Soy el Villano pero estoy Embarazado - Capítulo 102

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El lugar al que arrastraron a Tae-seo fue un probador. Estaba sofocantemente estrecho con dos hombres apretujados en un espacio pensado para uno solo. En cierto modo, eso pudo haber sido un golpe de suerte para Tae-seo. Como era un sitio donde ni siquiera podías extender bien los brazos, planeó golpear al hombre detrás de él en cuanto viera la oportunidad. Era un probador: si las cosas se volvían ruidosas, alguien podría acercarse a ver qué pasaba.

Ahora.

Lanzó el codo hacia atrás. Con un gruñido, el brazo que lo sujetaba aflojó, y justo cuando Tae-seo iba a alcanzar el pestillo del probador…

“Yoon Tae-seo.”

Era una voz familiar. Tae-seo volvió la cabeza y, al caérsele la gorra al otro, su rostro quedó al descubierto. Le habían dado un codazo en la cara: tenía el labio partido.

La boca de Tae-seo se abrió, sorprendido, ante la expresión irritada de Kang In-hyuk mientras se limpiaba la sangre de los labios.

“Tú.”

Estaba a punto de preguntar: “¿Sabes siquiera lo que demonios estás haciendo?”, pero In-hyuk se le adelantó. Estiró la mano hacia delante, como para taparle la boca a Tae-seo.

“Shh.”

“¿Qué demonios?”

Tae-seo apartó la mano de In-hyuk.

“Tengo algo que decir.”

“Podías haber llamado. ¿Qué, pensaste que te ignoraría si llamabas o algo así?”

Esto iba mucho más allá de cualquier cosa que pudiera tomarse a broma. Su estómago, todavía contraído, no se había relajado.

Era una situación en la que no podía evitar estar en tensión, y eso hacía que el comportamiento demencial de In-hyuk resultara aún más absurdo.

“Si no era yo, alguien más te habría secuestrado.”

“¿Qué? ¿Secuestro?”

In-hyuk explicó con calma lo que Han Mi-sun había planeado. No le importó en absoluto cómo pudiera tomarlo Tae-seo.

“No te vayas aún. Todavía te están buscando. Si te atrapan, no vas a poder escapar.”

“Entonces, en vez de perseguirme, deberías haberlos detenido.”

“Si hubiera podido, ya lo habría hecho.”

“¿Por qué no puedes?”

“¿Qué?”

Mientras In-hyuk vacilaba, Tae-seo lo empujó con una expresión fría.

“Si no podías detenerlos, entonces no debiste permitir que un plan tan ridículo llegara a existir.”

“¿De verdad crees que eso es posible?”

“¿Y por qué no lo sería? Es tu madre. Si nadie más podía, al menos tú podías detenerla.”

Tae-seo golpeó el hombro de In-hyuk con el puño. Pensando que Bendición podía haberse asustado, no golpeó fuerte. Y al ver el rostro de In-hyuk, soportando el golpe en silencio, casi de inmediato se le fue la fuerza.

“¿De verdad crees… que yo podría haberla detenido?”

In-hyuk esbozó una sonrisa amarga y negó.

“¿Crees que no podrías?”

Mirando a los ojos de In-hyuk, Tae-seo bajó la voz.

“Sí. Sinceramente, no creo poder. Esto es todo lo que soy capaz de hacer.”

Aunque sonara patético, no había otra forma de decirlo. Hasta aquí llegaba In-hyuk.

En ese momento, por primera vez, Tae-seo —que lo había estado mirando con gesto pétreo— sonrió por fin.

“¿Quieres que te diga cómo?”

Tras salir del probador, Tae-seo se sacudió la ropa y recogió del suelo su teléfono. La llamada seguía conectada. Se lo llevó a la oreja.

Solo se escuchaba una respiración tensa. Había elegido bien a quién llamar.

“Han-soo.”

[¿Tú… estás bien?]

“Sí.”

[Llamé a la policía, pero dijeron que no podían comunicarse directo contigo, así que intenté llamar al hyung Se-heon. No contestó.]

“Seguramente está en medio de la entrevista.”

Tae-seo comprobó la hora y asintió. Salió de la pantalla de llamada, abrió la app de mensajería y confirmó que habían leído su mensaje. Sin apartar la mirada de In-hyuk, le habló a Han-soo.

“Yo me encargo del hyung Se-heon. Tú haz otra cosa.”

Han-soo, que había dicho que solo le diera la orden, obtuvo la promesa de que Tae-seo volvería a llamar antes de que la llamada terminara. Luego, Tae-seo miró a In-hyuk con una mirada que decía: “¿Por qué sigues aquí?”.

“¿De verdad quieres que vaya a la policía?”

“Dijiste qué harías lo que te dijera.”

“Aun así…”

“Ordenar que me secuestren ya me parece suficiente.”

Aunque In-hyuk lo hubiera cortado a mitad, Han Mi-sun había cometido claramente un delito.

“Si no te hubieras metido, quién sabe qué me habría pasado. Y si no me hubieras avisado de antemano, quizá ni me habría enterado. Así que, solo porque al final no ocurrió nada, no significa que lo que hiciste esté justificado.”

Temiendo que Han Mi-sun pudiera olerse algo, Tae-seo bajó la vista al teléfono. La batería estaba casi agotada, y el aparato se apagó en el momento en que lo comprobó. De todos modos pensaba apagarlo, así que no sintió gran pesar.

“Dijiste que todavía hay gente buscándome, ¿cierto?”

“Sí.”

“Entonces me mantendré oculto. Tú contacta al hyung Se-heon.”

Y cuéntale exactamente lo que me contaste a mí.

Después de la comisaría, el siguiente sería Kang Se-heon. Para In-hyuk, debía sentirse como si Tae-seo lo empujara a traicionar a su madre. Probablemente solo había venido para advertirle que tuviera cuidado con ella.

Pero tenía que ser el propio In-hyuk. Si no lo hacía él, no significaba nada. Era el único que podía detener a Han Mi-sun. Ella no quería KH en este momento.

“El futuro.”

No quería la empresa a través de su marido, sino a través de su hijo. Precisamente por eso Tae-seo no podía ser indulgente con In-hyuk.

Cuando intentó abrir una brecha entre Kang Se-heon y él, había sido lo mismo: Han Mi-sun se había puesto en contacto con Kang In-hyuk. Estaba desesperada por entregarle el grupo a su hijo, cada día más implacable; pero al mismo tiempo, In-hyuk era también la persona ante la que ella era más débil.

“…¿Eso es todo?”

“Si hay algo que quieras, dilo. Mientras esté dentro de mis posibilidades. Si no, busca a otra persona.”

Tae-seo trazó una línea firme. In-hyuk lo miró con ojos llenos de cosas no dichas.

“¿Y si digo que te quiero a ti?”

“Por supuesto que no te daría eso.”

“De verdad no has cambiado.”

“Era una pregunta con la respuesta prefijada.”

Ante el rechazo tajante de Tae-seo, In-hyuk soltó una pequeña risa. Pensó que, aunque todo había empezado por su madre, dado que había salvado a Tae-seo, quizá habría un leve titubeo. Pero incluso al borde del abismo, Tae-seo dijo que no era él; y con eso, el tenue hilo de esperanza al que In-hyuk se aferraba se deshilachó.

Se caló la gorra hasta cubrirse el rostro y se dio la vuelta para irse.

“Kang In-hyuk.”

Al oír su nombre, In-hyuk se quedó inmóvil como un maniquí y giró la cabeza.

“No sé por qué cambiaste de idea, pero… gracias.”

Ante el agradecimiento de Tae-seo, In-hyuk guardó silencio varios segundos y luego volvió a darse la vuelta.

Lo que siguió avanzó con rapidez.

En el momento en que Kang Se-heon recibió una llamada de Han Mi-sun cuando aún estaba en los grandes almacenes, se movió de inmediato. Mientras tanto, Kang In-hyuk contactó a la policía y luego se presentó ante Se-heon en el edificio. Tras explicarlo todo, Se-heon ordenó a su secretaria que trajera a los hombres que había contratado Han Mi-sun, y les dio una salida para librarse del delito.

Solo después de que todos los preparativos estuvieron listos, Se-heon fue a ver a Han Mi-sun como si no supiera nada.

Han Mi-sun expuso con audacia sus exigencias ante Se-heon, y cuando se dio la señal, entró In-hyuk. Tae-seo, que había estado escuchándolo todo apoyado en la pared junto a la puerta, no había esperado que apareciera el presidente Kang Hak-jung, pero tampoco se sorprendió.

Aun abrazando a Kang Se-heon, Tae-seo soltó un largo suspiro y apoyó la barbilla en la espalda del hombre.

“Perdón por preocuparte.”

Fuera cual fuera la razón, herir el corazón de la persona que amas seguía estando mal.

“Quise llamarte y contártelo, pero temí echarlo todo a perder.”

No es que no confiara en Se-heon. Pero antes, cuando In-hyuk lo sujetó, su estómago se había tensado; y tras separarse y por fin recuperar el aliento, incluso había sentido una punzada sorda. Ocultarse resultó ser una bendición. Si no hubiera estado en un lugar donde pudiera relajarse, podría haber afectado a Bendición más de lo que podía permitirse. Pensando en eso, Tae-seo no quiso desperdiciar la oportunidad que habían conseguido.

“Fui egoísta.”

Había tranquilizado a Se-heon a través de In-hyuk, pero aun así… recordaba la mirada fría y sombría de Se-heon en los grandes almacenes.

“Lo siento.”

Solo después de que Tae-seo se disculpara de nuevo con voz grave, Se-heon por fin soltó la tensión del cuerpo y se giró lentamente. Sin saber qué expresión tendría Se-heon, Tae-seo cerró los ojos por instinto. Aunque fuera una mirada de decepción, la aceptaría. Sabía que debía hacerlo, pero decirlo era más fácil que hacerlo.

A medida que la mirada de Se-heon recorría suavemente su rostro, le cosquilleaba la piel. Tae-seo apretó aún más los párpados. Los cerró con tanta fuerza que parecía que no volvería a abrirlos… hasta que oyó suspirar a Se-heon.

Cerré los ojos, pero olvidé cubrirme los oídos.

“Abre los ojos.”

Como un niño obediente, Tae-seo abrió los ojos de golpe.

Cuando su visión borrosa se aclaró al instante, lo primero que se enfocó fue el rostro de Se-heon. Sus labios apretados y el ceño fruncido mostraban claramente que estaba molesto…

“¿Por qué me miras así?”

Quizá era solo su mirada, pero la expresión de Se-heon se veía tan frágil. El hombre que siempre lo había sostenido con tanta firmeza, del que pensaba que no se tambalearía pasara lo que pasara, ahora se veía tan… vulnerable.

“Mejor enójate.”

Tae-seo forzó una sonrisa al hablar. Intentaba aliviar la pesada atmósfera, pero no sirvió de nada.

“Tae-seo.”

Se-heon lo atrajo a un abrazo de verdad. Tae-seo cerró los ojos lentamente en sus brazos.

“Si alguna vez me pasara algo… y desapareciera por un tiempo, y luego apareciera de nuevo frente a ti, ¿qué sentirías?”

Era una pregunta: ¿y si los papeles se invirtieran y Se-heon pasara por lo que acababa de vivir Tae-seo? La ansiedad se le subiría a la garganta, el corazón le latiría como si fuera a estallar. Y después de pasar por todo eso, si viera a la persona a salvo y sana, ¿qué querría oír?

¿Una disculpa? No.

“Te extrañé.”

Con saber que estaba vivo y bien, lo demás dejaría de importar. Aunque la espera le hubiera hecho sentir que no podía respirar, bastaría con verlo de nuevo. Solo eso bastaría.

Oyó una risa suave sobre su cabeza, y Tae-seo supo que había dado la respuesta correcta.

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