Soy el Villano pero estoy Embarazado - Capítulo 84
“Entonces, estás diciendo que alguien se está metiendo entre tú y Se-heon.”
Y aun así, el Presidente Kang Hak-jung lo entendió sin problema.
“Así es. Se-heon hyung solía venir a recogerme después de cada clase. Así que algunas personas que conozco también lo conocieron. Pero ahora los rumores se pusieron raros. Dicen que ando pegado a Se-heon hyung a propósito por culpa de otra persona. Como si hubiera elegido a un objetivo solo para acosar a cierta persona.”
Se había convertido en una historia donde a Tae-seo le gustaba Kang In-hyuk para atormentar a Seo Da-rae, y ahora se arrimaba a Kang Se-heon por la misma razón.
“¿Y cuál es el problema con eso?”
“La gente dice que Se-heon hyung está siendo utilizado sin saber nada, y eso es lo que frustra. Quiero decir que no es cierto, pero aunque lo diga, no sé si eso hará que los rumores se detengan.”
Detestaba que pintaran a Kang Se-heon como un tonto ingenuo, y además le preocupaba que dijeran alguna locura en internet que pudiera dañar la imagen de Se-heon.
“Qué extraño. Ese rumor parece peor para ti que para Se-heon. Entonces, ¿por qué te preocupas por él?”
“Porque yo ya tengo suficientes malos rumores rondando. Los que hay sobre mí ya están tan sucios que unos cuantos más ni se notan.”
Tae-seo negó con la cabeza y con las manos al mismo tiempo. Luego esbozó una sonrisa apurada, como alguien que acaba de recibir otra confesión y se avergüenza por la atención.
El Presidente Kang Hak-jung se quedó mirando el rostro de Tae-seo. Por lo general, no era fácil sacudirse los rumores, y menos cuando uno estaba hipersensible a cómo lo veían los demás. Esa sensibilidad solo crecía con la edad y al salir al mundo laboral. Pero Tae-seo parecía encoger de hombros con tanta facilidad… que el Presidente quiso saber por qué.
“¿Por qué arrastraste tantos rumores? ¿Y cómo es que no te importa en absoluto?”
“El Yoon Tae-seo del pasado hizo muchas cosas malas.”
Tae-seo sonrió con torpeza, claramente avergonzado. Había asumido el papel de villano, se arrepintió brevemente y luego decidió cargar con todo.
“Aunque me criaron unos padres rectos, por dentro me amargué. Todo por algo tan tonto como los rasgos de sexo secundario…”
“¿Fue por In-hyuk?”
Ya no quedaba nada que ocultar.
“Sí. Me gustaba In-hyuk. Y el día que dejé eso atrás, conocí a Se-heon hyung. Sencillo, pero pasó mucho antes de llegar ahí.”
“Hubiera sido aún más entretenido si lo hubiera visto desde la barrera. Qué lástima.”
“¿Por qué sería entretenido? La verdad, da un poco de vergüenza. Al final son tus dos nietos.”
“¿De verdad crees que el corazón sigue reglas? Y no son ‘mis nietos’, son dos personas, y ya.”
El Presidente Kang Hak-jung habló como sí que fueran sus nietos no fuera el problema en absoluto. De algún modo, eso dejó huella—las preocupaciones anteriores de Tae-seo se disiparon y sus ojos brillaron.
“Acabas de estar muy cool.”
“¿Qué tiene de cool eso? Ejem.”
“Me siento mejor después de hablar contigo, abuelo. Vamos a comer algo rico.”
“Me encantaría, pero mira eso.”
El Presidente Kang señaló la mesita lateral. Había un teléfono allí, y aunque estaba en modo silencio—sin timbre ni vibración—la pantalla no dejaba de encenderse. Daba una rara sensación de urgencia, como si los apremiaran.
“Sabes quién es, ¿verdad?”
“Probablemente Se-heon hyung.”
A juzgar por cómo Tae-seo ya se estaba levantando, parecía que no le molestaban tanto las insistencias de Se-heon.
Así se comportaban: como una pareja a punto de casarse.
“Te lo paso por esta vez. Adelante.”
“Entonces, la próxima te traeré algo realmente delicioso—de hecho, te invitaré a casa. Es la casa de Se-heon hyung, pero espero que no te importe.”
“Por mí suena bien.”
“¡Gracias!”
Había preguntado como si de verdad quisiera saber la respuesta y luego ni siquiera esperó a oírla. Tras ver marcharse a Tae-seo, el Presidente Kang se dejó caer de nuevo en su silla. Era agradable tener a un chico por el que sentía tanto cariño, que no se venía abajo ante rumores maliciosos y que mantenía su postura. Aun así, le tironeó un poco del corazón.
“No solo hay que ‘limpiar’ a Se-heon. Las manchas de Tae-seo también hay que lavarlas.”
“Hay un lugar al que quiero pasar.”
“¿A dónde?”
“Lo verás cuando lleguemos.”
Kang Se-heon no añadió nada más; solo sonrió levemente, como diciendo: espéralo con ganas. Solo había ido a ver a su abuelo un rato, ¿y ya tenía en mente un desvío?
En vez de preguntar otra vez, era más rápido adivinar. Pero el lugar al que llegaron fue completamente inesperado: unos grandes almacenes. Adivinar a dónde quería ir Se-heon se volvió aún más difícil. Tae-seo se quedó mirando con cara boba la entrada del nivel subterráneo y luego se frotó el vientre lentamente.
“¿Qué pasa? ¿Te duele?”
“No, no es eso. Es solo que… como sé que Bendición está ahí dentro, termino tocándome mucho la panza. Hyung, ¿tú también quieres sentir?”
Tae-seo lo ofreció como si no fuera nada, y Kang Se-heon cubrió su mano de un movimiento. Deslizó los dedos entre los de Tae-seo, entrelazándolos con suavidad. Tae-seo soltó una risita. La sensación de tomarse de la mano mientras se acariciaba el vientre le hizo olvidar que siquiera estaban en el coche—que ya se había detenido, pero él estaba demasiado concentrado para notarlo.
Se-heon empezó a mover los dedos lentamente, aun sujetando la mano de Tae-seo. La camiseta de Tae-seo se levantó un poco y la mano de Se-heon rozó la piel. Tae-seo no apartó la vista mientras sus manos unidas se deslizaban por su vientre. Hacía cosquillas… pero también le enviaba un calor extraño y punzante.
Esa cosquilla se convirtió en calor y se extendió por todo el cuerpo. El vientre ya estaba tibio, con capas de calor ascendiendo, y hasta en las puntas de los dedos de los pies había un pequeño destello de calidez. Sonrojado, Tae-seo levantó el dorso de la mano para cubrirse la cara y miró a Se-heon entre los dedos.
El aire dentro del coche cerrado se espesó con su aroma.
“Tae-seo.”
Kang Se-heon ladeó la cabeza y empezó a trazar figuras invisibles sobre el vientre de Tae-seo.
“Solo voy a mirarte a ti.”
Tae-seo se movió, tratando de atrapar las feromonas invisibles que flotaban alrededor, y se encontró con los ojos de Kang Se-heon. Claramente hablaba de lo de antes con Seo Da-rae.
“Me gusta que te pongas celoso. Pero no estés ansioso.”
¿Ansioso…? Tae-seo bajó la cabeza, dándose cuenta de que Se-heon lo había calado. Era cierto. Solo le había dado celos noona Hae-jin, pero con Seo Da-rae era otra cosa. Y ahora, Se-heon lo estaba consolando por ello.
Tae-seo sonrió, respirando las feromonas de Se-heon cuanto quiso. Ya fuera por las feromonas o por sus palabras, la risa le burbujeó sola.
“Bendición dice que no le estás haciendo caso y que quiere que frotes más.”
“¿Así que ahora puedes leer la mente de Bendición?”
“Es el privilegio del que lo lleva dentro.”
Kang Se-heon acarició con suavidad el vientre de Tae-seo y luego, como recordando algo que había estudiado recientemente, lo mencionó.
“Aprendí algo llamado ‘taedam’: hablar con el bebé en el vientre. Dicen que la voz masculina grave se transmite mejor.”
“¿Y?”
“Dicen que cuanto más le hablas al bebé en el vientre, más hablador es cuando nace.”
“¿Así que estás diciendo que papá debería ser el que hable?”
“¿Por qué no? Bendición, ¿puedes oírme?”
Kang Se-heon le habló a Bendición como si fuera lo más natural del mundo. Para Tae-seo, que vivía su primer embarazo, aquello era nuevo; miró, con los ojos bien abiertos, a Se-heon y a su propia panza alternativamente.
Desde que había empezado a leer libros de crianza, Se-heon prácticamente se había vuelto un experto. Hablaba con el bebé con tanta naturalidad que Tae-seo se concentró sin darse cuenta.
“Te saludaré todos los días y te leeré un libro, uno al día.”
“Bendición dice que eso está increíble.”
“También puedo cantar.”
“Bendición quiere oír algo ahora.”
Inclinándose con ganas, Tae-seo apoyó la parte superior del cuerpo hacia Se-heon. Se-heon puso una mano detrás de la cabeza de Tae-seo y besó su frente.
“Cuando nazcas, te daré besos todos los días. Así que sal pronto.”
“Bendición dice que papá debería empezar primero con Tae-seo appa.”
Se-heon soltó una risa como si hubiera perdido esa ronda. Apoyó su frente contra la de Tae-seo, y rieron juntos un buen rato antes de siquiera pensar en subir.
Tae-seo entró en la joyería y miró alrededor con cierta incomodidad. Estaba a punto de preguntar si de verdad ese era el lugar que Se-heon tenía en mente, pero antes de que pudiera hacerlo, un empleado se acercó con un saludo cortés.
“Lo estábamos esperando. Por aquí, por favor.”
Tae-seo dudó un instante, sin saber si debía seguirlo, pero Se-heon le tomó la mano y lo atrajo con suavidad.
“Tenemos que arreglar lo de los regalos de boda.”
“Cierto, es verdad.”
Al oír “regalos de boda”, Tae-seo se llevó instintivamente la mano al collar y asintió. Su expresión no se veía precisamente entusiasmada, así que Se-heon lo empujó con delicadeza por la espalda para animarlo.
“¿No quieres algo bonito?”
“Claro que es lindo tenerlo, pero ya me disté este collar. No sentí que necesitara nada más.”
Le había encantado recibirlo. Y aún ahora, al llevarlo, siempre terminaba tocándolo. Se-heon le sujetó suavemente la mano cuando rozó el collar y le acarició el dorso con el pulgar. Tae-seo lo miró, y por un momento se olvidó de que estaban en una tienda.
“Aun así, tenemos que comprar anillos. Quiero que todos sepan que eres mío—justo aquí, en este dedo anular.”
Cuando Se-heon besó su dedo anular, el empleado—hasta entonces invisible—soltó una pequeña exclamación. El rostro de Tae-seo se encendió de rojo al recordar de golpe dónde estaban.
“Se-heon hyung…”
Tae-seo sonrió con timidez, nervioso.
“La próxima, mejor besa en otro sitio que no sea la mano.”
Habría preferido un beso en la mejilla. Sonriendo ante su petición juguetona, Se-heon se inclinó y le besó la mejilla.
“Bien, elijamos un anillo.”
Tae-seo volvió la vista satisfecho, y Se-heon cruzó miradas con el dependiente. Tomando la señal, el empleado se hizo a un lado y asintió.
“Hemos preparado algunas opciones. Permítanme mostrárselas.”
El dependiente alineó siete estuches de anillos frente a ellos. Sabiendo que Tae-seo prefería mirar varias opciones antes de decidir, escogió uno y lo presentó.
“Este no—”
Tae-seo empezó a responder con ánimo, pero se detuvo a mitad de frase. El dependiente llenó el silencio con fluidez.
“A las parejas de hoy les gusta algo práctico más que anillos voluminosos. Quieren algo ponible, pero con diseño único. Este modelo es de los mejores en esa categoría.”
Tae-seo examinó el anillo mientras hablaba, escuchando con atención. Se-heon se mantuvo en silencio, dejando que Tae-seo eligiera con libertad. El dependiente los miró de reojo y señaló otro diseño.
“Este puede llevar grabado por dentro, así que podrían elegir un mensaje personalizado si lo desean.”
Como Tae-seo no dijo nada, pasó al siguiente anillo.
“Este tiene una banda más ancha, pero con acabado mate, así que no cansa a la vista. Tiene un atractivo que perdura. Lo ideal es comprarlo en set. Permítanme mostrarles los diseños complementarios. También pueden probárselos, si quieren.”
Sugirió sutilmente que se lo probara—a veces los anillos lucen mejor en la mano que en el estuche. Empujó otro anillo hacia adelante mientras seguía explicando, pero Tae-seo no se movió.
“¿No te gusta ninguno?”
Incluso Se-heon supuso que Tae-seo no había encontrado nada de su agrado al no tocar ni un anillo.
“Eh… es solo que…”
Pero Tae-seo no respondió de inmediato, casi como si ni siquiera hubiera oído la pregunta. Luego, como si los viera por primera vez, empezó a señalar los anillos alineados frente a él, preguntando qué era cada uno.
El dependiente se mostró brevemente confundido, pero se recuperó enseguida y comenzó a explicar todo otra vez, uno por uno. Tae-seo escuchó con atención, aunque sus ojos se desviaban de vez en cuando.
‘¿Por qué siento como si alguien nos mirara?’
Llevaba un rato así—distraído. Mucha gente pasaba por fuera de la tienda.
‘Quizá no…’
No podía estar distraído para siempre. Por fin, Tae-seo tomó un anillo.
Y justo en el momento en que Tae-seo y Kang Se-heon entraron en cuadro, se oyó el clic de un obturador de cámara, ahogado por el ruido ambiente de alrededor de la tienda.