Reescribir mi Vida - Capítulo 894
—¿Comprando tantas semillas? ¿Piensas convertirte en granjero? —preguntó Shui Qianshang.
Ju Meng resopló.
—¿Y qué tiene de malo?
Shui Qianshang frunció el ceño.
—Nada, en realidad. Solo que me sorprende un poco, ya sabes.
Ju Meng lo miró de reojo.
—¿Tienes semillas de Flor Lunar de Neón?
Shui Qianshang negó con la cabeza, con pesar.
—No.
Ju Meng frunció el ceño.
—¿No? ¿Cómo que no tienes? ¿No que el Clan de los Cinco Elementos siempre anda vendiendo semillas para estafar gente?
Shui Qianshang frunció más el ceño.
—¿Por qué ese interés repentino en las Flores Lunares de Neón? ¿Acaso piensas cultivarlas?
Ju Meng sacó pecho.
—¿Y qué? ¿No puedo?
Shui Qianshang alzó una ceja.
—No tiene nada de malo. Pero suena un poco ambicioso. Apenas sabes caminar y ya quieres correr.
Ju Meng bufó.
—No es para plantarlas. Sirven para preparar unos frijolitos tostados bastante buenos.
Shui Qianshang lo miró con escepticismo.
—¿Desde cuándo eres tan extravagante? ¿Tostar semillas de Flor Lunar de Neón para botanear?
Ju Meng lo fulminó con la mirada.
—¿Qué? ¿No puedo darme mis gustos?
Shui Qianshang suspiró.
—… Preguntaré. Yo no tengo, pero tal vez alguien más sí.
Ju Meng asintió.
—Pues ve.
Shui Qianshang regresó a la caravana.
—Qianshang, ¿qué trae Ju Meng? —preguntó Huo Miaomiao.
—Anda comprando semillas. Un montón. Incluso preguntó por las Flores Lunares de Neón —respondió Shui Qianshang.
Huo Miaomiao frunció el ceño.
—¿No que siempre decía que nuestro clan vendía semillas muertas? ¿Por qué ahora se ofrece a dejarse estafar? ¿Logró algún avance?
Shui Qianshang puso los ojos en blanco.
—¿Avance? ¿El Clan Gigante? Si realmente progresaran, cualquier maestro herborista que les haya comprado semillas se moriría de vergüenza.
Huo Miaomiao parpadeó.
—Eso es un poco extremo.
Shui Qianshang: “…”
Mu Yao cruzó los brazos.
—¿No había dos humanos con el Clan Gigante la última vez?
Shui Qianshang la miró.
—¿Estás diciendo que esos humanos cultivaron Flores Lunares de Neón? Solo son dos cultivadores del Reino de la Creación.
Mu Yao negó con la cabeza.
—Tres siglos al este, tres siglos al oeste… Nunca subestimes a los jóvenes y pobres. El Reino Superior está lleno de talentos ocultos. El cultivador más insignificante de hoy podría volverse intocable en trescientos años.
Shui Qianshang se encogió de hombros.
—Pues hablamos en trescientos años, entonces.
…
Ju Meng siguió comprando semillas según la lista. En eso, Huo Miaomiao se le acercó de lado.
—¿Comprando bastante, eh?
Ju Meng asintió.
—Bastantito.
Huo Miaomiao ladeó la cabeza.
—¿Tu abuelo no te va a regañar por estar gastando piedras espirituales así?
Ju Meng pensó para sí: ¿Por qué me regañaría? Chu Ye me confió tres millones —¡eso demuestra su absoluta confianza! Mi abuelo estaría encantado.
—Los dos humanos que venían contigo la vez pasada, ¿por qué no vinieron esta vez? —preguntó Huo Miaomiao, echando un vistazo a los alrededores.
Los ojos de Ju Meng se movieron.
—La vez pasada solo se subieron de aventón, porque eran nuevos por acá. Los viajes del Clan Gigante no son gratis para cualquiera.
Huo Miaomiao frunció el ceño.
—¿Desde cuándo su clan es tan tacaño? ¡Si los humanos ni ocupan espacio!
Ju Meng: “…” No le faltaba razón.
Huo Miaomiao lo observó con curiosidad.
—¿Qué hacen esos dos humanos en su clan?
El corazón de Ju Meng dio un brinco. ¿Me estará sonsacando?
—¿Y a ti qué te importa? —respondió con cautela.
Huo Miaomiao se encogió de hombros.
—Solo curiosidad. ¿No puedes decirme?
Ju Meng fingió indiferencia.
—Nada del otro mundo. Solo cuidan abejas y los campos. Me sorprende que ahora te interese saber de esos dos humanos.
Huo Miaomiao entrecerró los ojos.
—¿Cuidan abejas y los campos? Pero uno de ellos es alquimista, ¿no? Los elixires que vendió la vez pasada eran bastante buenos. Mucha gente esperaba que volviera, pero como no vino, están decepcionados.
Ju Meng: “…” Con solo una visita al mercado y Lin Chuwen ya dejó huella. Los talentos siempre destacan. Si hubiera venido otra vez, quién sabe qué habría pasado. Menos mal que no vino.
Ju Meng negó con la cabeza.
—Pues qué pena, pero ya no está refinando elixires.
Huo Miaomiao parpadeó.
—¿Por qué no?
Ju Meng pensó un momento.
—Intentó refinar un elixir complicado, falló muchas veces y lo perdió todo. Ahora está pagando deudas.
Huo Miaomiao suspiró.
—Ah… muchos alquimistas de los reinos bajos pasan por eso. No esperaba que el Alquimista Lin también.
Ju Meng asintió.
—Refinar elixires no es cosa fácil. Un error y lo pierdes todo.
El mismo anciano Ju He había desperdiciado más de una docena de lotes de ingredientes para el Elixir de Reversión de Linaje sin éxito. Si Lin Chuwen los hubiera manejado, habría producido treinta o cuarenta elixires. Una lástima.
La alquimia es una profesión donde los hábiles prosperan, y los que no… lo pierden todo. No es para los débiles de corazón.
Huo Miaomiao asintió.
—Muy cierto.
Cuando se fue, Ju Meng soltó un suspiro de alivio.
Ju Yang se le acercó.
—¿Qué quería la chica del Clan de Fuego?
Ju Meng frunció el ceño.
—Preguntó por Lin Chuwen.
El rostro de Ju Yang se oscureció.
—Idiota, ¿no soltaste toda la sopa, verdad?
Ju Meng lo fulminó con la mirada.
—¿Crees que soy tan tonto?
—Quién sabe… No puedo creer que Chu Ye te haya confiado una tarea tan importante —murmuró Ju Yang.
Ju Meng sonrió con autosuficiencia.
—Obvio, porque sabe que soy de fiar.
Ju Yang suspiró con envidia.
—Si es así, creo que esta vez sí se equivocó.
Ju Meng cruzó los brazos.
—Ju Yang, ¿estás celoso? Si tu abuelo no se hubiera peleado con Chu Ye, tal vez te habrían dado la tarea a ti.
Ju Yang se sonrojó.
—¡No estoy celoso! ¿Por qué habría de estarlo?
Ju Meng se encogió de hombros.
—Mejor. Ya me preocupaba que me fueras a noquear por la espalda de pura envidia.
Ju Yang pensó para sus adentros: Pues un poquito sí… ¿Cómo es que un tonto como Ju Meng consiguió esta oportunidad? Miró la nuca de Ju Meng, aguantándose las ganas de darle un buen golpe.