Renacimiento Un chico mantenido y mimado en ‘otro’ mundo - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - Una bala inesperada
—Lo siento, señor Pei. Vi la foto y pensé que la señora Pei había regresado. Por eso lo dije sin pensar. De verdad lo siento.
La secretaria temblaba, sujetándose la muñeca, con la cabeza baja por el miedo.
‘¿Foto? ¿Qué foto? ¿La del tipo que se parece a mí? ¿Por eso me confundió? Pero… ¿señora? Entonces, ¿es la esposa de Pei Siyan? ¿Una mujer… o un hombre?’
—Lárgate de mi vista.
Otro rugido ensordecedor llenó la habitación.
—Entendido.
La secretaria no se atrevió a quedarse más tiempo. Se inclinó y salió apresuradamente.
—¡Maldita sea! ¡Estoy harto de tus tonterías! Me voy.
Jiang Sheng se levantó, dispuesto a marcharse. Ya no podía soportar a Pei Siyan ni un segundo más.
—Más te vale volver y sentarte antes de que me enfade contigo —dijo Pei Siyan con frialdad.
—¿Qué? ¿Aún no estabas enfadado?
Jiang Sheng se giró con una sonrisa burlona. Estaba a punto de levantarle el dedo medio cuando—
¡Crash!
El ventanal se hizo añicos, y una bala atravesó el aire directamente hacia él.
—¡Agáchate!
Escuchó el rugido de Pei Siyan. Cuando volvió en sí, se dio cuenta de que lo tenía firmemente sujeto entre sus brazos, cubriéndolo con su propio cuerpo.
—¿Quieres que te maten? ¿No sabes que debes esquivar cuando ves una bala venir hacia ti?
Pei Siyan le gritó, pero esta vez, en sus ojos había pánico y tensión.
Jiang Sheng tragó saliva, mirándolo fijamente. Su respiración era agitada, como si fuera a estallar. Su corazón latía con fuerza por el terror repentino.
—¿Cómo demonios iba a saber que venía una bala?
Respondió con rapidez, pero sin la arrogancia de antes. El miedo era evidente en su rostro.
Pei Siyan estuvo a punto de volver a gritarle, pero al ver su expresión aterrada, se contuvo. Maldijo en silencio, lo cargó en brazos, se refugió tras una pared y sacó su pistola con rapidez.
—Escucha. Contaré hasta tres y correrás hacia la puerta. Busca a Bai Hao. Él te protegerá.
—P-pero… ¿y tú?
A pesar del pánico, Jiang Sheng no podía dejarlo atrás.
—Al diablo. Estamos en esto juntos. No te voy a dejar solo.
‘Hay un francotirador en el edificio de enfrente. La bala atravesó el ventanal y venía directo a mí. Claramente, querían matarme. Pei tampoco está a salvo, si no, no habría sacado el arma.’
—Esto no está en discusión. Haz lo que te digo y vete.
—No. Me quedo contigo.
Jiang Sheng hablaba con determinación.
De repente, Pei Siyan se quedó en trance. Una figura pareció superponerse con la de Jiang Sheng… alguien con la misma mirada firme.
Un rastro de dolor cruzó sus ojos.
Acarició suavemente la mejilla de Jiang Sheng y, con la voz entrecortada, murmuró:
—Cariño…
Su voz estaba llena de tristeza y amor. Por primera vez, Jiang Sheng vio lágrimas en los ojos de Pei Siyan.
Aunque sabía que no lo estaba mirando a él, sino a otra persona, su corazón dio un vuelco. Una emoción inexplicable se agitó en su interior.
No quería sentirse así. Sabía que solo era un reemplazo.
Pero ese “cariño” estaba tan cargado de sentimiento… que no pudo evitar verse afectado.
—Ja… jajaja… ¿ya estoy tan loco? —rió Pei Siyan con voz temblorosa. Una lágrima rodó por su mejilla.
Luego guardó silencio… y finalmente dijo:
—Lo siento.
Jiang Sheng sintió emociones encontradas ante esa disculpa, pero aun así logró calmarse.
—No pasa nada… —respondió con suavidad.