Soy el Villano pero estoy Embarazado - Capítulo 90
Kang Se-heon lo miró con expresión de “¿de qué estás hablando?”, y Tae-seo, con una sonrisa incómoda, le tendió la cuchara. Luego ganó tiempo mientras se comía el huevo de codorniz estofado que Se-heon había puesto en su plato.
Era cierto que el Presidente no era alguien que dejara pasar las cosas así como así, pero, en gran parte, era culpa suya por haber olvidado mencionarlo antes.
“Es el rumor sobre hyung y yo que está circulando en la universidad.”
“¿El mismo rumor que mencionaste antes?”
Tae-seo negó con la cabeza, refiriéndose al rumor que no pasaba de “Yoon Tae-seo está saliendo con Kang Se-heon.”
“Si solo fuera eso, por supuesto me quedaba callado. Pero salió un rumor que podría perjudicar un poco a hyung, así que le pedí ayuda al abuelo.”
¿Así que por eso hizo pública la relación en un artículo de prensa sin rodeos? Como preguntando “¿A eso te referías?”, Se-heon miró de reojo al presidente Kang Hak-jung, que permanecía perfectamente sereno.
No había respondido cuando le preguntaron por qué había hablado con la prensa, ni por qué tenía que ser justo ahora. Pero la razón quedaba clara. Al encajar pieza tras pieza, solo faltaba una.
“¿Qué fue lo que te preocupó tanto?”
Fingiendo no oír el murmullo grave de Se-heon, Tae-seo siguió masticando lentamente.
Había sido un buen rato… salvo por esa incomodidad del final. Tras despedirse del presidente Kang Hak-jung y subir al coche junto a Se-heon, un pesado silencio llenó el ambiente. Era evidente que Se-heon no arrancaría hasta que se dijera algo; sus dedos golpeaban el volante con un ritmo constante.
“Me gustaría oír exactamente cuál era ese rumor… ¿En qué estaba pensando nuestro Tae-seo?”
Acorralado, como si ya no hubiera escapatoria, Tae-seo soltó un suspiro quedo mientras seguía mirando por la ventanilla.
“Andaba circulando que quiero quitarte a hyung de las manos de Seo Da-rae.”
“¿Seo Da-rae?”
Ante la mención repentina del nombre, Kang Se-heon frunció el ceño. Tae-seo asintió.
“Algo como que estoy molestando a Seo Da-rae para arrebatarle a Kang Se-heon. Por desgracia, hubo una vez en que sí le hice la vida imposible a Seo Da-rae por Kang In-hyuk, así que mucha gente se lo cree.”
Como ya había un precedente, la gente encontraba fácil creerlo.
“Aunque saliera a decir que no es verdad, dudo que muchos me tomaran la palabra. Y ya tengo tantas cosas encima… No sé. Supongo que solo me siento injustamente señalado.”
Una vez que empezó a hablar, se sorprendió a sí mismo desahogándose sin darse cuenta. Todo el tiempo, observaba la expresión de Se-heon. Esperando que dijera algo como: “Vaya, Tae-seo sí se preocupa por esas cosas.”
Pero los labios de Se-heon se mantuvieron sellados. Incluso el aire a su alrededor se volvió más pesado, y Tae-seo, más torpe que antes, desvió la mirada con inquietud.
“Hyung y Seo Da-rae no tienen nada que ver… ¿verdad?”
Solo entonces Se-heon comprendió qué advertencia había intentado darle su abuelo. La preocupación que cargaba Tae-seo no era más grande que una mota de polvo, pero ¿quién podía decir cuánto podría crecer?
A la mañana siguiente, Kang Se-heon pasó por la oficina del Presidente a tomar té en cuanto llegó al trabajo. Del hombre cariñoso que se sentó frente al Presidente en la cena de ayer no quedaba rastro; en su lugar, estaba el Vicepresidente Ejecutivo de KH Group, afilado y compuesto.
“¿Viniste a informar en persona?”
“Probablemente alguien ya lo esté haciendo.”
Los informes del equipo TF sobre el próximo nuevo producto se entregaban semanalmente. Si surgía algo significativo, se le notificaba en tiempo real. Era uno de los proyectos que el presidente Kang Hak-jung seguía más de cerca.
Cuando Se-heon respondió breve y bajó la vista a su tableta, el disgusto en el rostro del Presidente se acentuó.
Normalmente, este mocoso no aparecía a menos que lo llamaran. Pero ahí estaba, sentado como si ese fuera su lugar por derecho desde primera hora. Incluso había traído el té él mismo y había mandado fuera al secretario. Actuando de mimado, algo que ni de niño hacía.
“¿Cuánto piensas seguir con esto?”
“Hasta que consiga la respuesta que quiero, supongo.”
“Suéltalo, entonces.”
“Pienso hacerlo.”
Se-heon actuaba como si no tuviera ni una pizca de duda. Pero por dentro era otra historia. Se había pasado la noche entera reproduciendo en la cabeza las palabras de Tae-seo.
Tae-seo había mencionado a Seo Da-rae y expuesto su propia ansiedad, pero algo no cuadraba. Si solo se tratara de Da-rae, se habría aclarado como la vez anterior. Pero Yoon Tae-seo había usado a Seo Da-rae como cobertura para ocultarse a sí mismo.
Pensar en el porqué lo llevó a una conclusión nítida.
Tae-seo—al menos el Yoon Tae-seo que él conocía—no era alguien que se desestabilizara solo porque lo criticaran por algo que efectivamente hizo mal. De hecho, probablemente se habría burlado y dicho: “¿No es más raro que nadie dijera nada cuando me portaba así?” Así era él. Que alguien como Tae-seo se sintiera tan agraviado como para hacer pública su relación no encajaba.
“¿Fui yo la razón de la preocupación de Tae-seo?”
Cuando volvió a centrarse en sí mismo, todas las piezas encajaron a la perfección.
Se-heon se volvió hacia el presidente Kang Hak-jung y exigió la verdad. El Presidente chasqueó la lengua al ver la cara de su nieto.
“Así que no viniste por curiosidad, sino a confirmar.”
El presidente Kang se recostó en la silla.
“Ese crío… es atrevido, pero hay partes delicadas en él. Aunque esté cubierto de barro, sigue sonriendo—pero no permite que una sola mota toque lo que atesora.”
Recordando al Tae-seo que había visto hasta ahora, el Presidente dejó escapar un suspiro grave. Cuando se trata de joyas, el barro se lava fácil en el agua corriente, al fin y al cabo.
“Así es como demuestra amor, ese crío.”
Esa era la forma de amar de Tae-seo.
“Por eso lo puse a dar la entrevista. Quise rehacer la imagen que le habían colgado. Tae-seo pensaba que con calmar los rumores en la escuela bastaba, pero para mí no era suficiente.”
Ya que el chico cuidaba a su necio nieto, el Presidente quería cuidarlo a él también.
“¿Terminamos? Si ya preguntaste todo, vuelve abajo.”
Aun con la despedida del Presidente, Kang Se-heon no se levantó. Podía dejar de lado el asunto de Tae-seo por ahora; quedaba una pregunta.
“¿Vas a seguir mirando a otro lado con lo que pasa dentro de la empresa?”
“No estoy seguro de a qué te refieres.”
“Creo que sabes exactamente de qué hablo.”
“Hablas de meter a In-hyuk como pasante, ¿no?”
El presidente Kang lo despachó como si no fuera gran cosa, pero Se-heon no pensaba dejarlo pasar.
“Dijo que quería aprender en campo. ¿Cuál es el problema con eso?”
“Si es así, debió pasar por el proceso de contratación adecuado.”
“Piensa en ello como una incorporación continua.”
“Sabes que ese tipo de gestión traerá problemas, ¿verdad?”
“Haz lo que creas conveniente. Yo haré las cosas a mi manera.”
El presidente Kang Hak-jung velaba sus intenciones, como si pensara tomar un camino completamente distinto al de Kang Se-heon.
“¿Qué significa eso?”
“Tal como dijiste, me he aferrado demasiado a mi hijo todo este tiempo. Lo sé bien… pero soltar no es fácil.”
Ante la respuesta inusualmente suave, Se-heon frunció el ceño. Hasta ahora, el Presidente nunca había dirigido la compañía con tanta indulgencia. De pronto estaba defendiendo a su hijo; Se-heon no pudo evitar preguntarse por qué.
“El tío se alió con Wona Group. El producto que saquen ellos podría destruir nuestro proyecto.”
“No importa quién gane, yo no pierdo. Si te va bien a ti, sube el precio de la acción. Si Wona triunfa, Su-hak se beneficia. ¿No es doble ganancia?”
“¿Estás usando esto como una prueba?”
“Son ellos los que quieren ascender. ¿Qué se supone que haga? Tú solo cuida bien a In-hyuk.”
“¿Estás diciendo que te parece bien que lo corte a mi nivel?”
“Eso queda a decisión de quien esté a cargo.”
Con el presidente Kang dejando claro que daría un paso atrás, Se-heon se levantó como si no quedara nada más que decir. En cuanto salió de la oficina del Presidente, su secretario lo siguió de cerca.
“¿Qué hacemos con el pasante Kang In-hyuk?”
“Déjalo.”
“La gente va a hablar.”
“Seguramente ya lo hace. Desde el momento en que In-hyuk entró como pasante.”
Cuando Se-heon le lanzó una mirada de “¿no estás de acuerdo?”, el secretario guardó silencio. Tal como decía, ya se había regado por toda la empresa que había entrado el nieto del Presidente. Un rumor más sobre el equipo TF elegido por el Vicepresidente no iba a cambiar nada ahora.
“Investiga todo lo que puedas.”
“¿De verdad necesita pasar por su secretario para eso? Podría preguntarme a mí directamente.”
Una voz se interpuso de la nada. En cuanto Se-heon confirmó que era Kang In-hyuk, el secretario, con tacto, se apartó, dejándolos solos.
“No sabía que te interesaba tanto la empresa. Si así era, debiste venir a aprender en las vacaciones.”
“¿Qué estudiante universitario, ocupado de fiesta, iba a interesarse por eso?”
Ante la sonrisa desafiante de In-hyuk, Se-heon se volvió para encararlo.
“Suena a que ni ahora te interesa.”
“Tienes razón. Tengo la vista puesta en otra cosa.”
“¿Cuánto crees que vas a aguantar con esa actitud?”
In-hyuk había llevado puesta una sonrisa ladeada todo el tiempo, pero ante la mirada apabullante de Se-heon, por fin dejó la actuación. El brillo hostil de sus ojos encaró de frente a Se-heon, como si quisiera partirlo en dos ahí mismo.
“¿Crees que no puedo?”
En cuanto In-hyuk dio un paso, la distancia entre ambos se cerró al instante.
“Mi padre está rechinando los dientes por tumbar a hyung. Es mi viejo, sí, pero joder, es ambicioso como él solo, ¿no?”
Esperará o no que Se-heon concordara, In-hyuk siguió despotricando.
“Pero como sabes, en este mundo nunca se sabe. Si mi papá queda arriba, todo el tema del sucesor puede cambiar.”
“¿Y si no pasa?”
“Entonces estoy de tu lado, ¿no? Tengo un pie en cada bando—¿cómo puedo perder? Hemos decidido venir de frente contra ti, así que veamos qué tan bien te defiendes.”
In-hyuk fue quien retrocedió primero. Después de tantas veces en que Se-heon lo empujó, sintió que por fin algo se le aflojaba en el pecho. Como si soplara una brisa fresca—se le dibujó una sonrisa sin darse cuenta.
“In-hyuk.”
Ante la voz baja de Se-heon llamándolo por su nombre, In-hyuk se detuvo.
“Está bien eso de embestir, pero ¿no crees que estás siendo un poco imprudente?”
La sonrisa de In-hyuk se fue desvaneciendo despacio, tragada hacia adentro.