Quedé embarazado del hijo de un magnate - Capítulo 78
El invierno después de una nevada era muy frío. Por suerte, Zu Qi iba muy bien abrigado. Llevaba tres suéteres debajo y, encima, un grueso y cálido plumífero, tan envuelto que parecía un tamal perfectamente empaquetado.
Incluso la carriola de Xue Qianwan estaba forrada con varias capas de mantas de felpa que impedían la entrada del más mínimo soplo de viento. El pequeño dormía plácidamente en su interior, emitiendo de vez en cuando suaves chasquidos con los labios.
En comparación, Xue Jue, vestido únicamente con su traje, parecía especialmente delgado… y especialmente expuesto al frío.
Zu Qi caminaba en silencio a su lado. La bolsa con los artículos del bebé colgaba del brazo de Xue Jue, y era él quien empujaba la carriola. De repente, verse con las manos vacías le resultaba incluso extraño.
Sus zapatos crujían al hundirse en la nieve esponjosa. En el silencio absoluto que los rodeaba, aquel sonido parecía especialmente estridente.
Con la cabeza baja, Zu Qi contemplaba las sombras de ambos, que se superponían sobre la nieve. Sus pensamientos iban de un lado a otro.
Caminaron así un buen trecho sin decir una sola palabra.
Al final, fue Zu Qi quien no pudo contenerse más.
—Tú…
Al mismo tiempo, Xue Jue dijo:
—Yo…
Al instante siguiente, las voces de ambos se detuvieron al mismo tiempo.
Zu Qi creyó que Xue Jue continuaría hablando, pero esperó un buen rato sin escuchar una sola palabra más.
—…
Giró ligeramente la cabeza y lo observó de reojo. Descubrió que tenía el rostro tenso, como si estuviera realmente nervioso. Incluso los nudillos de la mano con la que sujetaba el manillar de la carriola estaban blancos por la fuerza.
En la impresión que tenía de él, jamás había visto a Xue Jue tan inquieto.
¿De qué estaría preocupándose tanto?
Al pensarlo, Zu Qi no pudo evitar encontrar la situación divertida. Se cubrió la boca con el dorso de la mano y estuvo a punto de soltar una carcajada.
El entorno era tan silencioso que Xue Jue percibió enseguida su movimiento.
Frunció ligeramente el ceño.
—¿De qué te ríes?
—De nada.
Zu Qi volvió a meter las manos en los bolsillos. El frío le hizo encoger el cuello por reflejo.
Con un tono completamente natural, dijo:
—¿No dijiste que querías hablar conmigo? Ya puedes decirlo.
—Yo…
Y, para sorpresa de Zu Qi, volvió a quedarse callado.
—…
No podía entenderlo. Xue Jue siempre había sido una persona decidida.
¿Desde cuándo se había vuelto tan vacilante?
Al cabo de un rato, Zu Qi vio cómo Xue Jue se detenía poco a poco.
Él también se detuvo enseguida.
Los dos quedaron frente a frente, mirándose fijamente.
Xue Jue le sacaba media cabeza de altura. Cuando lo observaba, bajaba ligeramente la mirada. La iluminación era tenue, difuminando el contorno de su rostro; la mitad de su cara permanecía sumida en las sombras.
Por un instante, Zu Qi sintió que aquellos ojos eran suaves como agua tibia, capaces de hacer que cualquiera se hundiera en ellos sin remedio.
—Recuerdo que tú también dijiste que querías decirme algo.
Xue Jue habló primero, casi como si intentara esquivar el tema.
—Habla tú primero.
En realidad, Zu Qi quería preguntarle si recordaba la conversación de la noche anterior.
Si la recordaba…
Quería darle una nueva respuesta.
Pero pensarlo era una cosa.
Decirlo frente a Xue Jue era otra completamente distinta.
Las palabras parecían atorarse en su garganta.
Todo el mundo tenía un instinto de autoprotección.
Zu Qi no era la excepción.
Por un lado, quería que Xue Jue conociera sus sentimientos.
Por otro…
Tenía miedo de ser rechazado.
Luchó consigo mismo durante casi un minuto entero.
Al final fue Xue Jue quien habló primero, con cierta vacilación.
—¿Recuerdas lo que te pregunté anoche antes de dormir?
—…
Zu Qi se quedó inmóvil.
Lo miró con expresión extraña durante unos segundos antes de responder en voz baja:
—Sí.
Como si no le creyera, Xue Jue curvó ligeramente los labios. En sus hermosos ojos apareció un leve destello burlón.
—¿Qué fue lo que pregunté?
Zu Qi respondió con sinceridad:
—Me preguntaste si me gustabas.
Xue Jue jamás imaginó que Zu Qi pronunciaría con tanta facilidad aquellas palabras que durante toda la noche habían pesado sobre su corazón como una enorme roca.
Su expresión cambió ligeramente.
Todo su cuerpo se tensó de manera inconsciente.
Si Zu Qi hubiera apoyado la cabeza sobre su pecho en ese momento, habría escuchado un corazón latiendo con fuerza, como un tambor.
Pero Zu Qi no podía oírlo.
En realidad, él tampoco estaba mucho mejor.
Por fuera aparentaba tranquilidad.
Por dentro, deseaba convertirse en un copo de nieve y desaparecer bajo la nieve que cubría el suelo.
Incluso comenzó a arrepentirse de haber dicho aquellas palabras tan directamente.
¿Y si Xue Jue lo rechazaba?
Ni siquiera se atrevía a imaginar una escena tan vergonzosa.
Además, cuanto más lo pensaba, más extraño le parecía.
Estaban a punto de casarse.
Incluso tenían un hijo.
Y, aun así…
Seguían relacionándose como dos desconocidos.
Cuanto más pensaba, más desesperado se sentía.
Las emociones negativas lo envolvieron como un violento viento marino, tragándoselo por completo en apenas unos segundos.
Incluso había imaginado el desenlace en el que, tras fracasar su confesión, Xue Jue lo echaba de la casa.
Quizá…
Sería mejor fingir que nunca había pasado nada.
Mientras buscaba una excusa para cambiar de tema, escuchó de pronto la voz grave de Xue Jue mezclarse con el viento.
—Entonces… ¿cuál es ahora tu respuesta?
Zu Qi vaciló apenas un instante.
Luego apretó los dientes.
—Después de convivir contigo todo este tiempo… me di cuenta de que… me gustas bastante.
Apenas terminó la frase, sintió que toda la fuerza abandonaba su cuerpo.
Bajó la cabeza abatido.
Ni siquiera tenía valor para levantar la vista y mirar la reacción de Xue Jue.
Lo peor de todo…
Fue que Xue Jue no respondió.
Era como si no hubiera escuchado nada.
Justo cuando Zu Qi empezaba a preguntarse si debía escapar de allí inmediatamente, escuchó una suave risa junto a su oído.
Un par de manos sujetaron con delicadeza sus muñecas.
Aquellas manos estaban heladas.
Los dedos desprendían un frío intenso.
Xue Jue no se atrevió a tomar directamente sus manos.
Solo las sostuvo por las muñecas, por encima de las mangas.
Luego tiró suavemente.
Tomado completamente por sorpresa, Zu Qi soltó un pequeño grito.
Al instante siguiente, cayó dentro de un cálido abrazo.
Se quedó completamente aturdido.
Con la boca entreabierta.
Incluso olvidó respirar.
Por instinto quiso incorporarse, pero Xue Jue volvió a abrazarlo con más fuerza.
Entonces…
Escuchó claramente los violentos latidos del corazón de Xue Jue.
Pum… pum… pum…
Parecían sincronizarse con los suyos.
—¿Quieres saber cuál es mi respuesta?
La voz de Xue Jue seguía siendo tranquila.
Sin embargo, si se prestaba atención, podía percibirse un ligero temblor al final de cada frase.
Era imposible saber si era por los nervios…
O simplemente por el frío.
Zu Qi respiró hondo.
Con el rostro hundido en el pecho de Xue Jue, todo su mundo parecía impregnado de aquel aroma limpio y agradable.
—Entonces… ¿cuál es tu respuesta?
Su voz sonó amortiguada.
Xue Jue habló despacio.
—Antes no me gustabas demasiado. Muchas de las cosas que hice y muchas de las palabras que dije estaban condicionadas por mis prejuicios. Incluso evitaba inconscientemente cualquier lugar donde estuvieras.
Hizo una pausa.
—No sé si lo que siento ahora es correcto. Pero puedo sentir con claridad que ya no rechazo que formes parte de mi vida. Y también estoy preparado.
Su voz se volvió todavía más firme.
—Mientras en el futuro no ocurra nada realmente grave… quiero pasar el resto de mi vida contigo.
Habló despacio.
Como si cada palabra hubiera sido cuidadosamente pensada antes de salir de sus labios.
Y cada una de ellas estaba llena de sinceridad.
Apoyado contra su pecho, Zu Qi parpadeó aturdido.
Por un momento creyó haber escuchado mal.
Tardó mucho en reaccionar.
Y, cuando por fin comprendió el significado de aquellas palabras, su corazón quedó completamente inundado de emoción y felicidad.
Así que…
¿Eso significaba que Xue Jue también sentía algo por él?
—Zu Qi.
Xue Jue pronunció su nombre.
Luego aflojó el abrazo.
Quedaron otra vez frente a frente.
Sus manos seguían apoyadas sobre los hombros de Zu Qi, negándose a soltarlos.
—¿Aceptas?
Zu Qi tenía el rostro completamente rojo.
Su corazón latía desbocado.
Sentía que caminaba sobre las nubes.
Miró fijamente el hermoso rostro de Xue Jue iluminado por la cálida luz de la farola.
Abrió ligeramente la boca.
—Esa pregunta debería hacerla yo.
Xue Jue sonrió.
—Hazla.
La voz de Zu Qi temblaba.
—¿Aceptas?
Xue Jue respondió sin pensarlo siquiera.
—Acepto.
Después añadió con una sonrisa suave:
—Hace mucho tiempo que esa es mi respuesta.
Zu Qi guardó silencio un par de segundos.
Luego preguntó otra vez:
—Aunque antes hice cosas tan despreciables contigo… ¿también aceptas?
Xue Jue se quedó inmóvil unos instantes.
Pronto comprendió a qué se refería.
Frunció ligeramente el ceño y permaneció pensativo durante un largo rato antes de responder con sinceridad.
—Puedo intentar dejar de darle importancia.
No dijo directamente que pudiera perdonarlo.
Pero Zu Qi sabía que aquello ya representaba la mayor concesión que Xue Jue podía hacer.
Como lector que había conocido toda la historia, comprendía perfectamente lo profunda que seguía siendo aquella herida en el corazón de Xue Jue.
Al ver que Zu Qi seguía callado, Xue Jue creyó que su respuesta no le había gustado.
Añadió enseguida:
—Zu Qi, no te estoy culpando ahora. Solo que algunas cosas, una vez ocurren, ya ocurrieron. No puedo obligarme a fingir que…
No terminó la frase.
De pronto, la luz frente a sus ojos se oscureció.
Unos labios suaves se posaron sobre los suyos.
Zu Qi dio un paso al frente con decisión.
Rodeó el cuello de Xue Jue con ambos brazos.
Con los ojos cerrados por el nerviosismo, se dejó llevar por el instinto y abrió con la lengua los labios de Xue Jue.
Besaba realmente mal.
Solo sabía avanzar sin ningún orden.
Por fortuna, Xue Jue cooperó con infinita paciencia.
Separó ligeramente los labios y permitió que Zu Qi, como un muchacho viviendo su primer amor, explorara torpemente su boca.
Y, en realidad…
Aquello era, de verdad, la primera relación amorosa auténtica de Zu Qi.
En aquella gélida noche de invierno, permanecieron abrazados y besándose durante largo tiempo.
Hasta que Xue Qianwan despertó con hambre dentro de la carriola y rompió a llorar.
Solo entonces recuperaron la cordura y se separaron.
…
Cuando regresaron empujando la carriola, Weng Yuxiang ya llevaba rato caminando de un lado a otro en la sala, esperándolos con evidente preocupación.
En cuanto los vio entrar, comenzó a regañarlos.
—¿Cómo se les ocurre salir a pasear una noche de invierno? ¡Todo está cubierto de nieve y encima iban empujando una carriola! ¿No les parece demasiado?
Mientras hablaba, no dejaba de mirar a Xue Qianwan con expresión de angustia.
Por suerte, el pequeño se quedó medio dormido después de tomar el biberón.
De lo contrario, viendo el ímpetu con el que Weng Yuxiang los reprendía, probablemente no los habría dejado escapar tan fácilmente.
Aprovechando su buena suerte, Zu Qi y Xue Jue subieron apresuradamente al dormitorio con Xue Qianwan en brazos.
Después de acostar al pequeño en medio de la cama, Zu Qi tomó su pijama y la ropa limpia y entró al baño.
Media hora más tarde salió.
Y descubrió que Xue Qianwan ya no estaba en la cama.
En su lugar estaba Xue Jue, que ya se había bañado en algún momento y permanecía muy serio bajo el edredón.
Solo uno de sus hombros desnudos sobresalía de las mantas.
A juzgar por ello…
Debajo no llevaba ropa.
Al menos, ninguna en la parte superior.
Zu Qi, que siempre había tenido una imaginación muy poco inocente, sintió que su mente empezaba inmediatamente a divagar.
Mientras avanzaba lentamente hacia la cama fingiendo absoluta calma, preguntó:
—¿Dónde está Qianwan?
—Lo llevé con mi madre.
Xue Jue respondió con total naturalidad.
Sus brillantes ojos negros permanecían fijos sobre Zu Qi sin apartarse un instante.
El deseo en su mirada era completamente evidente.
Zu Qi todavía dudaba.
Ese día ya había comprobado lo pegajoso que podía llegar a ser Xue Qianwan.
Si el pequeño despertaba otra vez llorando y Weng Yuxiang terminaba llevándoselo de vuelta…
Sería demasiado vergonzoso.
Pero todas las excusas que tenía preparadas desaparecieron en cuanto vio la expresión expectante de Xue Jue.
Especialmente cuando este sacó una mano de debajo del edredón y le hizo un gesto.
—Ven.
—…
Zu Qi se quitó el pijama de un tirón…
Y corrió hacia él.
…
Tal como habían imaginado.
A las dos de la madrugada, poco después de terminar y mientras la noche permanecía completamente silenciosa, se escucharon unos golpes en la puerta acompañados por el llanto ensordecedor de cierto pequeño rey demonio.
Zu Qi acababa de salir de su segundo baño y estaba completamente agotado sobre la cama.
No quería mover ni un solo dedo.
En cambio, Xue Jue seguía lleno de energía.
Se puso el albornoz y fue a abrir la puerta.
Del otro lado, Weng Yuxiang suspiraba con expresión abatida.
—Ha vuelto a llorar…
Como si ya estuviera completamente acostumbrado a los llantos de Xue Qianwan, Xue Jue tomó tranquilamente al bebé en brazos.
Al ver el aspecto desanimado de su madre, la consoló.
—Vaya a descansar temprano. Yo lo calmaré.
—Qué duro es para ti…
Weng Yuxiang suspiró y se dio la vuelta para marcharse.
Sin embargo, por el rabillo del ojo alcanzó a ver varias marcas rojizas muy evidentes en el cuello de Xue Jue.
Sin pensarlo, preguntó:
—¿Te dio alergia? Voy a buscar una pomada para ponerte.
Xue Jue comprendió inmediatamente a qué se refería.
En su habitual rostro sereno apareció, por una vez, un evidente gesto de vergüenza.
La detuvo apresuradamente.
—Mamá, no hace falta.
—Pero tu cuello…
—No es una alergia.
Respondió con calma.
—No se preocupe. Mañana desaparecerá.
Weng Yuxiang ya tenía experiencia suficiente.
Aunque al principio no hubiera caído en la cuenta, ahora comprendió perfectamente de dónde provenían aquellas marcas.
Se quedó inmóvil, tremendamente avergonzada.
Después de un buen rato, solo consiguió decir:
—Ustedes… modérense un poco. No hagan… esas cosas delante del niño.
Xue Jue:
—…