Soy un villano, pero terminé teniendo un hijo con el héroe - Capítulo 59

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  4. Capítulo 59
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—Sí, podría decirse que sí.

—…Entonces, ¿por qué no me lo dijiste?

¿Acaso Uichan era el único que pensaba que entre ellos todavía había asuntos complicados que debían resolver?

Pensarlo solo hizo que se sintiera todavía más resentido y herido.

Después de todas las oportunidades que Hyde había tenido, ni una sola vez parecía haber estado dispuesto a hablar primero.

—Si una persona tiene aunque sea un poco de conciencia, debería tener algo que decir, ¿no? ¿Por qué… sigues fingiendo que no sabes nada?

Hyde sostuvo en silencio la mirada acusadora de Uichan.

Tenía los ojos enrojecidos, al borde de las lágrimas, pero Uichan se limitó a respirar de manera irregular, conteniéndolas obstinadamente.

—Uichan.

—¿Por qué me mentiste?

Empujó con ambas manos el cuerpo de Hyde, que estaba inclinado hacia él, y se mordió el labio antes de golpearlo con fuerza en el hombro.

—No tenías por qué engañarme a mí también.

Desde los dieciocho años, desde que se conocieron, nunca había habido secretos entre ellos.

Cuando se reencontraron después de que Hyde consumara su venganza en aquel edificio abandonado, él tenía un aspecto completamente distinto.

Era un hombre al que Uichan no reconocía.

Y, aun así, había sabido con una sola mirada que era Hyde.

Pero ahora Hyde estaba frente a él llevando el rostro que todo el mundo conocía como La Épée.

Solo sus ojos, gris plateado y con la Osa Mayor grabada en ellos, harían que cualquiera comprendiera al instante quién era en realidad.

—Tu nombre. El verdadero nombre de Hyde… ¿era Dan Yeonhu?

—…Sí.

Dan Yeonhu.

Curiosamente, al invertir sus iniciales, se leía «H-Y-D».

Hyde.

Incluso durante su glorioso pasado, el nombre de «La Mute» nunca había sido de conocimiento público.

Así que aquella era la primera vez que Uichan descubría que el verdadero nombre de Hyde era Dan Yeonhu.

La irritación volvió a invadirlo y golpeó otra vez el hombro de Hyde.

Se oyó un golpe sordo, pero Hyde ni siquiera se inmutó.

—Podrías haberme dicho simplemente que eras La Épée. No es como si fuera a culparte por eso. Aunque me lo hubieras contado, habría mantenido la boca cerrada. ¿Alguna vez me has visto ir por ahí hablándole a alguien sobre Hyde?

Hyde apretó la mandíbula mientras contemplaba al furioso Uichan.

Uichan siempre había tenido la tendencia de tomarse la mayoría de las cosas con ligereza.

Fuera de una manera o de otra, solía mantener la calma.

Pero cuando se trataba de sus «hermanos», se lanzaba al peligro sin vacilar con tal de salvarlos.

Hyde siempre había odiado eso de él.

Esa era la única razón por la que no le había contado nada.

«La Épée» había sido su juego y su red de seguridad.

Una identidad que podía desechar en cualquier momento.

Una cuya muerte no haría que Uichan se preocupara.

Pero después de aquella noche, atrapado dentro de la bestia de tierra y acostándose con Uichan, todo se había venido abajo.

—Tú tampoco me lo dijiste, así que el hecho de que yo ocultara el embarazo nos deja a mano. Tú lo ocultaste primero.

Por lo tanto, Hyde no tenía derecho a regañarlo por haber guardado su propio secreto.

Uichan lo fulminó con sus ojos enrojecidos y las lágrimas finalmente se desbordaron.

Hyde pasó perezosamente el pulgar por el rastro húmedo de su mejilla.

—…Tienes razón. Me porté muy mal. Debí habértelo dicho antes.

Uichan se secó los ojos con el brazo, pero cuando Hyde se lo sujetó y lo bajó, ya no tuvo ninguna mano con la que ocultarse el rostro.

Sus ojos enrojecidos todavía conservaban un aire desafiante.

Si Uichan terminaba odiándolo, el único que saldría perdiendo sería él.

Hyde sonrió levemente mientras borraba las marcas de las lágrimas.

—No habrá una próxima vez. Te lo prometo. Me equivoqué.

Escuchar a Hyde admitir su culpa con tanta facilidad suavizó la expresión de Uichan.

Sabía que Hyde siempre cumplía su palabra una vez que la daba, así que dejó que la tensión abandonara su mirada y asintió con cierta vacilación.

Al ver lo rápido que Uichan se ablandaba, con las mejillas cálidas y sonrojadas como un durazno, Hyde dio un ligero golpecito sobre aquella suave piel.

Uichan frunció el ceño y se limpió la mejilla con el dorso de la mano.

Los labios de Hyde se curvaron hacia arriba, pero sus ojos gris pálido brillaron fríos y distantes.

Sí.

¿Por qué se le había ocurrido imponerse aquel Lavado Cerebral?

La hipnosis que había utilizado para separar su identidad de la de La Épée había terminado convirtiéndose en una cadena alrededor de su propio cuello.

Cuando borró la Osa Mayor, impuso una restricción sobre su propia mente:

Olvidar por completo a Ha Uichan.

Borrar de su memoria que Under Doom y aquel hombre eran la misma persona.

La condición para liberar la restricción era que algún miembro de In the Hell fuera capturado o herido por héroes.

Hasta entonces, La Épée y Ha Uichan serían desconocidos.

Completa y absolutamente desconocidos.

Pero el día del derrumbe, cuando la bestia de tierra se los tragó, algo salió mal.

El Lavado Cerebral y la restricción se enredaron entre sí y se produjo un error.

Cuando Uichan estuvo en peligro, el cerebro de Hyde intentó levantar el sello, pero la hipnosis era demasiado fuerte.

Aquel conflicto provocó un fallo catastrófico.

Su mente se quebró entre el error y el sello.

El dolor era insoportable.

Sentía que la cabeza estaba a punto de estallarle y, aun así, no podía dejar de tocarlo, de recorrer con desesperación y hambre instintiva aquella calidez que le resultaba tan familiar.

Ah… ¿quién es este?

Mmm, es nuestro Uichan, ¿no?

¿Uichan…? ¿Quién es?

¿Por qué está aquí el pequeño…?

¿Quién demonios es este que resulta tan familiar para mis manos?

Ah… se ve delicioso. Igual que nuestro Uichan.

Entonces… ¿quién demonios es Ha Uichan?

Incluso en medio de la agonía de aquella sobrecarga, el cuerpo de Hyde había actuado por instinto.

Si hubiera estado en pleno uso de sus facultades, nadie más habría tocado a Uichan aquella noche.

Él mismo les habría arrancado la garganta y desollado la piel.

Pero, al final, sobrevivieron.

Y Uichan pasó aquella noche con tres hombres.

Quizá había sido una broma cruel de algún dios.

El resultado de la locura de una sola noche era la vida que ahora crecía dentro de su vientre.

Pero Hyde no podía negar la parte de culpa que le correspondía.

A causa de aquel grave error, había liberado toda la hipnosis y todos los sellos que había impuesto sobre La Épée.

Y ahora…

—Protegeré a los pequeños… No te preocupes por nada, Uichan.

La voz grave de Hyde retumbó mientras apoyaba los labios sobre el hombro blanco de Uichan.

En cuanto sus pieles entraron en contacto, Uichan se estremeció.

Una calidez dulce se extendió sobre su piel como una marea.

Hyde inhaló profundamente, con una languidez cargada de somnolencia, y cerró los ojos.

Hasta su aroma era dulce.

—¡Pío… pío, pío!

Uichan despertó con el canto de los pájaros en el exterior.

Las náuseas matutinas, que habían disminuido durante un tiempo, parecían haber regresado.

La noche anterior había vomitado todo lo que había comido después de apenas unos cuantos bocados.

Había pasado la mitad de la noche gimiendo, y solo consiguió quedarse dormido cerca del amanecer gracias a la mano de Hyde, que le frotaba la espalda para tranquilizarlo.

—Duerme un poco más.

Cuando comenzó a moverse, una voz grave llegó desde detrás de él.

Solo entonces Uichan se dio cuenta de que una gran mano seguía apoyada sobre su vientre.

La palma de Hyde estaba cálida, como si hubiera permanecido allí toda la noche, acariciándolo suavemente.

—Debe ser Mother Ship.

—¿Mother… Ship?

Hyde se levantó, acomodó cuidadosamente la manta hasta los hombros de Uichan y salió de la habitación.

A través de la puerta corrediza, abierta apenas por un instante, Uichan alcanzó a ver un pequeño gorrión.

Uno de los muñecos familiares de Mother Ship.

La puerta volvió a cerrarse y Uichan quedó solo.

Sentía el cuerpo pesado, agotado por las náuseas y la inquietud de la noche.

Sus párpados temblaron y comenzaron a cerrarse otra vez.

Incapaz de moverse, dejó que cayeran, mientras la voz de Mother Ship llegaba débilmente a través de las paredes.

—Hyde, ¿hasta cuándo piensas tener al pequeño ahí? ¿Estás loco? ¿Qué intentas hacer, absorberle toda su fuerza vital?

—Si viniste hasta aquí tan temprano solo para decirme eso, sinceramente estoy decepcionado, Mother Ship. Así que dime. ¿Por qué enviaste aquí a tu pajarito?

—…Ah. ¿Por qué demonios me uní a ti? Ni siquiera sé si el muchacho va a sobrevivir. Bien, seré breve. El objeto que dejaste conmigo… creo que los goblins ya se dieron cuenta. Esta semana volvieron a intentar penetrar en mi estómago. Ya es la segunda vez.

—¿Intentaron penetrar en ti? ¿Y los intrusos?

—Por supuesto que los maté. Les arranqué las almas y los convertí en mis barqueros. ¡Debí haberles retorcido también las tripas a esos bastardos!

—Shh… Uichan podría oírte. Te dije que usaras palabras bonitas cerca de los bebés.

—Ugh, está bien. De todos modos, Podo se está divirtiendo atormentando a los nuevos barqueros. Está encantadísimo. Hyde, ¿no llevaste a un goblin a la mazmorra la última vez? ¿Quizá la filtración vino de ahí?

—…Es posible. No puedo garantizar que no haya sido así. No deberíamos hablar aquí. Cambiaré de lugar.

—¿Y Uichan? ¿Seguro que es buena idea dejarlo solo?

—Mother Ship, ¿qué crees que es este lugar? He establecido una restricción.

Se oyó un chasquido seco.

Y ambos desaparecieron sin dejar rastro.

Para entonces, Uichan ya había vuelto a caer en un sueño ligero y agotado.

No percibió el leve hormigueo que palpitaba bajo la gruesa manta, en lo profundo de su vientre.

Poco después, una enorme sombra cayó sobre la puerta corrediza.

Toc… toc, toc.

Medio perdido en un sueño profundo, Uichan frunció el ceño.

Aquel sonido…

Toc, toc-toc.

Parecía que alguien estuviera llamando a la puerta.

Sus párpados temblaron y se abrieron.

A través de su mirada empañada, vio la silueta de Hyde golpeando la puerta.

—Uichan, ¿puedes abrir la puerta?

Uichan frunció el ceño y se llevó una mano a la sien.

¿Por qué estaba llamando?

¿Por qué no entraba simplemente?

—Hyde… podrías entrar y ya.

—Ah, bueno… puse la restricción demasiado fuerte. Ni siquiera yo puedo entrar. Tienes que abrirme tú.

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