Soy un villano, pero terminé teniendo un hijo con el héroe - Capítulo 19
—Entonces, esa cosa que está ocurriendo ahora…
[Lo escondieron tan bien que ni siquiera los villanos pudieron encontrarlo. Por eso los dokkaebi enloquecieron en cuanto se enteraron. Están echando espuma por la boca, diciendo que irán a recuperarlo. ¡Ay, Podo! ¡¿Qué crees que estás haciendo yendo hacia allá?!]
Se desató un alboroto al otro lado del muñeco. Se escucharon gritos semejantes a los de una bestia y luego volvió a oírse la voz apremiante de Mother Ship.
[Esto no está bien, pequeño. Sal de ahí rápido. Jekyll Jack está luchando contra los dokkaebi, pero son demasiados. Hyde y el Ladrón Fantasma no pueden llegar hasta ti. Las comunicaciones están cortadas.]
Otra explosión ensordecedora llegó desde el exterior, como si el mundo entero se hubiera partido en dos. El edificio se sacudió con tanta violencia que parecía que el propio suelo se balanceaba.
Uichan se puso de pie y dijo:
—Madre, Podo… No vengan aquí. Dile también a Jekyll Jack que escape lo antes posible. Yo saldré pronto.
[Está bien, entendido. Ten cuidado, pequeño.]
Justo entonces, las sirenas comenzaron a resonar por todo el edificio.
Uichan dejó atrás al muñeco, que ahora volvía a ser uno ordinario, y salió de la sala de espera.
El pasillo ya era un caos absoluto. Los gritos y las maldiciones llenaban el aire, mientras el corredor se abarrotaba de personas que intentaban encontrar una ruta de evacuación.
En medio del caos, Uichan corrió hacia el campo de entrenamiento.
Alguien lo agarró.
—¡¿Por qué vas hacia allá?! ¡La ruta de evacuación está del otro lado! ¡Los héroes ya se están encargando de los villanos! ¡Es peligroso ir allí!
—Señor, yo también soy un héroe. No se preocupe.
Se soltó con delicadeza del agarre del hombre, pero la desgracia volvió a golpear.
En el instante en que Uichan lo soltó, alguien que corría como un toro embistió al hombre. Este salió rebotando de un lado a otro como una pelota de ping-pong, soltando una serie de gemidos de dolor antes de desplomarse a lo lejos.
Aprovechando la oportunidad, Uichan corrió a toda velocidad hacia el campo de entrenamiento.
El espectáculo que encontró fue desastroso.
La ciudad simulada que habían construido para el examen estaba medio destruida y de todas partes se elevaba humo negro. Un vendaval semejante a un huracán barría todo el lugar.
Era la habilidad de viento de Noatis.
—¡Jekyll Jack está por allá! ¡Acaben primero con ese bastardo!
—¡No! ¡No podemos acercarnos!
Al escuchar el nombre de Jekyll Jack, Uichan comenzó a buscarlo rápidamente.
Una de las paredes del recinto había sido destruida, dejando el exterior al descubierto. Al parecer, los villanos habían irrumpido por la abertura y los héroes se estaban exponiendo al peligro para impedirles el paso.
—¡Maldita sea! ¡Estorban! ¡Apártense!
Jekyll Jack gruñía y rugía contra todos los que lo rodeaban.
Uichan se dirigió inmediatamente hacia las explosiones. Allí, en medio de una sucesión de estallidos, Jekyll Jack estaba enfrascado en una feroz batalla.
—Eso es…
Entre las llamas y el humo, dos figuras chocaban, dispuestas a despedazarse mutuamente.
Una era Jekyll Jack, que arremetía y bramaba como una bestia.
La otra…
Un dokkaebi.
Medía más de dos metros, tenía cuernos azules que sobresalían de su cabeza, cabello pálido que contrastaba con su piel oscura y vestía una túnica blanca, aunque andrajosa.
Su aspecto coincidía exactamente con lo que Uichan había visto durante el desastre de la aldea Seolhyang.
El hecho de que aquellos seres hubieran revelado sus verdaderas formas, que normalmente ocultaban bajo una apariencia humana, significaba que aquello que habían perdido era increíblemente valioso para Aengak.
—¡La fuerza bruta es lo único que tienes!
—¡Mira quién habla!
Ambos se fulminaron con la mirada, con los ojos inyectados en sangre, y volvieron a chocar.
Cada impacto desataba ondas de viento que se propagaban como un incendio forestal, mientras los estruendos que hacían temblar la tierra resonaban por todo el recinto.
La habilidad de Jekyll Jack amplificaba sus músculos miles de veces, generando una fuerza explosiva. Además, podía convertir los ataques recibidos en fuerza bruta, una habilidad de combate regenerativa.
En el combate cuerpo a cuerpo, casi nadie podía derrotarlo.
Sin embargo, el dokkaebi le estaba haciendo frente golpe por golpe.
Eso significaba que su poder superaba con creces cualquier cosa que Uichan hubiera imaginado.
—¿Crees que detenerme a mí solo cambiará algo? ¿Cuántos de mis hermanos crees que vinieron hoy?
—¡¿Y a mí qué demonios me importa?! ¡Mientras mi hermanito esté a salvo, me basta! ¡No importa cuántos sean! ¡Si le tocan un solo pelo, hoy mismo los mando al otro lado del río Jordán!
—¡Hablas demasiado!
—¿Quieres comprobarlo?
Jekyll Jack sonrió, mostrando los colmillos, mientras sus músculos se hinchaban de manera grotesca. Las venas sobresalieron en sus sienes y su cuerpo salió disparado hacia delante como una bala de cañón.
Embistió de frente al dokkaebi y lo hizo retroceder con la fuerza de un toro.
El suelo de concreto se resquebrajó, dejando largas grietas a medida que el dokkaebi era arrojado contra los escombros de un edificio derrumbado.
Jekyll Jack no se detuvo.
Sus puños volaron más rápido de lo que el ojo podía seguir, y solo el eco de los brutales impactos hizo vibrar el aire, amortiguado por el polvo asfixiante.
Cuando la estructura destrozada finalmente terminó de venirse abajo, Jekyll Jack se detuvo.
Una espesa nube de polvo flotaba sobre las ruinas y solo se escuchaban los gritos desesperados de los héroes que evacuaban el lugar.
Uichan sabía que tenían que salir de allí, y rápido.
Permanecer en aquel lugar con Noatis cerca solo empeoraría las cosas.
—¡Jack, detente y sal de ahí ahora!
—¡¿Pero qué…?! ¡¿Pequeño?! ¡¿Dónde estás?! ¡Tú eres el que tiene que salir! ¡No vengas! ¡Ni se te ocurra venir aquí!
La voz de Jekyll Jack resonó entre el polvo.
Uichan lo ignoró y avanzó hacia el sonido, hasta que escuchó un ruido profundo y ominoso.
Crrrrac…
Como barras de acero retorcidas, como un esqueleto que se derrumba, el sonido resonó por todo el recinto.
Uichan se detuvo y levantó la mirada.
Todos a su alrededor debieron de sentir el mismo temor.
El aire quedó inquietantemente inmóvil. En aquel silencio, ciertos sonidos destacaban todavía más.
¡FUUU-FUUU-FUUU-FUUU!
Un huracán envolvió todo el recinto.
En su interior parpadeaban múltiples sombras.
Noatis se encontraba en el centro, luchando solo contra más de diez dokkaebi.
—¡Cubran a Noatis! ¡Rápido!
—¡¿Con qué?! ¡Ni siquiera podemos acercarnos!
Los héroes eran lanzados hacia atrás por la tormenta, incapaces de aproximarse.
Otro crujido ominoso recorrió la estructura. El vendaval hacía que sonara débil, pero no tenía nada de insignificante.
—¡Pequeño!
Jekyll Jack, cubierto de polvo, apareció de golpe por detrás y agarró a Uichan del brazo.
Para entonces, todos se habían dado cuenta de dónde provenía aquel espantoso ruido.
El techo abovedado que cubría los cinco mil pyeong del campo de entrenamiento estaba derrumbándose.
Comenzando por las esquinas, la estructura de soporte empezó a ceder.
Estaba a punto de desplomarse y, si lo hacía, las víctimas serían incontables.
—¡El techo se está cayendo! ¡Corran!
—¡¿Y los civiles que siguen adentro?!
—¡Maldita sea, Noatis!
Más allá del campo, en las gradas, los civiles aterrorizados permanecían agachados y temblando.
Los héroes no tenían una forma clara de llegar hasta ellos.
Todos gritaban pidiendo que Noatis los salvara, pero él ya estaba enfrascado en un combate mortal.
Sus súplicas solo empeoraban las cosas.
Las grietas se extendieron por el techo y la cúpula entera se desprendió.
Al ceder bajo su propio peso, comenzó a caer.
Su inmensa sombra cubrió todo lo que había debajo y los gritos estallaron por todas partes.
—¡Pequeño, ven aquí! ¡La detendré con este cuerpo resistente, así que no te preocupes!
Una mano enorme, semejante a la de un oso, atrajo a Uichan hacia él.
Protegiéndolo como si fuera un niño, Jekyll Jack se agachó bajo las gruesas vigas de acero.
Pero Uichan lo vio.
El temblor que ascendía desde el suelo, los escombros que flotaban hacia arriba como hierbas en el agua y el viento ligeramente verdoso que surgía desde abajo.
—¡Noa!
Alguien gritó hacia el aire.
Allí, Noa permanecía solo, enfrentándose a los villanos.
Quienes se habían cubierto la cabeza abrieron los ojos, sorprendidos al no sentir ningún impacto.
Levantaron la mirada.
—El viento… Está sosteniendo la cúpula.
El viento ascendía desde abajo, sosteniendo la enorme estructura.
Su textura refinada y afilada era visible a simple vista.
Pero, debido a eso, Noa no podía contraatacar adecuadamente.
—Vámonos mientras podamos. Esos bastardos no van a detenerse.
Jekyll Jack se puso de pie y buscó una salida con la mirada.
Pero Uichan no se movió.
Jack frunció el ceño, dispuesto a echárselo al hombro, cuando Noa, que sangraba profusamente, cayó desde el aire bajo el implacable ataque de los dokkaebi.
Tras recuperar el equilibrio a duras penas, Noa lanzó cuchillas de viento que atravesaron a sus enemigos.
Pero, incluso mientras luchaba con todas sus fuerzas, también estaba sosteniendo la cúpula sobre sus cabezas.
El violento huracán desapareció como si se lo hubieran tragado entero.
A este paso…
Noatis estaba en peligro.