Soy el Villano pero estoy Embarazado - Capítulo 118
Emocionado por una cita largamente esperada, Tae-seo fue a un café con Kang Se-heon… y terminó descubriendo algo inesperado.
—Así que esto es a lo que de verdad saben los macarons.
Le habían sabido riquísimos cuando estuvo embarazado, pero ahora, incluso tras un solo bocado, no podía obligarse a dar otro.
Tae-seo se enjuagó la boca con un sorbo de americano y miró el macaron con expresión curiosa. Ya había sentido algo parecido cuando le pidió a Se-heon que le llevara donas al hospital.
Aunque Kang Se-heon lo había vuelto todo dulce y romántico —alimentándolo como si fuera azúcar espolvoreada encima—, las donas en sí no le habían sabido nada especial. En ese momento supuso que era porque estaban en un hospital y él aún no se recuperaba del todo, pero ahora estaba claro.
Resulta que no me gustaban los dulces.
Pensó que sus papilas gustativas habían cambiado tras convertirse en Yoon Tae-seo, pero parecía que estaba regresando a sus preferencias originales.
—Si te cuesta tanto comerlo, ¿por qué no lo dejas? —murmuró Kang Se-heon, al notar la expresión seria de Tae-seo, mientras se comía su propio macaron.
—Parece que a ti sí te gustan.
—Mmm… yo tampoco soy muy bueno con lo dulce.
Dijo eso… y luego se metió el resto de su macaron de un bocado. Lo que le hizo cuestionarse a Tae-seo si de verdad le molestaban los dulces. Esa cosita chiclosa parecía derretirse en su boca…
—¿Quieres que te enseñe a comerlo mejor?
—¿De verdad tengo que llegar tan lejos nada más para comer esto?
¿De veras tenía que concentrarse tanto en el macaron? Si no le gustaban las cosas dulces, pues entonces que no se lo comiera.
Mirando el macaron a medio comer que había dejado a un lado, Tae-seo pensó: Si vuelvo a empezar a querer los macarons, quizá sea señal de que estoy embarazado del segundo.
—¿Te acuerdas cuando comíamos juntos y luego pasábamos a cafés como este todos los días?
Tae-seo asintió en silencio.
—En ese entonces, siempre olías dulce. Incluso cuando nos besábamos, sabías dulce… como comer algodón de azúcar.
—…En serio, ¿qué es eso?
—Estoy usando este macaron para consolarme por extrañar aquella época.
Dicho eso, Kang Se-heon tomó el macaron que Tae-seo había dejado y se lo comió.
—Bueno, dicho así…
Tae-seo tomó en silencio un macaron nuevo. O sea, comer este macaron era… ¿simbólico?
—Me estoy dando cuenta de que los pervertidos no están nada lejos.
—Piensa lo que quieras. Yo solo estoy comiendo macarons mientras recuerdo.
Con una sonrisa relajada, Kang Se-heon estiró la mano hacia otro macaron, pero Tae-seo se lo arrebató.
—¿Por qué?
—No te lo comas a la fuerza.
Puede que lo estuviera comiendo sin problema, pero Tae-seo podía notar que no era porque realmente lo disfrutara.
—De verdad no me molesta.
Kang Se-heon tomó la mano de Tae-seo y, a propósito, se la llevó a la boca. Verlo deslizar el macaron —y los dedos de Tae-seo— dentro de su boca hizo que Tae-seo frunciera el ceño.
¿Esa lengua rozando sus dedos? Completamente a propósito. Húmeda y suave, esa lengua siguió chupando sus dedos. Este pervertido…
Tae-seo lo fulminó con la mirada en desaprobación y, como si se le hubiera ocurrido algo, una sonrisa lenta se dibujó en sus labios. Kang Se-heon se quedó congelado por una fracción de segundo, como si acabara de darse cuenta de lo que Tae-seo había hecho.
—¿A qué sabe mi feromona?
Acababa de inyectar su feromona directamente en la boca de Se-heon, y ahora le pedía una reseña.
Menos mal que habían ido a un café con salones privados. De lo contrario, no habría oportunidad para travesuras como esta.
Ante la pregunta de Tae-seo, Kang Se-heon le chupó los dedos unas cuantas veces más. Fue un juego, como si intentara saborearla bien; pero Tae-seo ya sabía cuál sería la respuesta.
—Dulce.
¿Dulce? Tae-seo ladeó la cabeza. Ahora podía sentir su propia feromona. No sabía a azúcar empalagosa como un dulce, pero sí tenía una dulzura como la de un copito de algodón de azúcar tocando la lengua. Sutil, pero esponjosa… como una nube.
—Tengo una duda: ¿las feromonas huelen igual toda la vida?
Preguntó curioso, y Kang Se-heon mostró un atisbo de sorpresa. Quizá porque nadie le había preguntado eso antes.
—O sea, esta feromona me queda muy bien ahora mismo, pero me preguntaba… ¿seguirá oliendo así cuando, no sé, sea de mediana edad? ¿Las feromonas no maduran o algo?
—¿Qué quieres decir exactamente con un aroma maduro?
De vuelta a su calma habitual, Kang Se-heon respondió divertido.
—¿Un aroma profundo, pesado?
Como la feromona de Se-heon. O el olor de su piel. O el modo en que olía cada vez que se abrazaban.
—Si algún día te conviertes en un hombre muy maduro, supongo que lo sabré entonces.
—O sea… que ahorita no lo sabes.
—Se dice que el aroma de las feromonas por lo general no cambia mucho, pero ¿quién sabe? Igual que tu manifestación tardía, no se puede saber qué podría pasar. Puede ser divertido verlo y averiguarlo.
Kang Se-heon dejó espacio a la posibilidad en vez de dar una respuesta clara. Y Tae-seo, al ver la posesividad escondida detrás de esa expresión madura, resopló.
Está enganchado. Enganchadísimo.
Era obvio que ahora usaría la excusa de “verificar” si la feromona de Tae-seo había cambiado para pegarse a él sin parar.
—Bueno, comer macarons que te recuerdan a mí… no está tan mal.
Volviendo a la conversación original, Tae-seo esbozó una sonrisa sutil.
—La dulzura quizá regrese con el tiempo, pero al menos ahora podemos salir a citas cuando sea. ¿No es algo por lo que estar agradecidos?
Aunque tener a Yoon-seo significaba que no podían pasar todo el tiempo juntos, ahora tenían más oportunidades de hacerse espacio.
Ahora que había regresado a la escuela, encontró a alguien que cuidara de Yoon-seo durante sus clases. Hasta ahora, excepto por la ayuda ocasional, siempre había estado con Yoon-seo, así que se preguntó si podría con la separación. Pero en cuanto decidió irse directo a casa después de clase y pasar las noches con él, la preocupación se disipó.
Ah, y otra cosa que casi olvidaba.
—No se te ha olvidado, ¿verdad? Ahora tengo que tener cuidado con las feromonas.
—Lo sé. Voy a tener cuidado con las mías y también seré precavido con las de los demás.
Ahora que podía oler no solo las feromonas de Kang Se-heon, sino también las de otros de género secundario, no había forma de saber si la vida real se desenvolvería como él se imaginaba.
Tae-seo comenzó su último semestre justo a tiempo para el inicio del segundo periodo. Solo iba un año atrasado para graduarse, pero todo se sentía como si hubiera vuelto a ser lo de antes.
—Esto está bien raro.
Viendo pasar a los universitarios, Tae-seo murmuró por lo bajo.
—Pensé que se sentiría exactamente igual, pero es completamente distinto.
Ahora que podía percibir los rastros sutiles de feromonas flotando por todo el campus, la atmósfera entera le resultaba totalmente desconocida.
—¿Qué es lo distinto?
Una voz lo interrumpió de pronto, y Tae-seo volteó a mirar a su lado.
Era Park Han-soo.
¿Por qué este cuate está aquí? ¿No se había graduado?
—¿Qué es tan diferente? ¿Es porque ahora que ya tuviste un hijo, todos te parecen jóvenes y frescos o algo así?
Han-soo hizo un gesto con la barbilla para que continuara con lo que estaba diciendo.
—El aire es distinto.
—¿El aire?
—Está mezclado con feromonas.
—Oh… eso es algo que yo no podría captar. ¿A qué se parece?
—Es como… docenas de perfumes diferentes flotando en el aire.
La explicación de Tae-seo hizo que Han-soo ladease la cabeza, confundido; claramente no lo entendía.
—En fin. ¿Qué haces aquí?
—Solo vine de pasada. Ya me regreso a la oficina.
Al ver el gesto de la barbilla de Han-soo, Tae-seo entrecerró los ojos con una sospecha bien fundada.
—…¿Te mandó Se-heon?
Después de por fin encontrar lo que llamó su verdadera vocación, Han-soo solicitó entrar a la Oficina de la Secretaría Ejecutiva. Se la pasó corriendo para prepararse para el puesto y, al parecer, le fue muy bien en la entrevista. Incluso algunos ejecutivos mostraron interés en reclutarlo.
Al final, Han-soo empezó a trabajar como el secretario más junior bajo el vicepresidente ejecutivo Kang Se-heon y, desde entonces, había llevado una vida muy ocupada.
—El vicepresidente ejecutivo está demasiado ocupado para estar preocupándose por ti. Yo nomás pasé de regreso después de terminar unos pendientes.
Han-soo insistió en que Se-heon no lo había mandado a espiarlo, y Tae-seo asintió fingiendo que se lo creía.
—De verdad no podía esperar. Le dije que iba a estar bien por mi cuenta, pero supongo que piensa que soy Yoon-seo o algo.
—¡Oye, oye, que no me mandó!
—¿Hasta dónde te dijo que me revisarás?
Cuando Tae-seo le lanzó esa mirada —ya córtale—, Han-soo evitó el contacto visual.
—…Hasta la parte donde de verdad te sientas en tu lugar.
—Así que sí le preocupa.
—Bueno, técnicamente le preocupan más las otras personas a tu alrededor… pero sí, por ahí va.
La voz de Han-soo fue bajando poco a poco mientras intentaba cambiar de tema.
—Aun así, ¿no se siente como en los viejos tiempos nada más por estar aquí así?
Han-soo le echó un brazo por los hombros, y Tae-seo se recargó en él.
—Sí, ¿y qué tal si me ayudas a caminar tantito?
—No has cambiado nada, Yoon Tae-seo.
—¿Cómo que no? Ahora tengo en mi vida al cacahuatito más tierno del mundo, Yoon-seo.
Tae-seo sacó su teléfono y le mostró la imagen de fondo. Han-soo tomó el teléfono y vio la foto de Yoon-seo sentado jugando con juguetes.
—Cada vez que lo veo está creciendo cañón. ¿Ya puede sentarse solito?
—No solo sentarse: ya gatea.
Apoyándose en Han-soo, Tae-seo empezó a avanzar. Su intención era usarlo de apoyo hasta llegar al aula.
—Por cierto… ¿seguro que vas a estar bien tú solo?
—¿Lo dices porque crees que asistir a clase va a ser demasiado difícil?
—Pues sí. Todos los que conocías ya se graduaron, y el aula seguramente está llena de primerizos y de gente que regresa, ¿no?
—No importa.
—Sí, eso sí es muy de ti, Yoon Tae-seo. Ah, y oye, ¿supiste?
—¿Saber qué?
No debí recargarme en él.
Ahora que estaba con el parlanchín de Park Han-soo, el ambiente tranquilo ya se había ido.
—Escuché que la nueva generación de primer año está súper linda.
—No es exactamente asunto tuyo, ¿o sí?
—Tú nomás escucha. Entre esos adorables pollitos, al parecer se coló un dinosaurio grandote.
Se imaginó a los pollitos piando y caminando tambaleantes… para que de pronto un dinosaurio gigante fuera y plantara su trasero en medio de ellos.
Eso ya es otra especie por completo.
—¿Quieres que te diga quién es ese dinosaurio?
A todas luces, Han-soo no planeaba soltarlo de inmediato: su lado travieso estaba activado al cien. En la empresa, por lo menos se comportaba como un adulto responsable, pero ahora que estaba de vuelta en el campus, estaba demasiado emocionado.
Tae-seo se planteó seriamente dejarlo botado ahí mismo e irse solo, pero de pronto alzó la cabeza. Sintió una mirada sobre él. Mirando por encima del hombro de Han-soo, vio a un hombre de pie allí… y enseguida volvió la cabeza al frente, murmurando:
—…No hace falta que me digas. Creo que acabo de verlo.
Porque realmente parecía que ese dinosaurio acababa de aparecer.