Soy un villano, pero terminé teniendo un hijo con el héroe - Capítulo 87

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  4. Capítulo 87
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—Yo… ah… esto se siente…

Quizá era porque estaba medio dormido y aturdido, o porque los movimientos eran suaves y pausados…

pero se sentía extrañamente bien.

Cada vez que Noa se movía profunda o superficialmente en su interior, Uichan cerraba los ojos y dejaba escapar un gemido bajo.

Después de flotar varias veces en aquella agradable neblina, volvió a quedarse dormido y, cuando finalmente despertó, estaba recostado entre los brazos de Noa, contemplando el amanecer.

El lugar donde habían estado teniendo sexo había sido la cama, pero ahora estaba sentado otra vez en el sofá de la sala, frente al amplio ventanal.

Mientras observaba cómo el sol trazaba una línea roja sobre la superficie del río Han, lo primero que sintió Uichan fue hambre.

—Kkomul… necesita… comer mucho…

—¿Kkomul? Hmm… ¿qué es eso? ¿Tienes hambre? Aunque hace un rato te di un poco de comer.

Noa tocó el vientre plano de Uichan y acercó el oído a sus labios.

Uichan parecía no recordarlo, pero cuando Noa había intentado bañarlo y acostarlo para que durmiera, Uichan había abierto los ojos con un leve gesto de incomodidad y, todavía aturdido, se había arrastrado sobre el cuerpo de Noa.

Cuando intentó subirse encima de él otra vez, Noa lo había girado con suavidad, lo había acostado sobre la cama y le había abierto bien las piernas.

—Jaja, ¿quieres más? Si no fue suficiente, dímelo.

—Más… Noa, más… hazlo. Solo un poco… ha… más.

—Está bien, está bien… deja de quejarte.

Preguntándose si estaría hablando dormido, Noa había pensado simplemente seguirle la corriente.

Pero, en cuanto su miembro tocó la entrada, el orificio palpitó intentando abrirse y, al verlo, Noa cambió de opinión.

Al final, hundió el miembro de una sola vez en las relajadas paredes internas.

Lo mantuvo dentro durante horas, rozando apenas el punto que le gustaba a Uichan.

Cada vez que Uichan despertaba, se quejaba y, cuando le daba hambre y se tocaba el vientre, Noa le llevaba sopa y pan para alimentarlo.

Preguntándose si todavía tendría hambre, Noa lo miró brevemente y luego se puso de pie sin soltarlo de sus brazos.

Al sentir que su cuerpo se elevaba de repente, Uichan entró en pánico.

—¿Vas a… vas a hacerlo más?

—¿Qué? Ah… creo que eso sería un poco difícil para ti. ¿No tienes hambre? Comamos primero.

Sin dejar de sostenerlo envuelto en la manta, Noa pasó un brazo por debajo de su cintura y lo levantó con facilidad.

Luego sentó a Uichan en una silla de la mesa del comedor, conectada con la sala, y se dirigió hacia la cocina.

—Es mejor que comas algo primero. Por cierto, cocinar… eso es cosa de Min Noa. Cuando dije que quería mudarme y vivir solo, lo primero que me hicieron demostrar fue que sabía cocinar. Mis padres dijeron que, si quería desempeñarme correctamente como héroe, tenía que alimentarme bien, así que primero me enseñaron a cocinar.

Noa rebuscó en el refrigerador mientras hablaba de cosas que nadie le había preguntado.

Uichan se acomodó sobre los hombros la manta que se le estaba resbalando y observó a Noa ir y venir por la cocina.

Afuera, el amanecer todavía teñía todo de un gris azulado, pero aquel lugar se veía extrañamente cálido y acogedor.

Todavía le costaba creer que Noa hubiera sido aquel niño de cabeza redonda.

Que el muchacho que había superado el Extreme hubiera crecido hasta convertirse en «Noatis».

Y que durante todo aquel tiempo hubiera estado buscando a Under Doom.

El niño de sus recuerdos había sido inteligente, valiente y más parecido a un verdadero héroe que los propios héroes.

Un estudiante de espíritu puro y honesto, bajo el cual se escondía una determinación aterradoramente firme.

Una vez que tomaba una decisión, jamás cedía.

Aunque solo se habían encontrado unas cuantas veces, ese era el muchacho que Uichan recordaba.

Pero aquel muchacho había crecido, había pasado una noche con él y se había convertido en el padre biológico de su hijo.

Era tan absurdo que casi daban ganas de reír.

Parecía una broma cruel del destino.

Si Noa sabía que Uichan era Under Doom, ¿por qué no había dicho nada hasta ahora?

Uichan quería asomarse a sus pensamientos.

Sin embargo, incluso ahora que el sexo había terminado, Noa no decía mucho al respecto.

Como él no había vuelto a sacar el tema, Uichan tampoco se atrevía a preguntar primero.

Para Noa, parecía tratarse de una vieja historia guardada dentro de una caja en su corazón.

Así que Uichan no insistió y simplemente continuó hablando.

—¿Cuándo… te mudaste?

—En realidad, no hace mucho. Este año alcancé la mayoría de edad. Conseguí mi licencia de héroe a los dieciocho. Después de machacarme con pruebas de cocina y conseguir la aprobación de mis padres un año más tarde… hmm, ¿habrá sido alrededor de junio del año pasado?

Por las fechas, Noa llevaba aproximadamente un año viviendo solo.

A Uichan le resultaba curioso que alguien que vivía solo en un espacio tan grande no pareciera sentirse solitario, pero cuanto más observaba, más pequeños rastros del contacto de otras personas encontraba por todas partes, mezclados con los acogedores muebles.

—¿Qué tal arroz frito? Soy muy bueno preparando arroz frito con kimchi. ¿Quieres huevos encima?

—Ah… sí.

Noa le dio una pera y jugo de naranja para que comiera algo antes de la comida.

Uichan parpadeó y asintió.

Tomó el tenedor, pinchó un trozo de pera perfectamente cortado y se lo llevó a la boca.

En cuanto mordió, el jugo fresco inundó su lengua.

Al ver a Uichan comer la pera con tanto gusto, Noa sonrió y sacó una sartén.

Mientras comía la pera y bebía el jugo, Uichan subió una rodilla a la silla y se recostó cómodamente.

Deslizó una mano bajo la manta y se frotó el vientre.

Estaba cálido.

Su estado era milagrosamente bueno.

Sentía el cuerpo ligero y no pudo evitar que sus esperanzas aumentaran.

Como se había acostado con el tercer posible padre, Noa, quizá el bebé menor finalmente comenzaría a fortalecerse.

Después de todo, habían tenido sexo durante toda la noche…

Debía ser más que suficiente.

Justo cuando terminó la pera, un plato humeante aterrizó sobre la mesa con una sincronización perfecta.

Uichan lo contempló.

—Oh…

Eso era…

muchísimo.

Parpadeó varias veces, pero el tamaño del plato no disminuyó.

En el bonito plato blanco humeaba un brillante arroz frito con kimchi, cubierto con tres huevos semicocidos.

Y el plato…

era tan grande como un tazón para mezclar.

Cuando Uichan levantó la mirada con cautela, descubrió que el plato de Noa era todavía más grande.

—El kimchi estaba bien fermentado, así que debería estar delicioso. Pruébalo, hyung.

—……

No estaba seguro de poder terminarlo.

Uichan tomó la cuchara y rompió los huevos, dejando que las yemas se derramaran, antes de recoger una gran cucharada junto con el arroz frito.

Al masticar, descubrió que el arroz suave y ligeramente pegajoso resultaba perfectamente agradable.

La comida de Hyde era buena, pero aquel era el mejor arroz frito con kimchi que había probado en toda su vida.

Por un momento incluso se preguntó si Noa tendría un talento innato para cocinar.

—Jaja, está bueno, ¿verdad? Es la primera vez que cocino para alguien más. Me alegra haber aprendido.

—Sí… está muy bueno. Pero, Noa… no creo que pueda terminar todo esto. Es demasiado.

—Oh, no pasa nada. Yo me comeré lo que quede. Tú solo come hasta llenarte.

La manera en que Noa recogió despreocupadamente una cucharada de su propia porción dejó claro que nunca había esperado que Uichan terminara la suya.

Parecía que simplemente le había servido mucho porque no sabía cuánto comería.

Uichan comió con diligencia.

No llegó ni siquiera a la mitad antes de empujar el plato hacia Noa, pero, aun así, había comido más de lo habitual.

Incluso se había terminado antes una pera del tamaño del puño de Noa.

Comer algo más era imposible.

Noa ya había terminado su propio plato y comenzó con lo que Uichan le había dado.

Mientras observaba lo bien que comía Noa, Uichan sintió de pronto una especie de burbujeo dentro del vientre.

Encogió los dedos de los pies y se concentró en aquel momento de tranquilidad.

¿Había elegido Noa la pintura beige de las paredes?

¿El sofá de tela suave era de su gusto?

La tenue luz de la cocina, de un cálido color parecido a la yema de huevo, se reflejaba sobre Noa e hizo que algo se derritiera cálidamente dentro de Uichan.

Estar con Noa lo tranquilizaba.

Su tensión se suavizaba.

Y, cuando sus sentidos se calmaron, comenzaron a surgir pensamientos que normalmente no se habría atrevido a tener.

Quizá… podría decírselo a Noa.

Las cosas que Noa había dicho durante el sexo todavía respiraban suavemente en un rincón del pecho de Uichan.

—Si naciera un niño que se pareciera a ti… lo llevaría sobre mi espalda y lo criaría.

—Intentémoslo… una vez.

—De verdad, ha… ¿cómo sabes que no nacerá uno?

Aunque sabía que probablemente solo habían sido palabras, Uichan había querido creerlas.

Era la respuesta que más deseaba.

Un deseo secreto y delicado que quería poner a prueba.

¿Qué expresión pondría Noa si le dijera que habían concebido un hijo?

¿Lo odiaría?

¿O se alegraría de que hubiera nacido una vida entre ambos?

Pero cuando se lo había preguntado aquella vez en la banca, Noa había dicho que no necesitaba hijos.

Para Uichan, comprender las intenciones de las personas era más difícil que encontrar un grano diferente dentro de un patrón.

Sí.

Las emociones eran difíciles.

Y Uichan era torpe con ellas.

Aun así, el mundo estaba lleno de posibilidades.

Los sentimientos cambiaban como granos de arena.

Eran distintos ayer.

Distintos hoy.

Distintos entonces y ahora.

No era imposible que Noa ahora quisiera tener un hijo.

Especialmente porque, por el bien del tercer bebé, a partir de ese momento tendrían que pasar incontables noches juntos.

Noa terminó el resto de la comida y comenzó a recoger los platos.

El sonido de la silla arrastrándose cuando se levantó sacó bruscamente a Uichan de sus pensamientos.

Alzó rápidamente la cabeza para mirarlo.

Los músculos de Noa, desnudos al no llevar camisa, se tensaban y relajaban de manera dinámica con cada movimiento.

Un impulso repentino surgió dentro de Uichan.

Ni siquiera se dio cuenta de cuándo la manta cayó al suelo.

Noa fue quien lo notó primero.

Dejó los platos y se acercó para recogerla.

—Hace un poco de frío, ¿verdad? Perdón. Cuando me emociono, el aire se me escapa un poco. Sobre todo porque a «ellos» les gustas mucho, hyung… así que mantén la manta puesta. No vayas a resfriarte.

Noa colocó la manta sobre sus hombros, sonrió y lo miró.

Sus ojos se encontraron bajo aquella tenue luz.

Al ver aquellos ojos verdes suavemente relajados, el impulso ascendió hasta la garganta de Uichan.

Extendió una mano y sujetó a Noa.

Noa parpadeó con una ligera sorpresa y apartó hacia atrás el cabello de Uichan.

—¿Quieres decirme algo? Está bien… dímelo.

Bajo aquel suave estímulo, las palabras que Uichan había estado esforzándose por contener llegaron hasta la punta de su lengua.

Justo cuando finalmente abrió los labios…

—Noa, yo…

En ese instante, una alarma estridente atravesó la habitación.

Biiiiii—

Los dos se quedaron inmóviles, mirándose como si acabaran de recibir un balde de agua helada.

El sonido provenía del teléfono de Noa, que estaba sobre el sofá.

Pero ambos sabían perfectamente qué era.

Una alerta de emergencia de la Asociación de Héroes por actividad criminal grave.

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