Regresión sin igual de un Cazador de Dragones - Capítulo 408

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  4. Capítulo 408
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Ante la pregunta repentina de Zeke, Nigel frunció el ceño y lo fulminó con la mirada.

—Este bastardo… ¿Por qué andas con esas curiosidades a media comida?

—Por más que la vea, Maestra, usted no parece precisamente humana… De hecho, no puedo sentir nada de energía de dragón. Solo me dio curiosidad.

Desde su vida pasada, Zeke siempre había tenido curiosidad por la verdadera identidad de Nigel.

Tras volver, se preguntó si era un dragón o una existencia dracónica, pero al reencontrarla, no lograba percibir ninguna energía de dragón.

Nigel dio una gran mordida al pan, masticó despacio, chasqueó la lengua y miró a Zeke.

—Viviendo tanto, pasan muchas cosas… Como tener un discípulo como tú.

—Es mera curiosidad. Si no quiere hablar de eso, no tiene que hacerlo.

Zeke lo dijo con naturalidad y también tomó un trozo de pan.

Nigel lo observó un momento y luego se puso de pie.

—Ah, he hecho de todo por vivir tanto tiempo.

Se soltó el cabello y se acercó a Zeke, mostrándole la parte alta de la cabeza.

—Oye, mira. ¿Qué ves?

—¿Eh? ¿Y eso ahora?

—¡No que mucha curiosidad!

Zeke examinó con cuidado el cuero cabelludo que Nigel le mostraba.

‘¿Eh?’

Parecía haber el rastro de algo cortado en su cabeza.

Cuando Zeke, por inercia, estiró la mano para tocar, Nigel se sobresaltó y se estremeció.

¡SMACK!

De pronto, Nigel le hundió el puño en el plexo solar.

—¡COUGH!

Zeke se sujetó el pecho, aguantando a duras penas el dolor del golpe, y alzó la mirada.

Nigel se cubrió la cabeza con la mano, con un leve rubor, y lo miró con expresión de asco.

—Te dije que nomás miraras. ¿Para qué tocas, hijo de la chingada? ¿Quieres morir?

Se volvió a atar el cabello para cubrirse el cuero cabelludo y regresó a su asiento.

Mientras Zeke recuperaba poco a poco el aliento, le preguntó a Nigel:

—¿Es el rastro de un cuerno?

Nigel desgarró el pan con brusquedad y respondió:

—Sí, ¿nunca has visto un cuerno cercenado en la cabeza?

—Claro que es la primera vez que veo un cuerno en la cabeza. Ni siquiera hay especies con cuernos en el mundo actual. Si acaso, tal vez la raza demoníaca…

Zeke la observó con cautela mientras Nigel chasqueaba la lengua.

—Carajo, por eso no quería mostrártelo. Baboso. No soy de la raza demoníaca.

Titubeó, y luego habló despacio:

—Soy de la Tribu Unicornio.

—¿La Tribu Unicornio?

Zeke jamás había oído de tal tribu, así que solo pudo quedarse perplejo.

Ella se palmoteó la panza ya llena y habló con brusquedad:

—Una tribu del Continente Oriental, por eso aquí ni la conocen. A mí me exiliaron de mi tierra natal tras cortarme el cuerno.

—Entonces es de la Tribu Unicornio, pero… ¿ya no exactamente?

—Tsk, a mi nivel, eso de “tribu” ya no significa gran cosa.

Zeke repitió en voz baja “Tribu Unicornio” y preguntó a Nigel:

—Entonces, ¿la Tribu Unicornio sigue existiendo en el Continente Oriental?

—Pues llevo demasiado tiempo lejos de mi casa como para saberlo. La tribu no era grande para empezar, y yo estaba entre las más jóvenes, así que puede que la línea de sangre ya se haya extinguido.

Zeke preguntó una cosa más:

—Entonces, ¿la técnica del Alma es una habilidad heredada de la Tribu Unicornio?

Nigel negó con la cabeza.

—Es una técnica única que desarrollé durante cientos de años. Nuestra tribu, originalmente, tenía habilidades de transformación u ocultación del cuerpo, pero al ser expulsada perdí ese poder. Así que investigué un método para manejar maná abriendo el Diantan Medio.

—¿Entonces usted no tenía el Diantan Medio abierto originalmente?

—Originalmente, los de la Tribu Unicornio podían manejar el maná libremente a través del cuerno. Pero como yo ya no lo tengo, hallé otra manera de manejar el maná.

Al ver que fue exiliada y perdió el cuerno, parecía claro que Nigel tenía su propia historia a cuestas.

‘La Tribu Unicornio… ¿Será una tribu antigua desaparecida como la de los Tres Ojos? Sabía que no era humana, pero nunca imaginé que existiera una tribu así.’

Zeke estaba aprendiendo hechos nuevos que en su vida anterior desconocía.

Tras terminar la comida, Nigel bebió el té que Zeke le ofreció y continuó:

—Bueno, ya aprendiste todo de la técnica del Alma. ¿Qué piensas hacer ahora?

Como, una vez dominado el hechizo simple, podría crecer fortificando su voluntad y añadiendo una letra cada vez, a ella ya no le quedaba nada más que enseñarle.

Zeke miró a Nigel y dijo:

—Todavía tengo algo que hacer en el Bosque del Olvido.

—¿Eh? ¿Y qué podrías hacer en este bosque maldito?

Zeke sacó de su inventario un anillo con una frase grabada por la Casa Draker de la Espada Absoluta.

—¿Ha visto esta frase antes?

Nigel tomó el anillo que Zeke le ofreció, lo examinó y de pronto se sorprendió.

—Esto… ¿de dónde lo sacaste?

Zeke se extrañó por la reacción de Nigel ante la frase de la Casa de la Espada Absoluta.

—¿Ha visto antes la frase de la Casa de la Espada Absoluta?

Nigel mostró una expresión complicada ante las palabras de Zeke.

Tras pensar un momento, lo miró y preguntó:

—¿Sabes algo del Santo de la Espada?

Santo de la Espada Sheton Draker.

Fundó la Casa Draker de la Espada Absoluta y dejó sus comprensiones en una cámara oculta que contenía su legado.

Zeke había venido a este bosque para hallar precisamente esa cámara.

Zeke miró a Nigel y dijo:

—En realidad, yo soy el sucesor del Santo de la Espada.

Nigel se volvió a sorprender con sus palabras.

—¿Eres el sucesor del Santo de la Espada? Hmm… Ja, con que así era.

Nigel murmuró algo para sí, dejó la taza de té y se puso de pie.

—Sígueme. Hay algo que quiero mostrarte.

Nigel se lanzó, en su forma divina, hacia el bosque.

Zeke también extendió su técnica del viento y la siguió.

¡BOOM!

Una vibración enorme retumbó desde lo profundo del subsuelo del palacio imperial de Rom.

Un lugar donde el Emperador Nero hacía que los sectarios realizaran rituales sospechosos estaba ahora ocupado por Ropocale, disfrazado de apóstol.

Sobre el altar se veían un círculo mágico dibujado con sangre y materia orgánica bizarra e irreconocible esparcida por doquier.

Ropocale empuñó una daga cargada con el poder de la constelación y recitó un conjuro ominoso.

Al poco, las vibraciones volvieron a surgir desde el altar.

¡BOOM!

Un humo negro comenzó a elevarse del círculo mágico.

Ropocale sacó de su pecho un huevo pétreo y lo colocó sobre el círculo.

El humo negro fue entonces absorbido por el huevo.

¡TSSS!

El huevo petrificado, tras absorber todo el humo, se volvió de un color oscuro.

Además, aunque su superficie momentos antes era dura como piedra, después de absorber la neblina se tornó elástica, como de goma.

¡SCREECH!

Sonidos extraños empezaron a brotar del interior del huevo, y algo parecía retorcerse, intentando romper la cáscara.

Ropocale recogió con cuidado el huevo negro y lo colocó en una caja a su lado.

—Aún no es momento de despertar. Quédate un poco más.

Murmuró en voz baja y cerró la tapa de la caja.

Luego, haciendo un gesto a los magos oscuros detrás de él, estos se acercaron y trasladaron la caja sellada a la siguiente habitación.

Sorprendentemente, en esa sala había apiladas decenas de cajas similares.

Ropocale preparaba metódicamente un señuelo para atraer y capturar a Zeke Draker por orden de la Fosa Retorcida de la Oscuridad.

‘El sumo sacerdote parece haberse dado cuenta de mi identidad… pero como no ha dicho nada, esperaré a ver.’

Al ver que el sumo sacerdote lo dejó pasar aun sabiendo que era de la raza demoníaca, parecía que aquel también tenía sus propios planes ocultos.

Pero por ahora, lo más importante era cumplir las órdenes de su amo, así que decidió pensar en eso después.

Tras completar la invocación y bajar del altar, uno de los magos del Abismo se acercó a toda prisa a Ropocale.

—Apóstol. Azmund Varios, el comandante de legión, ha llegado.

Ante esas palabras, Ropocale, sin querer, se llevó la mano a la cabeza.

‘¿Y ahora qué querrá decir ese tipo problemático?’

Mientras Ropocale manejaba los asuntos del palacio imperial en lugar del inestable Abel, Azmund Varios, comandante de la legión del Palacio Cangrejo, estaba a cargo de los temas militares.

Como demonio, Ropocale no estaba muy familiarizado con las estructuras militares humanas y le resultaba pesado intervenir.

El problema era que Azmund no era un humano común.

Ropocale, subordinado de la Fosa Retorcida de la Oscuridad, conocía muy bien a este tipo de humano.

‘Alguien que haría lo que fuera por su propio beneficio. Fácil de tentar porque quiere mucho, pero muy complicado a la hora de cerrar pactos.’

Con expresión poco satisfecha, Ropocale se dirigió a la sala de recepción del palacio imperial donde Azmund esperaba.

Desde que Abel y Jiemens tomaron Rom, el ambiente del palacio se había vuelto lúgubre.

La gente moría a diario dentro del palacio; no quedaba más que desolación y silencio.

El palacio imperial de Rom, el más grande del continente, ahora parecía una tumba solemne y magníficamente decorada.

Ignorando esa atmósfera, Ropocale entró en la sala de recepción, y Azmund, que aguardaba, se puso en pie.

—El comandante de legión Azmund saluda al regente en funciones.

Actualmente, Ropocale fungía como regente en funciones en lugar del desterrado Julius.

El hecho de que un mago negro de identidad difusa fuese nombrado regente del imperio mostraba cuán caótica era la situación en Rom.

Sin embargo, Azmund intentaba aprovechar esa inestabilidad imperial.

Ropocale miró a Azmund, quien inclinó la cabeza sin vacilar para saludar.

Cabello despeinado y extendido, cejas espesas, barba cubriéndole el rostro y una complexión enorme y robusta.

Por fuera, parecía un guerrero destacado, no un intrigante siniestro.

Pero eso era otro elemento más de la estrategia de Azmund.

Aunque en la superficie se veía como un guerrero simple, por dentro estaba enroscado con más de diez serpientes.

Quienes no conocían a Azmund intentarían usar su poder militar, solo para ser usados y luego desechados por él.

Ropocale, que conocía la verdadera naturaleza de Azmund, no lo mostró en el semblante, pero por dentro estaba en guardia mientras devolvía el saludo y tomaba asiento.

—¿Qué lo trae por aquí, Comandante? Debe estar ocupado con los asuntos de la legión del Palacio Cangrejo.

Fue Azmund quien propuso enviar a los caballeros del Palacio Cangrejo para establecer una cabeza de puente en el Continente del Norte, atacar Himonas desde arriba y presionar al Continente Central desde abajo.

Sin embargo, Fritz, capitán de esos caballeros enviados por Azmund, murió, y la mayor parte de las tropas de la legión fueron aniquiladas por Zeke Draker y la milicia ciudadana de Barkal, regresando solo unos cuantos supervivientes.

Además, se difundieron rumores de que los caballeros del Palacio Cangrejo habían colaborado con magos oscuros para invocar monstruos y atacar Barkal, dañando aún más la opinión pública.

Como resultado, Rom declaró que se trató de una desviación individual del capitán Fritz, y la familia Jiemens trabajó entre bambalinas para desviar la atención del público.

Ropocale empezó pinchando donde más dolía a Azmund, incluso antes de escuchar el motivo de su visita.

Azmund se rascó la cabeza, algo avergonzado, y dijo:

—Ah, esto ha sido un dolor de cabeza. Al final, fue por mi falta de liderazgo que las cosas salieron mal.

Azmund, nada más entrar, había dado un paso atrás y agachado la cabeza.

Al verlo, Ropocale frunció el ceño.

‘Este sí que es el tipo de humano más difícil de tratar.’

Como demonio, Ropocale no podía evitar recelar de un humano con una naturaleza interior aún más insidiosa que la suya.

Entonces Azmund le dijo a Ropocale:

—En realidad, vine a pedirle un favor al regente en funciones.

Ropocale lo miró con disgusto.

—Aunque ahora soy el regente en funciones, no soy más que un mago oscuro común. No sé qué podría hacer por el Comandante, que controla todas las fuerzas militares del imperio.

Azmund entonces le habló a Ropocale con una mirada significativa:

—Zeke Draker. ¿No desea capturarlo?

Ropocale guardó silencio.

‘¿Qué está tramando este humano…?’

Azmund habló con expresión seria:

—Quiero vengar al capitán Fritz. Por favor, ayúdeme a capturar a Zeke Draker.

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