Soy un villano, pero terminé teniendo un hijo con el héroe - Capítulo 138
—Por favor, cúbrenos la retaguardia, hyung.
Homok dejó esas breves palabras y se dio la vuelta sin vacilar. Avanzando con ligereza sobre un enorme tronco, saltó hacia donde se encontraba Cheonroe. Cuando Hyde se lanzó ferozmente tras Homok, Myoui extendió un brazo para bloquearle el paso.
—No dejaré que vayan tras Homok.
En cuanto Myoui alzó bruscamente las puntas de los dedos, el suelo se abrió y gruesas raíces surgieron de la tierra. Se elevaron como un enorme muro de contención, bloqueando firmemente el camino de Hyde.
—Eso suena como si dijeras que vas a enfrentarte tú solo a los dos. ¿No te estás precipitando un poco?
Pero Hyde era Hyde.
Tampoco retrocedió y activó su Habilidad «Dominio Escénico» para imitar el poder de Myoui.
—¡BOOOM!
Dos enormes troncos se abalanzaron el uno contra el otro como serpientes mordiéndose el cuello, entrelazándose violentamente. En medio del caos de madera crujiendo y haciéndose pedazos, Hyde atravesó el cerco y se pegó a los talones de Homok.
La muñeca de Myoui volvió a girar.
Pero, antes de que las raíces pudieran surgir, Noa se interpuso frente a él.
—Tampoco puedo permitir que envíes nada hacia allá, hyung. Parece que nunca aprendiste lo que pasa cuando apartas la mirada teniendo a un héroe justo delante… Te vas a lastimar seriamente. Pero muy seriamente.
En medio de las cortinas de lluvia que caían sobre ellos, los ojos de Noa se veían inusualmente profundos y oscuros. Acortó la distancia en un instante y sujetó el brazo de Myoui con tanta fuerza como si pretendiera rompérselo.
Con un crujido chirriante, la pálida mano comenzó a deformarse bajo el agarre de Noa.
—…El momento en que los humanos sufren las mayores calamidades es cuando sucumben a la arrogancia.
Con los ojos llenos de desprecio, Myoui apartó bruscamente la mano de Noa y retrocedió. A un gesto suyo, unas enredaderas azuladas cubiertas de espinas brotaron de la tierra como un enjambre de serpientes y se abalanzaron sobre Noa.
—¡Shiiik!
Una jaula de espinas se cerró sobre él desde todas direcciones.
Sin embargo, Noa la barrió con un solo movimiento. Al agitar el brazo, las enredaderas fueron despedazadas por cuchillas de viento afiladas como navajas y estallaron inútilmente. Los fragmentos cercenados salieron volando en todas direcciones, mezclándose con la lluvia torrencial.
—¿Arrogancia? No. Hace mucho que me deshice de ella.
La vida de Noa había sido una cadena ininterrumpida de lucha.
El nombre de Noatis era un preciado resultado obtenido a través de sus sacrificios y esfuerzos.
¿Arrogancia?
Era ridículo.
De pie tranquilamente en el ojo de la tormenta, Noa se echó el cabello hacia atrás. Su mirada, antes apacible, brillaba ahora como la de un enorme perro de caza que acababa de fijar los ojos en una alimaña.
—Te mostraré lo desesperadamente que he luchado por vivir. Así que, si vas a enfrentarte a mí, ven con todo lo que tengas. No darás ni un solo paso más desde aquí. Cueste lo que cueste, voy a mantenerte exactamente donde estás.
Noa no sabía qué estaba planeando Uichan.
Aun así, quería confiar en él y apoyarlo, aunque para ello tuviera que apostar su propia vida.
Si era algo que Uichan deseaba, lo ayudaría incluso a costa de su vida.
La figura de Noa se volvió borrosa.
Cabalgando sobre el viento, apareció en un instante justo frente a Myoui. La cuchilla de viento que sostenía en la mano se lanzó hacia la nuca de Myoui.
—¡KRAAASH!
Cuando la madera que Myoui levantó apresuradamente chocó contra el viento de Noa, un estruendo atronador sacudió la montaña. La onda expansiva obligó a ambos a retroceder, lanzándolos en direcciones opuestas.
Noa no desaprovechó ni siquiera aquella fugaz oportunidad y volvió a presionar inmediatamente a Myoui con una ferocidad abrumadora.
La violencia de aquel enfrentamiento llegó incluso hasta donde se encontraba Uichan.
Uichan levantó bruscamente la cabeza al sentir el viento de Noa, que cargaba como si estuviera dispuesto a morir.
—Noa…
Desde arriba, le pareció que Noa inclinaba la cabeza hacia él por un instante. La lluvia ocultaba su expresión, pero Uichan sintió el viento empujándole la espalda.
Lo instaba a continuar.
Pero con suavidad.
Envolviéndole los hombros y dándole un pequeño impulso hacia delante.
Era el mismo viento que siempre había permanecido a su lado cada vez que estaba con Noa.
…Tengo que seguir.
Mordiéndose el labio, Uichan echó a correr.
Cheonroe y Homok lo perseguían con una intención asesina, acortando implacablemente la distancia. Con cada paso que daba Uichan, la tierra se partía y afiladas espinas brotaban para cerrarle el camino.
—¡Ugh!
Al final, su pie quedó atrapado entre las enredaderas espinosas y Uichan cayó al suelo con un húmedo chapoteo.
Sobresaltada, Nell corrió hacia él y se lanzó sobre el cuerpo de Uichan para protegerlo.
Desde más abajo en la pendiente, donde contenía las raíces de Aengak, Jekyll Jack soltó una sarta de maldiciones mientras gritaba:
—¡Hyde! ¡Maldito bastardo! ¡Mierda, ¿no se supone que estás protegiendo al pequeño?! ¡¿Vas a dejar que otro lo haga en tu lugar?!
[¡Preocúpate por ti mismo, imbécil! ¡¿De verdad este es momento de estar mirando hacia allá?!]
De no haber sido porque un pájaro llegó volando y le picoteó la cabeza a Jekyll Jack, probablemente habría seguido soltando maldiciones sin parar.
—Uichan estará bien. Yo… lo estoy vigilando con mucha atención.
Las lentas palabras de Hyde transmitían una extraña sensación, como si resonaran a través de una ciudad en ruinas.
Incluso sin los regaños de Jekyll Jack, Hyde ya había comprobado varias veces si Uichan seguía vivo.
Al ver a Uichan forcejear para cortar las espinas que le atrapaban el pie, Hyde extendió un brazo.
A su gesto, el suelo se convulsionó como si hubiera explotado.
[Dominio Escénico: Disyunción Columnar]
Enormes pilares hexagonales de roca salieron disparados como lanzas, perforando el cielo.
Por un instante, pareció que aquellas majestuosas columnas de piedra iban a ensartar brutalmente a Homok y Cheonroe…
—Urrrrr…
Pero cuando Aengak, ahora convertido en uno con Homoksan, retorció el cuerpo y comenzó a descender por la montaña, el propio terreno se deformó.
Los altísimos pilares de piedra que Hyde había levantado perdieron el equilibrio como si los hubiera golpeado un terremoto y se desplomaron uno tras otro con estruendosos impactos, como fichas de dominó.
Ante aquella masa abrumadora, incluso las Habilidades se volvían inútiles.
Era una visión absolutamente desesperanzadora.
Uichan se quedó paralizado por un instante ante aquel espectáculo absurdo.
Ni siquiera sentía las espinas clavándose en su tobillo.
Simplemente contempló a Aengak, luego a Homok y Cheonroe, antes de obligarse a ponerse de pie con el rostro pálido de terror.
Cuando todos estaban luchando con tanta desesperación…
—…¿Qué estoy haciendo?
Mientras todos derramaban sangre y sudor de aquella manera, él no podía permitirse quedarse tirado en el suelo, forcejeando solo e inútilmente.
Aunque no pudiera utilizar «Regresión», ahora existía otra solución.
No era momento de desesperarse ni de considerarse inútil.
Uichan sacó la daga de su cintura y cortó limpiamente las plantas que lo aprisionaban. En cuanto liberó el pie, echó a correr junto a Nell.
Comparado con los demás, Uichan no era más que una mota de polvo, apenas capaz de ser de ayuda.
Y precisamente por eso siempre había intentado observar las situaciones desde una perspectiva externa, buscando qué podía hacer él.
Uichan observó atentamente a Aengak, que se desplomaba bajo su propio peso como un montón de lodo, junto con Homoksan, que se desmoronaba a su alrededor.
—Ladrón Fantasma, ¿sabes dónde se concentra con mayor densidad la energía de Homoksan?
—Si te refieres a la energía… ¡allí, justo allí!
El Ladrón Fantasma asomó la cabeza desde los brazos de Uichan y señaló hacia un lugar.
Allí donde Aengak había desaparecido, se extendía un valle completamente vacío, flanqueado por dos cadenas montañosas.
Uichan corrió hacia allí con todas sus fuerzas. Nell lo seguía de cerca, con la boca llena de espinas arrancadas de las enredaderas.
—¡Atrápalo, Homok!
Cheonroe rugió.
Homok persiguió de cerca a Uichan, desplazándose sobre ramas que brotaban violentamente de la tierra.
Detrás de Uichan, una sombra negra como la noche se alzó como un pantano y un monstruo de enormes fauces se abalanzó sobre Homok.
Homok se retorció para esquivarlo en el último instante.
El tronco sobre el que había estado parado apenas un momento antes fue triturado entre las mandíbulas del monstruo de sombras.
Era una bestia de sombras nacida de la sed y la intención asesina de Blacktan.
Intentaba devorar todo aquello que tocaban sus fauces.
Desde el interior de aquel pantano negro, Blacktan emergió lentamente.
Apartándose despreocupadamente el cabello empapado por la lluvia, habló.
—Aquel día, solo separé tu cabeza del torso.
Una escalofriante intención asesina osciló en sus ojos.
—Hoy voy a desmembrar hasta el último órgano, hueso y pedazo de carne de tu cuerpo. Para que nunca puedan volver a unirlos.
La bestia creada por Blacktan se abalanzó sobre Homok como un animal hambriento de matanza.
Dejando aquella escena atrás, Uichan corrió hasta que el aire le quemó los pulmones.
Ahora solo tenía una cosa que hacer.
Accionar el detonante que pondría patas arriba todo aquel campo de batalla.
El demonio de la montaña que murió hace ochenta años. Su gigantesco cuerpo se convirtió en Homoksan, y sobre él crecieron campos y hierba.
Si era así, en algún lugar de aquella montaña tenía que quedar aquel «rastro».
El antiguo corazón, fosilizado y endurecido, jamás se había descompuesto.
—¡Kkiing, kking!
En ese momento, Nell agarró la ropa de Uichan con los dientes y tiró de él.
El pie de Uichan resbaló en el barro y su cuerpo se tambaleó hacia un lado, cayendo sobre el ancho lomo de Nell.
Cuando levantó la cabeza, lo recibió un terreno que estaba cambiando ante sus propios ojos.
El sendero que apenas unos instantes antes había sido llano se había convertido en un precipicio.
—Haa, haa… Gracias, Nell.
Respirando entre jadeos, Uichan se limpió el rostro y volvió a ponerse en marcha, buscando otra ruta.
Todas las raíces se retorcían frenéticamente, extendiéndose montaña abajo.
Todas excepto las de un lugar.
Allí reinaba una quietud absoluta.
Era una extraña extensión de tierra vacía, como si ni siquiera las raíces de Aengak se atrevieran a invadirla.
Entre los valles de la montaña sobresalía una enorme roca negra semejante a una lápida.
—Parece que es eso, ¿verdad, Ladrón Fantasma?
—Sí. Yo también lo creo.
Sin vacilar, Uichan descendió directamente por la pendiente.
Nell forcejeó nerviosamente, mordiendo la ropa de Uichan para sujetarlo.
Cuando finalmente llegó hasta la roca negra, Uichan respiraba con dificultad mientras apoyaba una mano sobre ella.
La fría textura de la piedra recibió su palma.
Pero, vista de cerca, aquella estructura no era piedra.
Esto era…
—…Un hueso.
La gigantesca costilla de un monstruo que, hacía muchísimo, muchísimo tiempo, debió de palpitar rebosante de poder.