amnesia más delirios. Compadre, la neta sí te compadezco. Pero te digo una cosa: aunque tengas tiempo libre, no deberías andar metido en grupos pro-retrógrados. ¿No tienes juicio?

Xiao Mu tenía una expresión de pasmo total. ¿Es en serio este interrogatorio tan informal? ¡Ni tiene amnesia ni está loco! ¿Qué carajos es un grupo pro-retro?

—Doctor, creo que se equivoca. Yo no…

El doctor volvió a alzar la mano, cortando sus palabras con confianza absoluta.

—Te hicimos una prueba genética. No es que hayamos invadido tu privacidad, es que no tienes terminal personal. Como no podíamos confirmar tu identidad, quisimos rastrearte con tu ADN. Pero no hubo resultados.

—Pero podemos asegurarte que actualmente tienes 17 años. Y sobre esa provincia y ciudad que mencionaste, si no estoy mal con mi historia, creo que eran divisiones territoriales de la Tierra antigua.

¿Tierra antigua? Xiao Mu tragó saliva, instintivamente llevó la mano al bolsillo donde solía tener nueces… y se detuvo.

—¿Este es el uniforme de paciente del hospital? ¿Tan retro? Pero… me resulta familiar. —Al instante entendió por qué el doctor lo llamó “pro-retro”.

—¿También olvidaste qué traes puesto? Bueno, has perdido la memoria, lo entiendo —el doctor puso los ojos en blanco.

Xiao Mu se sintió incómodo. Miró sus manos: eran blancas y delgadas… pero le resultaban totalmente extrañas.

—¿Hay un espejo? —preguntó, con manos temblorosas, intentando mantener la compostura.

—En el baño —el doctor señaló a la izquierda.

Corrió al baño como un vendaval y el doctor volvió a poner los ojos en blanco.

—Tranquilo, no estás desfigurado. Ya pareces guía, ¿también vas a actuar como narcisista como ellos?

Xiao Mu no le prestó atención. Se miró incrédulo en el espejo. Se pellizcó la cara y sintió el dolor. ¡No era un sueño! Conocía ese rostro… demasiado bien. ¡Era el personaje que usaba en el juego Héroes de la espada del clan Wanhua! Incluso la ropa que traía puesta era el uniforme del clan Wanhua.

Ese año, por el examen de ingreso a la universidad, dejó de jugar temporalmente y dejó a su personaje estacionado en el mar de flores del Valle Wanhua, con el uniforme del clan… ¡igualito a como estaba ahora!

—Admito que estás guapo, ¿pero es necesario que te veas tanto al espejo? ¿No te parece raro? —el doctor protestó impaciente al ver que tardaba.

Xiao Mu recobró el sentido. Parecía que, de alguna forma inexplicable, había transmigrado a su personaje del juego. Y este lugar… definitivamente no era la Tierra.

—Disculpe —dijo incómodo y confundido—. ¿Dónde estoy?

—Primer Hospital del Imperio —respondió el doctor, sin ganas de seguir con charlas—. Estos días vendrán de departamentos correspondientes a entrevistarte. Si todo va bien, te darán tu terminal personal.

—Amnesia y delirio no se curan fácil. Requieren tratamiento a largo plazo. Pero por ahora, estás sin un centavo, así que nada de tratamiento.

El doctor hizo una pausa y continuó:

—Ah, sí. Tienes una deuda de 1,300 monedas estelares por gastos médicos. Como no tienes dinero, harás trabajo en el hospital. Solo medio turno diario. Pagan 100 monedas al día.

Xiao Mu suspiró aliviado. No importaba cuánto fuera, mientras pudiera ganar algo.

—¿Puedo quedarme a dormir aquí?

El doctor alzó las cejas.

—¿Te gusta este cuarto? Claro que puedes. La cama cuesta 50 monedas por noche. Mañana por la mañana ve al segundo piso, lado este, a recoger el dispositivo de tratamiento. Alguien te dirá qué hacer.

—Gracias. ¿Cómo debo llamarlo?

—Xi Mu. Solo llámame Xi Mu —dijo el doctor mientras se giraba con un gesto—. El almuerzo lo trae un robot.

Xiao Mu quedó solo en la habitación. Se sentó en la cama con una sonrisa irónica, mirando su ropa de estilo antiguo. Todo era increíble.

El almuerzo lo trajo un robot de medio metro de altura. Xiao Mu lo observó mucho rato mientras dejaba el recipiente de comida en una repisa y se iba como si nada. Al revisar el almuerzo, se sorprendió al ver que se veía bien: col, jitomates y carne. Pero al probarlo, sintió algo raro. ¿Era su imaginación o sabía raro?

Probó la col: insípida. Probó el jitomate: igual. Probó la carne… también insípida. ¡Había perdido el sentido del gusto!

Aun así, se lo comió todo. Tenía que llenarse. Después de comer, le dio sueño. Justo cuando iba a acostarse, una voz mecánica sonó en su cabeza:

[Felicidades al anfitrión por activar el sistema del juego.]

En su mente apareció el panel del juego Héroes de la espada, en la pestaña de habilidades. Todas las habilidades eran familiares, pero estaban en gris. En el juego, eso significaba que no estaban aprendidas. El clan Wanhua tenía dos ramas: Llama Sagrada (de curación) y Espacio Floral (de ataque). En el panel, aparecía la rama de Llama Sagrada.

Xiao Mu jugaba usando ambas. Recordaba que justo antes de dejar el juego, había terminado una misión y conseguido un colgante que quería.

—¿Cómo se activan las habilidades? —preguntó mentalmente.

[Haz clic en la descripción de la habilidad], respondió la voz mecánica.

¿Cómo se hace clic en la mente? Al observar el panel, notó que las habilidades no estaban ordenadas como en el juego. Había dos filas: una de curación y otra de soporte. A la izquierda estaba su habilidad más común: Aguja Contínua, que servía para recuperación prolongada.

Mientras la miraba, apareció una descripción:

[Recuperación continua de poder espiritual. Condición de activación: ayudar a 100 pacientes con confusión mental. Progreso actual: 0.]

¿Confusión mental? Pronto supo a qué se refería.

Temprano al día siguiente, siguiendo las instrucciones de Xi Mu, fue al cuarto de instrumentos a recoger su equipo de tratamiento y un auricular como de walkie-talkie. Luego fue atendiendo a los pacientes según le indicaban por el comunicador. Muchos tenían heridas tan feas que, en la Tierra, habrían necesitado docenas de puntadas. Pero aquí, bastaba con usar el aparato por cinco minutos para que sanaran sin cicatriz.

Entendió por qué Xi Mu nunca le preguntó si sabía usarlo. Con ese aparato, hasta un tonto podría tratar heridas.

—Habitación 303, paciente tratado —informó por el walkie-talkie.

La voz del hospital respondió casi al instante:

—Habitación 118.

Se sorprendió. Esa era la primera habitación del primer piso. Como estaba en el tercero, bajó por las escaleras. 113… 114…

¡PUM! De pronto, una silla salió volando desde la habitación 115, pasó frente a él y se estrelló contra la pared, hecha trizas. Su cabello largo se alzó por el aire. Xiao Mu quedó con el corazón latiendo acelerado.

¡Si hubiera dado un paso más, habría acabado como esa silla!

—¡Sujétenlo! ¡El dispositivo para dormir, rápido! —gritó Xi Mu desde dentro.

Xiao Mu se asomó y vio a Xi Mu y otros dos doctores sujetando a un hombre que se debatía sobre la cama. Pronto, el hombre quedó inmóvil. Xiao Mu dio un par de pasos inconscientes… extrañamente, podía sentir el dolor del paciente, y sintió un impulso por ayudarlo.

—¿No te dio el sillazo? —preguntó Xi Mu al acercarse.

—No —respondió, mirando la cama—. ¿Manía?

—Confusión mental —respondió Xi Mu encogiéndose de hombros—. Enfermedad común en centinelas. Se les inyecta feromonas de guía y se calman. Este tipo no tiene control, así que le dimos sedante.

—¿Y tú por qué andas aquí? Ah, ya. Día ocupado. Parece que las vacaciones de verano son los mejores días para que los centinelas jóvenes se lesionen.

A Xiao Mu le dio un tic en la comisura de los labios. ¿También hay fechas especiales para lesionarse? Y otra vez, escuchó una palabra desconocida.

—¿Qué es un centinela?

Xi Mu se detuvo, lo miró como si viera a un idiota y dijo:

—Compadre, mejor vete al área infantil un par de días. —Luego miró el dispositivo en su mano—. ¿Qué habitación?

—118.

Xiao Mu suspiró internamente. Por la reacción de Xi Mu, entendió que esa pregunta había sido completamente estúpida en este mundo.

—Perfecto, yo te acompaño. Te explico más en el camino —dijo Xi Mu, y Xiao Mu tuvo que trotar para alcanzarlo.

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