Soy un villano, pero terminé teniendo un hijo con el héroe - Capítulo 51

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  4. Capítulo 51
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—Dicen que estás buscando al padre del tercer niño… ¿Cómo piensas encontrarlo exactamente, Uichan? No quiero compartirte con nadie más. No tengo ninguna intención de hacerlo.

—Pero los niños… ellos no hicieron nada malo. Son mis bebés. Puedo criarlos yo solo.

Aferrándose con fuerza al brazo de Hyde, Uichan lo fulminó con la mirada. Los nudillos se le habían puesto blancos por la fuerza con que lo sujetaba, pero su respiración pesada e irregular dejaba claro que no estaba dispuesto a ceder.

Hyde permaneció en silencio durante un rato.

Otra oleada de quietud escalofriante llenó el ambiente.

Afuera se escuchó un golpe sordo, seguido por el rítmico chapoteo del agua que caía de una rueda hidráulica.

Uichan sintió una mano posarse suavemente junto a su cabeza.

Pensó que Hyde intentaba darle la vuelta y trató de resistirse apoyándose en el codo, pero lo único que recibió fue un suspiro grave y profundo.

—…Te he consentido tanto que hasta yo me he vuelto blando.

—……

—Sí… ¿Cómo podrían no ser preciados los niños?

Los ojos de Uichan se abrieron de par en par.

Una mano fría se había deslizado entre sus piernas.

Hyde lo hizo recostarse con facilidad y apartó de su frente el cabello húmedo por el sudor.

Uichan levantó la mirada con inquietud.

—¿Q-qué estás haciendo…?

—Abre las piernas.

—¿Por qué… las piernas?

—Hazlo. Antes de que cambie de opinión.

Su expresión era completamente fría, pero su tono seguía siendo tan suave como siempre.

Por alguna razón, Uichan no sintió que estuviera en peligro.

Cuando separó las piernas con vacilación, la mano de Hyde presionó contra su perineo y después, con suavidad, contra la entrada.

Aunque apenas ejerció presión con las yemas de los dedos, una gran cantidad de líquido salió de su interior.

Era imposible saber cuánto habían vertido dentro de él durante toda la noche.

—Ah…

Los dedos medio y anular de Hyde se deslizaron profundamente en su interior.

El movimiento, rozando sus paredes internas, hizo que regresaran destellos de las sensaciones de la noche anterior. El calor inundó el vientre de Uichan; abrió la boca, solo para volver a cerrarla de inmediato, en silencio.

—Siempre he hecho todo lo que nuestro pequeño me ha pedido. Me pediste que perdonara a mis hermanos y lo hice. Dijiste que odiabas que matara a inocentes, así que solo maté villanos. Incluso cuando viniste a mí llevando al hijo de otro hombre… los dejé vivir.

Ese «los dejé vivir» no se refería a Uichan.

Se refería a los bebés.

Más líquido salió de su interior y descendió hasta empapar la ropa de cama.

Incluso desde lugares tan profundos que los dedos de Hyde no podían alcanzar, Uichan sentía cómo el líquido era extraído.

Con un solo movimiento de la mano de Hyde, era como si lo estuviera sacando por la fuerza, haciéndolo brotar de su cuerpo en oleadas.

—Así que dime, Uichan. ¿Los demás lo saben?

Jadeando, Uichan negó rápidamente con la cabeza.

Los dedos que recorrían su interior volvieron a moverse, rozando un punto firme de su pared interna.

Si Hyde hubiera sido más brusco, Uichan quizá lo habría apartado.

Pero aquel movimiento lento y prolongado, casi provocador, lo dejó incapaz de hacer nada.

—¿No lo saben? Mmm… Eso despierta mi curiosidad.

Uichan se estremeció e intentó apartarse, como si sintiera una comezón en lo más profundo de su cuerpo.

Pero entonces su rostro se contrajo y dejó escapar un gemido entre los dientes apretados.

—…Supongo que realmente es mío. El pequeño obstinado no quiere soltarlo.

—Ah… Ah, ngh…

—Uichan, aguanta solo un poco más. Me aseguraré de que los bebés no sufran ningún daño.

Su visión comenzó a dar vueltas, así que cerró los ojos.

Su cuerpo alternaba entre un frío helado y un calor abrasador, como si lo sumergieran primero en agua congelada y luego en fuego.

Por las palabras de Hyde, parecía que el niño en su interior estaba resistiéndose, negándose a perder su fuerza.

Quizá el sabor de aquel poder era demasiado dulce como para renunciar a él.

—Ya está. Terminamos. Bien… Así es.

El dolor comenzó a disminuir poco a poco.

Uichan, todavía temblando, sintió que la tormenta finalmente había pasado.

Debería haber odiado a Hyde por todo lo sucedido y, sin embargo, sentía una gratitud torpe y apagada.

Por haber salvado a los tres bebés.

O quizá se debía a la forma en que la mano de Hyde acariciaba ahora su vientre, con la delicadeza de quien tranquiliza a un niño.

Aquel contacto lo calmó.

La tensión abandonó su cuerpo y la somnolencia comenzó a apoderarse de él.

Su visión titiló.

Los párpados se le volvieron tan pesados que ya no pudo mantenerlos abiertos.

Justo antes de perder la conciencia, sintió el brazo de Hyde atraerlo hacia sí, sus cálidas palmas acariciándole el vientre y sus labios depositando besos una y otra vez sobre su frente.

Con las últimas fuerzas que le quedaban, Uichan susurró débilmente:

—…No… toques a mi médico…

Hyde no respondió durante un momento.

Entonces llegó su voz, grave y despreocupada.

—…No lo haré. Después de todo, alguien tiene que cuidar de los niños.

Al escuchar aquello, el hilo de ansiedad al que Uichan se había estado aferrando finalmente se relajó.

Hyde era un hombre que cumplía su palabra.

No lastimaría a Oh Juhyuk ni manipularía sus recuerdos.

Aliviado, Uichan cerró los labios mientras la oscuridad cubría su visión.

Decidió descansar.

Quería ver a sus bebés.

Con cada exhalación que rozaba su mejilla, creyó escuchar el canto de los pájaros.

Un tenue aroma a hierba llegó hasta él.

Y entonces, sin siquiera darse cuenta, su conciencia se hundió por completo.

—…Entonces tendré que ocuparme de los otros hombres.

Uichan no escuchó aquellas silenciosas palabras, que resonaron en el aire solitario como un toque de difuntos.

Clac.

Un sonido áspero procedente del exterior hizo que Uichan frunciera el ceño sin abrir los ojos.

Los pájaros trinaban al otro lado de las puertas corredizas.

Entrecerró los ojos ante la luz del sol que se filtraba hacia el interior, levantó una mano para protegerse la vista y finalmente los abrió despacio.

—¡Pequeño! ¡Pío!

A diferencia de la noche anterior, la habitación estaba inundada por una luz deslumbrante.

El sol ascendía más allá de las puertas de papel.

Todas las lámparas de aceite se habían apagado y Uichan yacía solo bajo la ropa de cama cuidadosamente acomodada.

Hyde no estaba por ninguna parte.

—¡Pequeño! Estás ahí, ¿verdad? ¡Pío!

Al escuchar la voz del pájaro en el exterior, Uichan se incorporó con pesadez y abrió la puerta corrediza.

Lo único que cubría su cuerpo era un abrigo negro.

Hyde debía de haberlo colocado sobre él.

Avergonzado al darse cuenta de que no llevaba nada debajo, se apresuró a cerrarlo bien.

Clac.

La puerta se deslizó y la luz procedente del este inundó el suelo de madera.

Más allá se extendía un jardín exuberante, repleto de árboles y flores, con pájaros y mariposas revoloteando en nubes.

Uno de los pájaros lo vio y descendió rápidamente hacia él.

—¡Pequeño! ¡Pío!

Al reconocer al pájaro mensajero de Mother Ship que volaba directamente hacia él, Uichan levantó instintivamente la mano para que se posara allí.

—¿Mother Ship?

—¡Pequeño! Ja, sabía que estabas aquí. ¡Me preguntaba por qué los ojos de ese desgraciado se habían puesto blancos!

El pájaro erizó furiosamente las plumas y comenzó a temblar de rabia.

Uichan le acarició suavemente la cabeza para tranquilizarlo.

La mirada de la criatura se suavizó, aunque la preocupación seguía presente.

—¡Me dijo que me quedara quieta vigilando sus cosas y luego salió corriendo hacia las montañas para esconderte aquí! ¡¿Cómo se supone que voy a mantener la calma?!

—P-por favor, Mother, cálmate. No es como si hubiera ocurrido algo terrible, ¿verdad?

Mother Ship lo miró con tristeza.

Si hubiera estado allí en persona, seguramente tendría las comisuras de los labios caídas.

—…A ti sí te ocurrió algo terrible. Hyde finalmente te puso las manos encima. Por mucho que me culpe, aun así me utilizó para llegar hasta ti. Lo sabía. Desde que empezó a consentirte tanto, tuve un mal presentimiento sobre todo esto.

Su pequeño cuerpo tembló de ira.

Entre los hermanos de In the Hell, todos sabían que Hyde sentía predilección por el más joven.

Habían soportado juntos años crueles, apoyándose mutuamente durante los peores momentos.

Pero ahora…

Lo había arruinado.

Había construido una mansión en lo profundo de las montañas y la había sellado con muros lo bastante altos como para mantenerlo encerrado allí.

—Ese desgraciado sinvergüenza… Debió de perder la cabeza para comportarse como una bestia a la que le quitaron las cadenas. De entre todas las personas, ¿por qué tú? Los demás se rebelarán cuando se enteren. Dime, pequeño… Él te obligó, ¿verdad?

Ante sus palabras, Uichan bajó rápidamente la mirada hacia su propio cuerpo.

Sus piernas, que sobresalían por debajo del abrigo, estaban enrojecidas y sucias.

La imagen era lo bastante comprometedora, así que tiró de la tela para cubrirse mejor.

—Esto, eh… Mother, no es lo que parece…

—¿Sabes lo que me dijo ese desgraciado? Dijo que, si no fuera por ti, nos habría enterrado vivos en sal a Podo y a mí. Sabes lo despiadado que es. Pero después dijo que nos perdonaría. Incluso les pidió permiso a los demás para dejarnos vivir. ¡Solo necesitaba algo con qué distraerse! ¡Llevaba esperando el día en que Podo perdiera el control!

—No, eso… Mother, no es así. Sí le pedí que te perdonara a ti y a Podo, pero esto… no fue a cambio de eso. Yo lo engañé, eso es todo.

Y como había sido él quien lo había iniciado, Uichan tampoco podía culpar por completo a Hyde.

Lo que habían hecho había sido mutuo, fruto del consentimiento de ambos, por poco sentido que tuviera.

Su relación con Hyde siempre había sido ambigua, como una campana que nunca dejaba de vibrar justo al borde de emitir sonido.

No estaban unidos por la sangre, pero se llamaban hermanos y vivían bajo el mismo techo.

Cada uno de ellos había crecido en un infierno diferente.

Hyde era frío y despiadado.

Pero solo con los demás.

Con Uichan, siempre había reprimido sus propias convicciones.

Aunque Uichan a menudo fingiera no darse cuenta, no podía ignorar la sinceridad que había detrás de aquella bondad.

Había conocido a Hyde cuando era un joven perdido de dieciocho años y, desde entonces, habían sobrevivido juntos dentro de aquella frontera difusa entre la familia y algo más.

Para Uichan, Hyde había sido un pilar en el que apoyarse, alguien cuya sola presencia le proporcionaba consuelo.

Por eso, palabras como «obligar» o «violencia», utilizadas por su médico y por Mother Ship, no encajaban entre ellos.

No podían hacerlo.

En aquel momento, Uichan había necesitado a Hyde más que a ninguna otra persona.

Aunque Hyde no fuera el padre del tercer niño —como más tarde había confirmado—, cuando todavía desconocía quién era el padre, Hyde había sido la única persona de la que Uichan no podía prescindir bajo ninguna circunstancia.

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