Soy el Villano pero estoy Embarazado - Capítulo 24
“Sigue hablando.”
“Si de verdad entré en celo, significa que me convertí en Omega, ¿no? Entonces debería poder percibir feromonas, pero creo que no puedo.”
Solo después de escuchar la explicación de Tae-seo, el agarre de Kang Se-heon en el volante se relajó poco a poco.
“Dicen que una razón para no percibir feromonas podría ser la marca. Así que pensé en eso.”
“Y la persona con la que crees que pudo ser soy yo.”
“Sí. Casi nadie sabe que me convertí en Omega y, además…”
No fue capaz de decir que habían pasado la noche juntos. Pero Kang Se-heon lo entendió sin necesidad de más explicaciones.
Mientras esperaba a que el semáforo cambiara, tamborileó los dedos con suavidad sobre el volante. Era algo más serio de lo que había pensado al principio. También era algo que él mismo había considerado. Aún podía recordar vívidamente las feromonas que había captado la noche que pasó con Yoon Tae-seo.
Pero después de eso, como si hubiera sido mentira, no fue capaz de percibir nada en él. Era como si Tae-seo fuera un Beta. Normalmente, a menos que resultaran molestas para otros, las feromonas de un Alfa se manifestaban de manera natural. Había supuesto que Tae-seo las reprimía deliberadamente por vergüenza.
El hecho de no percibir feromonas en absoluto no había cambiado nada, así que Se-heon pensó que Tae-seo lo hacía a propósito. ¿Se habría precipitado en su conclusión?
“Habrá que hacerte pruebas en el departamento genético.”
Al oír el término, que le sonaba ajeno, Tae-seo asintió distraídamente mientras miraba a los peatones cruzar la calle.
“Sí, supongo.”
“Entonces añadiremos una prueba genética al chequeo estándar.”
Cuando el auto volvió a detenerse ante otra luz roja, Kang Se-heon hizo una llamada. Cuando respondió la voz de un joven, Se-heon se limitó a instruir: “Asegúrate de que puedan hacer la prueba rápido”, y colgó.
Tae-seo simplemente se dejó llevar hasta el hospital.
El médico, cuya placa decía Jin Gyu-min, parecía tener más o menos la edad de Kang Se-heon. Ajustándose las gafas de montura plateada, miró alternativamente a Se-heon y a Tae-seo antes de volver la vista a la historia clínica. Tras hojear la información básica, Jin Gyu-min abrió la boca.
“Entonces, ustedes dos son… ¿?”
“Casero.”
“¿Y quién es el casero?”
“Obviamente yo. Él solo es un gorrón.”
Ante la respuesta tajante de Kang Se-heon, Jin Gyu-min pareció aún más confundido. Si Se-heon había dejado que alguien viviera en su casa, no podían ser simples conocidos. ¿Amigos de la infancia? ¿Familias amigas? ¿Pareja? Pero si fueran pareja, ¿no habría habido una respuesta más inmediata cuando preguntó por su relación? Así era Se-heon.
Por otro lado, si fueran solo conocidos, ¿por qué se estaba molestando en ocuparse de su salud? ¿Y no por una lesión, sino por un chequeo médico completo? Y, además, un examen genético especializado.
“Prueba genética, ¿eh…”
Mientras Jin Gyu-min confirmaba algunos datos, Tae-seo, en silencio, fue armando el rompecabezas de su dinámica a partir de la conversación. Se inclinó hacia Se-heon y susurró:
“Son amigos, ¿no?”
“Algo así.”
“Pero eso de ‘casero’…”
Tae-seo, que había batallado para responder antes cuando el doctor preguntó por su relación, levantó discretamente el pulgar con la mano libre.
“En realidad fue una presentación bastante acertada.”
“Probablemente seas la única persona que sonreiría al que lo llamen ‘gorrón’.”
Se-heon negó con la cabeza, pero Tae-seo parecía satisfecho. Le parecía que no podía haber una descripción más limpia.
“Empecemos con las pruebas. No tomará demasiado, pero hay muchas cosas que revisar. Excluiré todo lo que requiera ayuno.”
Tras explicar el proceso a ambos, Jin Gyu-min dudó un instante antes de añadir:
“Si considero que hace falta algo más, ¿puedo añadir pruebas?”
“Sí, está bien.”
Asintió Tae-seo, y Se-heon agregó que, mientras no fuera excesivo, podían proceder. Jin Gyu-min echó un vistazo a Se-heon, que parecía más preocupado por el chequeo que el propio Tae-seo, y llamó a una enfermera.
“Yoon Tae-seo, por favor, sígame.”
La indicación cortés de la enfermera hizo que Tae-seo se pusiera de pie, algo cohibido, y la siguiera. Una vez que quedaron a solas, la expresión profesional de Jin Gyu-min se esfumó.
“Oye, casero.”
“La puerta sigue abierta.”
La observación afilada de Se-heon fue una advertencia: alguien podía escuchar. Pero a Jin Gyu-min pareció no importarle.
“¿Desde cuándo los caseros programan chequeos médicos para sus inquilinos en fin de semana? Dime qué es esto.”
“No hay nada específico que definir.”
“Ahórrame el cuento.”
Se-heon fue quien tomó la iniciativa de mantener a Tae-seo a distancia, y Tae-seo aceptó ese espacio. Trazaron una línea clara, y ninguno de los dos la cruzó.
“¿Pero prueba genética? ¿Pasa algo?”
“Manifestó hace poco.”
“Ah, entonces sí, conviene revisarlo al menos una vez.”
Se-heon lo miró como si hablara tonterías, pero Jin Gyu-min abrió el expediente de Tae-seo y revisó la edad.
“Es mayor que la edad promedio de manifestación. Tenemos que hacer un escaneo completo para entender qué pasa: si la respuesta a las feromonas está retrasada, si las glándulas aromáticas funcionan bien. Si es eso, entonces sí, ha sido bueno que viniera.”
“Hay una cosa más.”
“¿Qué cosa?”
“Hay que comprobar si está marcado.”
“¿marcado? ¿Con quién? …Espera, no me digas que contigo.”
La mirada de Jin Gyu-min recorrió a Se-heon. No podía ser. Si Se-heon se hubiera marcado con alguien, no lo ignoraría. No era del tipo que se negaría a reconocer algo así.
Tras el chequeo, Tae-seo esperó a Kang Se-heon en la cafetería del primer piso del hospital.
Durante todo el examen, Se-heon estuvo mirando el teléfono de reojo. De cuando en cuando entraba una llamada y, por los breves intercambios, Tae-seo se dio cuenta de que estaba lidiando con trabajo. Incluso cuando Tae-seo le dijo que estaba bien y que podía ir a la oficina, Se-heon insistió en que él no trabajaba los fines de semana.
Aun así, al final se excusó por una llamada, con cara de que no le quedaba alternativa.
“Ocupado incluso en fin de semana, ¿eh?”
Como ocupaba un cargo alto, Tae-seo había supuesto que Kang Se-heon pasaría los fines de semana entregado a sus aficiones. Pero era solo un estereotipo. Algunas personas eran distintas y, entre ellas, Kang Se-heon era simplemente alguien con mucho trabajo.
Sintiendo que le causaba molestias, Tae-seo agachó la cabeza con abatimiento.
Su ánimo ya venía a la baja durante el examen y, ahora que estaba solo, se desplomó aún más. ¿Qué me pasa? Lo pensó y se dio cuenta: no podía hacer nada por su cuenta. Seguía apoyándose en Kang Se-heon para todo, y esa dependencia le pesaba.
“Quizá la próxima no debería decir nada.”
Si se callaba, algo como lo de hoy no volvería a pasar… pero ¿qué haría cuando se sintiera atrapado?
Tae-seo alzó la vista de su americano helado. Había estado ignorándolo adrede, pero llevaba un rato sintiendo la mirada de alguien.
Era un anciano sentado solo, como él. A pesar de cruzarse varias veces la mirada, el hombre no apartó los ojos de Tae-seo.
“¿Tiene algo que decirme?”
“Pareces un muchacho, pero ¿te encuentras mal?”
La voz profunda y resonante sorprendió primero a Tae-seo, y la preocupación de un completo desconocido lo sobresaltó por segunda vez. Dudó antes de responder.
“No, no es nada. Solo que he tenido cambios grandes últimamente. Vine a un chequeo.”
“¿Te importaría contármelo?”
“No es difícil de explicar, pero…”
Nunca se había planteado compartir su situación con un desconocido. Pero, bien visto, probablemente no volvería a verlo; ese pensamiento alivió un poco la presión.
“Manifesté tarde. Pensé que nunca pasaría porque ya era mayor, pero aquí estoy.”
Tae-seo sonrió con amargura. Probablemente fue por la droga que había conseguido para Seo Da-rae y que terminó tomando él mismo. En la historia original, Yoon Tae-seo era atormentado por no convertirse jamás en Omega. Y, sin embargo, aquí estaba él, forzado a serlo sin haberlo deseado.
“No querías manifestar, ¿verdad?”
“Al principio, solo me pilló desprevenido por lo repentino. Pero pensar en lo diferente que soy de los demás… es inquietante y complicado.”
Convertirse en Omega ya era bastante impactante. Darse cuenta de que no era como los otros lo hacía más difícil de cargar.
“Normalmente no le doy tantas vueltas a las cosas, pero supongo que el chequeo de hoy me puso a pensar de más.”
Después de abrirse con un desconocido, Tae-seo se sintió un poco más aliviado. Si se lo contaba a Kang Se-heon, él le ofrecería su propia versión de consuelo. Pero Se-heon ya se había tomado la molestia de acompañarlo al hospital; Tae-seo no quería cargarlo con más negatividad.
“Llamaste mi atención, y resulta que quizá tengo una buena respuesta para ti.”
“¿De verdad?”
Solo había sido una queja de su parte, pero la idea de una solución despertó su curiosidad.
“Come lo que quieras y duerme cuando tengas sueño.”
“¿Eh?”
“Si puedes, dile a la persona con la que vives qué comida se te antoja. Comer lo que se te antoja ayuda a la digestión. Y también te hace sentir mejor.”
“¿Eso… de verdad funciona?”
Al principio, Tae-seo fue escéptico, pero cuanto más lo pensó, más empezó a creerle al anciano. Tal vez no necesitaba una gran solución. Quizá bastaba con comer algo rico y sentirse bien.
“¿Oh?”
El rostro de Tae-seo se iluminó al ver a Kang Se-heon acercarse. Por fin, a casa a holgazanear.
Justo entonces, el anciano se levantó de su asiento.
“Volvamos a vernos alguna vez.”
“Sí, ¡cuídese!”
No había garantía de que se cruzaran de nuevo, pero Tae-seo era de los que prefieren cerrar una charla con buen ánimo.
Gracias a sus largas piernas, Kang Se-heon llegó en seguida hasta Tae-seo y escaneó de inmediato el entorno.
“¿Quién era ese hombre con el que hablabas?”
“Alguien que conocí hoy. No sé quién es.”
“Tu don de gentes no tiene filtro, ¿eh?”
“O quizá solo tengo cara de agradable.”
Replicó Tae-seo, juguetón, y se puso a caminar a la par de Se-heon.
“Vamos directo a casa, ¿verdad?”
“¿Quieres ir a algún lado?”
“No exactamente, pero pensé en algo que quiero comer. ¿Podemos pasar de camino? Una vez me topé con un lugar y…”
Mientras Tae-seo parloteaba, a Kang Se-heon le asaltó una extraña incomodidad. En el aire del asiento donde había estado el anciano quedaba el rastro más tenue del aroma de un Alfa.
“¿Ya están los resultados?”
“Puedes ver la mayoría ahora, salvo unas cuantas pruebas que siguen en proceso.”
“Gracias.”
Tras cenar, Jin Gyu-min se puso la bata y se sentó en su silla. Sus ojos se clavaron en el monitor mientras movía el ratón, pinchando en varias ventanas hasta acceder por fin a los resultados.
“Vaya. Lo que hay que ver en esta vida. El gran Kang Se-heon, trayendo a otro a hacerse un chequeo…”
Tarareando para sí, Jin Gyu-min cerró la boca de golpe. La mirada se le volvió seria al fijarse en la pantalla.
「…Se requiere evaluación adicional en obstetricia y ginecología.」