Soy el Villano pero estoy Embarazado - Capítulo 28
El propio Tae-seo lo había dicho: probablemente estaba comiendo bien gracias a las feromonas de Alfa.
No era una afirmación particularmente importante. Solo lo mencionó de pasada cuando Se-heon comentó sobre su apetito. No todas las conversaciones tenían que ser trascendentes; a veces, las palabras son solo palabras que pasan flotando.
Pero no esperaba que Se-heon de verdad lo recordara.
Que realmente esperara allí por eso.
Tae-seo no fue capaz de mirar a Se-heon directamente. El corazón le latía inestable, como si temblara dentro del pecho, así que instintivamente se puso una mano encima. Tal vez era solo porque se había levantado demasiado rápido después de la siesta.
—La comida, digo…
¿Qué se suponía que estaba intentando decir?
Tae-seo empezó y luego soltó un suspiro pesado. Mirar el rostro de Se-heon removía todo lo que había pasado ese día y le desordenaba los pensamientos.
—Pensé que no habría nadie en casa cuando volviera. Pero mis padres me estaban esperando como si supieran que llegaría, así que me sorprendí un poco… y me sentí un poco culpable.
—Debieron de estar preocupados.
—Claro. Aunque no lo parezca, soy un hijo muy querido.
Tae-seo habló como un niño de kínder contándole a su madre cada pequeño detalle después de la escuela.
Cuando llegué a casa, mis padres estaban ahí. Al principio estaba nervioso, pero no me regañaron tanto. Me dijeron lo suficiente como para hacerme reflexionar, eso sí.
Siguió hablando, casi como explicándose ante Se-heon, el hombre que había esperado solo para asegurarse de que comiera bien.
Se-heon no lo interrumpió. Simplemente escuchó.
—Luego subí, y acostarme en mi cama después de tanto tiempo se sintió cómodo y raro a la vez…
En algún punto, Tae-seo se dio cuenta de que estaba divagando. Sonrió con torpeza.
—He estado hablando demasiado de mí, ¿no?
—Tener padres amorosos que te regañan cuando es necesario… suena a buenos padres para mí.
Se-heon ofreció su opinión antes de que Tae-seo pudiera sentirse demasiado cohibido.
Tae-seo asintió, de acuerdo, pero enseguida cambió de tema con naturalidad.
—Todavía no les he contado lo del embarazo. Simplemente… no me salieron las palabras.
El peso que le oprimía el pecho—por fin lo dijo en voz alta.
Era algo que no podía decirle a cualquiera. Pero con Se-heon, las palabras salían con facilidad.
¿Porque él era el padre?
No exactamente.
Más bien, porque por alguna razón, se sentía cómodo hablándole.
—Ya estaban bastante preocupados porque me fui varios días… ¿Y soltar de repente que estoy embarazado encima de eso?
Tae-seo dejó la frase a medias y suspiró, pasándose una mano por el cabello. Giró la cabeza, riéndose de sí mismo por estar ahí afuera, con el frío, desahogándose.
En ese momento, una calidez se posó sobre su cabeza.
Tae-seo no levantó el rostro, pero alzó los ojos.
Se-heon le estaba despeinando el cabello, con el semblante inescrutable de siempre.
—Si se te hace muy difícil, ¿quieres que se los diga yo?
—¿Tú?
—Sí. Cuando dijiste que te harías cargo, te creí, pero me imaginé que no sería fácil. No es precisamente una noticia ligera.
Tae-seo dejó escapar una risita, y con ella se le fue toda la tensión de antes.
O quizá era solo que, por una vez, alguien entendía exactamente lo que estaba sintiendo.
—Sería raro que tú se los dijeras. ¿Qué dirías si te preguntan por qué eres tú quien lo cuenta? ¿Qué vas a hacerte responsable porque eres el padre?
—¿Quieres que diga eso? Si es así, lo diré.
Tae-seo parpadeó, sorprendido por la respuesta directa.
—¿Eh? No, solo era un ejemplo…
Negó rápido con la cabeza, nervioso.
—De todos modos, si tú se los dices, enseguida van a preguntar qué clase de relación tenemos. Les dije que me quedé en casa de un amigo, pero pasar a “ah, y por cierto, también quedé embarazado de ese mismo amigo” de golpe…
Tae-seo dejó la frase en el aire, con el ceño fruncido.
Para sus padres sonaría como que se quedó en casa de un tipo y luego lo estropeó todo.
El embarazo había sido primero, pero ¿serían capaces de verlo así?
Justo cuando iba a expresar su preocupación, algo hizo clic en su cabeza.
Abrió mucho los ojos y miró a Se-heon.
Su movimiento repentino hizo que la mano de Se-heon cayera, pero eso no importaba.
—Si tengo al bebé… ¿vas a hacerte responsable?
—¿De quién? ¿De ti? ¿O del bebé?
—Eh…
—Si tengo que elegir, del bebé. Tú eres un adulto.
Se-heon respondió con calma, reuniendo la pregunta fragmentada de Tae-seo hasta volverla coherente.
Pero la forma en que lo dijo sonó como si fuera a llevarse al bebé y dejar a Tae-seo atrás.
El rostro de Tae-seo se ensombreció.
—…¿Entonces te harás responsable del bebé, pero no de mí?
—Para ser precisos, viviría contigo y criaríamos al bebé juntos.
—Oh…
—Eso es, si decides tenerlo.
Se-heon estudió con atención a Tae-seo y añadió en voz baja:
—La decisión es tuya. Elijas lo que elijas, lo respetaré.
Tae-seo entrecerró los ojos.
—Que te pongas todo amable con esto… es un poco inquietante.
—Actúo como adulto cuando es importante.
—…¿Ni siquiera dudaste un poco cuando te dije que estaba embarazado?
Tae-seo seguía lidiando con la decisión. ¿Cómo podía estar tan seguro Se-heon?
Esto era solo el resultado de una noche imprudente. ¿De verdad quería casarse con él? ¿O solo quería llevarse al bebé y dejarlo atrás?
O… quizá no quería ninguna de las dos cosas.
Pero Se-heon no vaciló.
—¿Qué hay que dudar? Si decides tener al bebé, lo criaré. Eso es todo.
Quizá por eso Se-heon había estado tan tranquilo desde el principio.
Tae-seo vaciló y volvió a preguntar. Sabía la respuesta, pero no hacía daño comprobarlo. Una vez. Dos. Incluso tres.
—¿No es que… solo quieras al bebé?
—Quiero a ambos.
Tae-seo bufó.
—…No soy un objeto, ¿sabes?
Se-heon no respondió, y Tae-seo apretó los labios. Murmuró por lo bajo, aun conteniendo la sonrisa que le tiraba de la comisura.
No es que hubiera tomado una decisión todavía.
Antes de que pudiera decir algo más, la puerta principal se abrió.
Alguien salió.
Los ojos de Tae-seo se agrandaron de sorpresa.
—…¿Mamá?
—Señora.
—Salí porque escuché que habías salido tú, pero parece que no estás solo.
La mirada de Kim Mi-kyung se posó en Kang Se-heon. Su rostro le resultaba familiar, pero no logró ubicarlo de inmediato. Entornó un poco los ojos mientras buscaba en su memoria.
—Soy Kang Se-heon. Soy el “amigo” con el que se quedó Tae-seo.
Se-heon miró a Tae-seo y luego se presentó formalmente.
—Oh.
En cuanto oyó su nombre, la comprensión se dibujó en la cara de ella. Se volvió hacia Yoon Seok-hoon, que la había seguido al exterior. Él tuvo la misma reacción: leve sorpresa y luego un entendimiento silencioso.
—Tae-seo no tiene muchos amigos, así que nos preguntábamos quién podría ser… Qué conexión tan interesante.
Ahora que sabía quién había cuidado de Tae-seo, la expresión de Kim Mi-kyung se suavizó. Sin importar las circunstancias, estaba agradecida de que alguien hubiese estado ahí por su hijo. Y, por lo que se veía, Tae-seo no la había pasado tan mal, lo cual la tranquilizaba aún más.
—Gracias por cuidar de nuestro hijo.
—No fue difícil.
—¿Cómo no? Permitir que un niño imprudente se quede en tu casa ya es algo por lo que estar agradecidos, pero además te encargaste de él. Debió haberte sido una carga…
Tae-seo escuchó en silencio mientras su madre intercambiaba cortesías con Se-heon.
No se equivocaba: dejar que alguien se quedara en tu casa no era algo que la gente hiciera a la ligera. Y, aun así, Se-heon lo hizo con tanta facilidad, como si no fuera nada.
Podría al menos haberlo exagerado un poco. Tal vez actuar como si hubiese sido difícil.
Pero no, simplemente se encogió de hombros, como si realmente no fuera gran cosa.
Justo cuando Tae-seo pensaba ¿no podrías al menos darte un poco de crédito?, Se-heon habló de nuevo.
—No fue una carga en absoluto. De hecho, me gustó tener a Tae-seo cerca. Sinceramente, me sentí un poco decepcionado cuando decidió volver a casa.
La cara de Tae-seo ardió.
Ni siquiera era una confesión, ¿por qué le latía tan fuerte el corazón?
Cuando la clase estaba por terminar, Tae-seo por fin se volvió hacia Park Han-su.
Han-su había estado echándole miradas furtivas todo el tiempo—probablemente ya iban unas cuantas decenas.
—¿Por qué sigues mirándome? ¿De repente te enamoraste de mí? ¿Te gusto? ¿Buscas el momento perfecto para confesarte?
—Solo dime dónde te has estado quedando.
—¿Y a ti qué?
—Al menos dímelo. Me lo debes, ¿no?
—¿Yo? ¿A ti? ¿Al mismo que les contaría todo a mis padres en cuanto te llamaran?
Han-su se estremeció ante la acusación, incapaz de negarla.
En cuanto Yoon Seok-hoon lo contactó, llamó de inmediato a Kang In-hyuk.
—¿Tengo pinta de ser así?
—Eres así.
Tae-seo ni siquiera necesitó adivinar.
En la historia original, había varias formas en que se exponían las fechorías de Tae-seo.
Una de ellas era a través de Park Han-su.
No es que hubiera intentado arruinarlo a propósito, pero fue él quien informó a sus padres de todo, incluido el incidente con Seo Da-rae.
—¿Entonces no me lo vas a decir?
Al principio, Han-su solo preguntaba por preocupación.
Pero ahora, la curiosidad le ganaba.
Sus ojos afilados escudriñaron el rostro de Tae-seo, examinándolo de arriba abajo, y su expresión cambió sutilmente.
—…¿Qué es esa cara?
—Tú…
Han-su había visto a Tae-seo muchas veces desde su regreso, pero por alguna razón, ahora parecía notar algo nuevo.
Frunció el ceño profundamente, como si estuviera pensando en serio.
Molesto por su escrutinio, Tae-seo estiró un dedo y le picó entre las cejas.
—Se te va a quedar la cara así.
Han-su le apartó la mano de un manotazo.
—¿Por qué te ves mucho mejor últimamente?
—¿De qué hablas?
Tae-seo frunció el ceño, le quitó la mano de encima y se frotó la oreja como si acabara de oír una tontería.
—No, en serio. Te ves más saludable.
—¿Cuándo me vi mal?
—No es que antes no, pero… ¿cómo decirlo?
Han-su meditó un momento y luego chasqueó los dedos.
—¡Ah! Has estado comiendo bien, ¿verdad?
—…
Tae-seo entrecerró los ojos.
Maldito psíquico.
Su falta de negación oscureció la expresión de Han-su.
Parecía a punto de hacer puchero.
—Si vas a un buen sitio otra vez, llévame.
—No.
Tae-seo lo cortó de inmediato.
Han-su frunció el ceño, murmurando lo injusto que era mientras metía los libros en la mochila.
—Por cierto, hoy In-hyuk no vino. Tendremos que hacer la reunión del grupo solos.
—¿In-hyuk?
Tae-seo parpadeó.
Apenas ahora se daba cuenta de que Kang In-hyuk no estaba en el salón.
¿Cómo se me pudo olvidar?
Había planeado disculparse con In-hyuk y con Seo Da-rae hoy, tal como les prometió a sus padres.
—¿Dónde está?
—Escuché que hoy tiene una reunión familiar.
—¿Familiar?
A Tae-seo le resultaba fácil recordar a los miembros de su familia—hasta había cenado con ellos una vez.
—Una vez al mes, el presidente reúne a la línea directa en su casa. ¿Algo como la Asamblea Familiar de KH? ¿O era una reunión de parientes cercanos? Da igual, solo va la sangre real.
Mientras escuchaba la explicación de Han-su, a la mente de Tae-seo acudió un único pensamiento.
Kang Se-heon también estará allí.
Si los dos se reunían hoy…
¿Qué, exactamente, estarían hablando?