Soy un villano, pero terminé teniendo un hijo con el héroe - Capítulo 63
—Uh, hhh…
El otro hombre insufló aire una y otra vez en la boca de Uichan, como si intentara devolverle la vida. Cuando Uichan se aferró con fuerza a su cuello, una mano áspera golpeó la pared junto a ellos. Finalmente logró obligarse a abrir los ojos, pero la vista le daba vueltas; estaba demasiado oscuro para distinguir con claridad el rostro del hombre.
Aun así, Uichan lo supo de algún modo.
Era Blacktan.
—Uichan… ah, Uichan.
El beso, que había comenzado como un roce superficial sobre sus labios, se volvió cada vez más profundo. Ya no se trataba simplemente de compartir aire: la lengua de Blacktan penetró en su boca, devorando a Uichan por completo, tragándose su aliento y sus temblores. Los labios le dolían por la presión. Fuera o no aquella agresividad parte de la naturaleza de Blacktan, parecía no conocer en absoluto la moderación.
—Espera, espera un segundo…
La dura parte inferior del cuerpo de Blacktan se presionó insistentemente contra el muslo de Uichan. Algo dentro de él pareció romperse, como si aquello que apenas había logrado contener hasta entonces finalmente se hubiera desbordado.
Uichan se desplomó contra la pared, aferrándose con fuerza a su hombro hasta que sus labios finalmente se separaron. Sentía un cosquilleo en ellos. El aliento húmedo de Blacktan volvió a rozarlos, seguido de un beso breve, un pequeño picoteo parecido al de un pájaro atrapando migajas.
—Afuera es peligroso.
—¿Afuera? ¿Por qué? ¿Qué hay ahí…?
—El dispositivo de distorsión facial que sueles usar… ¿lo tienes contigo?
—No, ahora mismo no… No tengo nada.
Debía referirse al dispositivo que interfería con el reconocimiento facial y que Uichan utilizaba cuando actuaba como Under Doom.
Uichan negó con la cabeza y, al instante siguiente, la mano de Blacktan se cerró sobre su nuca y lo obligó a recibir otro beso. Uichan apretó los ojos. Una lengua gruesa y ardiente recorrió sus labios, arrastrándose sobre ellos como una bestia que saboreaba a su presa.
—Entonces te prestaré mi Habilidad por un rato.
La gran mano de Blacktan se deslizó entre los dedos de Uichan y los entrelazó con los suyos. El frío de su piel refrescó las palmas febriles de Uichan.
—Si cubres tu rostro con las sombras, no podrán reconocerte.
—¿Hay… mucha gente afuera? ¿Quiénes están ahí?
En lugar de responder, Blacktan acercó la mano de Uichan y respiró profundamente. Entonces, como si volviera a ser dominado por algún impulso imposible de controlar, pegó una vez más su boca a la de Uichan e introdujo la lengua con un hambre feroz. La cabeza de Uichan cayó hacia atrás sin que pudiera evitarlo.
Un estruendo pesado sacudió el aire en el exterior. El suelo bajo ellos tembló violentamente. Entre los dientes apretados de Blacktan surgió un rechinar áspero. Sus ojos dorados resplandecieron fríos en la oscuridad, afilados como cuchillas.
—Cuando salgamos… Nell te protegerá. Quédate con él. Terminaré esto rápido. Estarás a salvo.
¿A salvo?
Uichan lo miró desconcertado justo cuando una luz irrumpió desde atrás y lo obligó a entrecerrar los ojos. Poco a poco, pudo distinguir su entorno.
Estaban dentro de la esfera.
Las paredes eran lisas al tacto, pero claramente estaban hechas de tierra compactada.
¿Por qué…?
Había pequeños agujeros repartidos por toda la superficie; quizá servían para que entrara aire. Mientras Uichan los contemplaba aturdido, unos brazos fuertes rodearon su cintura. Blacktan lo levantó sin esfuerzo, se lo echó sobre el hombro y se convirtió en una sombra. Su cuerpo se disolvió en humo y atravesó la pared.
Con un movimiento fluido, salieron al exterior.
Solo entonces Uichan comprendió dónde había estado: dentro de aquella enorme masa de tierra.
Y lo entendió de inmediato.
…Habían sido los pequeños.
Cuando perdió el conocimiento en la mansión de Hyde, los niños que aún llevaba en su vientre debieron reunir la tierra para envolverlo y mantenerlo a salvo.
Por eso la masa se había derrumbado en cuanto lo sacaron de su interior.
—¿Por qué huele… a sangre?
El hedor lo golpeó como una ola. Uichan tuvo una arcada y se cubrió la boca y la nariz con el brazo.
Entonces vio una figura tendida en el suelo.
Entre el humo y las cenizas distinguió a un hombre cubierto de sangre, desplomado frente a la esfera derrumbada, con los brazos extendidos como si hubiera intentado bloquear el paso hacia ella.
Los ojos de Uichan se abrieron de par en par.
—¿Woojae hyung…? ¿Por qué…? Blacktan, bájame. ¡Lo conozco!
Uichan pataleó hasta que Blacktan bajó la mirada y lo dejó en el suelo.
Corrió junto a Ji Woojae.
Cuando intentó levantarlo, el cuerpo inerte del hombre no reaccionó.
—¡Woojae hyung! Despierta, por favor. ¡Soy yo, Uichan! ¡Hyung!
Presionó dos dedos contra el cuello de Ji Woojae y después acercó el oído para comprobar si su corazón latía.
A su alrededor todo era un caos, cubierto por los destrozos causados por las explosiones.
Al ver cómo había caído frente a la esfera, Uichan comprendió lo sucedido: Ji Woojae debía haberse dado cuenta de que él estaba dentro y había permanecido allí protegiéndolo.
«Tengo que usar Regresión».
Tenía que hacerlo.
Era la única forma de salvarlo.
Pero…
Uichan se sujetó el abdomen, temblando.
Solo una vez más.
Sabía que no debía depender de los pequeños, pero les suplicó otro milagro.
Sin embargo, por mucho que susurrara y rogara, no ocurrió nada.
Las heridas de Ji Woojae no se cerraron.
¡Tum!
El suelo tembló bajo ellos. Uichan trastabilló y Blacktan lo sostuvo antes de que pudiera caer.
¡Bum!
La tierra volvió a estremecerse, seguida por el sonido de una ráfaga de viento.
El humo oscuro fue barrido y, en medio de aquella repentina corriente, pétalos revolotearon por el aire.
Phantom Thief Kill había llegado.
—Uichan, parece que esto tardará un poco más.
De pronto, la mano de Blacktan cubrió la cabeza de Uichan.
Una sensación fría se extendió por su rostro. Las sombras lo envolvieron por completo.
Había utilizado su Habilidad para ocultar la apariencia de Uichan.
Tum, tum…
Algo se acercaba.
El suelo ondulaba bajo sus pies como las olas del mar.
Blacktan hizo un movimiento con la mano y, junto a él, brotó un líquido semejante al alquitrán.
Rápidamente tomó forma.
Una enorme pantera negra de ojos amarillos resplandecientes.
La bestia saltó hacia Uichan y envolvió su voluminoso cuerpo alrededor de él para protegerlo, con todos los músculos tensos.
—Nell, protege a Uichan. Yo me encargaré de ellos.
La pantera parpadeó una sola vez, lenta y deliberadamente, dejando claro que había entendido.
Blacktan se incorporó.
El viento arrancó el humo de los alrededores y dejó al descubierto la devastación que los rodeaba.
—…Esto es…
Dieciséis pilares de madera habían brotado en pleno corazón de la ciudad.
Allí donde el asfalto había sido destrozado y quemado, el suelo estaba ahora cubierto de tierra árida y sin vida.
Los héroes comenzaron a soltar maldiciones.
Bajo sus pies, soldados esqueléticos se levantaban haciendo repiquetear sus huesos.
Más allá de los dieciséis pilares, la ciudad permanecía intacta, pero dentro del círculo el entorno había sido reconstruido por completo: aislado, transformado.
—¡Todos, salgan de aquí!
—¡Es demasiado tarde!
Sí.
El escenario ya estaba preparado.
Aquello que más temían los héroes.
El escenario de Hyde.
Uichan levantó la mirada hacia la escarpada formación rocosa situada en el centro.
Sobre ella había una única figura negra, envuelta en una túnica oscura.
En sus ojos gris pálido, la Osa Mayor resplandecía fría e inmóvil.
Los héroes cerraron los ojos con fuerza.
Su peor temor se había materializado.
Turn Hyde, líder de In the Hell, había aparecido.
Poco se sabía acerca de Turn Hyde, el líder de In the Hell.
Al principio, la gente confundía su Habilidad con la de Phantom Thief Kill; los poderes de ambos villanos parecían similares.
Phantom Thief Kill sentía una fascinación retorcida por «robar escenarios»: convertir las grandes escenas de otros en las suyas propias. Sin embargo, al analizarla con detenimiento, su Habilidad estaba basada en el viento y combinada con ilusiones de prestidigitación, trucos semejantes a los de la baraja de un mago.
Hyde, en cambio, poseía algo mucho más aterrador.
Podía crear su propio escenario.
Dentro de cualquier zona que designara, podía construir una cantidad infinita de escenarios: atraía fragmentos de otros espacios y los entretejía, o creaba lugares completamente nuevos de la nada.
Y aquellos espacios no eran simples ilusiones.
Eran su teatro.
Con un solo gesto, quienes se encontraban en su interior eran arrastrados por oleadas de emociones: obligados a confesar, a enfurecerse, a desesperarse.
Su Habilidad consistía en manipular las emociones humanas.
Lavado de cerebro.
Esa era la verdadera esencia de su poder.
Dominio del Escenario — Danza de Marionetas.
El escenario de Hyde destrozaba la mente.
Por muy poderoso que fuera un héroe, una vez que entraba en su escenario se convertía en una marioneta de su teatro.
—Así que todo este alboroto era por esto… ¿Estaban ocupados cazando insectos?
La mirada de Hyde se fijó en la montaña de cadáveres de monstruos.
Los héroes cercanos vacilaron.
Entonces sus ojos se desplazaron hacia el montículo de tierra derrumbado y, después, hacia Uichan, que permanecía arrodillado junto al cuerpo de Ji Woojae.
La expresión de Hyde se congeló al instante.
Uichan estaba ileso.
Pero sus labios…
Hinchados, enrojecidos.
La nuca de Hyde se estremeció.
En el breve instante en que había apartado los ojos de él, otro hombre había dejado su marca allí.
«…Por eso no puedo quitarte los ojos de encima».
La mirada de Hyde pasó de los cadáveres al lugar donde se llevaban a rastras al duende Chiryeong.
—¡Blacktan!
Uno de los héroes gritó, con las venas sobresaliéndole del cuello.
Pero Blacktan ya se había puesto en movimiento.
Los demás héroes, como si estuvieran atrapados por hilos invisibles, no podían moverse en absoluto.
Para entonces, los dos hombres ya habían chocado una vez.
El ataque de Blacktan había acertado, pero una barrera transparente alrededor de Hyde lo detuvo en seco.
¡Bum!
Un estruendo ensordecedor quebró el aire.
No era una explosión, sino el impacto de su choque.
Blacktan salió despedido hacia atrás, desenvainó la espada que llevaba a la cintura y volvió a lanzarse al ataque.
A su alrededor, las sombras se retorcieron y salieron disparadas hacia Hyde como una tormenta de lanzas oscuras.