Renacimiento Un chico mantenido y mimado en ‘otro’ mundo - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - La tristeza en los ojos de Pei Siyan
—Ven conmigo.
De repente, Pei Siyan apareció frente a Jiang Sheng y lo arrastró sin ninguna delicadeza.
Jiang Sheng se sorprendió y sintió dolor al mismo tiempo, pero antes de poder reaccionar, ya lo habían empujado dentro del coche. Pei Siyan entró justo después y se sentó a su lado en el asiento trasero.
—Conduce.
—De acuerdo, de acuerdo.
Bai Hao, en el asiento del conductor, suspiró y arrancó el vehículo. Luego miró por el espejo hacia Jiang Sheng.
‘¿Eh? ¿El señor Pei lo está llevando a la empresa? ¿Tiene miedo de que escape… o de que Jiang Xiao sea el siguiente en morir?’
—¿A dónde me llevas ahora? —Jiang Sheng retiró su muñeca del agarre de Pei Siyan y preguntó en voz alta.
—Cállate.
La respuesta de Pei Siyan fue tan breve como su mirada, fría como el hielo.
Jiang Sheng ya le tenía miedo, y esa mirada solo lo hizo temblar más. Se encogió y se desplazó lo más que pudo hacia la puerta del coche, intentando alejarse.
Aunque no se atrevía a decirlo en voz alta, en su mente no dejaba de quejarse.
‘¡Maldición! ¿Crees que puedes hacer lo que quieras solo porque eres guapo? ¡Lo único que tienes es un carácter horrible! Además, no es culpa de este cuerpo parecerse a la persona que amas. ¡Fuiste tú quien lo encontró y lo compró! ¿Y ahora te enfadas con él? ¡Esto no tiene sentido!’
‘No… ahora toda tu ira se está descargando sobre mí. Tengo que encontrar una oportunidad para escapar de este maldito lo antes posible.’
—¿Cómo va la investigación? —preguntó Pei Siyan con frialdad.
Bai Hao dejó de lado su tono despreocupado y respondió con seriedad:
—Se confirmó que murió.
Una capa de frialdad cubrió el rostro de Pei Siyan al escuchar la respuesta. Apretó los puños con fuerza, claramente conteniendo su ira.
—Pero no podemos determinar si fue suicidio —añadió Bai Hao.
—¿Cómo podría suicidarse? ¿Cómo alguien tan optimista haría algo así? —replicó Pei Siyan de inmediato, alzando la voz.
—Pero, para ser sinceros… nunca tuvimos contacto directo con él, ¿no? No sabemos realmente cómo era ni qué le pasó.
—¿No era por eso que te encargué enviar a alguien para protegerlo? ¿Cómo demonios lo protegió? ¿Cómo es que ahora está muerto? ¿Cómo?
La voz de Pei Siyan se elevó, sus ojos enrojecidos por la ira contenida.
Bai Hao guardó silencio. Sabía que era su negligencia lo que había provocado la muerte de Jiang Sheng.
—Tienes tres días para encontrar al culpable. Si fallas… no creo que necesite explicarte las consecuencias —dijo Pei Siyan entre dientes, con un tono frío y aterrador.
—Entendido, señor Pei.
Bai Hao aceptó la orden sin cuestionar.
Jiang Sheng estaba completamente confundido.
‘¿Quién murió? ¿De quién están hablando? ¿Podría ser… yo? Pero ni siquiera dijeron mi nombre… Nah, no tiene nada que ver conmigo. Mejor busco una oportunidad para escapar, tal vez fingiendo que voy al baño.’
Miró por la ventana, intentando reconocer calles o lugares familiares. Pero por más que observaba, todo le resultaba desconocido.
‘Qué raro… no reconozco nada. ¿Dónde vive este tipo?’
—¿Qué estás mirando?
La voz fría de Pei Siyan resonó a su lado.
—Nada… solo estaba viendo el paisaje —respondió Jiang Sheng, evasivo.
Sin embargo, al observarlo con más atención, algo lo dejó paralizado.
En los ojos de Pei Siyan…
había tristeza.
Una tristeza profunda, cargada de dolor, como si hubiera perdido algo que amaba con toda su vida.