Soy el Villano pero estoy Embarazado - Capítulo 64

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La tensa quietud entre ambos persistía mientras Seo Da-rae le daba la espalda a Kang In-hyuk.

“Si vas a seguir hablando de Yoon Tae-seo, me voy a casa.”

Seo Da-rae dejó claro que no tenía paciencia para escuchar nada relacionado con Yoon Tae-seo.

“Como ves, no me siento bien ahora mismo.”

El rubor en el rostro inclinado de Seo Da-rae no daba señales de desvanecerse. Significaba que la somnolencia todavía le rondaba por dentro. Encima, las feromonas de Kang In-hyuk, aun débilmente presentes en el aire, estaban estimulando las suyas, que apenas se habían calmado tras el celo.

Si se dejaba arrastrar por esas feromonas, sentía que podría terminar confesándolo todo. Eran dulces pero peligrosamente seductoras. Por eso, aunque se lamía los labios resecos una y otra vez, Seo Da-rae se negó a cruzar la mirada con Kang In-hyuk.

Alargó la mano hacia el picaporte y lo presionó. El seguro emitió un pitido suave al desactivarse y, en el momento en que cedió, Seo Da-rae dejó escapar un suspiro silencioso. Si podía salir y quedarse a solas un rato…

En cambio, sonó el chasquido seco de la puerta cerrándose. Seo Da-rae miró su propia mano. En algún momento, Kang In-hyuk había extendido la suya sobre la de él, volviendo a cerrar la puerta.

“Entonces respóndeme solo una cosa.”

Seo Da-rae se quedó mirando su mano, completamente envuelta por la de Kang In-hyuk. Todavía tenía la piel caliente, lo que hacía más notoria la frescura del tacto de In-hyuk. Hacía instantes había querido escapar de él a toda costa, pero ahora, con solo ese roce, vaciló. Mientras Kang In-hyuk no dijera nada que rompiera el momento, quería quedarse. Quería apoyarse en él.

Si tan solo pudiera…

“¿Esto no tiene nada que ver contigo?”

La presión en la voz de Kang In-hyuk, exigiendo la verdad, endureció de inmediato la expresión que se le había ablandado a Seo Da-rae.

“No.”

Seo Da-rae apartó con firmeza la mano de Kang In-hyuk y salió. El rastro de sus feromonas aun flotando en la entrada solo intensificó el torbellino dentro de Kang In-hyuk.

“Haa.”

Kang In-hyuk exhaló hondo, frotándose la frente. Llevaba días sin dormir bien, y el cansancio le embotaba los pensamientos.

“Da-rae.”

Llamó a alguien que ya no estaba ahí.

“Tae-seo está embarazado.”

No tenía idea de por dónde empezar a desenredar el desastre en su corazón. Y si Seo Da-rae estaba implicado de algún modo, tampoco sabía cómo manejarlo.

Mientras Tae-seo guardaba silencio, Park Han-soo no paraba de moverse—se tocaba la frente, se rascaba levemente el puente de la nariz, luego apoyaba la mano en la cintura. Había venido corriendo en cuanto escuchó que Tae-seo se había desplomado, solo para toparse con una pregunta que lo dejó pensativo.

“¿Y eso qué tiene que ver con que estés aquí?”

Se había convertido en Omega, había pasado por cosas que jamás esperaba.

Cuanto más se enredaba la mente de Park Han-soo, más claro se le volvía a Tae-seo. Hasta ahora solo había estado masticando ideas en su cabeza, pero decirlas en voz alta ante Park Han-soo lo ayudaba a ordenarlas.

Tae-seo apoyó la barbilla en la mano y desvió la mirada hacia un lado. Park Han-soo se rascó la cabeza.

“¿La persona que te hizo esto es alguien que yo conozca?”

“Aún no lo sé. No hay nada seguro.”

“Así que sí hay alguien a quien sospechas.”

Cuando Tae-seo calló, Park Han-soo chasqueó la lengua. Le palpó la frente, luego le dio unas palmadas en el hombro. Como si no bastara, siguió trasteando aquí y allá hasta que, irritado, Tae-seo le apartó la mano.

“¿Qué haces?”

“Ver si se te pegó algo raro.”

“Deja de perder el tiempo.”

Tajante, Tae-seo respondió, pero Park Han-soo tenía cuerda para rato. Había visto demasiado estando a su lado como para ignorarlo.

“¿Por qué contigo nunca hay un día tranquilo?”

“Han-soo.”

“¿Qué?”

“Yo también quiero vivir tranquilo.”

Tae-seo estaba declarando su inocencia. Por supuesto, no era del todo cierto que los demás tuvieran la culpa de su vida caótica. Todo nacía de sus propias acciones, y ahora no hacía más que afrontar las consecuencias.

“Ya no hago cosas malas. Dejé atrás a Kang In-hyuk, e incluso me disculpé.”

Por eso había terminado haciendo de villano. La causa había desaparecido, así que ya no había razón para seguir por ese camino.

“Así que quédate a mi lado y échame un ojo.”

Si alguien podía hacerlo, ese era Park Han-soo. Siempre había sido el único a su lado. Sin embargo, Park Han-soo cruzó los brazos, procesando las palabras de Tae-seo a su manera.

“¿O sea que, si haces una locura, te ataje?”

“No, al revés. Vigílame para que no me meta en líos. Asegúrate de que no vuelva a desmayarme.”

“Yo también tengo mi vida, ¿sabes? ¿Pretendes que te esté mirando todo el tiempo?”

Tae-seo lo miró como si la respuesta fuera obvia. Park Han-soo soltó un suspiro corto y exasperado.

“Estás obsesionado conmigo. ¿Qué cuesta admitirlo?”

“¿…Ah, sí?”

“Si no quieres que esté, me voy a casa. Ahora mismo. Pero entonces tú dejas de meterte en mis asuntos también.”

Como para demostrar que hablaba en serio, Tae-seo se movió como si fuera a incorporarse. Park Han-soo alzó de inmediato ambas manos en señal de rendición.

“Está bien, está bien. Vigilarte no es tan difícil. A fin de cuentas, me interesas bastante.”

“Sí, ya lo sé.”

Aunque ese interés fuera porque le resultaba entretenido observar a Tae-seo, daba lo mismo. Él se recostó en la cama, mientras Park Han-soo se rascaba distraídamente la nariz y volvía a acomodarse en su asiento.

“Esto se siente raro. Creo que Yoon Tae-seo me acaba de manipular.”

“Si te vas, levántate ya. Enseguida viene alguien.”

“¿Viene alguien? ¿Quién?”

Pese a decir que se iría, Park Han-soo no hizo intento de levantarse y, en cambio, volvió la vista hacia la puerta. Justo cuando trataba de adivinar quién podía venir, la puerta de la habitación se abrió y alguien entró.

“Por cierto, no andes soltando por ahí lo que acabamos de hablar.”

“¿Eh? ¿Qué? ¿A qué te refieres?”

Antes de que Park Han-soo reaccionara, Tae-seo giró la cabeza.

“¿Llegaste, hyung?”

Tae-seo saludó con la mano, y Kang Se-heon respondió con una pequeña sonrisa al entrar… pero se detuvo un instante al notar a Park Han-soo. De inmediato, este se puso de pie e hizo una reverencia.

“Hola. Soy Park Han-soo. La vez pasada no pude presentarme como es debido.”

“¿Ya conocías a Se-heon hyung?”

Antes de que Kang Se-heon contestara, Tae-seo se metió, curioso. Se preguntó si habría alguna conexión inesperada entre ellos, pero Park Han-soo respondió enseguida.

“Lo vi antes. Cuando ustedes dos estaban sentados juntos.”

“¿Te refieres a la banca frente al edificio de ciencias?”

“Ajá.”

Por si acaso, Tae-seo tanteó el tema con cuidado, pero Park Han-soo asintió al instante, como si lo hubiera adivinado.

“¿Y por qué no te recuerdo?”

“Te saludé cuando los vi, pero no estabas mirando. Solo él me vio.”

“Ya veo. Pero ¿de verdad actúas como si nos conociéramos solo porque cruzaron miradas un segundo?”

“¡Por supuesto! Dicen que hasta rozarse los hombros conecta a la gente. Y yo—” Formó una V con los dedos y se la llevó a los ojos. “Crucé miradas con él.”

Cuando Tae-seo le apartó la mano de un manotazo, Park Han-soo, que terminó metiéndose el dedo en el ojo, gimió y negó con la cabeza del dolor.

“¡Yoon Tae-seo, qué diablos!”

“Pensé que querías que te picara los ojos.”

Descarado, Tae-seo replicó, y Park Han-soo bajó las manos, esforzándose por volver a abrirlos. Observándolos, Kang Se-heon se colocó al lado de Tae-seo.

“Es la primera vez que conozco a uno de tus amigos.”

Hasta ahora, Tae-seo nunca le había presentado a nadie a Kang Se-heon. Kang In-hyuk era un caso aparte porque ambos lo conocían, pero Tae-seo jamás había mencionado por voluntad propia a un amigo. Cuando Kang Se-heon cruzó la mirada con Park Han-soo y habló, Tae-seo soltó un suspiro.

“Es el único.”

Desgraciadamente.

Esa última palabra, con un matiz de amargura, le torció la expresión a Park Han-soo. Se había alegrado de ser “el único amigo”, pero enterarse de que a Tae-seo le parecía una desgracia le borró la sonrisa.

“¿Acabo de oír un ‘desgraciadamente’?”

“Sí, oíste bien.”

“Deberías negarlo, no confirmarlo así nomás.”

Tae-seo le lanzó una mirada de “¿y qué quieres que haga?” antes de palmear el lugar junto a él, indicándole a Kang Se-heon que se sentara. Park Han-soo miró la silla donde estaba sentado y luego alrededor. La única silla junto a la cama era la que ocupaba, mientras que el sofá para visitas estaba algo más lejos.

“Eh… Creo que este asiento debería ser suyo, señor…”

Park Han-soo se puso de pie, incómodo. Se había sentado porque estaba libre, pero parecía tener dueño.

“Siéntate ahí. Yo me paso al sofá.”

Cuando Park Han-soo se hizo a un lado, Kang Se-heon le palmeó el hombro.

“Quédate donde estás.”

En lugar de sentarse, Kang Se-heon pasó de largo, y Tae-seo bajó la manta, haciéndole espacio.

“Al hyung no le gusta sentarse ahí.”

Al mismo tiempo que Tae-seo le hacía señas a Park Han-soo para que volviera a sentarse, Kang Se-heon tomó asiento en el borde de la cama. Viendo lo natural que le salía, parecía cierto lo que decía Tae-seo.

Park Han-soo volvió a acomodarse, echándole un ojo a Kang Se-heon.

“Desde que nos rozaron los hombros, somos oficialmente cercanos.”

Se frotó el lugar del hombro donde Kang Se-heon lo había tocado, alzando un dedo como si sellara un trato tácito. Si fuera poco, hasta guiñó un ojo. Kang Se-heon lo miró un instante antes de volver la vista a Tae-seo.

“Sé exactamente lo que estás pensando, pero no, no somos iguales.”

Tae-seo negó con firmeza, y Kang Se-heon cerró la boca. Viendo lo naturalmente descarado que era Park Han-soo, entendió por qué eran amigos.

“Es mi amigo porque no me quedó de otra, no porque seamos parecidos.”

“Yoon Tae-seo, ¿alguna vez te contienes cuando hablas de la gente?”

“Tú eres el que dice ‘ya somos cercanos’ por un toque de hombro. No estás para hablar.”

Tae-seo chasqueó la lengua, como si viera a través de las intenciones de Park Han-soo. A diferencia de él, Han-soo sí quería conocer a Kang Se-heon.

“No le pidas el número.”

“Guau, qué bajo…”

Ya con el teléfono medio fuera del bolsillo, Park Han-soo refunfuñó y lo guardó de nuevo.

Una vez que confirmó que Park Han-soo había desistido, Tae-seo volvió a mirar a Kang Se-heon.

“Hyung, llegaste tarde.”

“Fui a por esto.”

Kang Se-heon dejó la bolsa de papel que llevaba. Antes incluso de que sacara nada, Tae-seo espió dentro y se iluminó al instante. Él mismo metió la mano y sacó una caja. Emocionado, levantó la tapa y aparecieron donas ordenadas con pulcritud. Miró a Kang Se-heon con una amplia sonrisa.

“Pensé que no podrías conseguirlas. Siempre hay una fila larguísima.”

“No te preocupes por eso. Solo dime qué quieres y te lo consigo.”

“Eso tranquiliza.”

Cuando Tae-seo alargó la mano para tomar una dona tal cual, Kang Se-heon le sujetó la muñeca.

“Espera.”

Ante su mirada interrogante, Kang Se-heon le retiró la caja. La colocó donde se viera bien, y él mismo tomó una dona.

“Sería ideal que vinieran cortadas en bocados, pero dudo que esperes tanto…”

Sosteniendo la dona, la acercó a los labios de Tae-seo.

La masa suave rozó el labio inferior de Tae-seo, y el aroma dulce se elevó. Kang Se-heon murmuró en voz baja:

“Si te llenas los dedos de azúcar glas, me incomodaría.”

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