Renacimiento Un chico mantenido y mimado en ‘otro’ mundo - Capítulo 198
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- Capítulo 198 - No pudo hacer nada
Volviendo al tío Mo, finalmente llegó a la entrada del callejón de donde provenía el olor a sangre.
A diferencia de la zona bulliciosa donde había estado antes, los edificios allí eran antiguos. La luz de la calle no lograba iluminar el lugar; todo estaba sumido en la penumbra. Un olor húmedo se mezclaba con el fuerte hedor a sangre, obligando al tío Mo a cubrirse la nariz. Era insoportable.
—Ayuda… ¡ayuda!… ¡Alguien… sálveme…!
Desde lo profundo del callejón oscuro y húmedo, se escuchaba la voz de una mujer pidiendo auxilio.
El tío Mo no dudó. Cubriéndose la nariz, avanzó rápidamente.
A lo lejos, vio una figura arrastrándose por el suelo, emitiendo gemidos dolorosos y desgarradores.
Se acercó de inmediato para ayudarla, pero al levantarla, descubrió que su cuerpo estaba destrozado. Sus órganos internos quedaban expuestos, y un rastro de sangre marcaba el suelo húmedo: había estado arrastrando sus propios intestinos al moverse. Era un milagro que siguiera con vida.
¿Quién podía ser tan cruel? ¿Quién había hecho algo así a un humano? El tío Mo no podía creerlo.
La mujer, al ver que alguien la ayudaba, pareció encontrar una última esperanza. Levantó los ojos, llenos de lágrimas y agotamiento, apenas capaces de abrirse, y con los labios temblorosos suplicó:
—Por favor… ayú…
Antes de terminar la frase, su cuerpo se desplomó en los brazos del tío Mo, muriendo con los ojos abiertos.
La sangre cubría el suelo donde yacía y se filtraba hacia una zanja cercana.
El tío Mo frunció el ceño con fuerza y cerró suavemente los ojos de la mujer, permitiéndole partir en paz.
Cuando se puso de pie, sus ojos cambiaron de inmediato: se volvieron de un rojo sangriento y aterrador. Al instante, un cuerno demoníaco emergió de su cabeza y sus uñas se alargaron, volviéndose negras. Su naturaleza demoníaca quedó completamente expuesta.
Desde el tejado, un hombre que había estado observando todo lo ocurrido soltó una risa.
Así que ese tipo también era un demonio… Pensó que la comida había llegado sola a su puerta.
—Oye, tú. Los humanos son nuestra comida. ¿Por qué la salvaste? ¿O viniste a reclamar tu parte?
preguntó con tono arrogante.
El tío Mo levantó la vista hacia él, frunciendo el ceño.
El hombre llevaba una máscara, por lo que no podía verle el rostro. Pero lo extraño era que no desprendía olor a sangre.
Desde el fondo del callejón llegaban sonidos de masticación, como de una bestia devorando algo.
—¿Quién eres? Cazar humanos es ilegal. ¿No lo sabes? —preguntó el tío Mo.
—¡Ja, ja! ¿Ilegal? ¡Debes estar bromeando! Los humanos son como hormigas. Nacieron para ser nuestra comida. ¿Cómo podríamos estar violando la ley?
El hombre estalló en carcajadas.
No había forma de razonar con él.
El tío Mo quiso recurrir a la fuerza, pero recordó lo que Jiang Bo había mencionado y preguntó:
—Últimamente han estado atacando a humanos. Fuiste tú, ¿verdad?
—No te confundas. Soy bastante exigente. Los humanos comunes no me interesan. Solo me encargo de sacar a pasear a mis mascotas para que se den un festín.
¿Mascotas?
El tío Mo frunció el ceño, desconcertado.
Pero antes de que pudiera pensar más, el hombre silbó.
Desde el fondo del callejón emergió una criatura con forma humana y cabeza de toro.
Sus ojos eran rojos, y en su mano sostenía la cabeza de un hombre. Caminaba lentamente hacia el tío Mo, con la boca manchada de sangre.
‘¿Qué es esto? ¿Un demonio con cuernos?’
No… era más bien una combinación entre humano y toro.
‘Debe de ser el monstruo del que habló Jiang Bo. No es ni humano ni demonio.’
‘Además, parece torpe, como si le costara moverse… pero es grande y fuerte. ¿Un experimento fallido?’
—Oye, hermano… bueno, tío. Te aconsejo que no te metas donde no te llaman. Finge que no viste nada y lárgate ahora mismo. No me molestes mientras alimento a mi mascota —dijo el hombre desde el tejado con desdén, limpiándose la oreja y soplando sus dedos, completamente despreocupado.
Pero al segundo siguiente, se arrepintió.
El tío Mo desató todo su poder y, con un solo golpe, hizo estallar al monstruo. La sangre salpicó el suelo mientras su cuerpo se despedazaba.
Los ojos del hombre se abrieron de par en par. Ese poder abrumador hizo que sus piernas temblaran. Instintivamente, quiso huir.
Pero ya era demasiado tarde.
El tío Mo ya estaba detrás de él.
Lo pateó hacia el callejón, haciendo que el suelo se resquebrajara.
El hombre escupió sangre, con los ojos abiertos de par en par. Sus órganos internos parecían a punto de salir.
Antes de que pudiera reaccionar, el tío Mo apareció frente a él y le dio otra patada en el pecho. Sus costillas se rompieron y la pierna del tío Mo atravesó sus pulmones.
El hombre volvió a abrir los ojos, el dolor reflejado en su rostro.
Ambos eran demonios… pero frente al tío Mo, no podía hacer absolutamente nada.
‘¿Quién… es este anciano?’
Escupiendo sangre y respirando con dificultad, miró al tío Mo con terror.