Soy el Villano pero estoy Embarazado - Capítulo 68

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  4. Capítulo 68
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—¿De verdad es tan difícil decir “vivamos juntos”? ¿Por qué de pronto pasaste de ser mi novio a ser mi tutor…?

Ante la queja de Tae-seo, a Kang Se-heon se le curvaron levemente los labios.

—Dijiste que me confesarías todo lo que quisiera cuando despertara, pero lo único que hiciste fue meterme a escondidas en tu casa. Eres realmente sospechoso.

Tae-seo escribió con cautela su ID y contraseña de la página de la universidad. Apenas movía los dedos sobre el teclado, dejando claro que estaba consciente de la presencia de Se-heon.

—No intentes adivinar mi contraseña mirando mis manos.
—No pensaba hacerlo. Solo revisa tus notas.
—¿Por qué tú…?

Se tragó el resto. ¿De verdad Se-heon estaba al tanto del día en que salían las calificaciones? Él mismo apenas recordaba la fecha, ¿cómo lo sabía Se-heon?

Al ver la expresión de Tae-seo —que delataba todos sus pensamientos—, Se-heon alzó su taza. En vez de café, había preparado té: dijo que era rooibos.

—Bebe mientras revisas.

Se-heon parecía completamente tranquilo, como si no hubiera prisa alguna. Para Tae-seo, sin embargo, esto estaba muy lejos de ser un momento relajado.

Se frotó las puntas frías de los dedos para calentarlas y luego abrazó la taza con ambas manos, como si fuera un calentador. No había presentado los parciales, pero en los finales sí se había esforzado por su cuenta. Como estaba en el último año, le preocupaba si aún conservaba bien los conocimientos previos; al final, estudiar no resultó tan difícil como temía. Eso le dio algo de esperanza.

A medida que sus manos entraban en calor, su tensión empezó a ceder. Por fin hizo clic en su boleta. En cuanto las calificaciones llenaron la pantalla, se quedó por un instante sin aliento.

—Haa…

Tae-seo exhaló como si se le hubiera ido toda la fuerza, repasando los resultados con la mirada.

No eran malas. Como le había ido bien en los finales y sus notas de medio término tampoco eran pésimas, el promedio quedaba sólido.

‘Park Han-soo mencionó las notas cuando armó el equipo.’

Por eso lo emparejó con Kang In-hyuk y Seo Da-rae. Significaba que el Yoon Tae-seo original ya tenía calificaciones decentes.

‘Qué alivio.’

Cuando estaba a punto de sonreír, relajado del todo, dudó un segundo al notar a Se-heon sentado frente a él. De pronto le dieron ganas de provocarlo. Imitando el gesto anterior de Se-heon, Tae-seo alzó su taza.

—¿Quieres ver?
—¿Quieres mostrarme?
—No, solo que… Tú sacaste el tema de las notas, y me preguntaba si querías verlas.
—Si quieres enseñármelas, te haré el favor.

Aunque había sido Se-heon quien preguntó primero, lo hacía sonar como si Tae-seo se estuviera muriendo por presumir. Con esa mirada baja e indiferente, parecía haber vuelto a su antiguo yo, el que solo se preocupaba por sí mismo.

Bueno, aunque se hubiera ablandado, Kang Se-heon seguía siendo Kang Se-heon. Ese carácter punzante no iba a desaparecer.

Tae-seo pensó en seguir fastidiándolo, pero al final se contuvo. En cambio, giró el portátil hacia Se-heon para mostrarle la boleta y luego se levantó. Estirándose, caminó hacia la cocina y alzó la voz para que lo oyera.

—Será porque me fue bien, pero de repente me dio un hambre…

No tenía relación alguna, pero ¿y qué? Quería presumir un poco.

Cuando miró de reojo, vio a Se-heon chasquear la lengua ante sus notas, como si fueran apenas “decentes”, y levantarse también.

—Si quieres quedar primero la próxima, deberías comer más nueces.

Se-heon le desordenó el cabello y se internó en la cocina. Al verlo abrir el refrigerador y revisar su contenido, Tae-seo hizo pucheros. ¿Así que solo importaba el primer lugar? Eso lo dejó un poco mohíno.

—Uf, si cuesta tanto sacarle un elogio, ¿cómo será con Bendición? Apuesto a que solo le importará si saca el primer lugar.

Tae-seo se frotó la barriguita redondeada mientras se sentaba y hablaba en voz alta hacia la espalda de Se-heon.

— Bendición, estás en problemas. A tu papá solo le gusta el primer lugar. Más vale que estudies duro.

Se-heon ni se volteó; siguió sacando utensilios mientras Tae-seo parloteaba.

—Seguro tu papá fue un genio en la escuela.

En lugar de negarlo, Se-heon continuó con los preparativos en silencio.

—Vas a tener que traer un 100 perfecto solo para verlo sonreír y que te felicite. Una pesadilla.

Tae-seo apoyó la barbilla en la mano, observando a Se-heon trabajar. Aparte del tintinear ocasional de los utensilios, los sonidos eran agradables, casi como una nana. Y la espalda ancha de Se-heon también era agradable de mirar.

Mientras su mirada subía de la espalda a los hombros, de pronto entendió por qué Se-heon lo trataba como a un crío. No era solo por la diferencia de edad. Aunque Tae-seo no era bajo, junto a Se-heon definitivamente no se sentía alto.

Aun mirando esa espalda, Tae-seo apoyó el rostro entre las manos.

—¿Qué diría si saco 99? ¿“Buen trabajo” o suspiraría por ese puntito que faltó? Ah, qué curiosidad. Me pregunto si a Bendición se le darán bien los estudios.

Murmurando, incluso empezó a dar golpecitos con los pies, expectante.

En ese momento, Se-heon se dio vuelta, ya con la preparación lista. Había dejado de sonar la licuadora, y puso frente a Tae-seo una bebida —claramente con nueces— junto con totopos horneados con nueces.

— Bendición.

Llamando por su nombre prenatal, Se-heon dejó la bebida frente a Tae-seo y hasta le acercó un chip a la boca. Tae-seo lo recibió, masticó, y Se-heon le indicó que bebiera también.

—No te preocupes.

¿Oh? ¿Iba a decir que él mismo se encargaría de darle clases al niño?

—No lo voy a dejar sin comer solo porque sea malo estudiando.
¿Eh?
—Aunque saque 99, me aseguraré de que coma hasta llenarse. Aunque saque 100, comerá bien. Y aunque saque cero, igual le daré de comer.

—Espera… ¿cómo que “me aseguraré de que coma bien”…?

Descolocado por la respuesta, Tae-seo balbuceó incrédulo y luego se desplomó sobre la mesa entre carcajadas. Golpeó la superficie con el puño, riendo tanto que Se-heon apartó vasos y platos por precaución.

Cuando por fin se desahogó, Tae-seo levantó la cabeza.

—Pensé que ibas a decir que tú mismo le darías clases.

Todo el cuerpo todavía le temblaba de risa, así que Se-heon le sirvió un vaso de agua por si acaso.

—Si comen bien, estudiarán bien. …Ya veremos cuando empiece por alimentarte como es debido.
—¡Ah, en serio!

¿Hasta dónde pensaba atiborrarlo?

—Mmm…

Tae-seo abrió los ojos lentamente al despertar. Desde que se había desplomado aquella vez, había adquirido un hábito: en cuanto recobraba la conciencia, lo primero que abría eran los ojos. Despertar con la mente lúcida y el cuerpo todavía pesado le provocaba una inquietud sutil, como si necesitara confirmarse a sí mismo que seguía siendo Yoon Tae-seo.

El techo familiar lo tranquilizó: estaba en la casa de Se-heon, más exactamente en la habitación donde se quedaba. Esa mañana le habían dado el alta, habían vuelto directo a casa, comió un tentempié y pensaba descansar un rato antes del almuerzo… pero al parecer se quedó dormido.

Seguía siendo Tae-seo. Bendición seguía creciendo dentro de él. Y seguía teniendo a alguien con quien pronto se casaría. Enumerar esos hechos, uno a uno, ayudó a calmar la tensión remanente en su pecho. Exhaló largo y se incorporó despacio.

Puso los pies en el suelo, se levantó y se estiró; luego caminó lentamente por la habitación para aflojar el cuerpo entumecido. Y a medida que el cuerpo se relajaba, la mente volvió a lo que lo había inquietado por días: el momento en que se desmayó.

¿De verdad estaba relacionado con Seo Da-rae el haber estado expuesto a esas feromonas Alfa concentradas?

Solo lo había hablado con Park Han-soo. No se lo mencionó a nadie más. Ni siquiera a Jin Gyu-min, su médico. Ni a Kang Se-heon.

Tae-seo pasó una mano distraída por el vientre y se detuvo al ver su reflejo en el espejo.

El Tae-seo del espejo lucía sereno.

—¿Por qué miras así?

Hablándole a su propio reflejo, soltó una risita autocrítica. Si realmente sospechaba de Seo Da-rae, ¿no debería ir a preguntarle? Y aun así, no podía. Estaba frustrado consigo mismo.

—¿Me da miedo que lo admita? Sí… exactamente eso.

Si Seo Da-rae decía “fui yo”, ¿entonces qué? Podía preguntarle por qué, pero… ¿responsabilizarlo? ¿De verdad podía exigirle que se hiciera cargo por haberlo drogado?

No. Porque Tae-seo había intentado hacerle exactamente lo mismo.

Solo que, por un giro del destino, fue él quien terminó ingiriendo el fármaco, y todo cambió. Pero si las cosas hubieran salido según su plan original, el que habría estado en peligro sería Seo Da-rae.

Frustrado, Tae-seo se desordenó el cabello con brusquedad.

Tocaron la puerta y se abrió.

—Estás despierto, ¿por qué no sales?

Se-heon se recargó con naturalidad en el marco, sin intención de cerrar. En lugar de responder, Tae-seo giró un poco el cuerpo y se miró desde distintos ángulos en el espejo.

—Solo estaba viendo. Dicen que Bendición está aquí, pero todavía no se me nota mucho el vientre.
—En los Omegas varones no se nota tanto.
—Entonces, ¿a dónde está yendo toda la comida que me estoy metiendo? ¿Aquí?

Tae-seo empujó sus mejillas con las manos, haciéndose cara de moflete. Se veía a la vez tierno y ridículo, pero su expresión seguía seria. Los pensamientos sobre Seo Da-rae habían quedado enterrados; en otro momento, la mirada aguda de Se-heon podría haber captado su humor, pero hoy, por fortuna, no.

Aun apretujándose las mejillas, preguntó:

—¿No me ves más rellenito? Antes de que me hospitalizaran no estaba tan hinchado.

Ante eso, Se-heon entró de verdad, como dispuesto a hacer una inspección completa. Caminó en círculo a su alrededor, examinándolo desde todos los ángulos.

—Todavía no se nota.
—Pero sí subí de peso, ¿no?
—No puedo asegurarlo sin mirar más de cerca.

La conclusión fue tan despreocupada que Tae-seo cruzó los brazos sobre el cuerpo, a la defensiva.

—No querrás decir que de verdad quieres revisar, ¿verdad?
—No me mires así. ¿Crees que solo nos tomamos de la mano y así llegó Bendición?
—Bueno, no, pero… Espera, ¿cómo terminamos en este tema? ¡Solo pregunté si subí de peso!

Tae-seo entrecerró los ojos y dio un paso atrás, como si tomara distancia de un pervertido.

—De todos modos, siento que estoy más gordito.
—Aún no deberías preocuparte por eso. Vas a subir más. Y yo me encargaré de que así sea.

Con la resignación de quien ya aceptó su destino, Se-heon desestimó sin pestañear las preocupaciones de Tae-seo.

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