Soy el Villano pero estoy Embarazado - Capítulo 30
Los ojos de Jin Gyu-min recorrieron a Kang Se-heon de la cabeza a los pies. Desde que Se-heon aceptó reunirse con tanta facilidad, sospechas habían estado brotando y apagándose en su mente una y otra vez. ¿Por qué respondió a mi mensaje tan fácilmente? O quizá, simplemente, lo agarré en el momento justo en que necesitaba una excusa para irse de algún lugar.
—Si solo vas a quedarte mirando, me voy.
Kang Se-heon dejó el teléfono sobre la mesa mientras hablaba.
—Sé honesto. ¿De dónde vienes?
—De una reunión.
—¿Qué tipo de reunión? Ah…
Jin Gyu-min estuvo a punto de pedir detalles, pero enseguida asintió como si entendiera. Había una reunión a la que Se-heon asistía con regularidad, aunque nunca parecía especialmente entusiasmado por ir.
—Leí en internet que el presidente Kang Su-hak fue a la sucursal del supermercado.
Jin Gyu-min recordó un artículo que había visto. Al notar que Se-heon no lo negaba, chasqueó la lengua.
Incluso en pequeñas empresas familiares, el dinero bastaba para provocar discordia. En un gran conglomerado, las apuestas eran mucho mayores. El actual presidente del Grupo KH solo tenía dos hijos. Si ambos hubiesen sido igual de capaces, cada uno podría haberse hecho cargo de una filial sólida. Sin embargo, mientras el mayor era excepcionalmente competente, el menor nunca terminaba de estar a la altura.
Ahora que se había hecho la reestructuración corporativa, la diferencia en los papeles asignados era evidente, y estaba claro que eso alcanzaría también a Se-heon.
—Debe de ser incómodo para ti.
Con el padre supervisando una filial clave y su hijo mayor logrando resultados importantes, el ambiente en esas reuniones debía de ser insoportable. Jin Gyu-min no necesitaba estar ahí para saberlo.
Como Se-heon no respondió, Jin Gyu-min dejó el tema. No hacía falta insistir cuando era obvio que ha Se-heon no le interesaba hablar de ello. En cambio, pasó a la verdadera razón por la que lo había citado.
La enfermera había mencionado que, tras recibir la confirmación del embarazo de Yoon Tae-seo, Se-heon se había marchado sin decir palabra. Eso era algo que Jin Gyu-min necesitaba abordar.
—Eres el padre, ¿verdad?
—Sí.
—Entonces, lo de “el casero” era pura basura, ¿no?
—Eso también era verdad.
Como Jin Gyu-min no conocía todos los detalles, soltó una risita incrédula ante la respuesta de Se-heon.
—Dicho así, suenas como un perfecto desgraciado. Tú, el casero, embarazaste al silencioso y bien educado Tae-seo…
—Ocurrió una vez. Tae-seo estaba sufriendo su ciclo de celo y él fue quien se acercó primero. No fue una relación, solo una noche, así que ni siquiera había un “nosotros” para empezar. Y en cuanto a ser su casero, Tae-seo no tenía adónde ir, así que lo dejé quedarse en mi casa. Esa parte no fue una mentira.
La explicación concisa de Se-heon hizo fruncir el ceño a Jin Gyu-min. Así que no lo había llevado deliberadamente a su casa solo para dejarlo embarazado.
—Espera. ¿Ciclo de celo?
—Sí.
La expresión de Jin Gyu-min cambió cuando las piezas empezaron a encajar. Recordó la noche que Se-heon lo llamó para pedirle un sedante. En ese momento, Jin Gyu-min se había quejado de que lo mandaran a hacer un recado a medianoche, pero como los sedantes requerían receta, había accedido.
—¿Así que ese sedante era para Tae-seo?
Ahora que conocía el marco temporal, podía señalar con exactitud la noche en que ocurrió el embarazo.
—¿Entonces dices que fue un encuentro de una sola noche? ¿Y eso se supone que significa que entre ustedes “no hay nada”?
Un encuentro de una noche no era lo mismo que ser desconocidos. Había un vínculo, por breve que fuera.
—Tae-seo y yo ya hablamos de eso.
—Entonces, ¿qué era exactamente él para ti?
—Si tengo que definirlo, era alguien a quien no podía ignorar.
Se-heon pensó en Tae-seo. Después de aquella noche, cuando se reencontraron por casualidad en el hotel, podría haberse ido sin más. Pero, en lugar de eso, le habló, preguntándole si de verdad iba a casarse con Kang In-hyuk. Cuando Tae-seo tomó su número, Se-heon se lo dio sin dudar, aunque, viéndolo ahora, no tenía ningún sentido. Nunca había dado su número personal a alguien tras un encuentro de una noche. Por lo general, prefería cortar contacto de inmediato para evitar enredos.
Pero no terminó ahí.
A Se-heon también le había dado curiosidad por qué Tae-seo ocultaba sus feromonas, por qué sonreía a las niñas como si reprimiera su identidad de Omega y por qué se sentó solo en el restaurante del hotel, revisando el menú. El impulso de sentarse frente a él seguía sin tener sentido, incluso ahora. Aquella noche, Tae-seo no lo supo, pero Se-heon canceló una reunión solo para quedarse.
Y más tarde, cuando Tae-seo apareció en su casa… Se-heon lo dejó entrar.
—¿Y te importaba lo suficiente como para escoltarlo al hospital como a la realeza?
No fue solo acogerlo. Se-heon había llamado de pronto, exigido una cita y se encargó de todo sin dejar un solo detalle suelto. Incluso cuando Jin Gyu-min expresó su incredulidad, Se-heon no se inmutó.
—Bien, supongamos que era alguien a quien no podías ignorar. Ahora está embarazado de esa noche, ¿y dices que te harás responsable? ¿Te vas a casar con él?
—Tengo que hacerlo.
Para todo lo demás, Se-heon había hablado en términos vagos e indiferentes, pero en el momento en que se mencionó el matrimonio, su respuesta fue firme e inmediata. Su determinación dejó aún más confundido a Jin Gyu-min.
—¿Por qué?
Por lo que sabía, Se-heon no era alguien obsesionado con la sangre o con las apariencias. Siempre había tratado las relaciones como agua que fluye: si aparecía la persona adecuada, se casaría; si no, no tenía prisa.
—Me estaba volviendo loco de tanto pensar en él. Pero, en cuanto consideré el matrimonio, me sentí en paz.
La comisura de los labios de Se-heon se curvó apenas al imaginar poner su nombre sobre Tae-seo.
—Hijo de…
Jin Gyu-min sintió ganas de soltar una maldición, pero se la tragó.
Eso no es solo “preocuparse” por él. Eso es interés. Eso es que te gusta.
—¿En serio no crees que te guste?
—Si me gustara, habríamos salido. Ni siquiera sabía que iba a quedar embarazado.
—Así que, básicamente…
Jin Gyu-min intentó ordenar las ideas, pero le costaba.
—Esto es una locura.
No tenía idea de por dónde empezar a señalar lo que estaba mal. Por lo que podía ver, estaba claro que Se-heon sentía algo por Tae-seo. Pero por su personalidad—su negativa a hacer declaraciones a la ligera—no había admitido ante sí mismo que realmente le gustaba.
La vacilación de Se-heon no era necesariamente indecisión; así era él. No definía las cosas a menos que estuviera absolutamente seguro. Pero ¿cómo demonios se suponía que Jin Gyu-min debía explicarle eso?
Justo cuando estaba cribando sus pensamientos, Se-heon se levantó de repente.
—¿Eh? ¿Adónde vas?
—Tae-seo me escribió.
Se-heon le mostró la pantalla del teléfono por un segundo y luego se alejó sin decir más. Jin Gyu-min, quedándose atrás, lo miró con incredulidad.
—…Solo era un “¿qué haces?”.
Había sido tan corto que le bastó un vistazo para leerlo. Era el tipo de mensaje casual y pasajero que cualquiera mandaría para saludar. Y, aun así, Se-heon reaccionó como si fuera una invitación urgente.
Dice que es solo “alguien a quien no podía ignorar”…
Jin Gyu-min soltó el aire lentamente.
—…Está completamente enganchado a Tae-seo.
Tae-seo estaba sentado en una banca de la escuela, golpeando el suelo con la punta del pie sin pensar.
Un simple mensaje—¿Qué haces?—había provocado una llamada inmediata de Se-heon, que le preguntó sin rodeos dónde estaba. Y ahora, ahí estaba, esperando en una banca.
—Ya me da miedo escribirle.
Había enviado el mensaje con la intención de coordinar un encuentro, pero no esperaba una respuesta tan directa e inmediata.
El sol ya se había puesto y los terrenos de la escuela estaban apenas iluminados por faroles dispersos. Quedaban algunos estudiantes, pero la mayoría ya se había ido. Tae-seo observó a los transeúntes por un rato antes de volver a bajar la mirada.
En ese instante, un par de zapatos lustrados entró en su campo de visión, justo frente a sus zapatillas. Sin levantar la cabeza, Tae-seo abrió la boca.
—Quería preguntarte algo.
—¿Cuántas preguntas?
—Si puedo preguntar toda la noche, puede que lo haga.
Tae-seo se encogió de hombros con una pequeña sonrisa. Tenía muchas cosas en mente. Cuando Se-heon se sentó a su lado, ambos quedaron mirando al frente en silencio.
—Adelante.
Fue una invitación simple: escucharía. Tae-seo apretó los labios, decidiendo por dónde empezar.
—¿Cuál es tu plan familiar?
La pregunta fue tan casual que Se-heon respondió al instante.
—Yoon Tae-seo, el bebé y yo.
Al oír su propio nombre pronunciado con tanta firmeza, Tae-seo dio un respingo. No es como si ya hubiera decidido tener al bebé… pero, al fin y al cabo, había ido a hablar con Se-heon precisamente para tomar esa decisión.
Tae-seo pasó a su siguiente pregunta.
—Ni siquiera te gusto. ¿De verdad estás bien con casarte conmigo?
Aquella noche, durante su ciclo de celo, Se-heon había hecho todo lo posible por ayudarlo, incluso llamando a un médico. Pero fue él quien le pidió a Se-heon que lo abrazara. Era algo que debía reconocer.
—Siento que acabo de oír esa pregunta hace un rato…
Murmuró Se-heon, sin mucha gracia.
Jin Gyu-min lo había interrogado casi de la misma manera. Pero incluso entonces, Se-heon no dudó en responder—porque ya había resuelto las cosas en su cabeza.
—Decir que “me gustas” sería una mentira. No me enamoré de ti a primera vista, y nunca he tenido un tipo ideal claro. Enamorarse es a la vez fácil y difícil.
—Estás siendo ambiguo a propósito.
—Pero sentía curiosidad por ti. Me preguntaba si de verdad eras el prometido de Kang In-hyuk, y quería saber por qué ocultabas tus feromonas. Incluso ahora, hay momentos en que quisiera abrirte la cabeza y ver qué hay dentro. No tiene sentido cómo puedes ser tan despistado y a la vez tan agudo.
—Vaya. Hablas como si yo fuera un extraterrestre.
—Eres inusual.
Así había llegado Se-heon a definir a Tae-seo: una rareza. Alguien del que no podía apartar la vista.
—¿Y quieres casarte con alguien así?
—Me di cuenta de que podría casarme con alguien como tú. Sí, nos enredamos por el bebé, pero la idea de vivir contigo no me pareció mala.
Lo que más lo influyó fue el tiempo que pasaron bajo el mismo techo. Esos días habían sido buenos.
—No pensé que fueras tan fácil. Me dijiste que no le diera vueltas a lo que pasó esa noche, y ahora aceptas casarte así de fácil.
Tae-seo le recordó la conversación de la mañana siguiente a su celo. Se-heon pareció perderse un momento, como recordando.
—…Sí. Dije eso.
—Bueno, entonces ya está. Si estás dispuesto a casarte conmigo, asunto resuelto. ¿Qué se siente ser manejado por un pequeño feto?
Una risa queda se escapó de los labios de Se-heon.
—…Nada mal.