Soy el Villano pero estoy Embarazado - Capítulo 43

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—El CEO te está esperando.

Han Mi-sun, que visitaba el hotel después de mucho tiempo, siguió la guía de la secretaria. Al llevarse la mano para quitarse las gafas de sol que le cubrían media cara, de pronto chocó con algo.

—¡Ah!

El hombre que pasaba llevaba algo en brazos, y cuando sus brazos se rozaron, Han Mi-sun soltó un pequeño grito.

—Lo siento.

Al girarse, se dio cuenta de que el hombre no había podido ver bien por el enorme ramo que cargaba. No había sido un golpe fuerte, solo un leve roce de las flores contra su brazo, así que lo desestimó con un gesto, diciendo que estaba bien. El hombre volvió a inclinarse y se alejó a paso rápido.

Sin embargo, Han Mi-sun se quedó allí, ladeando la cabeza mientras veía su espalda alejarse.

—¿Podría ser Tae-seo?

El ramo era tan grande que le cubría media cara, así que no podía estar segura. Pensó en seguirlo, pero decidió no hacerlo. Si se equivocaba, sería un desvío innecesario. Además, hoy no había venido a ver a Tae-seo, sino a otra persona.

Entró enseguida en el ascensor y subió. Mirando su reflejo en las puertas, fruncía y relajaba los labios una y otra vez, borrándose con el dedo anular el maquillaje cargado bajo los ojos mientras murmuraba para sí.

—Tengo que conseguir una respuesta definitiva, cueste lo que cueste.

Últimamente, Han Mi-sun se sentía intranquila, incapaz de comer o dormir bien. Cuando intentaba acostarse por la noche, su mente se llenaba con la imagen de Seo Da-rae, que se quedaba en casa de su hijo. Durante el día, sus pensamientos los acaparaba Kang Se-heon, y le costaba concentrarse en cualquier cosa.

Su inquietud constante había empezado a afectar su salud. Tenía cefaleas tensionales persistentes y le habían recetado somníferos por el insomnio. Incluso en el salón de belleza le habían comentado lo áspera que tenía la piel, preguntándole si le pasaba algo. Tenía los ojos visiblemente hinchados por la falta de descanso, y el cansancio se le notaba.

Por eso había decidido contactar primero a Kim Mi-kyung. Había planeado esperar hasta que Tae-seo manifestara como omega, pero a esas alturas sentía que se vendría abajo si no hacía algo pronto.

—Debería comprometer a Tae-seo.

Si lograba que el compromiso y la boda coincidieran con la graduación de los chicos, todos los problemas que le molestaban se resolverían. Podría separar a Seo Da-rae de In-hyuk y ganar un aliado fuerte para lidiar con Kang Se-heon. La clave era persuadir a Kim Mi-kyung hoy.

Cuando se abrieron las puertas del ascensor, Han Mi-sun miró al frente con expresión resuelta.

—Hermana.

Ante su saludo, Kim Mi-kyung se puso en pie de inmediato. Con una cálida sonrisa, señaló el sofá e indicó a la secretaria que preparara té antes de retirarse.

—Ha pasado tiempo.

—Sí. He estado tan ocupada que no pude llamar. Tú también has estado ocupada con el trabajo, ¿no?

La última vez que se vieron, Kim Mi-kyung estaba molesta por Tae-seo. Han Mi-sun decidió no tocar el tema y desvió la conversación.

—Siempre estoy así.

Mientras la secretaria dejaba el café, Kim Mi-kyung miró a Han Mi-sun con una sonrisa suave. Sosteniendo la taza, habló como si las palabras fluyeran de manera natural.

—El trabajo ha estado pesado, y además he tenido que vigilar a Tae-seo.

Kim Mi-kyung había derramado lágrimas ante Han Mi-sun cuando Tae-seo se fugó de casa. Ahora, al oírse mencionar el nombre de Tae-seo, Han Mi-sun se aferró a la oportunidad para hablar del tema.

—En realidad, fui a la casa de In-hyuk hace poco, pero Tae-seo no estaba.

En su lugar, había encontrado a Seo Da-rae, lo cual había sido un gran impacto. En ese momento, estaba demasiado alterada como para llamar a Kim Mi-kyung. Pero ahora parecía que Kim Mi-kyung también tenía algo que decir al respecto.

—Sí, Tae-seo volvió a casa. Estaba quedándose en casa de alguien…

Al decir “alguien”, Kim Mi-kyung se detuvo un instante, como si se hubiera quedado pensando, pero enseguida continuó con un tono imperturbable. Han Mi-sun, oliendo la oportunidad, se inclinó un poco hacia Kim Mi-kyung.

—Me alegra que haya vuelto. Es un chico tan bien portado y amable; no puedo imaginar lo difícil que debió de ser para él. Debiste sorprenderte, pero yo de verdad sentí mucha empatía por Tae-seo.

Han Mi-sun palmeó el brazo de Kim Mi-kyung, repitiendo lo bueno que era que Tae-seo hubiera regresado. Han Mi-sun hacía tiempo que se había dado cuenta de que a su propio hijo no le gustaba Tae-seo, así que a menudo procuraba mostrar afecto por él. Tal vez por eso a Kim Mi-kyung no le resultaba extraño su comportamiento.

—Entiendo perfectamente los sentimientos de Tae-seo.

Añadió, como si de verdad pudiera comprenderlo. Se había enterado por Kim Mi-kyung del error de Tae-seo y del motivo por el que se había fugado. Entonces se habían centrado en el misterio de a dónde se había ido Tae-seo, pero hoy, el tono de Han Mi-sun era diferente.

—No es culpa de Tae-seo. La manifestación no es algo que ocurra cuando uno quiere. Para un chico que está esperando que pase, puede ser agotador. Es normal que la frustración lleve a cometer errores.

Hablaba como si fuera la única capaz de empatizar de verdad con Tae-seo.

—Así que he estado pensando…

Han Mi-sun dejó la frase en el aire, y Kim Mi-kyung la miró de reojo. Se preguntaba qué era eso que Han Mi-sun se tomaba tanto tiempo para decir.

—¿Qué te parecería comprometer a Tae-seo y a In-hyuk?

—¿Compromiso?

Preguntó Kim Mi-kyung, desconcertada.

—Sí. Planeaba esperar un poco más, pero no hay motivo para no hacerlo ya. Podemos comprometerlos y que se casen después de graduarse. La razón por la que empezó a manifestar Tae-seo es que está enamorado de In-hyuk, ¿verdad? Me siento fatal por haberlo hecho esperar tanto.

Kim Mi-kyung, que debería haberse alegrado con la idea, mostraba un semblante conflictivo. Han Mi-sun no se dio cuenta y siguió hablando.

—No me importa si Tae-seo no manifiesta como omega.

Sonrió dulcemente. Lo importante no era la condición de Tae-seo, sino que era Yoon Tae-seo. Ella lo necesitaba.

—Un estudiante universitario, ¿eh?

El traje simplemente no parecía hecho para él. Al oír que Tae-seo era universitario, Seo Eun-hee y Kang Jin-han tuvieron reacciones muy distintas. Mientras Eun-hee, que ya pensaba que Tae-seo se veía joven, no se sorprendió demasiado, Kang Jin-han entornó los ojos y miró a su hijo.

La diferencia de edad era considerable. A diferencia de su hijo, que ya era un adulto trabajador, Tae-seo seguía siendo un estudiante con cara fresca. La mirada de Kang Jin-han lo dejaba claro: estaba evaluando a Tae-seo como si fuera un sospechoso.

—Por mucho que lo mires, la edad de Tae-seo no va a cambiar.

—Ni la tuya. ¿Cuánto más joven es…?

Kang Jin-han se refirió abiertamente a Tae-seo como “un crío”, lo que llevó a Tae-seo a darse una palmada torpe en la mejilla. Se había puesto traje no solo por cortesía, sino con la esperanza de parecerse un poco más a Se-heon. Pero, por lo visto, había calculado mal por completo.

Para los padres de Se-heon, no era más que un niño.

Inseguro, Tae-seo miró a Se-heon.

—No te preocupes. El que recibirá los regaños seré yo, así que relájate.

Se-heon pareció leer su expresión e intentó consolarlo con palabras que pretendían ser reconfortantes, aunque Tae-seo no estaba seguro de cuánto consuelo ofrecían.

—¿Quieres que me quede mirando cómo te reprenden?

Susurró Tae-seo a Se-heon, inclinándose apenas hacia él. Se-heon, procurando que sus padres no oyeran, bajó la voz.

—Si alguien podría hacerlo, serías tú. Con un bote de palomitas.

Tae-seo resopló, molesto.

—Si sigues hablando así… compraría un combo variado de palomitas.

—Haz lo que quieras.

Se-heon sonrió y se irguió. Luego, volviéndose hacia sus padres, dijo con expresión segura:

—La edad no importa.

Su tono era como si estuviera evaluando un riesgo empresarial. Kang Jin-han negó con la cabeza, sin poder hacer nada al respecto. Así era su hijo: terco incluso en el trabajo. ¿Por qué sería diferente ahora?

—Por cierto, ¿nos hemos visto antes? Tu nombre me suena.

Preguntó Seo Eun-hee, mirando a Tae-seo. No solo su cara le resultaba familiar; también su nombre. No lograba ubicarlo, pero algo no le cuadraba.

Se-heon respondió rápido a su curiosidad.

—Va a la misma escuela que In-hyuk. Se conocen desde la infancia, así que puede que hayas oído su nombre por la tía Mi-kyung.

—¡Ah, debe ser eso! He oído ese nombre en alguna parte…

Mientras hablaba, la voz de Seo Eun-hee empezó a desvanecerse. En cuanto cayó en quién podría ser, su mente empezó a rebuscar en cosas que había escuchado de Han Mi-sun.

Había un chico que estaba con In-hyuk. A ese chico le gustaba In-hyuk. Ahora era beta, pero cuando manifestara como omega, pensaban unirlos. Y decían que también sería estupendo que Se-heon tuviera a alguien así.

¿Podría ser el mismo chico?

Tras una breve vacilación, Seo Eun-hee preguntó con cautela:

—¿Cuál es tu género secundario?

—Soy omega.

Cuando Tae-seo lo confirmó, Seo Eun-hee no pudo evitar confundirse. ¿Sería él? ¿O es que ya había manifestado? Aún no lograba borrar la incertidumbre de su expresión.

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