Renacimiento Un chico mantenido y mimado en ‘otro’ mundo - Capítulo 311
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- Capítulo 311 - El camino que lleva a Pei Siyang a los problemas
—Tu amnesia parece grave. ¿Ni siquiera recuerdas a Lele?
Hei Ming acarició la cabeza de Pei Lele para consolarla y, de paso, reprendió a Pei Siyang.
—Entonces, esta Lele… ¿quién demonios es? ¿Por qué tendría que conocerla?
Pei Siyang estaba irritado. Había preguntado tantas veces y seguían sin darle una respuesta clara.
—La hija de la madrastra.
Hei Ming suspiró y respondió con voz alargada.
Pei Siyang volvió a preguntar sin pensar:
—¿De cuál madrastra?
—Pfft…
El sonido vino de Jiang Sheng, que no pudo contenerse.
¡Maldita sea! ¿Cuántas esposas había tenido su padre?
—Esa sí es una pregunta difícil.
El rostro de Hei Ming se ensombreció, porque en efecto su padre había tenido un montón de esposas.
—Muy bien, entonces te haré una pregunta más sencilla. ¿Cuántos años crees que tienes?
Hei Ming sintió que algo no estaba bien y cambió de tema.
—Unos doscientos años. ¿Fuiste tú quien perdió la memoria?
Pei Siyang frunció el ceño, sintiendo que algo raro pasaba con Hei Ming.
Hei Ming crispó la boca, y lo mismo hicieron todos los demás.
Porque la memoria de Pei Siyang había retrocedido a más de quinientos años atrás.
No era extraño que no reconociera ni a Pei Lele ni a Jiang Sheng.
En aquel entonces, Pei Lele aún no había nacido y Pei Siyang todavía no había conocido a Lan Bai.
—Segundo hermano, el que tiene amnesia eres tú. Perdiste varios cientos de años de recuerdos.
Hei Ming le dio unas palmadas en el hombro y volvió a suspirar.
Pei Siyang lo miró confundido, como si lo estuviera tomando por loco.
Al cabo de un momento, señaló a Jiang Sheng y le preguntó a Hei Ming:
—Nos secuestró ese mocoso, ¿verdad?
—Otra vez con el maldito secuestro… ¿estás buscando pelea, Pei?
Jiang Sheng volvió a enfurecerse y le lanzó una almohada a Pei Siyang.
—Ese de ahí… es tu esposo. Y no es mentira.
Hei Ming señaló a Jiang Sheng con la barbilla mientras hablaba.
No sabía qué había pasado la noche anterior, pero era un hecho que Pei Siyang había perdido la memoria.
—¿Estás bromeando? ¿Cómo iba a casarme con un hombre como mi esposo? Además, no es ni bonito ni fuerte. Mira lo delgado que está.
Pei Siyang seguía sin creerlo y continuó burlándose de Jiang Sheng.
—Será mejor que nos apartemos, por si alguien sale herido.
Hei Ming, con mucho tacto, apartó a todos y le dejó espacio a Jiang Sheng.
Poco después, vieron a Jiang Sheng abalanzarse sobre Pei Siyang y darle una bofetada directa.
Al escuchar el sonido del golpe, todos suspiraron… y nada más.
—¿Cómo te atreves a pegarme?
Pei Siyang, que acababa de recibir aquella bofetada de la nada, se enfureció. Sujetó con fuerza el cuello de la ropa de Jiang Sheng, como si quisiera pelear.
Pero al segundo siguiente, se quedó paralizado, sin saber qué hacer.
Porque las lágrimas de Jiang Sheng empezaron a caer de repente, y lo miró con unos ojos llenos de agravio.
—Vamos, no llores. Fui yo quien recibió la bofetada. Ni siquiera yo he llorado.
Pei Siyang se puso nervioso y quiso secarle las lágrimas.
Realmente no soportaba ver a alguien llorar.
Su madre se había pasado la vida lavándose el rostro con lágrimas por culpa de su padre miserable, así que no podía soportar esa escena.
—Bastardo, bastardo. Si no me reconoces, entonces déjame en paz. Divorcio, quiero el divorcio.
Jiang Sheng lloraba mientras lo regañaba, sus puños golpeando una y otra vez el pecho de Pei Siyang.
Aunque Pei Siyang estaba irritado, al verlo llorar intentó contener su mal genio y respondió:
—Sí, sí, soy un bastardo, así que no llores. Si sigues llorando, te verás todavía peor.
Jiang Sheng se había calmado con las primeras palabras, pero la última frase volvió a encenderlo de inmediato.
Le lanzó una patada directa entre las piernas mientras gritaba:
—¡Que te jodan, bastardo!