Renacimiento Un chico mantenido y mimado en ‘otro’ mundo - Capítulo 118
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- Capítulo 118 - Jiang Sheng despierta
Jiang Sheng, que había perdido el conocimiento, pareció oír una voz.
Era como si alguien le dijera: “Está bien… ya estás a salvo.”
La voz del hombre era muy suave. Podía sentir cómo le sostenía el rostro con ambas manos y luego lo abrazaba contra su pecho. Le frotaba la frente con delicadeza, como si intentara consolarlo.
Era como si una pradera verde y suave se extendiera en su corazón. Bajo una cálida luz, el dolor de su cuerpo desapareció y su respiración se volvió tranquila.
Jiang Sheng quiso preguntar quién era, pero descubrió que no podía hablar.
Podía percibir la luz a su alrededor. Sentía que estaba recostado en los brazos de un hombre… pero no lograba ver con claridad su rostro.
De pronto, el hombre se inclinó hacia él, y unas lágrimas cálidas cayeron sobre la mejilla de Jiang Sheng.
El corazón de Jiang Sheng se apretó, como si alguien hubiera arrancado un pedazo de él.
Aunque no podía ver su rostro, aquella voz cargada de llanto le despertó una profunda compasión.
El hombre sollozó y le dijo:
—Ayúdame… ayúdame a protegerlo.
Tras decir eso, su cuerpo se convirtió en una tenue nube de humo y desapareció ante sus ojos.
Jiang Sheng extendió la mano para intentar retenerlo, pero ya no quedaba nada.
Poco después, volvió a perder la conciencia y cayó en un sueño profundo.
Cuando Jiang Sheng despertó, ya había pasado un mes.
Abrió los ojos con dificultad. Una lámpara apareció ante su vista; su luz era tenue, de un tono cálido.
Reconoció de inmediato el lugar: era la habitación de Pei Siyan.
Se incorporó con esfuerzo, mirando a su alrededor mientras se acostumbraba a la luz.
Alzó la mano derecha, pero la sintió pesada. Al mirarla, descubrió que estaba firmemente sujeta por la mano de Pei Siyan.
Pei Siyan estaba sentado en una silla junto a la cama, dormido.
—Pei… Pei Siyan…
La voz de Jiang Sheng era extremadamente ronca; apenas podía emitir sonido, y le dolía al hacerlo.
‘¿Qué le pasa a mi garganta?’
Se llevó la mano al cuello, apretándolo ligeramente.
‘¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?’
Quiso revisar la fecha en su teléfono, pero temía despertar a Pei Siyan si se movía.
Pei Siyan se veía agotado. Tenía barba incipiente y era evidente que no había descansado bien.
Una sonrisa se dibujó lentamente en el rostro de Jiang Sheng.
Se movió con cuidado, se recostó a su lado y frotó suavemente su mejilla.
‘Qué silencioso… No escucho nada, solo los latidos de mi corazón.’
‘Eso me tranquiliza.’
‘¿Debería decirle a Pei Siyan que conocí a su esposa?’
Jiang Sheng dudó de repente.
Podía ver cuánto afecto sentía Pei Siyan por su esposa; no parecía alguien que pudiera enamorarse ciegamente de una persona caprichosa.
‘Olvídalo. Lo pondré a prueba poco a poco cuando me recupere.’
‘Según cómo reaccione, decidiré si se lo cuento o no.’
Aunque estaba molesto, temía más que Pei Siyan resultara herido al saber que la esposa a la que había amado durante cientos de años… en realidad era alguien tan cruel.
—… ¿Cariño?
La voz de Pei Siyan sonó de pronto, con un dejo de incredulidad. Estaba ronca, como si hubiera pasado mucho tiempo sin hablar.
—Tú… ¿has despertado, cariño?
Pei Siyan sacudió suavemente el cuerpo de Jiang Sheng mientras hablaba; su voz temblaba, como si estuviera a punto de romper en llanto.
Jiang Sheng abrió los ojos y sonrió. Miró a Pei Siyan, que lo observaba con nerviosismo, y preguntó:
—¿Estás llorando?
Al oír su voz y verlo despierto, con esa vitalidad, los ojos de Pei Siyan se llenaron de lágrimas de inmediato.
Sin decir nada más, lo abrazó con fuerza, dejando que todo lo que sentía se expresara en ese abrazo lleno de amor.