Soy el Villano pero estoy Embarazado - Capítulo 107

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Aceptando la firme insistencia de Tae-seo de que el invierno significaba mar, no tardaron en reducir el destino una vez que se enfocaron en lugares con océano. El plan del viaje era sencillo: de día, pasear cerca del mar; de noche, dormir en un hotel.

Mientras Kang Se-heon iba y venía entre la casa y el garaje cargando el coche, Tae-seo permanecía con los brazos cruzados y cara de bastante fastidio. No era porque estuviera descontento con Se-heon.

—¿Y esto qué es?

En serio, ¿qué demonios le pasa a este tipo?

Al parecer, sintiendo la punzada de la mirada de Tae-seo, Park Han-soo levantó la mano para cubrirse la cara.

—Meterte sin leer el ambiente es tu especialidad, ¿no?

—No es que me esté pegando tontamente a tu viaje. Simplemente voy hacia el mismo rumbo y pensé que estaría bien ir juntos. Comer en un área de servicio y eso… así es como se crean recuerdos, ¿sabes?

—¿Y por qué quieres crear recuerdos conmigo?

Como Tae-seo no se molestó en ocultar su desagrado, Park Han-soo solo sonrió con descaro.

—Por supuesto que no pretendo hacerlos solo contigo. Voy a pasarlo en grande con Mirae.

—Entonces, ¿por qué me arrastras a mí?

—Gracias, colega.

—¿Estás mal de la cabeza?

Tae-seo ya sabía que Park Han-soo era un caradura resbaloso como él solo, pero esta vez se quedó sin palabras. Aunque le preguntara de frente si tenía algo mal en el cerebro, Park Han-soo simplemente curvaría los labios y sonreiría.

—Sí, sí, no me incluyas.

Qué bien por él, yendo con Han Mirae.

Mientras él hacía su “viaje de término”, aquellos estaban aprovechando la excusa de la graduación para irse a divertir con Han Mirae… ¿y se supone que no debía cabrearse?

—Solo hasta el área de servicio. Cuando la carretera se divida, cada quien por su lado. Si te pegas, estás muerto, Park Han-soo.

—Como si fuera a seguir aunque me lo rogaras. ¿Sabes cuánta gente me espera además de ti?

—Entonces vete con esa gente desde el principio.

Ante el murmullo de Tae-seo, Park Han-soo negó con la cabeza como si aquello fuera lo único que no podía hacer.

—Entonces no podría ir con Mirae, ¿o sí?

Y así, la conversación volvió al inicio.

La razón por la que Tae-seo se topó con Park Han-soo la mañana del viaje fue por el viaje de graduación. Los viajes de graduación se organizaban emparejando departamentos, y esta vez el de Han Mirae había sido incluido. Aparentemente, aunque se graduaba en otoño, Han Mirae también iba a ese viaje; y ahí fue donde brillaron los preparativos de Park Han-soo.

Había conseguido con antelación unos vales de hotel del padre de Tae-seo. Dijo que se los había ganado por trabajar duro en algo que le habían pedido antes.

“Seguro su papá le pidió que indagara sobre mí.”

Y encima sacó vales de hotel de eso. El tipo tiene maña.

En fin, mientras todos los demás se alojarían en grupo en una pensión, Park Han-soo y Han Mirae habían asegurado dos habitaciones separadas. Por lo visto, planeaba “sorprenderla” más tarde con eso, como si fuera un evento.

También aprovechó su tiempo libre para congraciarse con la secretaria de KH e incluso aprendió a conducir. Dijo que intercambiaron contactos y que habían seguido en comunicación desde entonces. Gracias a eso, ahora tenía la oportunidad de hacer un viaje solo con Han Mirae.

“Maldito conector social.”

Ya no se limitaba a trabajar a los padres de Tae-seo y a la secretaria de KH. Últimamente, incluso había empezado a hacer migas con Se-heon.

—¿Quieres ser Yoon Tae-seo o qué?

—¿No para eso están los amigos? No es que esté pegado a ti todo el tiempo. Solo estoy fortaleciendo nuestro vínculo como tu único amigo.

Esa parte de “único amigo” venía de lo que pasó durante la presentación ante los inversionistas. Han-soo estaba encantado, diciendo que era el único a quien Tae-seo consideraba de veras un amigo.

Dejando a un lado esos pensamientos innecesarios, Tae-seo miró el coche que Han-soo había traído. El tipo había preparado todo para que Mirae estuviera cómoda: mantas, café, un cargador e incluso una Tablet con películas por si se aburría.

—No sabía que fueras tan meticuloso.

—Todo es cuestión de sentar las bases para una buena relación, ¿no?

Park Han-soo miró con orgullo el interior del coche.

—He estado pensando: ¿cuándo sería buen momento para confesarme? Y pensé, ¿no sería mejor decirlo durante el trayecto?

—Sí, así puede rechazarte de la forma más neutral posible.

Tae-seo sonrió dándole justo donde dolía.

—Hasta como amigos, los sentimientos pueden volverse románticos, ¿sabes?

—¿Por qué intentas convencerme a mí? A quien tienes que ganarte es a Mirae.

—Pues sí. ¿Hay algo más que deba llevar?

Viéndolo revisar todo desde el principio, Tae-seo no pudo evitar recordar la forma en que Kang Se-heon siempre cuidaba de él. Se recargó en el cofre del coche y miró a Park Han-soo.

—¿Y qué fue lo que te hizo enamorarte de repente de Han Mirae?

—Cuando salió a defenderte. Ahí me remató.

—¿A mí?

—Ya sabes esos rumores tontos de que estabas acosando a Seo Da-rae para acercarte a Se-heon. Aunque yo decía que no era cierto, nadie me escuchaba de verdad. Pero entonces Mirae lo cortó de raíz con una sola frase. El corazón me latía a mil.

—¿Te pareció genial?

—Sí. Súper genial. Con unas cuantas palabras, hasta los que dudaban hasta el final se quedaron sin nada a qué agarrarse. Los cegados por los celos se callaron. Tenías que haberlo visto en tiempo real.

Ante eso, Tae-seo se despegó del cofre. No esperaba que alguien limpiara los rumores de forma tan contundente.

Y gracias a que Mirae marcó una línea clara y dijo que solo eran amigos, Kang Se-heon también dejó de prestarle atención.

Mientras charlaba con Park Han-soo, Kang Se-heon había terminado en silencio todos los preparativos. Tae-seo se volvió hacia él y susurró:

—Perdón por hacerte hacerlo todo solo.

Como muestra de agradecimiento, se inclinó para abrazarlo y darle un beso en la mejilla, pero Se-heon giró la cabeza y sus labios se encontraron.

—Si estás agradecido, bésame bien.

Kang Se-heon alzó la cabeza mientras le acariciaba suavemente el cabello. Luego saludó con la mano a Park Han-soo, que agitaba los brazos como loco para despedirse.

—Vámonos.

Estaban listos para partir: recogerían a Han Mirae de camino y seguirían directo al destino.

Tae-seo reclinó el asiento del copiloto para no presionar el vientre, medio recostado mientras contemplaba el cielo con comodidad. Habían elegido el día perfecto. El azul vívido sobre sus cabezas hacía sentir como si ya hubieran llegado a la playa, aunque aún no.

—El cielo está realmente hermoso.

Quería bajar la ventana y tocarlo. Así de cautivado lo tenía.

—Buen comienzo.

—Sí, de verdad.

Si solo lograban llegar a salvo al destino, mirar algunos lugares y ver el mar, sería un día perfecto.

—Vamos a entrar al área de servicio.

—Le escribiré a Mirae.

Como habían quedado de verse allí, Tae-seo tomó el teléfono de inmediato y le mandó un mensaje a Han Mirae. Cuando ella respondió con un “ok” enseguida, dejó el teléfono. Era el tercer paradero que visitaban, y el último.

—¿Crees que Han-soo ya se confesó?

Tae-seo se contuvo de preguntar directamente, y Se-heon, girando el volante, respondió:

—No. No se confesó.

—¿Cómo lo sabes?

—Es solo una corazonada. Probablemente no lo logre antes de que lleguen.

En otras palabras, no estaba del todo seguro: era una suposición. Pero lo dijo con tanta seguridad… Aun así, Park Han-soo había dicho que se confesaría durante el trayecto con Han Mirae.

—Te oyes tan convencido… que me dan más ganas de preguntar.

—Puedo apostar. Han-soo definitivamente no lo hará.

—Eh, no como para hacer una apuesta formal. ¿Qué tal si el perdedor solo paga el café?

Viene a ser lo mismo. Kang Se-heon estacionó en un lugar amplio para que a Tae-seo le resultara fácil bajar y luego se volvió hacia él.

—Tae-seo.

—Sí, hyung.

—Yo quiero un americano helado.

La manera en que eligió su bebida por adelantado encendió la vena competitiva de Tae-seo. El mismo que hacía un momento decía que no había que apostar con los sentimientos ajenos, ahora tenía un brillo en los ojos.

—Yo quiero papitas bebé.

Si gano, no necesito café. Me saborear é esas papitas tiernas, calientitas y perfectamente saladas.

—Nada de arrepentimientos luego. ¿Con que se confiese antes de llegar al destino, basta, no?

—Exacto.

Con Se-heon confirmando que le daba igual, Tae-seo bajó del coche y se acercó a Park Han-soo y Han Mirae, que habían llegado primero. Les examinó rápido la expresión. No parecían molestos, así que el ambiente debía estar bien.

—¿Qué quieren comer? Yo voy por ello.

Preguntó Han Mirae agitando su cartera. Kang Se-heon se puso a su lado y sacó una tarjeta de su billetera.

—Guarda la tuya.

—¡Vicepresidente ejecutivo, es usted el mejor!

Han Mirae aplaudió con entusiasmo y se pegó al lado de Se-heon. Este le lanzó a Tae-seo una mirada significativa, como dejándoles a propósito algo de espacio a los otros dos.

—Han-soo.

Tae-seo giró suavemente la cintura de un lado a otro para aflojarse. Aún quedaba mucho camino, así que empezaba a relajar el cuerpo de antemano. Park Han-soo lo imitó, estirándose tras la tensión de conducir, pero su expresión no había cambiado respecto a antes.

—¿Te… confesaste?

Preguntó Tae-seo observándolo, con la voz cargada de una callada esperanza. Por favor, que ya lo haya hecho.

—Mmm…

Park Han-soo alargó la respuesta en lugar de contestar de inmediato. Mientras Tae-seo esperaba con ansiedad, se le retorcieron las tripas de la frustración… justo antes de que Park Han-soo por fin abriera la boca.

—Todavía no.

—¡Ah, vamos, por qué!

Estaban prácticamente en el destino y seguía sin hacerlo. Tae-seo exclamó incrédulo, y Park Han-soo dio un respingo.

—Es que no encontré el momento adecuado. Solo eso.

—¿Y cuándo demonios lo vas a encontrar?

—No es que no quiera decirlo. Es solo que… las cosas van tan bien que me da miedo que al confesarlo se vuelva incómodo. Siento que, si no lo hago pronto, luego no voy a poder.

Mientras Park Han-soo ponía la excusa con cara lastimera, Tae-seo soltó un largo suspiro y se encaminó— a comprar ese americano helado que le había pedido Se-heon. Park Han-soo lo siguió, preguntando:

—¿No tienes algún consejo para mí?

—¿Consejo?

—Algo que no vuelva todo incómodo pero que también haga que ella sienta un poquito más por mí.

Ante su tono serio, Tae-seo se detuvo de repente. Park Han-soo casi choca con él y tuvo que echarse para atrás a toda prisa.

—¿Consejo?

¿Está pidiéndome cómo confesarse bien?

—¿Mirae tiene alguna idea de lo que sientes?

—Creo que no.

Aunque iban a hacer este viaje solo los dos, ella se lo tomó con total naturalidad.

—Entonces por ahí tienes que empezar.

—¿De verdad? Si te parece buena idea… Pero estás como raramente encendido con esto.

La mirada de Park Han-soo decía: “¿Por qué estás más metido que yo?”, pero Tae-seo lo ignoró por completo y se encendió con determinación.

—No salimos de esta área de servicio hasta que lo hagas.

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