Soy el Villano pero estoy Embarazado - Capítulo 33
Yoon Tae-seo se quedó mirando la bebida frente a él. Ayer había sido un batido; hoy, un “ade”. Podría haber pedido cafeína, pero por alguna razón seguía antojando este tipo de bebidas. Aun así, había algo en ello que no le terminaba de cuadrar.
—¿Por qué la miras con esa cara? ¿Te hizo algo?
—Es demasiado refrescante.
—Ah, ahora resulta que ser refrescante es un problema.
En vez de tratarlo como si estuviera diciendo tonterías, Kang Se-heon parecía dispuesto a seguirle el juego. Tomó el vaso y lo llevó a los labios.
—Entonces tómalo todo y haz que desaparezca.
—Eso planeo.
Tae-seo clavó los dientes en el popote y sorbió el “ade” con determinación. La bebida fresca y cítrica le inundó la boca.
—¿Feliz ahora?
—No.
—Entonces, ¿qué problema hay ahora? Dime.
Como si estuviera listo para resolverle cualquier cosa, Kang Se-heon cruzó los brazos y se recargó en la silla.
—Esto. Esto es el problema. No entiendo por qué es innecesariamente refrescante al punto de distraerme, y tampoco entiendo por qué te estoy viendo otra vez hoy.
Tae-seo agitó su ya vacío vaso mientras hablaba y, de pronto, le echó la culpa a Se-heon.
—¿Y yo qué hice?
—Dijiste que me darías tiempo para pensar.
—¿Todavía no lo has hecho?
La desfachatez de la pregunta hizo que a Tae-seo se le erizara la piel, pero apenas logró contenerse. Exaltarse allí solo sería perder.
—Todos los días después de clases me llamas, nos sentamos frente a frente a comer, a tomar café, y después de un buen rato me dejas ir. ¿Cuándo se supone que piense?
—Cualquiera que te escuche pensará que te tengo secuestrado toda la noche. Dijiste que lo harías en casa.
—Para cuando llego, me baño y me siento, ya me da sueño.
Así que, cuando despertaba, tocaba ir de nuevo a la escuela; y cuando la escuela terminaba, inevitablemente volvía a pasar el rato con Se-heon. No es que no tuviera tiempo después de bañarse, pero incluso ese rato alguien se lo terminaba comiendo.
—Y me la paso al teléfono todo ese tiempo y, cuando menos lo pienso, ya es de mañana.
Refunfuñó Tae-seo, revolviendo la bebida con el popote. Todos los días, Kang Se-heon lo recogía, pasaba tiempo con él, y el día se iba sin que se diera cuenta. Con Se-heon, el tiempo parecía correr solo.
Se-heon, sin embargo, tenía algo que decir a sus quejas.
—Si necesitas tiempo, puedes decirme que no te llame la siguiente vez.
—Eso es cierto, pero…
La frase de Tae-seo se fue apagando. Se-heon tenía razón. Podía cortar las llamadas. Y aun así, por alguna razón, cuando hablaban, la conversación simplemente fluía y él nunca sabía cuándo parar.
—Está bien. Desde hoy, no me llames.
Decidido a no dejarse arrastrar, Tae-seo alzó la mano con firmeza. Al verlo, Se-heon le puso con toda calma un bonito macarrón azul cielo en la palma.
—Come primero.
Tae-seo miró el macarrón un segundo y se lo llevó a la boca. Ese día habían ido a un café famoso por sus macarrones. Al principio, la cantidad de gente lo había abrumado un poco, pero se acostumbró rápido.
En los lugares que Se-heon consideraba “famosos” siempre había mucha gente, y para entonces él ya se había adaptado. Había llegado al punto de disfrutar el postre sin importarle las miradas.
Mientras masticaba la galleta masticable y delicadamente dulce, Se-heon le acercó una nueva bebida, calculando el momento para que no se secara la garganta. Incluso le dio otro macarrón.
Tae-seo, que estaba aceptando todo como pajarito, de pronto se detuvo a medio bocado cuando un pensamiento le cruzó por la cabeza.
—Esto…
Levantó el macarrón hacia Se-heon, como marcando un punto.
—Antes no me gustaban. Pero últimamente, no dejo de comerlos. Al principio pensé que me había cambiado el gusto, pero…
No terminó la frase. De pronto recordó cuando Park Han-su le había comprado macarrones “para levantarle el ánimo” aunque a él no le gustaban nada. Ahora, como Tae-seo, le resultaban extrañamente deliciosos… pero sobre todo era porque sus gustos habían cambiado desde que se embarazó.
—No son solo los macarrones. Tampoco estaba acostumbrado a la idea de comer postre después de la comida.
Originalmente, a Tae-seo no le gustaban los antojos ni sentarse en un café a “disfrutar el ambiente”. Y, sin embargo, allí estaba, visitando cafés a diario con Se-heon. Era raro.
—Bueno, es que casi siempre te quedabas en hoteles.
—Dices cosas que se pueden malinterpretar. Soy hijo de una familia hotelera. Obvio que estaría en un hotel.
—Qué envidia.
—¿Quieres ser heredero hotelero también? Tú puedes ser el hijo mayor y yo el segundo.
Tae-seo soltó una risa, en plan broma. Su ánimo se había suavizado gracias a Se-heon y se sentía lo bastante ligero como para bromear. Pero la respuesta de Se-heon fue inesperadamente tajante.
—No.
—¿Lo rechazas así de fuerte? ¿Tu familia es tan maravillosa que prefieres quedarte con ellos?
Aunque Tae-seo fingió que Se-heon estaba siendo duro, él, con su habitual expresión indescifrable, respondió sin vacilar:
—El mayor y el segundo hijo no pueden vivir juntos. Me gusta como estamos ahora. Pero si fuéramos pareja en vez de hermanos, quizá lo reconsideraría.
La frase, casi una confesión, dejó a Tae-seo sin palabras. Abrió los labios, pero no encontró qué decir y terminó por cerrarlos.
—¿Pareja? Eso ya es… —murmuró.
Sintiendo el calor subiéndole al rostro, desvió un poco la cabeza por miedo a que Se-heon lo notara. Tal vez lo había dicho al pasar, pero no quería que su reacción se viera tan obvia.
Pero aun así, parecía que no había escapado a la mirada de Se-heon.
—Puede que no sepas aún a qué conclusión vas a llegar, pero una de ellas incluye que nos convirtamos en un matrimonio.
Si Tae-seo decidía tener al bebé y seguir viviendo con Kang Se-heon, su relación inevitablemente cambiaría. Como dijo Se-heon, seguirían como pareja, criando al niño juntos.
Si fuera tan simple…
Tae-seo soltó un largo suspiro.
—No es tan fácil como decidir si tener al bebé o no. Mi situación es mucho más complicada.
Negó con la cabeza, admitiendo que seguía sin poder tomar una decisión. La verdad, aunque Se-heon no estuviera, el nudo en su mente era demasiado difícil de deshacer.
Yo no soy Yoon Tae-seo, pero me convertí en él.
Con los cimientos mismos sacudidos, pensar en el embarazo casi era imposible.
Tenía que desatar ese nudo de alguna forma.
—Entonces vamos paso a paso. Yo te ayudo.
—¿Tú?
Se-heon tamborileó la mesa con los dedos, observando la expresión decaída de Tae-seo. Parecía dispuesto a sostenerle el ánimo después de haberse esforzado tanto por levantarlo.
—¿Qué se siente despertar un día y ser otra persona de repente?
Tae-seo iba a preguntar cómo planeaba ayudarlo, pero esas palabras quedas le detuvieron todo movimiento. Fue como si el corazón le diera un brinco: el cuerpo entero se le congeló. La mirada de Se-heon recorrió con cuidado su rostro entumecido, y Tae-seo apartó la vista con torpeza.
—¿Qué se siente ser otra persona…?
Era casi como si Se-heon lo supiera, como si hubiera descubierto que el alma de Tae-seo había entrado en el cuerpo de Yoon Tae-seo. El modo en que fue directo al meollo lo dejó completamente sin habla.
Mientras Tae-seo guardaba silencio, Se-heon tomó el macarrón que él seguía sosteniendo. Miró la mesa, como descontento con lo poco que había comido hoy, y luego volvió a mirarlo.
—No solo pasaste de ser Beta a convertirte de golpe en Omega, sino que además ahora estás embarazado. Debe ser difícil de aceptar. Debe sentirse como despertar siendo alguien totalmente diferente de la noche a la mañana.
Sus palabras liberaron la presión interior de Tae-seo, como si un nudo del pecho se desatara.
—…Es verdad.
Se-heon no estaba del todo en lo cierto, pero tampoco se equivocaba. Como no había forma de explicarlo por completo, Tae-seo solo pudo responder con torpeza. Se-heon remató al instante:
—Si me pasara a mí, me tambalearía hasta lo más hondo.
Su voz baja fue apaciguando el oleaje en el corazón de Tae-seo.
—No podría sonreír como tú. Ni siquiera tendría el lujo de pensar con calma.
—Eso…
—Y por eso creo que eres increíble. Por eso respeto cualquier decisión que tomes.
Tae-seo había quedado en shock absoluto al descubrir que estaba embarazado. Aceptar que se había convertido en Omega ya había sido bastante duro, y luego esto… era demasiado. Pero Se-heon había amortiguado cada golpe.
Sus feromonas le apaciguaron los nervios deshilachados. Le dio espacio, diciéndole que se tomara su tiempo para decidir. De no ser por eso, quizá habría tomado una decisión imprudente.
Se-heon le había ayudado tanto, y aun así, decía que Tae-seo era el increíble.
¿Qué es esto…?
Tae-seo presionó una palma contra el pecho, sintiendo el peso asentado allí. Convertirse en Yoon Tae-seo era un secreto que había planeado cargar solo el resto de su vida. No sabía cómo ni por qué había pasado, y no había forma de volver a quien fue. Así que eligió adaptarse: vivir como Yoon Tae-seo.
Pero esa elección lo había dejado asfixiado.
Nadie lo entendería jamás. Nadie sabría nunca de esta carga. Lo había aceptado.
Y sin embargo, al escuchar esas palabras de Se-heon… fue como si le quitaran una piedra enorme del corazón.
¿Por qué sigue haciendo esto?
Cada vez que estaba hundiéndose, cada vez que se sentía perdido, Se-heon decía algo que lo calmaba. Ya lo había reconfortado dos veces: una, cuando temió que todo avanzara como en la historia original, llevándolo a una muerte inevitable; y ahora, en este momento.
—Oye.
Tae-seo tomó el macarrón que Se-heon había dejado.
—Ya tomé mi decisión.
El hilo imposible que lo tenía atado se deshizo de golpe—tan fácil, que casi parecía absurdo.