Soy un villano, pero terminé teniendo un hijo con el héroe - Capítulo 121

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  4. Capítulo 121
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—Aun así, fui bastante generoso con nuestro pequeño. Ni siquiera les puse un dedo encima a sus hermanos, ni a Podo, a quien tanto adoras. Tampoco los maté cuando dijiste que los niños necesitaban a sus padres biológicos. Así que este pequeño capricho mío… ¿no podrías pasarlo por alto?

—Ni siquiera tienes la decencia de reflexionar sobre tus propios actos y ahora dices eso… ¿qué se supone que quieres decir?

Uichan lo fulminó con la mirada, con el resentimiento acumulándose en sus ojos, pero Hyde se limitó a soltar una risa grave desde el fondo de la garganta. Uichan no quiso seguir escuchándolo e intentó soltarse de sus brazos. Sin embargo, las manos entrelazadas detrás de su espalda se negaron a aflojarse. Para empeorar las cosas, el pene de Hyde se alzó duro desde abajo y se restregó contra su perineo.

—Hff.

Uichan apretó con fuerza la ropa de Hyde entre los dedos. Bajo la tela, la marcada forma del miembro erecto hizo que su entrada se contrajera involuntariamente.

—Está bien, está bien… Cálmate. Debes de estar muy molesto para estar así de enojado y tan duro. Esta vez te escucharé, así que adelante. Dímelo.

—……

—Qué quieres que haga por ti.

La sensación del pene hinchado le impedía a Uichan sentarse correctamente. Se mordió con fuerza el labio. Si no lo decía ahora, ¿cuándo volvería a tener una oportunidad como esta? Hyde era de los que cumplían su palabra una vez que la daban. Si Uichan le pedía algo, al menos lo consideraría; de hecho, lo más probable era que accediera.

Entonces, ¿qué debería decir?

—¿Qué pasa? ¿No puedes decirlo?

—No te muevas así, ngh.

Hyde soltó las manos que tenía entrelazadas y sujetó la cintura de Uichan con ambas manos. Sus palmas rodearon por completo aquella cintura delgada y tiraron hacia abajo de sus caderas suspendidas. La aplastante presión donde se unían sus cuerpos hizo que Uichan inclinara bruscamente la cabeza.

—Tendrás que elegir bien tus palabras. Dame una razón y una justificación lo bastante buenas para que les perdone la vida a esos bastardos.

Hyde ya lo sabía. Sabía qué quería Uichan. Sabía lo que estaba a punto de decir. Uichan contempló sus propias piernas blancas y temblorosas antes de cerrar los ojos con fuerza.

—Solo… que vivamos todos juntos, hasta que los niños crezcan… Así… sin pelearnos. De todos modos, tendremos que seguir viendo al señor Noa…

El silencio cubrió el espacio a su alrededor. Hyde no dijo nada. Cuanto más se prolongaba su silencio, más sudor se acumulaba en las manos cerradas de Uichan. ¿Iba a negarse? ¿Lo estaba descartando de inmediato por considerarlo una promesa que no podía cumplir?

De pronto, un leve suspiro cayó sobre el hombro de Uichan. Después se oyó una voz grave.

—…Me pregunto si alguna vez llegará el día en que logres vencerme.

Uichan apenas tuvo tiempo de sobresaltarse antes de que su cuerpo cayera hacia atrás y su cabello se desparramara sobre las sábanas. Una mano se apoyó junto a su cabeza mientras una sombra se cernía sobre él.

Hyde se colocó entre las piernas de Uichan, que se abrieron sin oponer resistencia, y se desabrochó los pantalones. Incluso bajo la tenue iluminación, el deseo que ardía en los ojos de Hyde era inconfundiblemente intenso.

—Abraza a tu hyung.

Su voz sonó más grave de lo habitual y rozó el puente de la nariz de Uichan. Vacilante, Uichan extendió los brazos. Cuando los rodeó alrededor del cuello de Hyde, una risita cargada de diversión resonó junto a su oído.

—Tal como dijiste, mantendremos vivo al tercero.

—¿Qué… piensas hacer?

Algo crujió contra el pecho de Hyde. Lo que sacó fue una carta con un comodín dibujado. El comodín, cuya sonrisa se curvaba como una media luna, deslizó los ojos hacia un lado. Entonces, sin previo aviso, escupió algo.

—Mmm, ¿algo bueno para Uichan?

Antes de que Uichan pudiera siquiera procesar aquellas palabras incomprensibles, Hyde sujetó su propio pene y lo juntó con el de Uichan. Un frío repentino los rozó e hizo que Uichan se estremeciera.

Cuando bajó la mirada, vio un cristal de hielo reposando en la palma de Hyde, irradiando frío. En cuanto Hyde dejó de mantenerlo congelado, la sólida capa de hielo se derritió rápidamente hasta desaparecer. Miles de millones de células, detenidas como si hubieran estado hibernando, volvieron violentamente a la vida en cuanto entraron en contacto con el calor corporal de Hyde.

Uichan tragó saliva.

Solo cuando el fragmento se derritió por completo comprendió qué era y lo que aquello significaba. Lo que yacía tibio y derritiéndose en la palma de Hyde era…

—¿Por qué esto…?

Semen espeso y pegajoso.

—¿Por qué crees que aquel día soporté tan obedientemente que ese bastardo me follara?

La repentina presión abajo hizo que Uichan se estremeciera. Una cabeza ardiente como un trozo de hierro al rojo vivo se restregaba lentamente contra su entrada.

—Ya te lo dije entonces. Te dije que no soportaría ver dos veces ese espectáculo repugnante. Así que extraje su semen y experimenté con él. Casualmente, ya le había echado el ojo a un Usuario de Habilidad de clonación.

Ante aquellas palabras, Uichan se mordió el labio. El día que se acostó con Noa, Hyde había introducido el semen hasta lo más profundo, exigiéndole que recibiera hasta la última gota. Cuando Hyde finalmente se retiró, había parecido, de manera extraña, como si el semen se hubiera evaporado.

Incluso entonces, Hyde ya lo había extraído.

—Ngh…

La mano de Hyde sujetó a Uichan por detrás de la rodilla y le levantó la pierna. Entre sus muslos ampliamente separados, dos penes, ambos hinchados y erectos, se alzaban uno junto al otro.

—Vas a terminarlo de una sola vez. ¿Acaso pensabas revolcarte con él hasta conseguir al bebé? Uichan, eso es algo que tu hyung no puede permitir.

Ya estaba siendo bastante generoso con el simple hecho de no matarlos.

Un escalofrío lo recorrió cuando algo frío tocó de repente su entrada. Hyde empujó el semen derretido dentro de Uichan. La sensación era como si le estuvieran introduciendo a la fuerza un carámbano sólido y congelado, helándole las entrañas.

—No… ¿por qué…? Para… Está frío, hngh…

—Aguanta.

Los dedos de Hyde penetraron en sus paredes internas. Los movió ligeramente, esparciendo el semen por todas partes.

—Tengo que comprobar si funciona con el tercero, así no tendré que pasar otra vez por las mismas molestias.

La sensación del semen llenándolo hasta el límite le resultaba extraña y le provocó escalofríos por toda la espalda. Uichan se retorció antes de girarse de lado y sujetarse el abdomen. Con lo frío que estaba, ¿acaso los espermatozoides seguían vivos?

—Bueno… hay «reservas» más que suficientes. Si no funciona, seguiré metiéndotelo hasta que funcione.

Los dedos se retiraron. Lo siguiente que presionó contra él fue un pene brutalmente rígido. La punta se restregó de manera insinuante contra su entrada antes de abrirla poco a poco y penetrarlo. Uichan dejó escapar un gemido entrecortado. Su entrada enrojecida se estiró con fuerza y fue tragándose gradualmente aquel miembro grueso.

—¡Hff!

Incluso sin ninguna preparación adicional, su interior ya estaba empapado, así que no hubo dificultad para penetrarlo. Eso no hacía que la pesada masa en su interior resultara menos abrumadora. El pene que separaba sus paredes internas se sentía como una barra de metal calentada al rojo vivo.

Uichan alzó la barbilla y frotó la nuca contra las sábanas. La próstata, que había sido estimulada a fondo por las caricias de Blacktan, estaba hinchada y bloqueaba el paso de la cabeza. La punta que avanzaba se detuvo por un instante.

—…Si está así de hinchada, debiste sentirte increíble.

—Hah, ngh… ¡ah!

La carne húmeda se cerró con fuerza, mordiendo y tragándose el pene sin dejar espacio alguno. Hyde soltó un aliento ronco mientras retrocedía ligeramente. El semen que cubría las paredes internas de Uichan lo siguió, espeso y pegajoso.

Una mano grande sujetó las mejillas de Uichan. Sus labios fueron devorados por completo mientras Hyde le cubría las orejas y lo atraía hacia sí.

—Hah, nngh… hff.

Sus lenguas se rozaron húmedamente, y los sonidos obscenos resonaron hasta el fondo de su garganta. Uichan también abrazó a Hyde, aunque las puntas de sus dedos no dejaron de temblar. Podía presentir lo que estaba a punto de ocurrir.

El pene que se había retirado cambió de ángulo y se hundió de golpe en su interior. Embistiendo sin piedad contra la próstata hinchada, se abrió paso de una sola vez, separando sus entrañas hasta alojarse profundamente. El gemido agudo de Uichan se dispersó dentro de la boca de Hyde.

Sus dedos se clavaron en la piel de Hyde con fuerza suficiente para dejar marcas. La violencia de la embestida hizo que su visión diera una vuelta.

Como si todavía quedara espacio para llegar más profundo, la cabeza volvió a empujar en su interior. Uichan negó frenéticamente con la cabeza.

—Hah… n-no presiones, ngh…

—¿Por qué lloriqueas así cada vez que te follo, si en cuanto llego hasta el fondo te aferras a mí y me pides más?

La cabeza finalmente alcanzó el límite. Debajo del colon, podía sentir el semen chapoteando. La mirada de Hyde recorrió la cresta ilíaca de Uichan hasta llegar a su ombligo. Cuando Hyde empujó las caderas hacia delante, la zona bajo el ombligo se abultó de forma redondeada siguiendo la silueta del pene y luego volvió a hundirse.

—Hff, ngh, hah…

—…Con lo flaco que estás, ¿cuánto tardarás en engordar lo suficiente para dar a luz?

La mirada que permanecía fija en su vientre plano hizo que Uichan se sintiera cohibido e incómodo, por lo que apartó los ojos instintivamente. Un aliento cálido le rozó el hombro. Hyde olía a pino, como si hubiera pasado horas tomando el sol. De pronto, Hyde soltó una risita que le produjo cosquillas.

—Ah, mm, ¿eso sonó como un regaño? Está bien… Puedes empezar a subir de peso desde ahora. Aunque no tengas prisa, los niños crecerán bien. Tienen que hacerlo para poder salir y conocer a su linda mamá.

Una mano grande rodeó la nuca de Uichan, húmeda de sudor. Cuando aquella mano fresca tocó su piel recalentada, Uichan se estremeció como si un escalofrío lo hubiera atravesado. Podía sentir el pene dentro de él palpitando.

Se retiró lentamente y después volvió a embestir hacia arriba, golpeando contra la entrada del colon. ¡Pum! La gruesa cabeza chocó contra su pared interna como si ardiera, haciendo que el cuerpo de Uichan se sacudiera.

—¡Ah! Hff, ah, ah…

Las embestidas, lentas y poderosas al principio, fueron acelerándose poco a poco mientras sus paredes internas se hinchaban, hasta que Hyde comenzó a penetrarlo con fuerza. Cada lugar que golpeaba hacía que Uichan dejara escapar gemidos parecidos a sollozos, como si todo su interior se hubiera convertido en una próstata.

El semen que chapoteaba en su interior ahora se sentía como lava fundida. El pene, que rozaba peligrosamente cerca de la abertura del conducto uterino, cambió de ángulo y presionó con firmeza un punto concreto debajo del colon. Los hombros de Uichan se estremecieron antes de quedar rígidos.

Hyde, con los labios pegados al delgado hombro de Uichan, cerró los ojos con fuerza.

—El de ese bastardo está aquí, hff…

—Ah… ahh, hngh…

—Lo meteré aquí. Empezando por el tercero, hasta que estén completamente… alimentados.

El pene dentro de él se sentía grueso como un puño. Cuando presionó contra la abertura del conducto uterino, la carne blanda se estremeció de miedo. Al separar por la fuerza el conducto aún cerrado, la carne cedió con un leve chasquido.

—Después de eso, haré que te sientas bien… como es debido.

Hyde hundió el pene de una sola embestida en aquel lugar que se cerraba con fuerza, como si intentara exprimir la cabeza hasta dejarla seca. La mandíbula de Uichan tembló mientras echaba la cabeza hacia atrás. De sus labios entreabiertos ni siquiera pudo salir un gemido. Solo escaparon respiraciones ardientes, temblando al borde de convertirse en sonido.

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