Soy un villano, pero terminé teniendo un hijo con el héroe - Capítulo 5

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—¿Fue un regalo?

—…Lo compré en una subasta.

—En lugar de usar equipo de apoyo sin certificar como este, utiliza los productos de nuestra compañía. Más adelante te regalaré unos.

—No. Está bien. Ya estoy acostumbrado a estos, no hace falta cambiarlos.

Una vez que tuvo la mano libre, Noa volvió a apoyarla en el reposabrazos del sofá.

Mientras buscaba alguna posible ruta de escape, Uichan comprendió que estaba completamente atrapado.

Miró hacia la puerta, pero, a diferencia de antes, ahora estaba firmemente cerrada. Aunque corriera e intentara abrirla, probablemente no se movería.

A juzgar por el hecho de que su propio comunicador permanecía en silencio, tampoco parecía estar ocurriendo nada especial en el salón.

La ceremonia de apertura ya debía de haber comenzado. Probablemente, el resto del personal de seguridad estaría de pie a un lado, aplaudiendo cortésmente.

Quizá ausentarse unos minutos no sería tan grave.

—¿Cómo te llamas?

—……

Ha Uichan nunca había tenido suerte y, sin importar cuáles fueran sus intenciones, las cosas siempre terminaban convirtiéndose en un desastre.

Había pensado que era afortunado por haber logrado evitar a los héroes hasta ahora, pero que lo atrapara uno de los Tres Grandes Héroes era algo que jamás habría imaginado.

—Al menos podemos presentarnos, ¿no crees? Siento que habernos conocido así es cosa del destino.

—…Ha Uichan, señor.

Si hubiera inventado un nombre falso, podría haberle causado problemas más adelante.

Después de repetir el nombre unas cuantas veces entre sus labios, Noa retiró la mano del sofá.

Uichan pensó que por fin lo dejaría marcharse, pero, en lugar de eso, Noa cambió de objetivo y extendió la mano hacia el comunicador que llevaba en la cintura.

—Te queda bien. Suena maduro y transmite una imagen pulcra.

Su enorme mano se deslizó por detrás de la espalda de Uichan y arrancó el cable del comunicador sin contemplaciones.

Antes de que Uichan pudiera detenerlo, una interferencia crepitó en su oído.

—Quítate esto por ahora. Está grabando. No querría que alguien más escuchara nuestra conversación.

—Espere… Tenga cuidado. Si se rompe durante mi turno, tendrá que pagarlo, señor Noa.

Noa podía reemplazar fácilmente un comunicador averiado, pero, si Uichan no respondía a tiempo, sería él quien recibiría la sanción disciplinaria.

Además, una vez terminada la ceremonia de apertura, debía reincorporarse a sus funciones. Perder una llamada podría significar quedarse sin su paga diaria.

—¿Tu turno? Ah… Ya te dije que no te preocuparas por eso. Hablaré con el jefe del equipo de seguridad. Ahora mismo estás conmigo, así que no estás descuidando tus obligaciones, ¿verdad?

Sonriendo como el mismísimo sol, el hombre levantó la mirada hacia Uichan.

La gente solía comparar el cabello castaño claro de Noa con el de un golden retriever. Con su gran tamaño y su aura amistosa, parecía la clase de perro que correría alegremente por una playa con una pelota de rugby en la boca.

Sin embargo, para Uichan, si había que comparar a Noa con un perro, sería con un sapsaree, un perro guardián coreano.

Cuando Noa entraba en combate, se transformaba por completo.

Aquellos ojos verde pálido adquirían un aspecto fantasmal y afilado, congelando todo a su alrededor con un aura de intención asesina.

Justo entonces, se escuchó un pitido procedente de alguna parte.

Al bajar la mirada, Uichan vio que Noa dirigía los ojos hacia su propia cintura.

Su comunicador estaba sonando.

—Señor Noa, parece que lo llaman desde el salón.

—No pasa nada si lo ignoro. Es solo la señal para el discurso de apertura.

«…Razón de más para que vaya».

Sin embargo, Noa desconectó tranquilamente el cable y cambió por completo el canal.

Hacía un momento parecía un héroe iluminado; ahora se asemejaba más a un delincuente travieso capaz de rivalizar con un villano.

«Espera tranquilamente diez minutos», se dijo Uichan. «Cuando tengas la oportunidad, márchate sin dudarlo».

Seguramente Noa tendría que asistir pronto a la ceremonia.

Pero, mientras contaba en silencio dentro de su cabeza, el sólido pecho de Noa rozó sus rodillas y lo empujó hacia atrás con el más mínimo movimiento.

—Ah, perdón. Solo quería mirar tu rostro un poco más de cerca.

Uichan lo observó, desconcertado y ligeramente irritado.

Sus ojos azul oscuro poseían una profundidad serena, una calma inexpresiva que fácilmente podía confundirse con belleza. Las comisuras exteriores de sus ojos, ligeramente elevadas, le daban un aire ingenuo, casi inocente, cuando parpadeaba.

Era un hombre, de facciones más marcadas y complexión delgada pero tonificada. Sin embargo, por alguna razón, los ojos de Noa seguían desviándose hacia él.

Noa tenía una buena intuición y, en aquel momento, esa intuición le gritaba que ya había visto antes a aquella persona.

Pero nunca había conocido a alguien así: alguien tan discretamente llamativo, que parecía mayor y, al mismo tiempo, de alguna manera incompleto; torpe de una forma que le recordaba a… alguien.

Aun así, la diferencia parecía demasiado grande.

Noa sonrió con incomodidad para sí mismo, reprimiendo una carcajada.

Uichan no lo sabía, pero cada parpadeo de aquellos ojos negros reflejaba confusión, como ondas que se extendían sobre la superficie de un agua tranquila.

—¿Por qué… por qué sigue mirándome?

—Solo estaba comprobando si de verdad te encontrabas mal. ¿Tienes fiebre?

Uichan negó rápidamente con la cabeza, avergonzado.

No era fiebre. Simplemente no había dormido lo suficiente.

Pero explicarlo solo prolongaría la conversación.

Noa movió los labios como si fuera a decir algo y luego metió la mano en el bolsillo trasero.

Sacó una tarjeta llave negra y la levantó hacia el techo con un pequeño gesto.

—Tengo la tarjeta de una de las habitaciones de arriba. Ve a descansar un poco y baja más tarde. Trabajar estando enfermo es horrible. No le des tantas vueltas.

¿Quién sabía qué clase de problemas lo esperarían si iba allí?

Podría haber héroes tendiéndole una emboscada porque habían reconocido su verdadera identidad.

Uichan negó firmemente con la cabeza.

En respuesta, Noa sujetó la tarjeta entre los dientes, extendió los brazos y, con un gruñido, lo agarró por la cintura como si tuviera toda la intención de volver a cargarlo.

—Señor Noa, ¿por qué siempre intenta resolver las cosas por la fuerza…?

—Ah, ¿sabes? Tengo una fuerza comparable a la de un tigre de Amur. Y, además, provengo del reino espiritual, ja, ja.

Pero justo cuando Noa comenzaba a levantarse…

Toc, toc.

Alguien llamó a la puerta desde el otro lado.

Las gruesas cejas de Noa se contrajeron levemente con fastidio.

—Noa, tu esposa te está llamando. Deberías ir.

La voz pertenecía a su compañero de apoyo, Cha Dohwan.

El enorme cuerpo de Noa se quedó inmóvil, mostrando una vacilación poco habitual en él.

Después de un breve silencio, levantó la mirada con un suspiro.

—Ah… Jaah.

Inclinó la cabeza hacia atrás y contempló el techo durante un momento antes de volver a bajarla.

Un pesado suspiro escapó de entre la cortina de su cabello.

—…Solo iré a dar el discurso de apertura y regresaré enseguida. No te vayas a ninguna parte, ¿de acuerdo? Parece que mi señora está decidida esta noche.

Antes de ponerse de pie, Noa tomó los lentes de las manos de Uichan y se los acomodó cuidadosamente sobre la nariz.

Temiendo que cambiara de opinión, Uichan se apresuró a ajustárselos.

La escena debió de divertirlo, porque Noa soltó una risita.

Luego deslizó la tarjeta de la habitación del hotel en el bolsillo de la chaqueta de Uichan.

—Quédate con esto. Si de verdad te sientes mal, sube a descansar.

Si Noa se marchaba, Uichan tampoco tenía motivos para quedarse.

En cuanto Noa saliera, abandonaría aquel lugar sin mirar atrás.

Observó la ancha espalda de Noa mientras el hombre abría la puerta.

A través de la abertura, los ojos de Uichan se encontraron con los de Cha Dohwan, el compañero de apoyo de Noa.

Dohwan se limitó a dedicarle una inclinación cortés de cabeza antes de hacerse a un lado.

Una vez que Noa, impecablemente vestido, desapareció por el pasillo, Uichan volvió a conectar inmediatamente su comunicador y salió de la sala de recepción.

Regresó a su posición asignada y retomó sus funciones como si nada hubiera ocurrido.

Para entonces, el salón de fiestas rebosaba de actividad con la ceremonia de apertura.

Bajo los resplandecientes candelabros, héroes, políticos y las personas más acaudaladas de la nación se reunían con copas de champán en las manos para celebrar la gala benéfica.

Y, entre todos ellos, una figura brillaba más que las demás.

Min Noa.

Se decía que casi todos los trajes de héroe del mundo procedían de la Corporación Berta.

La fundadora de la compañía, la presidenta Kang Harin, y el director Min Nohun habían sido en otro tiempo el dúo de héroe y compañero de apoyo más famoso de Corea.

La gente solía llamarlos «Cell Beta».

Después de retirarse a los cuarenta años, ingresaron en la industria privada de defensa.

A través de años de esfuerzos incansables, desarrollaron lo que acabaría convirtiéndose en equipo de defensa clasificado: nanotrajes y dispositivos auxiliares para héroes.

Acumularon una enorme fortuna gracias a las armas, armaduras y otros equipos de defensa.

En la actualidad, la compañía ocupaba el noveno puesto entre los conglomerados mundiales y exportaba trajes para usuarios de habilidades a todo el planeta.

Min Noa era el único heredero de la compañía.

Había nacido cuando sus padres ya tenían una edad avanzada, por lo que era más preciado para ellos que cualquier otra cosa. Sin embargo, quizá porque ellos mismos habían sido héroes, no temían que su hijo ejerciera como tal.

Estaban más orgullosos de él que nadie.

—…Ahí va otra vez.

Uichan se frotó la frente y suspiró profundamente.

Sin motivo aparente, sentía el cuerpo pesado y un leve dolor palpitante en la parte baja del abdomen.

Quizá solo fuera cansancio.

Apartándose de la multitud, se dirigió silenciosamente hacia la salida de emergencia.

Allí, por casualidad, alcanzó a ver a dos hombres corpulentos intercambiando algo cerca de la entrada.

Todo sucedió tan rápido que nadie más pareció darse cuenta.

Estaban en un estrecho espacio junto a la puerta, parcialmente ocultos de la vista.

Una vez que los hombres desaparecieron, Uichan se acercó.

Diminutas motas de polvo blanco salpicaban la alfombra.

Tocó una con la punta del dedo y se la acercó a la nariz.

Un intenso olor a almizcle invadió sus sentidos.

Recordó haber escuchado rumores sobre una nueva droga a base de almizcle que circulaba por Itaewon.

Si recordaba correctamente, se trataba de un narcótico con una elevada concentración de estimulantes sexuales.

Al levantar la mirada, Uichan siguió la dirección en la que se habían marchado los hombres.

Hacia la puerta oeste.

—…La puerta oeste, ¿eh?

Aquella zona estaba repleta de políticos y ejecutivos empresariales, en su mayoría civiles, no héroes.

También habían destinado allí a gran parte del personal de seguridad.

Los hombres iban vestidos como guardias.

Algo no encajaba.

La gala benéfica llevaba más de un mes anunciándose a nivel mundial y, en noches como aquella, los villanos tendían a salir de todas las sombras.

Quienes más revuelo habían causado últimamente eran el criminal fugitivo Seok Myeongcheol y el grupo de villanos emergente Maphiroa.

Y aquel con quien Uichan tenía asuntos pendientes esa noche…

Era el convicto fugitivo, Seok Myeongcheol.

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